¡Muchas gracias por sus reviews! T_T Me hicieron muy felíz y me ayudaron a superar mi pequeña crisis de escritora, por la que casi no hay capítulo hoy uuU. Tenía sólo una parte del capi y terminé el resto hace unas horas. Como sea, este es un capi importante porque contiene el meollo de todo el asunto, a partir de ahora empezarán a resolverse todas las cuestiones con las que este intento de escritora los torturó por estos...¿casi tres meses? O.O ¡OMG! No puedo creer que haya pasado tanto. En fin, no los entretengo más.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.


I'm with you

La tarde empezaba a caer sobre Naminori, el cielo aún no estaba oscuro, ni siquiera se había teñido completamente de rojo pero ya se podían observar los primeros matices del ocaso. En la habitación de Tsuna el silencio reinaba entre los tres presentes, los dos adolescentes que se encontraban allí miraban ansiosos al arcobaleno sentado frente a ellos, esperando que soltara el motivo por el que les había pedido que se reunieran apenas terminara la actividad por la cual habían salido temprano de la escuela ese día. Justo cuando el futuro capo se disponía a romper el silencio, el bebé se le adelantó.

- Bueno, imagino que ya deben tener una idea acerca de lo que quiero decirles.- soltó el hitman como si fuera lo más obvio del mundo. Y en realidad lo era.

- Es sobre Gokudera-kun, ¿cierto?- pronunció el capo, más ansioso aún si era posible- ¿Ya tienes alguna noticia de él?

-...- El arcobaleno guardo silencio un momento, fijándose en ambos rostros consternados, sobretodo el de cierto beisbolista- Lo que voy a decirles no es fácil, así que cállense y escuchen hasta el final.

Hizo una nueva pausa

- La misión falló.

Reborn pudo apreciar perfectamente como el terror se extendió por los rostros frente a él, mientras las pupilas de los dos chicos se dilataban al máximo.

- ¿Q-qué?- fue lo único que pudo decir Yamamoto.

- Hace cerca de tres meses recibí una nota de la Oficina Central con la llama del Noveno en ella. En esa nota me informaban que habían surgido inconvenientes y habían perdido comunicación con nuestro agente infiltrado, en otras palabras Gokudera.- se detuvo un momento para dejarlos digerir la noticia- En operaciones tan delicadas como estas, el estar siempre en contacto con nuestros espías es esencial por lo que cuando sucede algo como esto solo puede deberse a que el agente ha sido descubierto...y posiblemente eliminado, además también se encontraron restos humanos que...

-Por favor- interrumpió Tsuna casi al borde de las lágrimas- por favor, no me digas que...que eran de...

- No- respondió cortante y serio el bebé- no eran de Gokudera.

Un pequeño deje de alivio apareció en el rostro de Tsuna, mientras la esperanza volvía a los ojos de Yamamoto.

- Sin embargo, eso no nos asegura nada.- dijo cortando el momento de alivio- Dos semanas después de recibir la nota, me enviaron otra en la que decían que habían recibido un mensaje del enemigo en el que dejaba claro que no le gustaban las sorpresas ni los espías y que nos fuéramos olvidando de la rata que les enviamos porque ni siquiera tendríamos un cuerpo que enterrar. Después de eso no volvimos a saber nada respecto al tema a pesar de que todo este tiempo estuvimos buscando alguna pista que nos dijera lo que había pasado con Gokudera, fue por ese motivo también que me prohibieron decirles algo, no querían adelantar suposiciones hasta tener algo concreto.

- ¿Y ahora lo tienen?- preguntó casi con miedo Yamamoto.

- Bueno, tomando en cuanta el tiempo que ha pasado las probabilidades de que Gokudera siga con vida son nulas, incluso si lo querían para sacarle información ya debieron haberse cansado de que no diga nada porque conociendo a Gokudera, preferiría morir antes que delatar a los Vongola.

El silencio que se extendió sobre ellos fue el más pesado que hubieran sentido en sus vidas.

- Go-gokudera-kun...él...él no

-¡Él no está muerto!- declaró Yamamoto al tiempo que se levantaba de golpe, con su cabello cubriendo sus ojos y sus puños apretados- Él es fuerte, mucho, y prometió que regresaría así que va a hacerlo. Aún no han encontrado su cuerpo y hasta que no lo vea con mis propios ojos, simplemente no voy a creerlo.

Después de decir esas palabras con toda la fuerza interna que aún conservaba se fue corriendo sin mirar hacia atrás, por lo que no notó la mirada sorprendida de Tsuna ni la penetrante de Reborn. Pasaron unos segundos hasta que ambos se pudieron recuperar del asombro y una pequeña sonrisa se instaló en los labios del décimo.

- Yamamoto es sorprendente- mencionó admirando en serio a su amigo- Él realmente cree en Gokudera-kun, no sé como hace para mantener las esperanzas.

- Pero a veces la esperanza puede ser paralizante- dijo seriamente Reborn, dando por terminada la conversación y obviando la mirada, ahora afligida, de Tsuna.


Corría y corría cada vez más, necesitaba descargar de alguna manera todo lo que tenía en la cabeza o si no iba a explotar.

Gokudera no está muerto, no lo está.

Podían decir que sólo trataba de convencerse a sí mismo pero en realidad tenía motivos para estar tan seguro, o al menos eso creía. Un suspiro salió de sus labios. No podía explicarlo pero algo dentro de él le decía que Gokudera estaba vivo e iba a regresar, no sabía cuando pero lo haría, tal como había escrito en la carta. Confiaba ciegamente en él. Tenía que volver.

Comenzó a detener su carrera cuando notó que había llegado a su casa y elevó su vista al cielo completamente rojo sobre él.

Por favor, regresa pronto.


El rojo atardecer se colaba a través de la entreabierta puerta corrediza, dándole directamente en el rostro a un joven pelinegro, con el cabello largo atado en una coleta, que se encontraba recostado en el suelo cubierto de polvo y suciedad. Sus ropas estaban completamente destrozadas y cubiertas de sangre, así como sus propias manos y su pálido rostro. El joven frunció un poco el seño antes de finalmente empezar a despertar. Ojos grises se mostraron mirando confundidos a su alrededor.

¿Dónde estoy?

Fue la primera pregunta que atravesó su mente al no reconocer el lugar en el que se encontraba. Intentó incorporarse pero apenas logró sentarse cuando un súbito dolor le atravesó todo el cuerpo, no pudiendo contener un gemido de dolor. Se quedó quieto esperando que el dolor menguara un poco y tuvo tiempo de inspeccionar su lamentable aspecto, fijándose sobretodo en la sangre sobre su saco negro y dándose cuenta, al moverse un poco, que no era suya. Se quedó congelado.

¿Qu-qué pasó? ¿Por qué estoy cubierto de sangre? ¿De QUIÉN es esta sangre?

El miedo comenzó a invadirlo al darse cuenta que no tenía idea de qué había sucedido, intentó hacer memoria pero estaba en blanco, completamente en blanco. Sintió el pánico apoderarse de él mientras intentaba visualizar lo último que recordaba...pero no había nada. No recordaba absolutamente nada.

¿Q-qué está pasando? ¿Por qué no recuerdo nada? Yo... ¡¿Quién soy yo?

El leve salto que dio el piso lo sacó de su pequeña crisis de pánico. Un momento... ¿salto? Se arrastró a la puerta por la que entraban los últimos resquicios del atardecer y pudo observar que todo afuera se movía. O mejor dicho que él se movía. Bajó la mirada y pudo comprenderlo al ver los rieles, estaba en un tren, específicamente en el vagón de carga de algún tren. ¿Cómo había llegado ahí?

Esa última pregunta quedó relegada cuando muchas más interrogantes llegaron a su cabeza. ¿A dónde iba el tren? ¿O es que regresaba de algún lado? Sentía que tenía que estar en algún lado, pero no sabía donde. No estaba ni aquí ni allá. No estaba en ningún lado. Al llegar a esa conclusión sintió la desolación llenar su mente, no poder comprender absolutamente nada de lo que sucedía a su alrededor lo frustraba y mucho, sin embargo pronto notó que además de confundido estaba exhausto, se recostó en el suelo de nuevo y, con el último rayo de sol, se quedó completamente dormido.


Corría intentando resguardarse de la lluvia que lo había atrapado saliendo de sus prácticas de béisbol, el día había empezado nublado y aún así no había tenido la precaución de llevar un paraguas con él. Suspiró frustrado mientras se detenía a tomar un breve descanso debajo de un árbol. Aunque quisiera no podía detenerse hasta llegar a casa, porque la lluvia no parecía tener intenciones de parar, a decir verdad, parecía que en cualquier momento se convertiría en una tormenta.

Tormenta.

Su mirada se ensombreció un instante. Aunque Tsuna no había mencionado nada acerca de la charla que tuvieron el día anterior con el bebé él podía notar la tristeza albergarse en sus ojos y eso le molestaba. Tsuna debía confiar en Gokudera de la misma manera en la que, estaba seguro, Gokudera confiaría en él. El italiano ya había demostrado lo fuerte que era después de todo. Sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos y siguió corriendo a casa, sólo le faltaba cruzar el puente y ya casi llegaría.


Sentía la lluvia caerle encima pero no había ningún lugar bajo el cuál resguardarse y sabía que nadie lo ayudaría, no con el aspecto desgarbado que tenía en ese momento. Aunque la lluvia se había llevado la sangre que traía encima y se había recuperado lo suficiente para poder moverse y salir del tren sin que nadie lo viera, las heridas seguían dificultándole el movimiento a pesar de que su cuerpo estaba tan entumecido por el frío que ya no las sentía. Había tenido que dejar su chaqueta en el tren puesto que ya no servía para nada, pero ahora se arrepentía de no haberla llevado porque el frío le calaba los huesos. Llegó a un puente y se sentó en el suelo, justo en el medio, apoyado contra una de las barandas.

¿Y ahora qué?

Fue lo único que pudo pensar. No tenía memoria y estaba en un lugar que no conocía, sentado en un puente bajo la lluvia y sólo esperaba. ¿Qué esperaba? Ni él lo sabía, pero no tenía nada mejor que hacer. No se oía ningún ruido a su alrededor más que el caer de las gotas, estaba completamente solo.

Solo. ¿Habrá alguien intentando encontrarme? ¿Habré alguien buscándome para llevarme a casa? Yo... ¿Tendré una "casa"?

El pensamiento lo perturbó y solo se abrazó más a sí mismo intentando conseguir un poco de calor. ¿Tendría un lugar al cual volver? ¿Pertenecería a algún lado? Se le había pasado la mañana vagando por las calles intentando reconocer algo, un lugar, un rostro, encontrarse con alguien que lo conociera, lo que sea, pero no había tenido resultados. Nada estaba yendo bien y se sentía demasiado confundido, todo era un completo desastre y sentía que pronto iba a perder la cabeza.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó unos pasos que se acercaban corriendo bajo la lluvia, se volvió solo para observar a un chico de su edad atravesar el puente corriendo.


Yamamoto intentó apresurarse más para terminar de atravesar el puente de una vez cuando pudo distinguir a alguien más allí. Alguien que estaba sentado bajo la lluvia sin cubrirse en lo absoluto. Frunció el seño un poco y se acercó al desconocido, sorprendiéndose al notar que era alguien de su edad y que al parecer necesitaba ayuda urgente, no sólo porque estaba completamente empapado, si no porque pudo notar las heridas a través de su camisa blanca traslúcida por la humedad.

- Oye, ¿estás bien?- preguntó cautelosamente.

-...

El muchacho levantó la vista sorprendido de que alguien le hablara, abrió la boca para intentar responder pero no salió ningún sonido. Sólo entonces se dio cuenta de que no había intentado hablar desde que despertó en el tren y que, a final de cuentas, no podía. Además de no tener memoria ahora estaba mudo, que suerte la suya.

El beisbolista pudo notar el rostro del joven entristecerse levemente y no pudo entender porque. Aún así, no le quitó la vista de encima. No sabía porque pero el muchacho realmente le llamaba la atención, no solo por la extraña situación en la que se encontraba, sino que había algo en él que le impedía simplemente dejarlo ahí solo. Pudo suponer que quizás había tenido un accidente y se había perdido, como fuera, seguir bajo la lluvia no iba a ayudarlo.

- Oye, si no tienes ningún lugar al que ir ahora puedes venir conmigo a mi casa, si sigues bajo la lluvia te enfermarás.- no sabía porque lo había dicho, pero lo hizo...y extrañamente no se arrepentía.- Después podemos buscar a tu familia o llevarte aun hospital, como prefieras.- terminó con una sonrisa que intentaba darle confianza y estirando su mano hacia él para que la tomara.

El pelinegro lo miró por un momento, ¿podría confiar en este tipo? Bueno, en realidad debería ser el otro muchacho el que se cuestionara si podría confiar en él, pero que más daba. Parecía ser una buena persona, muy inocente, pero buena y además no tenía nada que perder. Dando una leve sonrisa estiró la mano para tomar la que se le ofrecía y al momento de hacerlo, una corriente eléctrica pasó por su cuerpo. Miró al otro perplejo por unos segundos antes de finalmente levantarse para seguirlo a dónde lo llevara, a pesar de que no lo conocía, estaba dispuesto a ir con él a donde fuera.


Sobre la azotea de un edificio, la lluvia caía con la fuerza propia de una tormenta mientras unos rayos empezaban a alumbrar el oscurecido cielo. Un grupo de hombres vestidos de negro miraban hacia la ciudad bajo ellos, Namimori.

- Obsérvenlo bien, no quiero errores- mencionó el hombre que los encabezaba, mostrándoles una fotografía de un joven con cabello negro con coleta y ojos grises- Encuéntrenlo y elimínenlo, es una amenaza mayor.

Todos los hombres partieron cuando su jefe terminó de dar la orden, excepto uno. El que se quedó atrás sostenía una chaqueta negra con bordes rojos, que se encontraba casi completamente destrozada.

- ¿De verdad crees que lo encontremos? ha pasado más de un día- preguntó mirando la espalda de su jefe.

- Por el estado de su ropa, no puede haber ido muy lejos de la estación del tren.- contestó sin voltear- Además no podemos perderlo, si los Vongola lo encuentran todo se echará a perder. No voy a dejar que esos bastardos descubran lo que con tanto trabajo hemos tratado de ocultar.

- ¿Te refieres a nuestra misión o a lo del espía?- preguntó con un tono socarrón, viendo al otro apretar los puños.- Parece que toque un punto débil. No puedes olvidarlo ¿cierto?

- Los Vongola no pueden saber nada, ese traidor debe pagar por haber intentado jugar conmigo.-mencionó despacio, con rencor en su voz- Y yo haré que nunca deje de pagar.

Un rayo surcó el cielo alumbrándolos, antes de que ambos también desaparecieran.


Un capítulo más largo de lo usual, pero no hallaba por donde cortarlo. Espero que les haya gustado. ¿Quién será ese extraño joven? ¿Por qué tenía la misma chaqueta que el enemigo? Porque si, era la misma chaqueta. Y lo más importante...tantantan...¿Qué habrá pasado con Haya-kun? ¿Por qué ese tipo parece estar tan enojado con él?

¡Todo eso y mucho más en el próximo capítulo! (parezco comercial XD)

Dejen reviews!

Ciao!