Somos lo que somos

–"¿Cómo puedes ser tan cobarde? ¿Cómo me haces esto?"- El caballero se quedó sin habla, ya no tenía argumentos, era mejor irse. No tenía caso, volvería después y arreglaría esto, lo haría. Saori salió de la cocina corriendo, se tropezaba con sus propios pies, subió torpemente las escaleras para desaparecer en el largo pasillo oscuro. El muchacho caminó en silencio fuera de la cocina hacia la puerta principal. En el trayecto sintió como una mano lo tomaba fuertemente de la playera y lo empujaba contra una pared. El golpe fue seco, reaccionó y miró a su atacante.

-"Ikki…. Ikki"- El joven Fénix lo miraba con furia en sus ojos, todos sus músculos estaban tensos. Ikki no lo dejaría irse así como así, no otra vez.

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Seiya se mostraba confundido, Ikki lo tenía acorralado. Saliendo de su sorpresa suspiró aliviado.

-"Dios Ikki, soy yo, Seiya, amigo"- puso su mano sobre el brazo del peli azul que lo tomaba de la remera. Pero Ikki no cedió en el agarre. Su rostro no mostraba expresión alguna, pero en sus ojos había algo, fuego.

-"Ey amigo, ¿qué es lo que te pasa? No soy un maldito ladrón, suéltame"- en un fuerte movimiento el moreno empujó hacia atrás al Fénix liberándose de su agarre. Ambos muchachos se miraban a los ojos como estudiándose. Seiya definitivamente estaba perdido. Si bien el hermano de Andrómeda siempre fue extraño, esto lo excedía. Por su parte Ikki no entendía de donde salió tanta ira, realmente quería golpearlo. Exhaló profundamente para calmarse. Lo que hacía no estaba bien. ¿Por qué debía estar enojado con el caballero del Pegaso?, él no le había hecho nada personal, ¿o sí? En los segundos que se miraban su mente trabajaba muy rápido. Se maldecía por haber bajado las escaleras y haber encontrado a su compañero aquí.

-"¿Qué haces aquí…. Tan tarde Seiya?"- su voz era ronca, gutural. A Seiya le tomó unos segundos procesar la pregunta.

-"Nada, en realidad vine a verla, ya sabes. Necesitaba hablar con ella"- El moreno se relajó, pero en ningún momento le sostenía la mirada al Fénix. Solo vio una vez esa mirada en su compañero, y fue cuando Shun casi muere en Asgard a manos de Mime de Benetasch y su arpa. Era una mirada protectora, como si a un animal le hubiesen tocado a su cachorro y se disponía a atacar salvajemente.

-"Y ya te vas por lo que veo…"- Fénix quería escuchar lo que tenia para decir.

-"Sí, Miho debe estar esperándome. Le dije que saldría un momento para ayudar a Shiryu que tuvo problemas con su auto. Omití claro, el hecho de que él vive aún aquí. Está algo paranoica."- trató de sonar gracioso, pero para el muchacho frente a él nada en la situación le resultaba una broma. –"¿Qué haces levantado?"- el moreno preguntó de manera sospechosa. Ikki le causaba cierta desconfianza, sin poder determinar por qué.

-"Yo no duermo…. No duermo bien, tenía sed"- la respuesta fue directa, fría, su rostro continuaba sin delatar alguna emoción. –"Vete ya"- La última frase sonó como si lo echara del lugar. Seiya iba a replicar, pero optó por cerrar su boca una vez al menos. Ikki era una persona indescifrable, nunca se sabía con exactitud que sentía, si bromeaba o no, si era irónico o hablaba en serio. Sería mejor salir de ahí. Por un instante quiso preguntarle si escuchó algo de lo que ocurrió en la cocina con Saori, pero borró aquel pensamiento, a Ikki no le importaba nada ni nadie excepto él y tal vez su hermano Andrómeda. Jamás le importaría lo que ocurrió puertas adentro con la pelilila, y muchos menos ella. Sacudió su cabeza y retomó el camino a la puerta principal.

Ikki se quedó viéndolo mientras la gran puerta se cerraba dejándolo a oscuras, solo la tenue luz de la cocina iluminaba un poco el lugar. La tormenta afuera no daba tregua. Estaba confundido y asustado, asustado de la actitud que tuvo. A él no le importa Saori, no le importa Seiya. Sin embargo algo en su pecho se inquietaba cada vez que pensaba o mencionaba el nombre de esa mujer. Era hora de salir de ahí buscar alguna diversión y dejar atrás todo lo que pasó con la heredera Kido. Ya no se sentía el mismo, ya no sabía quién era. Tomó una botella con agua del refrigerador y volvió a su cuarto a tratar de sobrevivir la noche. Con una pregunta en su mente ¿Lo que somos determina nuestra vida o la falta de ella?

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Saori Kido desde niña fue una muchachita malcriada. Tenía todo lo que deseaba. Los mejores vestidos, los mejores juguetes y así acaso el juguete que ella quería no existía, lo hacían solo para ella. Vivía rodeada de gente que le daba su amor. Empezando por su queridísimo abuelo el gran Mitsumasa Kido, y su fiel sirviente Tatsumi. El mundo estaba a sus pies.

Claro está que también lo estaban todos los niños de la Fundación de la cual su abuelo era el dueño. Nadie le decía que no jamás. Si ella quería jugar ellos estaban ahí, si quería montar un caballito, ellos serían los caballos. Después de todo ella era la nieta del hombre al que le debían todo.

Al crecer, se convirtió en una hermosa jovencita. Todos los chicos de la alta sociedad se morían por llevarla al baile anual, donde los hijos de la gente más arrendada de Japón se presentaban en sociedad. Ella era educada, refinada, delicada, preparada para llevar adelante negocios, charlas adecuadas y protocolares. Para comportarse como una esposa perfecta, ser la ama de casa ejemplar, criar a sus hijos, claro está que dicha tarea lo realizaría alguna nana y ella llegaría justo después de la hora del té para poder ver a sus querubines impecables listos para pasear por el jardín, al menos 20 minutos, antes de las clases de piano.

Ella sería el adorno perfecto para algún importante empresario. Una muñeca de porcelana que haría siempre lo correcto para quedar bien ante todo y todos. Su sonrisa estaría plasmada en su rostro, no importa qué.

Sus sentimientos, por supuesto, jamás importarían, porque ella sería feliz, después de todo es la chica que tiene al mundo a sus pies. Solo un mandato resonaba en su cabeza "Ante todo reputación". Sin embargo, en el interior ella sabía que no encajaba en ese mundo de fantasía. Ella tenía un espíritu rebelde que poco a poco fueron doblegando. Había olvidado lo que era sonreír sinceramente, reír, hasta llorar. Su mirada con el paso del tiempo se denotaba vacía, como si ella no estuviera allí, sí su cuerpo, pero Saori Kido no lo estaba en esencia. Cuando su abuelo murió fue la primera vez que notó lo sola que estaba. Las personas a su alrededor estaban junto a ella por obligación, no porque la quisieran. Su mundo perfecto de fiestas y gente con caros vestidos y hombres de etiqueta se veía tan falso como su felicidad.

Nunca supo que era la felicidad, solo la escuchó mencionar en distintos cuentos de hadas. Y sí, se resignó, ella jamás sería feliz, jamás la querrían, jamás seria ella misma. Saori Kido es solo una gran mentira. Su existencia era insignificante.

Más tarde descubriría que ella, esa niña malcriada, egoísta y déspota era la reencarnación de la Diosa de la Justicia y la Guerra justa, diosa de la sabiduría. Y en el acto en que Athena apareció en ella, lo confirmó, la existencia de Saori Kido era insignificante, inexistente, ella no importaba. Ella era un embace, un adorno. No muy diferente para lo que fue criada.

Seiya era un joven optimista, muy simpático y el gran líder del grupo desde siempre. Desde niño mostró facilidad para hacer amigos y para reclutar compañeros de aventuras, pequeñas travesuras que él mismo ideaba. A pesar de mostrar una gran independencia, era seguido muy de cerca por su hermana Seika, unos años mayor que él. Ellos no pertenecían a una familia adinerada, pero eran felices. Ambos vivían en el orfanato de la fundación Kido. El señor Mitsumasa en toda su grandeza los acogía para darles un buen futuro. Allí conoció a la mayoría, por no decir totalidad, de sus amigos que hasta aun en la actualidad mantiene. Sin embargo, si había algo que no toleraba era la injusticia. Desde temprana edad conoció lo injusto, desde tener que divertir a una niñita malcriada que quería utilizar a él y a sus amigos como un caballo, desde que fue separado de su hermana y luego de sus amigos y enviado a un país extraño.

Su objetivo debía ser ganar la armadura de Pegaso y así convertirse en un respetable caballero, poderoso y llenarse así de prestigio. En ese viaje, sin embargo, conoció a Marín, la mujer que lo entrenaba y una amiga entrañable. Ella y la esperanza de volver a ver a su hermana Seika lo mantuvieron vivo.

Seiya crecería para convertirse en un gran guerrero, devoto a su Diosa, devoto a sus amigos y sobre todo devoto a la justicia. El líder entre los líderes.

Ikki siempre fue un niño difícil de tratar. No se mostraba amigable con nadie. Todo el tiempo mostraba su ceño fruncido, las miradas tiernas se las reservaba para su pequeño hermano Shun. Desde pequeño él fue el chico fuerte y su hermano el débil, él no se dejaba conmover con sentimentalismos. Nada ablandaba su corazón. Creció en Japón, no tenía muchos recuerdos de su infancia antes de llegar al orfanato, pero sí sabía algo, había sido feliz. La cálida brisa acariciando su rostro mientras caminaba por la playa en un atardecer de verano, la hermosa sonrisa de su madre, la más tierna y dulce de todas las miradas que iba a conocer. El pequeño Shun dando sus primeros pasos. Risas, el olor a pastel de chocolate, su muñeco de peluche que no soltaba ni siquiera para bañarse. Luego todo se oscurece, su madre murió, jamás conoció a su padre y ambos niños terminaron bajo la tutela de la Fundación Graude, a cargo del millonario Kido. Cuánto odio ese lugar. Se juró a sí mismo que nada ni nadie lo separaría de la única persona con la que compartía un lazo de sangre. Los demás niños solían molestar a Shun, pero él estaba siempre ahí para defenderlo. Cuando recibió la noticia que serían enviados lejos para entrenar y así poder convertirse en caballeros enloqueció. Lo separarían de su hermano, de su sangre, de su origen. Mayor sorpresa se llevó cuando supo que a Shun lo iban a llevar a la Isla de la Reina Muerte, un lugar espeluznante. Eso no ocurriría, él se sacrificaría por su hermano, él era un hombre de palabra y había jurado protegerlo. Partió un largo viaje del cual, sin saberlo, ya no tendría retorno.

Se encontró con un maestro cruel que lo único que hizo fue humillarlo y dañarlo en todos los niveles posibles. Atrás quedó su niñez y su inocencia. Lo único que lo mantuvo vivo en ese lugar fue la hermosa hija de su verdugo, Esmeralda. Sintió después de mucho tiempo que esa muchacha era su hogar. Tan frágil y hermosa, su corazón volvió a latir gracias a ella. El día que murió en sus brazos, la parte humana que existía en él murió junto a ella. Ya no más, no dejaría entrar a nadie a su corazón para que luego se lo arrancaran, como hicieron con Shun, como ocurrió con Esmeralda.

Consiguió envestirse en la armadura del Fénix, la única armadura que tenía el poder de regenerarse. Y él era así, el siempre resurgía luego de la caída. Nada ni nadie lo detendría.

El era un lobo solitario y eso no cambiaría nunca más.

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Al día siguiente no había rastros de la tormenta que se había desatado durante la noche, el cielo estaba despejado, El clima era templado, el movimiento empezó más temprano de lo regular en la mansión Kido. Shunrei debía asistir a su cita con el médico donde le dirían el sexo del bebe. Shiryu la acompañaría. Ambos se encontraban muy ansiosos, ni hablar del resto de los muchachos que ya habían hecho sus apuestas. Para June, Hyoga e Ikki sería un varón, fuerte como su padre, para Saori, Shun y Tatsumi una niña, hermosa y delicada como su madre. La feliz pareja de padres se mantenían al margen de eso, puesto que sea lo que sea, lo amarían más que nada en su vida.

Llegaron a la cita con doctor un poco antes de lo pactado, por lo que tuvieron que esperar unos minutos en la sala de espera. Ambos estaban tomados de la mano nerviosos, en más de una ocasión charlaron el tema de tener un bebe. Lógicamente luego de que las guerras habían terminado fue el momento para poner en práctica esas charlas. El médico abrió lentamente la puerta asomando su rostro amable, no era mayor de 50 años, cabello entre castaño y canoso, ojos achinados y unos anteojos que lo hacían ver intelectual. La joven pareja se adentro en el consultorio. Después de hoy ya tendrían el nombre para su bebe.

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Saori no salió de su cuarto, y decidió no hacerlo en todo el día. No quería levantarse, no quería bañarse. Solo se quedó desnuda en la gran cama. La playera azul y roja a rayas estaba tirada en el suelo. Luego la obsequiaría o la quemaría daba igual. Ya no importaba. Repasaba cada momento su historia junto a Seiya, y la misma preguntaba la golpeaba ¿Qué hice mal?, le dio todo su amor, le entrego su virginidad, su alma, su vida. Su entera existencia giraba en torno al moreno. Y ella disfrutaba eso, él era su todo. Era, exactamente pasado. Su presente era otro. Estaba sola, o bueno casi ya que en esa casa no se podría estar nunca verdaderamente sola, pero sí sentimentalmente. Aunque eso no era del todo verdad, un apuesto hombre de ojos azules ocupaba gran parte de sus pensamientos y también de su cama. No podía determinar que le ocurría con presión con Ikki, pero le gustaba, le gustaba tanto que le causaba un miedo atroz. Ikki no es el tipo de hombre con el cual una chica quiere enredarse. Era una buena persona sí, pero todo él era un misterio. No se imaginaba una relación con él, ya que la base de toda buena pareja es la comunicación, e Ikki no se destacaba por ser buen hablador. Sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos.

Fénix nunca se fijaría en ella, solo fue una diversión. Él amaba a otra mujer. June le contó la historia de la hija de su maestro, Esmeralda, en una ocasión luego de su primer encuentro, cuando aun la chica rubia no tenía idea de su reciente intimidad. Se reprimió mentalmente, por qué siempre tenía que fijarse en sujetos que ya tienen a otra mujer en su corazón, primero Seiya y ahora Ikki. Y una cosa es luchar por un hombre con una mujer viva, pero con el recuerdo de un amor muerto, eso era simplemente imposible.

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Ikki, por su lado, había decidido ya no enredarse más con los problemas de la pelilila, sin embargo necesitaba verla. Se repetía a si mismo que no tenia sentimientos hacia ella, pero sin embargo eso no era cierto. Le agradaba mucho y podría decirse que llegó a quererla y sin duda alguna a desearla de una manera animal. Había estado caminando por toda la mansión durante horas, si bien era grande, ya era la quinta vez que pasaba por el pasillo principal. Al levantar la mirada se encontró frente a las puertas del cuarto de Saori. Su mano se movió automáticamente golpeando.

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Dentro la muchacha seguía tendida en su cama, oyó que alguien golpeaba, pero no tenía fuerzas ni ganas de ver a nadie. Volvió a escuchar que golpeaba con insistencia, se levantó pesadamente y tomo una camisola de dormir que estaba tirada en una silla y se la colocó, gran sorpresa se llevo al abrir la puerta y ver a su visitante.

No pronunciaron palabra alguna, se observaban minuciosamente. Saori se movió para dejarlo pasar, el muchacho entró al cuarto. Las cortinas estaban cerradas, todo el cuarto estaba desordenado.

-"Disculpa, como verás no esperaba compañía"- su voz sonó áspera, aclaró su garganta. –"¿Ocurre algo Ikki?"- Saori lo miraba impaciente, él no sabía que decir, y ella estaba esperando.

-"Quería saber cómo estabas, sé que Seiya estuvo anoche aquí"- nunca dejó de mirarla fijo, podía ver la incomodidad en los ojos de la chica, sin embargo ella tampoco bajó la mirada. Siempre fue desafiante. Saori Kido era la única mujer que nunca se mostró intimidada por su presencia.

-"Estoy bien"- mintió – "Si te mandó alguien puedes decirle que estoy bien, solo que hoy no sentía ganas de salir de aquí"- estaba molesta, sabía que el chico no tenia culpa de nada, pero no podía evitar sentirse vulnerable, asustada y eso simplemente le molestaba.

-"Nadie me envió, yo quería saberlo, por eso yo vine"- Ikki se acercó a ella quedando sus rostros a centímetros de distancia. –"Si ese imbécil te vuelve a molestar "– los hermosos ojos azules de la chica se abrieron como grandes platos – "házmelo saber y lo pondré en su lugar"- la chica no salía de su asombro, ¿de verdad el peliazul dijo eso? Saori se quedó sin habla, trató de decir algo pero simplemente las palabras no brotaban de su boca. Por su lado Ikki le ofreció una media sonrisa y salió de allí.

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Después de que el caballero Fénix abandonó la habitación, la hermosa pelilila abrió su guardarropa para buscar su pijama, un corpiño negro a juego con un diminuto short algo transparente, tomo una toalla de baño y se dirigió a su tocador.

Estando ya dentro, empezó a desvestirse lentamente, hasta ver su imagen completamente desnuda reflejándose en el amplio espejo que tenia frente a ella. Segundos después entro a la ducha, dejando que las gotas de agua fría cayeran sobre su bien formado cuerpo.

Tomo una suave esponja dándose ligeros masajes, cerró los ojos y comenzó a pensar en el peliazul, a recordar sus encuentros apasionados con Ikki, cierto que no se amaban, pero como amante era perfecto, salvaje, apasionado y hasta dulce y tierno, sin duda ese hombre le hacía olvidar a Seiya. Esto sumado a las palabras dichas antes, la hacía necesitarlo aún más.

-Oh, Ikki…-Susurró la pelilila el nombre de su amante deseando sentirlo.

Hace algunos momentos el caballero Fénix había estado en su habitación conversando con ella, internamente se reprochaba a si misma por no haber tomado la iniciativa, realmente lo deseaba, ese hombre empezaba a parecerle adictivo.

Mientras tanto, Ikki caminaba por la mansión, recordaba que hace unos segundos se encontraba platicando con la pelilila, había sentido el deseo de desvestirla, tocarle su hermoso y bien formado cuerpo y hacerle el amor, sin duda esa mujer sabia como volverlo loco.

Volteó a ver instintivamente hacia la puerta del cuarto de Saori, y un impulso mayor que él lo hizo regresarse. Al tocar la puerta y no recibir respuesta de la chica, decidió entrar por voluntad propia.

-"¿Saori?…"-Cuestionó el chico volteando de un lado a otro.

Se preguntó entonces si la chica había salido, pero de pronto le pareció escuchar el ruido de la regadera, sin duda la chica estaba ahí.

Instintivamente, como un animal al acecho, se acerco a la puerta y la abrió lentamente, tanto que la chica no se dio cuenta. Sintió su miembro excitarse cuando escucho a Saori decir su nombre.

-"Oh…Ikki."- Musitó la pelilila, dentro de la ducha, mientras acariciaba su propio cuerpo, sin imaginarse que el caballero Fénix estaba ahí escuchándola.

Ikki, como llevado por un impulso, se desvistió rápidamente y con paso apresurado entro al cuarto de baño, abrió la puerta corrediza de la ducha dejando sorprendida y asustada a la chica.

-"¿Qué haces aquí Ikki?".- Preguntó Saori, entre avergonzada y excitada.

-"Creí escuchar que decías mi nombre."- Respondió cínicamente el hombre haciendo sonrojar a la chica, mientras él miraba de abajo hacia arriba el cuerpo de la joven mojado por las gotas de agua.

Saori se quedó sin habla, sintiendo como el rubor subía a sus mejillas, tanto que no se dio cuenta en qué momento Ikki entró en la ducha y comenzó a besarla salvajemente, mientras enredaba una de sus manos en su cabello y con la otra recorría su cuerpo.

-"¡Ikki ahh!"- Gritaba la chica entre jadeos mientras sentía como los besos de aquel hombre iban descendiendo desde su boca, hasta llegar a su cuello, donde el Fénix empezó a mordisquearla, para después lamerle en la marca rojiza

Ikki llevó sus manos a la cintura de la chica y la levantó recargándola contra la pared de la bañera, Saori por instinto enredo sus piernas ágilmente alrededor de la cintura de él sintiendo el miembro erecto del Fénix rozar su monte de Venus, haciéndola sentir una sensación electrizante en su cuerpo, al sentir la fría agua sobre su cuerpo y a la vez el caliente miembro viril de Ikki.

-"ohh…Esto es demasiado."- Gemía la chica extasiada de placer enredando sus dedos en el cabello azulado del joven, al sentir que el mordisqueaba y lamia sus pezones.

Ikki sentía como su miembro se ensanchaba, los gritos de la pelilila lo llenaban de placer, verla ahí desnuda para él, con el cabello mojado pegado a su cuerpo lo hacían excitarse más por lo que sabía que el momento estaba cerca. Rápidamente con una mano cerró la llave por donde corría el agua y salió del cuarto de baño con la chica tomada en brazos sin dejar de besarle los labios.

Al llegar al borde de la cama, Ikki dejó caer a la chica sobre ella, la cual se mordisqueaba el labio inferior y abrió sus piernas incitándolo al pecado, sin duda aquella vista que tenia del sexo de la chica le parecía de los mas erótico, sobre todo el ver su escultural cuerpo con gotas de agua.

Saori e Ikki respiraban con dificultad, el chico en un arrebato desesperado se coloco entre las piernas de la chica besando y mordisqueando sus muslos, haciéndola gemir de placer.

-"¡Ikki!…! Hazme tuya ya no aguanto!"- Jadeaba la chica mientras se mordía su labio inferior.

El joven por toda respuestas comenzó a introducir sus dedos en la intimidad de la chica, haciéndola estallar de placer, el saber que podía logar excitar a una chica de esa manera le hacía sentir ensanchado su ego masculino.

"Qué es lo que quieres que te haga?."- Cuestiona Ikki mirando con deseo a la chica, como fingiendo que no sabía.- "Si no me lo dices cómo voy a saberlo."

De pronto la chica sonrío y decidió tomar las riendas del asunto, así que a los pocos minutos era ella quien se encontraba arriba del muchacho.

Ikki suspiraba y jadeaba la vez que Saori iba pasando su húmeda lengua desde su cuello hasta llegar a su abdomen.

-"¡Ahh Saori!."- Gritaba jadeante el chico, que era quien ahora estaba siendo torturado por las caricias de la chica.

De pronto, al ir descendiendo, Saori se encontró con el miembro viril del chico, erecto, el solo imaginarlo dentro de ella la hacía sentir un ardor corriéndole dentro del cuerpo.

La joven decididamente tomo el miembro entre sus manos acariciándolo, lentamente lo fue introduciendo al interior de su boca para empezar a moverlo de adentro hacia afuera, Saori acariciaba con su lengua el miembro erecto del chico enredando su lengua en el falo, sintiendo como este se endurecía mas.

-"¡Saori ahhh!".- Gritaba el chico loco de placer, mientras tomaba los cabellos lilas de la chica y tiraba de ellos con fuerza.

Saori a su vez sentía el sudor entre sus piernas, escuchar los gemidos de Ikki la llenaba de placer y rápidamente comenzó a mover su lengua enredándola en el miembro del chico, aquel olor masculino le parecía delicioso, sabía que el momento estaba cerca, pero el chico la tomó por la cintura y la tumbó en cama boca arriba, abriéndose paso entre sus piernas.

-"¡Ikki!."- Exclamó la chica llena de placer sintiendo la humedad en su monte de Venus, a los pocos segundos sintió una intrusión en su cuerpo. El miembro viril del chico entraba y salía rápidamente arremetiéndola con fuerza, haciéndola estallar de placer.

Ikki tomó las piernas de la chica enredándolas alrededor de su cintura, aferrándose a las caderas de ella, mientras Saori gemía.

-"¡Ahhh Ahhh!".- Se escuchaban los gritos y gemidos de la chica por toda la habitación.

Ikki se inclinó un poco y comenzó a devorar los labios de la muchacha con desesperación, mordiéndola de vez en cuando, sintiendo como Saori ahogaba sus gemidos en su boca

La sensación de sus cuerpos unidos, mojados por la mezcla del agua después de bañarse y el sudor de sus cuerpos era placentera. Pronto Saori sintió que su pelvis se contraía y escucho el grito del Fénix que se vino dentro de ella, haciéndola estallar de placer.

El chico se recostó sobre ella. Esto estaba ocurriendo ya a menudo, no podían seguir negando lo obvio. Debían afrontar que algo les pasaba. Se quedaron unos segundos en silencio, recuperando el aliento. Él tomó la iniciativa.

-"Realmente me gusta estar contigo Saori, pero no quiero lastimarte, esto es algo extraño, tu sabes… tu y yo"- su mirada era dulce, por fin había bajado su guardia. Acariciaba la frente de la chica con su pulgar y depositó un pequeño beso en ella.

-"A mí también me gusta estar contigo… y no te preocupes, jamás me lastimarías Ikki, eso lo sé"- La chica sabía que lo que menos quería Ikki era una relación con ella, aunque se lo negara a sí misma, sentía ganas de comenzar algo con él, pero no podía asustarlo. Si solo mencionaba la palabra con "C" Ikki huiría despavorido. No entendió porque dijo con tanta seguridad que sabía que Ikki jamás la lastimaría, no tenía idea si lo haría, él se caracterizaba por ser inestable y de un momento al otro partir a esos largos viajes del que nadie conocía con exactitud qué hacía en ellos. Debía ser sincera, al menos una vez con ella misma, sentía algo fuerte por el caballero del Fénix, y lo quería cerca, no podía imaginarse sin él.

Ikki la admiraba en silencio, ella era todo lo que un hombre puede desear. Y estaba desnuda debajo de él, acababan de hacer el amor, ella estaba con él. Un sentimiento extraño se despertaba en su pecho. No quería alejarse de esa mujer, no podía ni siquiera concebir la idea de que otro la toque de la manera que él la tocaba ahora. Ese torbellino de emociones lo confundían, pero esta vez se quedaría para averiguar que le ocurría exactamente. Pactaron tácitamente que los encuentros entre ellos no se detendrían.

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N/A: Nueva entrega, cada vez se me hace más complicado escribir sobre Ikki, es un personaje muy complejo amigos.

De todas maneras no estuve sola en este capítulo, ya que le pedí a mi gran amiga Madeimoselle Rousseau que creara el atrevido lemon de este capítulo. (Es increíble escribiendo lemons jaja), acá los dejo con sus notas…

Hola a todos los lectores del fandom saint seiya, antes que nada dejenme decirles que no acostumbro leer ni escribir en este fandom, todas mis historias hasta ahora pertenecen al fandom de Sailor Moon, solo que me aventure a leer esta Historia porque la escribe mi amiga Nicky que por cierto es muy buena escritora, si bien el lemon de este capítulo lo escribí yo porque mi amiga me lo pidió, aunque sé que ella lo hubiera hecho maravillosamente. Me gusta mucho escribir lemons, soy una pervertida haha, Pero este sí que me pareció difícil, jamás había escrito un lemon donde los personajes estén involucrados solamente en cuanto al deseo sexual, todos mis lemons anteriores han sido sobre una pareja que se ama, así que espero que les guste como quedo. Ya por ultimo gracias por leer este fic, que es genial y muy calentón, y miren que lo digo yo que no soy lectora asidua de Saint Seiya, Pero al igual que mi amiga adoro a Ikki.