Regresé!!!! Y esta vez no me tarde tanto como antes, a pesar de estar en exámenes o.o sin duda soy rara uuU. En fin, iré actualizando más o menos cada dos semanas como ahora, al menos eso espero. En el último capítulo no hubo gran avance, pero en este ya se comienzan a revelar algunas cosillas interesantes. Ahora, para aclarar:
- abc- diálogos
- abc- conversaciones telefónicas
abc - pensamientos
Siento no haberlo puesto antes uu.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.
So many secrets I couldn't keep
No podían creerlo. Se acercaron lentamente y al llegar a la mesa Tsuna estiró su mano para tomar la pequeña caja que yacía abierta allí junto a una carta a la que no le prestó atención por el momento, concentrado en el contenido de lo que ahora sostenía en su mano...
...el anillo Vongola de la Tormenta.
-¿Qu-qué significa esto?-tartamudeó confundido y asustado. Sabía que no podía ser bueno.
-Deserción- dijo fríamente Reborn, con los ojos ocultos por su sombrero- Significa que Gokudera ha renunciado a todos sus derechos y obligaciones dentro de la familia. En otras palabras,...ya no es un Vongola y mucho menos uno de tus guardianes.
Ambos, Tsuna y Yamamoto, abrieron sus ojos a todo lo que daban mientras miraban a Reborn sin terminar de asimilar sus palabras.
-¡Que Gokudera que...!-pronunció como pudo el beisbolista, con los ojos fijos en el anillo, el mismo por el que Gokudera estuvo una vez dispuesto a morir.
¡¿Qué demonios es todo esto Gokudera?!
Un joven de cabellera plateada con unos lentes oscuros caminaba por la calle con destino a la estación de trenes, era lo que tenía que tomar para llegar a su primera parada. La primera de un largo camino. Soltó un suspiro mientras observaba la entrada a la estación frente a él, ajustó un poco más el pequeño bolso que llevaba al hombro y se decidió a entrar.
Es por ellos.
Resonaba como un mantra en su mente. Sabía lo que dejaba atrás y realmente no deseaba hacerlo pero se obligaba a sí mismo a seguir, después de todo, huir era lo que mejor hacía.
Una sonrisa cínica cruzó sus labios por un fugaz momento. No, esta vez no se iba porque quisiera, esta vez tenía muy buenos motivos, esta vez era lo que se tenía que hacer. Llegó al lugar donde tenía que esperar su tren y echó un vistazo alrededor. Nadie. No esperaba que hubiera alguien de todos modos, ¿quién en su sano juicio iría a alguna parte a esa hora? Además ningún tren salía tan de noche...o de madrugada, lo que fuera, ninguno excepto el suyo.
Se sentó en una banca y se apoyó en la pared, soltó otro suspiro mientras encendía un cigarro. ¿Cómo demonios había llegado a eso? Ya no importaba, no quería ni siquiera recordarlo. Eran demasiadas cosas, tantas que no le habían permitido conciliar el sueño (otro motivo por el que no pensaba quitarse las gafas) y había terminado yendo a la estación mucho antes de lo necesario. Nunca pensó que se pudiera estar tan cansado, incluso para dormir.
No debí llamarlo.
Le dio una calada al cigarro, ese pensamiento no se quitaba de su cabeza. Se suponía que nadie tenía que enterarse, no hasta que él ya estuviera lejos pero simplemente no había podido evitarlo. Sabía que de todas maneras el décimo y el idiota irían a su casa extrañados por su ausencia y encontrarían lo que había dejado para ellos, pero aún así quería asegurarse.
O quizás despedirse.
Eliminó ese pensamiento de su cabeza al tiempo que soltaba el humo del cigarro. No podía empezar a arrepentirse, no ahora, no cuando ya había soportado tanto tiempo callando, cargando con todos esos secretos en silencio. Le había costado, sobretodo tener que verlos todos los días para mentirles en la cara descaradamente, pero era conciente de que no había otra opción, ellos no podían enterarse o nunca lo dejarían ir.
Es necesario, es por ellos.
Volvió a su auto-convencimiento. Realmente se había vuelto patético, jamás pensó que le costaría tanto separarse de la vida a la que se había acostumbrado. Era comprensible que extrañara al décimo, después de todo era la primera persona que se había preocupado por él. El problema estaba en que no era el único al que ya comenzaba a extrañar.
¿Por qué tuve que llamarlo a él?
No sabía que responderse, pero había sido esa voz la última que había querido escuchar y para lo único que había servido esa estúpida llamada era para preocuparlo, porque ¡oh si! claro que había sentido su preocupación y ahora tenía un cargo más de conciencia. Conciencia que recién descubría que tenía.
¡Demonios!
Dirigió rápidamente su mano a su rostro para borrar todo rastro de esa estúpida gota que había osado rodar por su mejilla. ¡¿Estaba llorando?! ¡¿Él?! Ya se sentía demasiado patético como para ahora ponerse a llorar, sobretodo cuando hace mucho que se había jurado no volver a hacerlo.
Fantástico, otra promesa rota.
La sonrisa cínica regresó a sus labios mientras tiraba el cigarro terminado al suelo y lo pisaba para apagarlo bien. Ya qué. Era demasiado tarde para arrepentirse ahora, llegado a ese punto no había marcha atrás. Lo supo desde que aceptó esa misión, supo que no era algo para tomarse a la ligera, un paso en falso y podía ser incluso acusado de traidor y ejecutado antes de que pudiera defenderse. Nadie iba a ayudarlo ahora, nadie podía ayudarlo ahora, así estuviera dispuesto a pedir ayuda estaba demasiado metido en eso y no había forma de salir.
Esta vez realmente se había metido en una grande.
Miró su reloj y vio que eran las 2:40 de la mañana. El tren llegaba a las tres así que aún debía esperar un poco. Dejó a su mente divagar e inevitablemente terminó pensando en esa estúpida llamada de nuevo, sólo que recién ahora empezaba a ser conciente de las consecuencias que podría acarrear sobretodo tomando en cuenta lo alterado que había dejado a Yamamoto. Supuso que a esa hora él ya debería haber ido a buscarlo y haría lo que sea para encontrarlo, incluso...
¡¿Y si ese idiota fue a despertar al décimo sólo para preocuparlo a él también?!
Esperaba que no, pero no le sorprendería de todas formas. Aún así ellos no sabrían donde buscarlo, él único que estaba enterado además del noveno y de los altos cargos era Reborn-san y sabía que él no les diría nada hasta que se hubiera ido. Esperaba que la explicación que él les daría y la carta que había dejado fueran suficientes para hacerlos desistir de buscarlo, realmente eso ocasionaría más problemas que ayuda en esta situación. Encendió otro cigarro, mientras miraba los minutos pasar en el reloj.
El tren llegaría pronto y en unas horas...
Gokudera Hayato dejaría de existir.
Tan tan! Bien, no es el mejor final y todo esto sigue confuso pero en el siguiente capítulo Reborn aclarará todo y se sabrá que dice la carta. Mandenme reviews con quejas, advertencias, amenazas o lo que gusten, igual se aprecia XD.
Ahora, gracias por todos los reviews recibidos T.T, sn los que me animan a seguir adelante y encontrarle sentido a esto llamado fic XD. Y por cierto:
Ale-chan, no había ningún bebé involucrado en esto (aparte de Reborn) pero si lo hay en cierta idea que ronda mi cabeza y que a decir verdad está más planificada que esta, ya tengo escritos tres capítulos uu. Sin embargo, creo que para ser justa pondré la historia cuando esta llegue a la mitad (si es que llega )
Nos vemos (leemos) en el próximo capítulo de esta telellorona XD.
Ciao.
