AMORES QUE MATAN
CAPITULO VI
Dis.: Los personajes pertenecen a E. Meyer, la historia es invención de una servidora.
En el cap. anterior…
-" Vale!, por cierto dile a Bella que su Chevy me la llevaré mañana a que el mecánico le haga una revisión, suena como si fuera a explotar! Y …. Ah….. hermanito…olvida el plan de contención! Que lo paséis bien!"- Todo ello dicho como un relámpago y adornado con una risa floja que me hizo confirmar sus dudosas excusas. Suspiré.
-"Bien…"- me giré hacia Bella , me miraba con una expresión ….¿divertida? , tras ponerla al corriente me armé de valor y le pregunté –"¿Bella te apetecería cenar conmigo esta noche?"-
-"¿Me estás pidiendo una cita Edward?- me preguntó sonriendo
-" Umm…yo..esto…sí"- le dije nervioso
-"Me encantará cenar contigo".
PV BELLA
La velada me resultó perfecta. El lugar era muy acogedor, a lo largo y ancho del local se extendían pequeñas mesas redondas iluminadas con velas sobre manteles de un blanco inmaculado y pese a que estaba lleno de gente no se oían la voces del resto de comensales si no leves murmullos, lo que hacía que se pudiera apreciar la suave melodía que tocaban los músicos en directo, aquello me parecía el paraíso.
Edward y yo nos habíamos pasado horas charlando y riendo, incluso me atreví a compartir postre con él, algo que hizo que me sonrojara en más de una ocasión cuando nuestras cucharillas chocaban y nuestras miradas se encontraban.
No nos dimos cuenta de lo tarde que era hasta que Carmen, la amiga de Alice y dueña del restaurante se había acercado a nuestra mesa a preguntarnos si todo había sido de nuestro agrado y que por supuesto invitaba la casa, algo en lo que tanto Edward como yo no estuvimos de acuerdo y acabamos claudicando ante la insistencia de Carmen por lo que decidimos dejar una suculenta propina a los músicos.
De regreso al coche nos llevamos una sorpresa, alguien había rajado los neumáticos y rayado por completo la carrocería… pensé que Edward se enfadaría, pero nada más lejos de la realidad, se limitó hacer una mueca de dolor, y dijo:
-"Pensaba que este era un barrio tranquilo, tendré que hablar con el capitán para que incrementen la vigilancia por esta zona"-
No me pasó desapercibida la tensión que le acompañó durante el trayecto de regreso a su casa, que decidimos realizar dando un paseo. La noche aún era fría y aunque llevaba mi abrigo un escalofrío me hizo temblar.
-"¿Bella tienes frío?-
-"No es nada… estoy bien"-
Posó sus manos en mi cara.
-"Pero si estás helada!" – hizo ademán de quitarse su abrigo a lo que me negué.
-"Edward por muy bien que te siente ésa camisa azul que llevas puesta no es lo suficiente gruesa para que me des tu abrigo, te enfermarás!"- lo había dicho sin pensar, pero ya estaba dicho, con un poco de suerte no repararía en ello…
Puso su característica sonrisa torcida y se acercó más a mí pasando un brazo por mis hombros intentando que entrara en calor.
-" así.. que…. ¿me sienta bien ésta camisa? – sus ojos brillaban divertidos mientras los colores subían a mis mejillas.
Y Dios quiso echarme una mano y empezó a llover evitando así que tuviera que contestar.
Casi habíamos llegado a su apartamento por lo que decidimos seguir a pié pero cuando faltaban unos metros para alcanzar el portal de su edificio la lluvia arreció, aquello parecía el diluvio universal! .
Totalmente empapados conseguimos por fin llegar. Nuestras risas aun resonaban por el pasillo que conducía a su apartamento, buscó en los bolsillos la llave y entramos.
-"Espera te traeré una toalla para que te puedas secar un poco"- Edward se quitó el abrigo y los zapatos que ya habían dejado un charco de agua en el suelo y fue hacia el baño en busca de la preciada toalla. Cuando volvió se había despojado también de la camisa e iba secándose su alborotado pelo con una mano mientras que en la otra traía la toalla para mí.
No podía dejar de mirarlo. Estaba absorta contemplando las pequeñas gotas de agua que caían de su pelo y recorrían su pecho. Aquella visión me hizo estremecer.
Me ayudó a quitarme mi abrigo, yo me había descalzado minutos antes y me pasó la toalla. Mis manos temblaban tanto que era incapaz de hacer nada, creyó que era debido al frío pero nada más lejos de la realidad, él estaba provocando mis temblores aún sin saberlo!, el mero hecho de tenerlo tan cerca y con su torso al desnudo me estaba nublando la razón. Ante mi incapacidad de secarme el pelo cogió la toalla y con una inmensa ternura comenzó a secarlo él.
Nuestros ojos se miraban, ninguno de los dos decía palabra alguna hasta que noté como caía la toalla al suelo y su mano acariciaba mi nuca. Entonces nos besamos…
CONTINUARÁ
