Hola de nuevo! Bueno, pues después de darle muchas vueltas al asunto he decidido continuar con la historia, No ha sido fácil, porque en pricipio esto iba a ser un one-shot, y no tenía planes de alargarlo... De hecho, nunca me había planteado escribir una historia larga de Kanda y Lenalee, pero por intentarlo que no quede! He estado bastante tiempo pensando en una trama que me convenciera antes de ponerme a escribirlo, pero creo que por fin lo tengo listo ^^

Este capítulo va a ser un poco corto, es para presentar un poco la trama y eso, pero subiré el siguiente muy pronto (espero)

Gracias por las reviews en el anterior capítulo, espero que me dejeís una opinión acerca de qué os parece este segundo capítulo.

Gracias por leer y espero que os guste-


-Buenos días, Lenalee –chan

-Oh Buenos días, Jerry

El cocinero de la Orden saludaba a Lenalee con su habitual expresión risueña mientras agitaba en el aire una cuchara de madera con la que estaba cocinando a modo de saludo.

-¿Qué vas a tomar?

-Cualquier cosa está bien.

-OK! Tú déjamelo a mí- dijo él haciendo un gesto con el pulgar hacia arriba- Te voy a preparar un desayuno maravilloso.

Jerry se giró para empezar a preparar su orden mientras canturreaba una melodía entre dientes. Lenalee sonrió para sí ante el entusiasmo del cheff. Era un poco peculiar, pero agradecía la alegría que Jerry transmitía a todo el mundo-

-Veo que ya has salido de la enfermería- comentó sin volverse-¿Qué tal estás?

-Bueno, ya estoy casi curada. La enfermera dice que ayudó mucho el vendaje de tobillo, ya que hizo que la lesión fuera menos grave.

-¿Y ya te has recuperado del todo?

-Casi. Todavía me duele un poco al andar rápido, pero creo que en unos días estaré bien. La enfermera jefe quería que me quedara en la enfermería una semana entera, pero yo creo que estaba exagerando.

Lenalee giró la cabeza mientras hablaba para echar un vistazo al comedor.
Sus ojos se pasearon por las hileras de mesas que llenaban la sala pero en seguida se quedaron fijados en una solitaria figura con el uniforme de los exorcistas que ocupaba la última mesa.
Sonrió un poco. Había cosas que nunca cambiaban en el día a día de la Orden, y que Kanda se empeñara en desayunar solo todos los días era una de ellas.

-Lenalee, ya tienes lista la comida.

-….

-¿Lenalee?

-….

-¡Lenalee!

La joven dio un pequeño respingo y volvió de golpe a la realidad.

-¿Eh? ¿D-decías algo, Jerry?

El cocinero de gafas levantó una ceja con una sonrisa divertida.

-Decía que ya tienes listo lo tuyo.

-A-ah, gracias.- murmuró la chica apresurándose a coger la bandeja que le tendía Jerry, un tanto avergonzada. Por un momento, todo el ruido a su alrededor había desaparecido por completo, o al menos esa fue la sensación que tuvo.

Después de volver a agradecer al cocinero su desayuno, Lenalee se dio la vuelta y se encaminó de la forma más despreocupada que pudo hacia el sitio donde Yuu Kanda

-¡Buenos días, Kanda!

El joven se limitó a lanzarle una mirada indiferente antes de volver a concentrarse en el plato que tenía delante. Lenalee hizo un gesto de resignación y dejó escapar un pequeño suspiro.

-¿Puedo sentarme?

Kanda fue a abrir la boca para contestar, pero antes de que lo hiciera la chica ya había ocupado el asiento junto a él.

-No sé para qué preguntas siquiera- refunfuñó él mirándola de reojo.

Lenalee hizo como que no lo había escuchado y comenzó a mordisquear una de las tostadas de su plato con tranquilidad.

-Oye… ¿Cómo te encuentras? ¿Ya se ha curado tu tobillo?

La chica tosió un poco, pillada por sorpresa por la pregunta de Kanda. ¿acaba de interesarse por ella?

-Um, sí, ya casi no me duele, gracias.- respondió ella con una pequeña sonrisa. Kanda la miró durante unos instantes que se hicieron eternos pero finalmente acabó por sacudir la cabeza.

-Bueno, tendremos nuevas misiones pronto así que deberías estar preparada.- carraspeó él apatando la mirada y adoptando un tono más distante.

-Ya...

-Ah, Kanda, Lenalee, estáis aquí- los llamó una voz. Ambos exorcistas se volvieron para encontrarse con un adormilado Reever que avanzaba hacia ellos con una taza de café humeante en su mano derecha.- Os estaba buscando.

Los jóvenes permanecieron en silencio, esperando a que el hombre hablara.

-Kanda, el supervisor te está buscando. Dice que tiene que hablar contigo, aunque a mi me parece que es una excusa para no trabajar- dio un sorbo a su café- Pero bueno, como sea, deberías dice que quier que vayas a su despacho cuando puedas. Lenalee,- añadió dirigiéndose a la chica- ¿te importaría pasarte por nuestra sección luego? Tenemos bastante papeleo y nos vendría bien un poco de ayuda.

-No, por supuesto.

-Bueno, pues gracias a los dos. Me vuelvo al trabajo, porque hay que terminar unos informes para mañana y lo llevamos fatal.- el hombre suspiró de forma cansada- Y ni siquiera nos van a pagar las horas extras...


Kanda entró en el despacho de Komui con una cara no muy amistosa.
El lugar estaba tan desordenado como de costumbre, con toneladas de papeles y objetos de dudosa utilidad esparcidos por toda la estancia sin orden alguno.

-Oh, Kanda-kun ¡Bienvenido!- lo saludó una alegre voz en cuanto entró. La cabeza de Komui apareció desde debajo de la mesa. ¿¡Pero qué narices hacía ese hombre debajo de la mesa!- Dime, Kanda ¿querías algo? ¿Qué te trae por aquí?

-¡Pero si eres tú el que me ha mandado venir!

-¿Llamar?...- Komui hizo una pausa mientras se ajustaba las gafas- ¡Oh! ¡Llamar! Es cierto, ahora me acuerdo. En ese caso…

Kanda resopló, incrédulo. Había veces que aquel hombre le sacaba de sus casillas.

-¿Por qué me has mandado venir?

-Bueno, siéntate…- indicó Komui. Kanda le devolvió una mirada significativa mientras se cruzaba de brazos. Los únicos asientos que había en la estancia estaban repletos de informes y folios apilados unos encima de otros como unas pequeñas torres en miniatura.

-Eh… está bien, puedes permanecer de pie si quieres- se apresuró a añadir el supervisor mientras ocupaba su asiento al otro lado de la mesa.- ¡Ejem! Bueno, supongo que te preguntarás por qué he decidido cancelar tu misión de hoy ¿verdad?

Kanda permaneció en silencio, pero su expresión era lo suficientemente esclarecedora. Komui ajustó bien sus gafas y dijo directamente.

-No creo que estés en condiciones de continuar con el actual ritmo de las misiones.

-¿Qué?

-Deberías tomarte con más calma…

- Eso es absurdo.- interrumpió el exorcista japonés, enfadado- Te advierto que si es por una tontería, no pienso…

-No es ninguna tontería, Kanda- lo interrumpió Komui con gesto serio. Cruzó las manos delante de su rostro y lo miró con un poco habitual expresión de gravedad- Kanda… creo que es peligroso que sigas tomando tantas misiones. Puede que tu cuerpo no lo aguante.

-Tonterías- repitió el exorcista balbuceando, pero Komui siguió hablando con firmeza.

-Tus heridas cada vez tardan más y más en cicatrizar. Es cuestión de tiempo que no lo hagan. Kanda, no eres inmortal.

-Ya lo sé. Pero yo mismo decidiré donde está mi límite.

Komui lo miró largamente.

-Pues espero que te dé tiempo a arrepentirte si llegas a calcularlo mal.

El joven bajó la mirada apretando los puños. ¿Qué sabía Komui? ¿Acaso era su imaginación o el científico lo miraba de una manera muy sospechosa? ¿Acaso estaba al corriente de…?

El exorcista tragó saliva y giró sobre sus talones para salir del despacho.

-Kanda, no voy a impedirte que participes en las misiones con el resto de tus compañeros, pero quiero que tengas cuidado. ¿Está claro?

-Sí…- asintió él tras un momento de silencio. Luego, abrió la puerta del despacho y salió sin decir nada más.

Komui lo siguió con la mirada hasta que desapareció.

Unos segundos después, la puerta se volvió a abrir dando paso a un Reever cargado de papeles.

-¿Ha pasado algo?- preguntó el científico dejando los informes que llevaba sobre la mesa- Acabo de cruzarme con Kanda y no parecía muy contento.

Komui negó con la cabeza sin mucho entusiasmo.

-No, de momento no hay de que preocuparse.- hizo una pausa- ¿Qué querías, Reever?

-Han llegado malas noticias desde el norte. Tenemos bastastes problemas por esa zona.

-¿Por qué?

-Las inocencias se están descontrolando. Un gran número de akumas han aparecido cerca de los núcleos de población y los buscadores no bastan para hacerles frente. La Sede nos pide que enviemos a alguien cuanto antes.

Komui torció el gesto.

-Ahora mismo no tenemos muchos exorcistas disponibles, ¿verdad?

-Sólo Kanda y Lenalee- confirmó su amigo con un asentimiento.- ¿Preparo su viaje?- añadió.

Komui tardó un rato en responder.

-Esta bien.


Kanda abrió los ojos en medio de la oscuridad sin aliento, incorporándose de golpe en la cama. Tenía la sensación de que algo iba mal… ¿pero el qué? No entendía exactamente por qué se había despertado cuando aún faltaban varias horas para el amanecer, pero el súbito dolor que sintió en el pecho le impidió seguir haciéndose preguntas.

El exorcista japonés apretó los dientes para ahogar un grito de sorpresa mientras se doblaba sobre sí mismo. Su corazón comenzó a palpitar de forma descontrolada y cada nueva pulsación comenzaba a enviar oleadas de frío por todo su cuerpo.

Sentía como si una escarcha abrasadora lo quemara por dentro, una sensación que se extendía hasta llegar a su abdomen dolorosamente.

Por un momento todo se volvió confuso a su alrededor y su cabeza comenzó a martillear con fuerza. No podía pensar en nada que no fuera el intensísimo daño que le golpeaba por dentro…

El dolor se fue tan rápido como había venido. Kanda jadeó, tratando de recuperar el aliento y la tranquilidad que había perdido. Se pasó una mano por la frente cubierta de sudor para poder apartarse los mechones de pelo de su cara y se llevó una mano a su hombro izquierdo, allí donde había empezado el malestar.

Tragó saliva, pues de pronto sentía su garganta seca. Allí, grabado en su piel como con fuego, su tatuaje estaba ardiendo.