Big Girl's Don't Cry
Ella: amo ver las estrellas, no hay nada más lindo.
Él: prefiero la lluvia, el cielo cubierto, no me atrae tanto el firmamento.
Ella: adoro bailar, me gusta el flamenco y el tango, es muy pasional.
Él: No, para nada, odio bailar, me parece tan estúpido ver a alguien moverse con ruido sonando.
Ella: Los chocolates me encantan, son mi debilidad.
ÉL: No me gustan los dulces. Me empalagan.
Ella: Me gustaría formar una familia algún día y tener muchos hijos.
Él: La pareja no es lo mío, menos aún los niños. No me gustan.
Ella: ¿Enamorarme? No lo sé, creo que ese sentimiento ya no va conmigo.
Él: Amor… nah no me interesa.
o – o – o - o
Luego de la intensa charla con sus amigas, Saori sintió unas increíbles ganas de fumar un cigarrillo. Ese era otro pequeño y sucio secreto, solo que esta vez lo compartía con Shiryu únicamente. Él tenía el mismo poco saludable hábito, pero intentaba dejarlo por petición de Shunrei, utilizando a su embarazo como una gran razón.
Entró sigilosamente a su oficina, de un cajón sacó un pequeño atado y tomó dos de esos "diablitos adictivos" como se refería Tatsumi hablándole como si fuera una pequeña niña. Se dirigió directo al balcón de la gran sala, abrió el ventanal. La brisa primaveral movía sus cabellos, ocasionando que algunos mechones cayeran sobre su rostro.
Reposó sus codos sobre el barandal. Prendió uno de los cigarros y dirigió su mirada hacia el firmamento, si había algo que le gustara eran las estrellas. La chica sufría de esa enfermedad incurable que todos conocen como "delirio de soñador", le era inevitable, y le encantaba.
La última vez que había estado en ese lugar acompañada fue por Seiya. Hacía rato que no se detenía a recordarlo. Y pensar que no había día que no lo mencionara, que no lo recordara con amor y anhelo. En su mente vino la imagen del moreno junto con Miho, abrazándose, besándose. Sintió un dolor en su pecho, las lágrimas comenzaron a asomar a sus ojos. Sin embargo, sonrió por unos instantes y se habló a sí misma.
-"Esta noche hay futbol Saori"- sonrió de lado.
Otra vez Ikki venía a ella. Tan inalcanzable, tan único, tan… prohibido. Detenidamente repasó cada momento vivido junto a él. Momentos de su infancia, de las guerras santas. El punto era que ellos no compartían momentos juntos, no existía aquello. Sin embargo, en cada instante de su existencia a su lado se encontraba Seiya, como deseó que en lugar de aquellos ojos cafés otro hubiese ocupado su lugar, de esa manera ella nunca se habría enamorado de él. El solo figurárselo amando a otra la llenaba de ira, de celos. Deseaba gritar, no tenía idea qué estaba haciendo con su vida. ¿Qué era lo que hacía con Ikki?, y aún más desconcertante ¿qué hacía Ikki con ella?
-"Que feo hábito Saori-chan"- Una voz dijo desde la entrada al balcón. Saori volteó rápidamente para encontrarse con la mirada más amable que jamás conoció. En un acto reflejo escondió el humeante cigarrillo tras ella.
-"Shun… hola"- saludó con una sonrisa.
-"Hola.."- él se acercó a ella. –"que hermosa noche,¿ verdad?"- el muchacho se paró junto a ella mirando el hermoso cielo plagado de estrellas, Saori volvió a su pose inicial. Ya no tenía caso arrojar su cigarrillo, ya dejó de ser un secreto.
–"Siempre vengo aquí a contemplar la noche, más cuando intento pensar"- La simpleza del caballero de Andrómeda le daba paz. Era una persona tan llena de bondad, comprensión y sobre todo afecto, era cálido y rebosaba simpatía tan contrario a… a su hermano.
-"Sí, también me gusta venir aquí, pero últimamente no me hace bien pensar en ciertas cosas y al estar en este lugar me es inevitable"- la pelilila se refería lógicamente a su fallida relación amorosa con el único hombre que amó y amaría. Shun suspira largamente, mantenía su vista a la imponente noche. Quedaron en silencio unos instantes.
-"Lamento lo que te ocurrió, sé que no es fácil, y para él tampoco lo es. Las cosas no son como uno quiere siempre, la vida trae sorpresas." – Dudó unos instantes.
–"Yo me siento algo preocupado Saori- chan". La chica no dijo nada para darle lugar al peli verde a desahogarse. –"Mi vida cambió mucho este último tiempo, tengo a June a mi lado y nunca creí ser tan feliz. Mis amigos se encuentran junto a mí, todos ellos están construyendo una vida hermosa, Shiryu será padre, Hyoga está con Freya, Seiya… bueno él está bien. Tú ya no tienes que obedecer este mandato ridículo de no poder vivir por ti. Sin embargo…"- Shun dirigió su mirada al suelo. –"sin embargo, mi hermano, Ikki… él esta solo Saori chan."- Saori no pudo evitar agitarse. El hecho de que Andrómeda lo nombrase creo en ella el sentimiento desesperado de ir a buscar al Fénix y abrazarlo. –"Siempre estaré a su lado, es solo que tiene una incapacidad tan grande…"- callo abruptamente.
-"¿A qué te refieres?"- La chica lo empujó a seguir.
-"Tiene la gran incapacidad de no poder usar su corazón Saori, de abrirse a los demás, de sentir algo que no sea ira, rencor o frustración."- Shun clava su mirada en ella- "Debe sentirse muy solo y tener mucho miedo para detestar tanto el sentirse bien."- Las palabras de Shun hacían eco en sus oídos. Sabía muy bien lo que era sentirse sola, tener miedo, miedo a que si se acerca demasiado a una persona la lastimaran. Y de hecho cuando lo hizo, le destrozaron el corazón. No supo que decir, solo atinó a apoyar su delicada y blanca mano en el hombre de su fiel compañero de batallas. –"¿Sabes?"- agregó Shun. –"es lindo que compartan su interés por el deporte, mi hermano disfruta de tu compañía"- el peli verde dibujó una cálida sonrisa entrecerrando los ojos, Saori sentía como sus mejillas se encendía.
-"No lo sé Shun, es solo ver televisión"- la chica volteó su mirada hacia el horizonte.
-"No lo creo, de verdad lo disfruta, sino no lo haría. Él hace las cosas que siente, nada es por obligación, tú más que nadie deberías saberlo. Te trajo problemas"- rió para luego emprender el camino hacia adentro. –"Hace frio, no te quedes ahí mucho rato"-
-"No… no lo haré"- no pudo evitar repetirse la frase que Shun había utilizado hace unos momentos "Él hace lo que siente."
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Esa noche, cuando ya todos dormían, se hundió en el gran sillón de la sala, con un gran tazón de palomitas y cerveza. Minutos después el chico se le unió. Cruzaron miradas por un segundo y pusieron toda su atención en el juego. Saori no entendía que era lo que sentía por él, sin duda no era amor, pero tampoco algo muy diferente, definitivamente le tenía aprecio y desde ya le gustaba mucho físicamente, pero a qué mujer racional no le gustaría. Él era sumamente hermoso y varonil, su voz profunda, su porte, todo él emanaba sensualidad. Se habían besado, habían hecho el amor, y sin embargo ahí estaban, no siendo indiferentes, sino actuando como lo hacían de costumbre.
Ikki lejos de sentirse incómodo pasó un buen rato junto a la chica. Le sorprendió que ella no escondiera su cabeza como una tortuga luego de lo que había ocurrido no hace mucho, sin duda era una pequeña pervertida. Sonrió para sí, sí era una pervertida que le encantaba. Debía admitirlo, tenía mucha química con la chica.
No olvidó que alguna vez la odió, la detestó tanto que deseo su muerte. Ese sentimiento no lo hacía sentir orgulloso, todo lo contrario, porque lentamente descubrió que ella era una víctima, tal cual ellos. Que no solo ellos sufrieron, ella también sufrió, sufrió por la vida que llevaba en aquella gran mansión lejos de lo que era la realidad, sufrió por estar sola. Sufrió por verlos caer uno a uno, sufrió por ser la reencarnación de una Diosa y así tener que olvidar quien era y dejar de lado su vida, sus deseos, al amor… a Seiya. No sabía por qué pero el solo pensar en el moreno y el cariño que Saori le tenía o tiene lo hacía sentirse enojado. Inconscientemente cerro ambos puños y los apretó con fuerza, rechinó sus dientes.
Los gritos provenientes de la televisión y los festejos de Saori lo sacaron de sus pensamientos.
-"Anotación"- murmuró. Tuvo la necesidad de retomar su momento de reflexión. Nunca se consideró a sí mismo como una persona profunda que le agradaba pensar demasiado, pero la situación lo ameritaba. Hubiese sido genial hacerlo solo y no con ella a su lado. Pero por alguna razón no podía evitar analizarlo todo en ese momento. Él, Ikki caballero del Fénix, el mismo que había peleado al lado de la mujer con la que compartió más momentos de intimidad que con cualquiera en los últimos meses, se sentía perdido. Nunca fue bueno para manejar situaciones en las cuales un ser humano se encontrara envuelto. Ella sin duda alguna le parecía hermosa, y no podía negar que el sexo que tenían le resultara placentero, de solo pensarlo quería más de aquello.
Él estaba solo, ella también, no es como si algún compromiso los atara, además ella entendió que él no quería involucrarse en ningún tipo de relación. Respecto a los demás, no tenían porqué saberlo. Sería solo entre Saori y él. Incluso la idea de encuentros clandestinos le gustaba mucho más que dejar todo esto y volver a los bares a frecuentar mujeres de la vida.
Sólo se escuchaba el sonido proveniente del televisor, anotaron otra vez. Sin embargo no hubo festejos por parte de la chica, giró lentamente su rostro y la encontró dormida, su cabeza reposaba en un gran almohadón con su mano debajo, ambas piernas próximas a su pecho. Parecía una niña pequeña, todos sus rasgos eran suaves, perfectos. Dormía profundamente. Él hacía mucho tiempo que no lograba conciliar esa clase de sueño, puesto que siempre estaba alerta, a la defensiva por si alguien o algo lo atacaban. Aún después de que las guerras santas terminaron y se les devolviera su vida como tal no podía dejar ese estado de alerta con el que vivió tanto tiempo. Sin bien parecía una persona tranquila o quizás hasta indiferente con lo que ocurría a su alrededor, él cerraba sus ojos, permanecía inmóvil, su nivel de concentración aumentaba, se enfocaba en los sonidos, en el viento, en la tierra y sus vibraciones, en cada una de las cosas que lo rodeaban. Y con ése nivel de concentración jamás logró relajarse, no era como Shiryu, con esa gran paz interior que lo caracterizaba. Llevaba en su interior la carga de cosas de las cuales no se enorgullecía.
Se quedó viéndola un buen rato, sin saber exactamente cuánto. El partido terminó. Estaba pensando demasiado últimamente. Una duda nació en él, si dejarla en ese lugar o despertarla para que fuera a su habitación. Pareciera que todo lo que Saori le inspiraban eran dudas. Como guiado por una fuerza ajena se incorporó y la tomó en sus brazos delicadamente, pasando uno de ellos bajo su cuello y el otro bajo sus rodillas, la chica ni se inmutó, sí que tenía el sueño pesado. No pudo evitar sonreír cuando ella se aferró a su sudadera acercando su cabeza a su hombro. Subió lentamente las escaleras y llegó hasta la gran puerta de madera. Ingresó al cuarto cerrado la puerta tras de él. La depositó suavemente sobre su cama y le quitó las sandalias. Era increíble lo que esa chica hacia en él, no podía dejar de mirarla, de analizar cada parte de su cuerpo. Decidió ir a su cuarto. Caminó en dirección a la puerta. El viento golpeaba de manera violenta afuera, podía escucharse como soplaba con fuerza. Llovería. Extendió su mano para tomar el picaporte.
-"Ey, ¿a dónde crees que vas?"- una voz somnolienta logró hacerlo sonreír.
-"A dormir nena,¿ tú qué crees?"- Ikki volteo a mirarla, se veía hermosa recostada con su cabello esparcido por toda la cama.
-"Estábamos viendo el juego Ikki"- el joven soltó una risita. Sin duda no se dio cuenta ni de donde estaban.
-"El juego terminó y ganaron los rojos, te lo perdiste porque te quedaste dormida. Descansa"- el silencio de la habitación fue interrumpido por un fuerte trueno, comenzó a llover. Saori se sobresaltó y miró a su alrededor estaba en su cuarto, Ikki la había llevado a su cuarto. No pudo evitar cerrar sus ojos con pánico cuando un relámpago iluminó el cielo, era inevitable, después del relámpago siempre venia el trueno. No sabía porqué pero le temía al sonido estridente del rayo, aunque más que nada era esa gran luz como indicando que luego un ruido lo sacudiría todo. No era un temor que acarreara de niña, surgió hace no mucho, cuando comenzó a dormir sola después de que Seiya la dejara. Ikki notó la reacción de la chica. No podía dejarle de parecer algo tonto, a él nada le asustaba, nada excepto la idea de quedarse al fin solo, como siempre hacia alardes de cuánto anhelaba aquello.
-"¿Estás bien chica?"-
-"Si… si"- no sonaba muy convencida, pero al fin y al cabo no había nada que hacer. No iba a insinuarle ni mucho menos pedirle que se quede ahí con ella, ya varias tormentas pasó sola en esa gran habitación, lejos del mundo, lejos de su caballero más fiel. Ikki se dio media vuelta y salió de allí. Saori se quedó mirando unos segundos la puerta cerrada y luego poco a poco cerró sus ojos.
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Salió del cuarto de baño con solo sus bóxers puestos y se recostó en la gran cama, era muy cómoda, no como otras que había probado. Pero eso fue hace tiempo ya. Desde que tiene memoria le costaba conciliar el sueño, tal vez dormía por algunas horas pero sus pesadillas recurrentes lo despertaban asustado, a la defensiva, sudando y, solo a veces, gritando. Habían disminuido cuando llegó a la mansión, pero no desaparecieron. La única noche que pudo dormir 5 horas seguidas fue la que regresaron a Japón luego de la batalla contra Hades. Irónico de verdad. Hacía solo algunos días que habían regresado de la muerte literalmente, y él lograba conciliar el sueño. A veces se consideraba morboso a sí mismo, todos sus compañeros, incluso su hermano les costó muchísimo llevar a cabo las situaciones cotidianas como eran comer, dormir, incluso respirar. A todos les afectó en demasía lo que ocurrió ahí abajo más que a nadie a Shun. Casi se volvió loco cuando creyó perder a su hermano, lo único en la vida que le interesaba, por lo único que se levantaba cada mañana. Pero ahora es diferente, ya eso quedo en el pasado, un pasado que es mejor encajonar.
Daba vueltas en la cama, ninguna posición le era cómoda. Afuera la lluvia golpeaba con fuerza. Era agradable al menos a sus oídos.
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La muchacha de largo cabello lila despertó sobresaltada.
-"Maldita tormenta, parece que no me dejaras dormir"- Y así sería. Optó por levantarse e ir a la cocina a buscar algún bocadillo nocturno. Shunrei había hecho un rico pastel de chocolate, se supone que nadie podía tocarlo, pero le hacharía la culpa a Hyoga. Se levantó y percató de que aun traía sus jeans puestos, se cambió con ropa mas cómoda, una playera gigante que obviamente no le pertenecía de color azul y roja a rayas, y unos short muy cortos de tela negros. Cuando deslizo la playera por su cabeza sintió el aroma inconfundible de él. Había comprado esa remera a Seiya en uno de esos días incansables de compras, siempre le traía algún que otro obsequio. Él la dejó atrás junto a Saori cuando eligió a su amiga de la infancia para compartir el resto de su vida. Salió de su habitación y camino sigilosamente, no quería despertar a nadie. Llegó a la cocina, encendió la luz y se aventuró en el refrigerador.
-"Lindo hábito"- alguien replicó tras ella. Saori se sobresaltó con aquella voz, ella conocía esa voz. Sacó su cabeza del gran aparato y dirigió su mirada al lugar de donde provenía. Su estómago comenzó a dolerle, sentía un vació en él, su corazón latía mil veces por segundo, comenzó a sudar frio, sus ojos le estaban jugando una mala pasada. Parado frente a ella se encontraba un joven castaño de ojos cafés, cabello alborotado, vistiendo unos jeans azules y una playera roja, estaba empapado. Tragó saliva, ¿acaso se había vuelto loca? No era la primera vez que le parecía verlo, los primeros meses se despertaba creyendo que lo tenía a su lado y ni bien intentaba tocarlo él solo desaparecía. Permanecía inmóvil. "Acaso ¿estoy respirando?" pensaba. "No, no lo estoy, respira". Cerró sus ojos con fuerza y volvió a abrirlos esperando que la alucinación haya desaparecido. Pero seguía ahí, seguía ahí y la miraba. Pequeñas gotas caían y mojaban el piso marrón, las alucinaciones no mojan pisos ¿no? Tal vez ella era muy buena imaginando cosas.
-"Sei….. Seiya"- articuló por fin. Sí, Seiya, caballero del Pegaso, el caballero más fiel, el hombre de sus sueños, el amor de su vida, el que la besó por primera vez, el que la hizo mujer, el mismo que la dejó atrás, estaba justo frente a ella. –"¿Qué mierda haces aquí?"- Eso lo tomó por sorpresa, nunca antes la había oído maldecir, tal vez mientras veía esa porquería de futbol americano, pero jamás pensó que Saori sería capaz de hablarle así. Así como Saori creyó que él nunca sería capaz de lastimarla.
-"Yo... Necesito…"- las palabras no fluían naturalmente, no sabía que decirle. Le llevo meses reunir el valor suficiente para volver a verla a los ojos. Todo el asunto salió mal, él quería hablarle, pero la idea era encontrarla de una manera casual. No así. Quería ir más temprano, pero Miho lo necesitaba en el orfanato. Luego cuando al fin estuvo libre comenzó a llover. Pero algo en su pecho le decía que debía ver a Saori una vez más, así que inventó una excusa barata para salir del departamento que ahora compartía con la morena. No quiso entrar a juntadillas a la casa, pero ya era tarde y no se le ocurrió otra manera. No fue difícil él es un caballero perteneciente a la orden de Athena por el amor de Dios. Y por último no creyó encontrarla en la cocina. No es que sea una clase de pervertido que planeaba entrar a su habitación mientras ella dormía y observarla, pero eso era exacto lo que tenía planeado hacer. Aunque cuando se lo repetía en su cabeza, sí, sonaba enfermizo. –"vine a verte, necesitaba verte"- Saori dejó escapar una risa irónica.
-"¿Tú necesitas verme a mí?, soy un extraño fenómeno de circo ahora o tal vez el asunto es que tu fin es pedirme algo que necesiten. Sea lo que sea – lo miró despectiva- arréglalo con alguien más, creí haberte dicho que no quería volver a cruzarte, en ningún maldito lugar.
-"Espero por favor.. Saori, de verdad necesito hablar contigo, déjame explicarte, necesito explicarte."-
-"¿Explicarme? Tú quieres explicar ¿qué? Que mientras dormías conmigo te veías a escondidas con Miho. Que te reías de mí, que jugaste, que en algún punto enfermizo todo esto te resultaba divertido. Ni siquiera tuviste la valentía de decírmelo en mi cara, solo viniste te sacaste las ganas sobre un maldito escritorio para luego dar la alegre noticia que te ibas a casar con otra - Seiya permanecía callado, ella tenía razón en todo.
– " ¿Acaso tu noviecita no te complace como yo?, ¿Eso buscas? ¿Sexo?... ja! Esto se pone interesante al fin."- su mirada era fría, altanera. Ya la había visto antes, cuando se encontró con ella luego de regresar de Grecia para participar del torneo.
-"Saori, cálmate, está bien. Solo quiero hablar contigo, no vine a pelear, por favor mi amor"- Seiya comenzó a acercarse lentamente a ella logrando que la chica pegará un pequeño salto hacia atrás. No quería que la tocara no quería sentir las manos de Seiya sobre ella de nuevo, sabía que si lo dejaba terminaría haciendo lo que él quisiera.
-"No sé que buscas, pero no hay nada que tu tengas que decir que me interese, es tarde, ya todos duermen, así que te pido que te retires"- Miraba un punto fijo en la pared detrás del chico, no podía verlo a los ojos, todo le resultaba muy doloroso. Desvió su vista un segundo y se enfoco en su mano izquierda y ahí estaba. Un anillo de oro, similar a una alianza. Debía ser su anillo de compromiso. Él se había comprometido con otra, se casaría con otra, hace el amor con otra. Las lágrimas comenzaron a asomar en sus ojos, no podía permitirse llorar. No frente a él.
Si había algo que al moreno le hacía daño era verla llorar, pero él sabía que esto ocurriría. Él no iba a dejar a Miho, simplemente no lo haría. Llámese cobardía, o comodidad, pero no iba a dejarla por Saori. Irónicamente desde que duerme sin la pelilila a su lado no hubo un solo día que no soñara con ella. Con su rostro, con su cuerpo desnudo. En una ocasión dijo su nombre mientras hacía el amor con Miho, ese día fue un maldito desastre.
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Bajó las escaleras pesadamente, no pudo conciliar el sueño. Ya sabía eso, las pesadillas regresaron. Sentía sed, odiaba tener que levantarse e ir hasta la cocina. Su peor temor seria cruzarse con Tatsumi, no dudaría en golpearlo en la cara. El mayordomo de los Kido procuraba nunca estar solo con él. Era una guerra declarada Ikki siempre lo odio. Mientras camina hacia la cocina escuchó voces, vio la luz encendida dentro. No aminoró el paso después de todo él también vivía ahí, hasta que se percató que estaba solo con sus bóxers puesto. Si ahí dentro estaban o June o Shunrei iban a ponerse incomodas. Apenas empujó la puerta lo vio. El caballero del Pegaso parado ahí. "¿Qué mierda hace aquí a hasta hora?" pensó para sí. Estaba hablando con alguien, eso de seguro. Pero no escuchó otra voz que no sea la de él. Entreabrió un poco más la puerta y ahí la vio a ella. La sensación de incomodidad volvió a su pecho, esa molestia. Saori lo había traumatizado, eso seguro. "Maldita mujer" dudó unos segundos si quedarse ahí escuchando como un maldito entrometido o darse la vuelta e irse. Aunque la sed no se le había ido. Podría entrar ahí y tomar algo de agua y marcharse, sin embargo algo en él le decía que no era correcto. Era el pequeño Shun que todos llevan dentro diciendo "eso esta simplemente mal, no se debe interrumpir la intimidad de dos personas". Pero esto no era intimidad, era una charla, y más que charla sonaba como a una súplica. La curiosidad le ganó al pequeño Shun y se quedo ahí parado.
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-"Escucha Saori, te amo. No hay día que no piense en ti. No hay día que no me sienta mal por lo que te hice, por favor, escúchame."- la chica solo lo miraba con recelo, pero no dijo nada así el moreno prosiguió.- "El estar contigo fue lo mejor que pudo pasarme. Soñé mucho tiempo con eso, con tenerte a mi lado y sentirte mía y que tú me sintieras tuyo. Pasamos por mucho, y lo pasamos juntos. Por favor no me alejes… no lo hagas. No puedo ser yo mismo si no estás cerca, por favor mi amor…"- las lagrimas caían sin cesar de los ojos de la pelilila, y sorprendentemente Seiya también lloraba.
-"Me lastimaste…."- el llanto ahogado, contenido solo le dejó articular esa frase. Saori sentía que sus rodillas se aflojaban, se tomo de la mesada de lo contrario caería al suelo.
-"Nunca me perdonaré haberte lastimado. Yo te prometí que siempre te cuidaría y que no sufrirías nunca más y fui el único causante de romper esa promesa"-
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Fuera de la cocina se encontraba un furioso Fénix. Seiya le crispaba los nervios. Tan dulce y adecuado, tan comprador, tan… mentiroso. Se notaba en su voz que mentía. Iba a entrar a interrumpir tal escena asquerosamente cursi, pero no pudo avanzar no pudo mover sus piernas. Sus puños estaban cerrados, apretados, su mandíbula cerrada. Era la segunda vez en la noche que se sentía así y siempre por una misma razón Seiya y Saori. Debía salir de ahí. Se dio media vuelta y caminó en sentido a las escaleras.
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Seiya se acercó lentamente a la chica quedando frente a ella. Saori solo miraba hacia abajo, esto era demasiado. El chico la tomó por el mentón y subió su rostro obligándola a mirarlo. Sus ojos azules estaban rojos de tanto llanto, ese silencioso que duele tanto. La notó mucho más delgada, tan frágil. Acercó su boca y la besó. Saori se resistió al principio, pero el amor pudo mas, coloco sus manos en los fuertes hombros del caballero y lo atrajo hacia ella. El beso era intenso, mordían sus labios, se extrañaban. Saori lo extrañaba. Tanto tiempo esperando para sentirlo nuevamente junto a ella, sentir sus fuertes manos tocarla. Se separaron para tomar aire.
-"Saori no tengo mucho tiempo debo irme linda."- el moreno acariciaba con su pulgar la mejilla sonrojada de la hermosa chica delante suyo. Al oírlo decir esto se alejó un poco observándolo incomoda.
-"¿Por qué no tienes mucho tiempo?, acaso… Dios…"- no pudo decirlo. Era obvio Miho lo esperaba, él no la había dejado, y no lo haría. Comenzó a sentirse enferma, pesadez en su estomago, nauseas. Otra vez el dolor en el pecho la oprimía. Seiya intento abrazarla, pero ella lo empujó lejos. "Ya no mas Saori, ya no más" se repetía mentalmente.
-"Vete y no vuelvas mas…"- tomó una bocanada de aire para poder continuar.
–"Vete Seiya y no vuelvas nunca más, no quiero verte no quiero saber nada de ti, no quiero nada que me recuerde a ti y a todo el amor que alguna vez te tuve"- su voz se elevo cada vez mas hasta terminar en gritos.
-"Saori, déjame decirte que te amo… y que yo "- fue interrumpido por una bofetada en su rostro.
-"Le estás haciendo lo que me hiciste a mí, ¡la estas engañando como me engañaste a mí!"- sus gritos se mezclaban con su llanto desgarrador.
–"¿Cómo puedes ser tan cobarde? ¿Cómo me haces esto?"- El caballero se quedó sin habla, ya no tenía argumentos, era mejor irse. No tenía caso, volvería después y arreglaría esto, lo haría. Saori salió de la cocina corriendo, se tropezaba con sus propios pies, subió torpemente las escaleras para desaparecer en el largo pasillo oscuro. El muchacho caminó en silencio fuera de la cocina hacia la puerta principal. En el trayecto sintió como una mano lo tomaba fuertemente de la playera y lo empujaba contra una pared. El golpe fue seco, reaccionó y miró a su atacante.
-"Ikki…. Ikki"- El joven Fénix lo miraba con furia en sus ojos, todos sus músculos estaban tensos. Ikki no lo dejaría irse así como así, no otra vez.
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Notas de la autora: Bueno hago entrega de este nuevo capítulo. Quiero aclarar que no será el típico fic color de rosas, planeo (o intento) hacer algo más real, con problemas y no solo amor y romanticismo.
Muchas gracias por leer, de verdad. Quiero agradecer especialmente a RIAADVD, por dejarme publicitar esta peculiar historia en el foro Saint Seita: pasado, presente y futuro. Gracias!
Y como siempre a mi querida amiga Madeimoselle Rousseau, sin vos esto no sería posible!
Dejen Reviews me encantan, son adictivos!
Nick Rivers.
