Uuuuu, este esta recien hecho. Calientito (?)
Escuhando~: Shattered - Trading Yesterday (Puuuro angst en musical D:)
~.:Diccionario:.~
Salvavidas: M. mar. Aparato, generalmente inflable, de salvamento para los náufragos y de ayuda para quien está aprendiendo a nadar.
Se estaba hundiendo. Se ahogaba lentamente, y era más doloroso de lo que hubiera imaginado.
Estaba muriendo de la manera más patética.
Lenalee no era vanidosa, ni egocéntrica o narcisista, pero sentía que no era la muerte que se merecía. Aunque si bien tampoco había pensado en cómo terminaría su vida, siempre consideró al mar un lugar de creación y no de destrucción.
No quería morir allí, de esa manera tan corriente. Pero no había cosa que pudiera hacer, ya que las cadenas a su alrededor eran demasiado para ella.
Y se estaba rindiendo, al tiempo que admiraba la luz difuminada con el agua, desde el fondo, que se alejaba cada segundo más a ella… ¿O ella se alejaba de la luz?
Cada segundo su vida se esfumaba más.
Mediocre y conformista. Esas palabras hirientes llenaban su cabeza, y se acoplaban al final de su vida. Porque por más que lo odiara, no hacia algo para evitarlo, y se limitaba a ver los pies del Akuma que la aprisionó.
¿Por qué seguir? Cuando vio la sangre regada en el suelo, cuando descubrió el uniforme de Exorcista, cuando sintió que lo había abandonado, y en especial cuando escucho la terrible confirmación de su miedo; Allen estaba muerto, y en cuanto lo supo quiso ir con él, alcanzarlo donde quiera que él estuviera.
Aunque posiblemente no podría llegar al mismo sitio, ya que la existencia de Allen fue demasiado noble, positiva, radiante y buena. Porque ella en cambio, había odiado a Dios desde pequeña, desde que se sintió abandonada en una cama, amarrada y deshecha.
Por eso, Allen estaría felizmente muerto, mientras que ella solo dejaría de existir. Dios no acepta a su lado a quienes lo odian, y ella lo odiaría hasta el final.
Necesitaba una razón verdadera para seguir. Un algo que fuera más pesado que las cadenas y grilletes que la hundían más profundo cada vez. Un salvavidas.
Lentamente, y sin saber la razón exacta, un recuerdo cálido ocupó su mente por segundos: un Allen sonriente, cálido y amable. Un Lavi divertido, caballeroso y valiente. Un Kanda que, aunque frio e indiferente, siempre la ayudaba a esconderse de Leverrier y la alentaba a ser más fuerte. Un hermano que, día a día, desde que puso un pie en la Orden, se esforzaba por que ella considerara el lugar como un sitio seguro, como un hogar.
Recordó a su familia, y el amor que les profesaba.
Y entonces sus piernas se movieron solas, sus brazos sujetaron las cadenas por cuenta propia, y su cuerpo se acerco peligrosamente a la luz de arriba. Esa luz que cada vez dejaba de estar tan lejos, y brillaba adictivamente.
Porque lo había logrado. Había encontrado una razón. Algo en su cabeza hizo click, y sujetó el salvavidas que había estado a su lado siempre.
Ellos eran su salvavidas, uno que logró hacer al metal flotar, y desafió la fuerza de gravedad.
Cuando sintió el aire regresar a sus pulmones se convenció: si Allen estaba en realidad muerto, ella viviría por él, porque él seguramente estaría velando por ella y por el resto. Y si no lo estaba, ella viviría para buscarlo, para curar al mundo en el que habitaban y a él mismo.
Y al final, dejó de rendirse, y comenzó a ver la verdadera luz del salvavidas.
Porque así es la mente humana; cuando más lo necesitas, los mejores momentos de tu vida vuelven a ti, justo antes de que te rindas en una última guerra. Y ella lo sabría aprovechar.
Tomó con todas sus fuerzas el salvavidas que la vida misma le había arrojado.
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