Con un día de retraso pero aquí esta, no sé de donde saqué el tiempo pero lo hice ^_^. Ahora el problema es que me odiarán cuando lleguen al final uuU. En fin, ¡todo tienen un buen motivo!, así que no me maten todavía T_T

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.


When you're gone

Yamamoto abrió la puerta de la casa de Gokudera lentamente, deteniéndose en el umbral para observar la estancia vacía y tan falta de vida. Suspiró. Cerró la puerta y entró lentamente, mirando a los lados como esperando que en cualquier momento Gokudera saliera por un pasillo o volteara por una esquina para gritarle por haberse atrevido a entrar en su casa sin permiso. Contó 10 segundos...y nada pasó. Otro suspiro.

Se dirigió al que era el cuarto del medio italiano y se acercó a la cama, observándola como si estuviera mirando al mismo Gokudera. Cuatro días. Habían pasado cuatro días desde que se fue y para él era como si hubieran pasado cuatro décadas. El tiempo transcurría lenta y pesadamente y sentía que hasta era asfixiante respirar, no sabía cuanto tiempo más podría aguantar en esa situación, en esa desesperante y angustiante situación.

No pudo más y se recostó en la cama de Gokudera, abrazando con fuerza su almohada, tratando de sentir su aroma en ella. Sonrió al sentir el leve olor a cigarro llegar a su nariz, sin embargo su sonrisa duró poco y se borró al recordar que probablemente no volvería sentir ese aroma en mucho tiempo...quizás nunca.

Este último pensamiento lo desgarró por dentro. ¿Y si Gokudera no regresaba? ¿Y si él no lo lograba? ¿Cómo podría sobrevivir sin el italiano? ¿Cómo podría levantarse todos los días sabiendo que no lo vería más? Si no volvía a ver sus ojos verdes la vida perdería cualquier tipo de esperanza, cualquier tipo de color; no sería capaz de sonreír de nuevo, no sin escucharlo decir "friki del béisbol" otra vez.

No podría, no podía. No pudo resistirlo más y cuando se dio cuenta, ya había dejado caer algunas lágrimas sobre la almohada de Gokudera que aún sostenía entre sus brazos. Lo necesitaba y sólo ahora era conciente de cuánto. El dolor de su corazón lo partía por dentro. No iba a estar bien sin él.

Lo extrañaba.

Cada pequeña cosa de él, la extrañaba más de lo que alguna vez pudo imaginar. La forma en la que sostenía el cigarro, la forma en la que fruncía el seño cuando se molestaba, la forma en la que sonreía cuando Tsuna llegaba a clases....la forma en la que le sonreía a él cuando creía que no lo estaba viendo. Era una sonrisa ladeada y más que nada por que lograba cerrar la conversación con uno de sus insultos, pero era una sonrisa dirigida a él, únicamente a él.

Se levantó de la cama y se dirigió al armario que estaba a un lado de la cama pero al abrirlo no encontró nada, como si él nunca hubiera estado ahí. Lo cerró de golpe, encontrándose de frente con su propia imagen reflejada en el espejo que estaba en la parte delantera de la puerta. Se vió los ojos rojos e hinchados y una apariencia demacrada, pero no le importaba en ese momento.

Lo único que podía interesarle era que Gokudera volviera sin importar el tiempo que tomara. Él lo esperaría hasta el final.


El viento de la azotea le despeinó el cabello pero Tsuna no le prestó atención. Yamamoto había faltado a clases otra vez, como lo venía haciendo desde que Gokudera se fue.

Un suspiro salió de sus labios. Aún recordaba la sensación que tuvo cuando, tiempo después de que Yamamoto saliera corriendo para intentar detener a Gokudera, le llegó un mensaje a su celular que sólo decía: "No pude. Se fue". Sabía lo impotente que debería estarse sintiendo Yamamoto por no haber podido impedir que el italiano se fuera, él mismo se sentía así. ¿De qué le servía su súper intuición si no podía ni sentir cuando uno de sus mejores amigos tenía un problema y lo necesitaba? Si se hubiera dado cuenta habría intentado ayudarlo de alguna forma, evitar que se fuera a hacer algo que aparentemente era tan peligroso.

Apretó con rabia, pocas veces vista en él, la reja que rodeaba la azotea. Era por estas cosas que se negaba a convertirse en capo y unirse a la mafia, porque siempre había demasiado peligro, demasiada angustia, demasiado dolor. Ya había visto hasta que punto su vida podía cambiar cuando fueron al futuro y tuvieron que enfrentarse a Byakuran. No quería pasar por eso de nuevo, no quería perder a nadie importante para él.

Una idea cruzó su mente y la comprensión se abrió paso entre sus nublados pensamientos.

Así que era por eso.

Según lo que había dicho Reborn la misión tenía como fin evitar un peligro mayor. No era difícil suponer que Gokudera pusiera todo su empeño para evitarles a todos el volver a pasar por algo como lo de Byakuran. Ese debía ser el motivo por el que decidió hacerlo solo y se los ocultó todo. Dejó salir ahora un suspiro frustrado. ¿Por qué era tan difícil para Gokudera entender que no estaba solo? Si les hubiera pedido ayuda y explicado la situación quizás las cosas no habrían terminado así, pero el hubiera no existe.

El siempre había buscado todas las oportunidades que podía para obtener un poco de tiempo para sí mismo, al menos desde que Reborn llegó y su vida se puso de cabeza, pero ahora realmente quería que uno de sus amigos estuviera a su lado como se había acostumbrado a que estuvieran. Daría lo que fuera para escuchar de nuevo la alegre voz del bombardero al llamarlo "décimo".

El timbre sonó y se dispuso a regresar al salón tan solo como cuando había salido. Gokudera ya no estaba y sin él Yamamoto no era el mismo, no cuando lo necesitaba tanto. Una débil y triste sonrisa cruzó sus labios.

Después de todo, la intuición Vongola si servía para algo.


Miró su reflejo fijamente. No le gustaba el color azul, no en su cabello, aunque fuera un color más pálido le recordaba al cabeza de piña. Dejó salir un gruñido de frustración mientras se daba la vuelta y se acomodaba el saco de color negro con bordes rojos que debería de llevar a partir de ahora y que lo identificaba como un miembro de esa familia. Tampoco le gustaba haber tenido que cortarse el cabello pero sería mejor que se acostumbrara desde ahora y dejara de mirar su propio reflejo como si fuera el de un extraño, después de todo, lo primordial en una misión de infiltración era el evitar ser reconocido y debía aceptar que habían hecho un buen trabajo con él.

Probablemente ni Yamamoto lo reconocería.

Se quedó quieto un momento. No, no debía pensar en él, no debía pensar en el pasado o se arriesgaría a cometer un error fatal. Lo que debía hacer ahora era concentrarse en su nueva identidad y en cumplir la misión que se le había encomendado. Cerró los ojos y respiró profundo antes de salir de su habitación.

Ya había logrado infiltrarse en la base enemiga como un nuevo asesino que trabajaba para ellos, le habían creado un historial perfecto que le permitía encajar allí sin problemas y había sido relativamente fácil entrar en "la boca del lobo". Ahora el problema consistía en estar lo suficientemente cerca y ganarse la confianza de las personas que tenían la información que buscaba. Sabía que todo allí se manejaba con absoluto secreto, sobretodo para las personas del rango al que pertenecía ahora, así que debía ser bastante cuidadoso y no levantar sospechas.

La mejor forma era utilizar a alguien que ya tuviera un cargo alto en ese lugar, pero para acercarse a alguien así primero debía llamar su atención de alguna forma.

- Vaya, no sabía que el nuevo era un chico lindo.

Volteó a observar el origen de esa insinuante pero algo tétrica voz a sus espaldas. Había encontrado a la persona perfecta.


La pelota de béisbol salió del campo en un perfecto home run que le daba la victoria al equipo de Namimori. La multitud y el equipo entero aclamaron al jugador que sólo sonrío calmado mientras recibía las felicitaciones de sus compañeros. Minutos después y cuando ya casi todos se habían ido un castaño se acercó corriendo a la estrella del partido.

- ¡Fue un partido excelente Yamamoto!

- Gracias Tsuna, pero fue un trabajo en equipo- le respondió a su amigo con la voz calmada.

Tsuna frunció un poco el seño. Aunque el beisbolista seguía siendo amable con todos y había vuelto a sus actividades cotidianas, su falta de alegría al hablar era algo que no podía simplemente pasar desapercibido. La tristeza lo inundó al recordar al motivo del estado actual de ánimo del moreno y Yamamoto pudo notarlo perfectamente.

- Aún no hay noticias ¿verdad?- le dijo con la voz baja y una mirada comprensiva pero dolida.

- Lo siento- susurró como toda respuesta el capo.

- Esta bien, llegarán tarde o temprano de todos modos- trató de reconfortarlo con una pequeña sonrisa.

Tsuna lo observó levemente sorprendido, no entendía como podía seguir siendo tan optimista cuando ya habían pasado seis meses sin saber nada de Gokudera pero luego recordó que era Yamamoto después de todo. Él no iba a perder la esperanza tan fácilmente, no iba a dejar que le quitaran eso, seguiría en pie hasta que el italiano regresara.

Esos pensamientos lo tranquilizaron a él también y, devolviéndole la sonrisa, caminaron juntos el camino a casa.


Reborn miró con el seño fruncido la carta que acababa de leer. Eso no estaba bien y no le gustaba para nada, no se supone que eso debía pasar. Bajo la vista y el sombrero cubrió sus ojos. Aunque debía quedarse callado por ahora, no tenía idea de cómo explicarle las cosas a Tsuna cuando llegara el momento, todo sería demasiado duro.

Soltó un suspiro pesado y echó la carta a la pequeña fogata que había hecho en un cenicero. Nadie dijo que el mundo de la mafia era fácil después de todo. Miró el papel consumirse según las órdenes, mientras las palabras allí escritas comenzaban a desaparecer por el fuego.

"Operación fallida. Pérdida de comunicación con el agente. Posiblemente fue descubierto y eliminado. Se encontraron restos humanos aún no reconocidos. Mantener la información en reserva por el momento. Destruir la carta".


Lo sé, tienen razones para querer matarme, ¡pero en serio tengo buenos motivos!

Ahora me dedicaré a esperar sus reclamos y amenazas de muerte T_T

Ciao!