CAPITULO VII

Dis.: Los personajes pertenecen a E. Meyer, la historia es invención de una servidora.

En el cap. anterior…

Ante mi incapacidad de secarme el pelo cogió la toalla y con una inmensa ternura comenzó a secarlo él.

Nuestros ojos se miraban, ninguno de los dos decía palabra alguna hasta que noté como caía la toalla al suelo y su mano acariciaba mi nuca. Entonces nos besamos…

PV EDWARD

Era el hombre más feliz que había sobre la faz de la tierra, hasta que mis manos bajaron por su cintura y ella se separó bruscamente.

-"Lo siento yo… no… no puedo hacerlo Edward"- y salió corriendo hacia la habitación dejándome petrificado. ¿Qué era lo que había pasado?, ¿a caso había confundido las señales?, ¿o es que ella creía que era un error? Miles de preguntas avasallaban mi cabeza hasta que el sonido de su llanto me sacó de mi ensoñación. Dudé un segundo en si debía acudir o no, pero decidí ir a verla porque no soportaba el imaginar que estuviera afligida y mucho menos por algo que aún sin saberlo yo le había provocado.

-"Bella… ¿puedo pasar?- Unos suaves toques acompañaban mi petición, pero no obtuve respuesta. Me armé de valor y entré sin ser invitado y allí estaba ella, echa un ovillo en la cama, sufriendo por algo que escapaba a mi comprensión.

Me acerqué hasta ella y me senté en el borde de la cama.

-"Bella ¿qué es lo que anda mal?-"mi mano involuntariamente se fue a acariciar su pelo aún mojado, y después de un par de minutos ella se giró mirándome.

-"Yo soy lo que va mal"- me contestó con el rostro lleno de lágrimas secas.

Mi corazón se encogió ante tal afirmación, ¿cómo podría ella pensar así? Si era perfecta en todos los sentidos. Y entonces lo entendí, la había asustado, quizás había corrido mucho y había entendido mal a Alice, quizás Bella no estaba preparada para otra relación o quizás ella no sentía nada por mí… un nudo se me formó en la garganta. Tenía que decirle algo, aunque solo fuese pedirle una disculpa por no ser capaz de contenerme y besarla.

-"Bella, no digas eso… la culpa es mía. Yo debería haber sabido que aún era pronto… que quizás no estás preparada para fijarte en alguien…" – y a partir de ahí mis nervios me llevaron a soltar mis sentimientos cual verborrea aderezados con un punto de locura y desesperación.

-" … y lo siento muchísimo no pretendía incomodarte, simplemente no puedo resistir estar lejos de ti, desde el primer momento en que te vi supe que eras lo que mi alma había estado esperando, y que todo este tiempo viviendo juntos he ansiado el poder abrazarte y decirte que mi vida sin ti ya no tiene sentido, que me muero por poder estar a tu lado y amarte, que eres lo más preciado que he tenido nunca aunque no te tenga… y que por mucho que me duela que no compartas ni un atisbo de estos sentimientos hacia a mí me conformaré con estar a tu lado como amigo por lo que te ruego no te vayas de mi lado."-

Ya está se lo había dicho todo, me sostenía la mirada con un deje de tristeza y pena.

-"Edward, no sé qué decir…"

-"No hace falta que digas nada Bella"- mi corazón se resquebrajaba por momentos, Bella se levantó de la cama y se puso a mirar por la ventana dándome la espalda, un leve movimiento de hombros me indicó que había comenzado a llorar otra vez.

-"No es lo que piensas Edward, yo…. te amo"

Aquella declaración retumbó en mi pecho. Me erguí y la tomé por los hombros.

-"Bella…"-

-"Edward, me asusta… no ser… lo que esperas "- su congoja me hería terriblemente.

-"A mí me asusta no ser suficiente para ti"- le susurré.

-"Tú lo eres todo para mí Edward, todo… " dio un paso adelante liberándose de mis manos aún posadas en sus hombros.-"Quizás después de esto me veas con otros ojos"- y bajó el tirante del vestido por un hombro, luego por el otro, sus manos temblaban ,los dejó deslizarse por sus brazos y el vestido acompañó la caída recorriendo lentamente sus curvas y entonces lo entendí. Su espalda estaba llena de cicatrices.

PV BELLA

Esperé su reacción de aún de espaldas a él. No me atrevía a mirarlo, no podía soportar ver su expresión de repulsa ante lo que le estaba mostrando. Las marcas que James me había dejado a lo largo de aquellos años estaban patentes en cada trozo de mi piel.

Suspiré derrotada pues aún no me decía palabra alguna, tonta de mí el poder ni siquiera imaginar que yo le podría gustar a alguien como Edward!. Pero me sorprendí cuando noté como recorrían sus manos mi espalda, acariciando cada cicatriz.

-"Bella, eres preciosa"-

Y mis ojos buscaron los suyos constatando que no había mentira alguna en sus palabras, que realmente lo creía.

-"Nunca dejaré que nadie te haga daño"- y me besó.

CONTINUARÁ