La góndola del Amor

La habitación de hospital permanecía en silencio, los primeros rayos del sol entraban por las hendijas de los postigones que aún permanecían cerrados. El color blanco de las paredes con pequeñas flores rococó en color beige con bordó de la guarda hacían ver al lugar bastante amplio. La cama de una plaza y media con sabanas blancas bordadas con flores del mismo color no eran duras, sino suaves ayudando al descanso de la joven de cabello negro que se encontraba exhausta, no podía ser de otra manera pues luego de 10 horas de trabajo de parto calló rendida en un profundo sueño. La mesa de noche a un lado de la confortable cama, de madera oscura tenía un florero bastante grande de color rosa lleno de jazmines que con su fragancia inundaban la alcoba. Un poco antes de la mesa había una cuna recubierta por una sabanita color amarillo suave. Algo alejado de la cama se encontraba un joven de hermosos ojos verdes y largo cabello sentado en una re confortable silla de cuero acolchonada, en sus brazos, como sosteniendo el más frágil de los cristales se encontraba su primera hija, su tesoro.

Mei nació a las 6:02 a.m, pesando casi 3 kg, era una bebe saludable que hizo a sus padres tener un vuelvo en el corazón cuando la oyeron llorar anunciando su llegada al mundo.

Shiryu experimentó el amor pleno cuando la vio, ahora la tenía en sus brazos como las últimas dos horas desde que las trasladaron al cuarto, no podía dejar de observar su perfecta y redondeada nariz, su boca en forma de corazón que parecía estar dibujando un beso continuo, sus mejillas regordetas y rosadas, sus ojos que aún no se definían de qué color serían, grisáceos. La hermosa pequeña como si supiera lo que su padre estaba pensando tomó entre su pequeñísima manito el dedo índice del caballero, mirándolo por un segundo, para luego cerrar sus ojitos bostezando.

El muchacho sintió a su hermosa esposa moverse en la cama y volteó a verla, los ojos de Shunrei se abrieron lentamente dibujando una amplia sonrisa al instante en que vio a su familia. Su esposo se acercó lentamente con la pequeña en brazos, la joven se sentó en la cama para poder cargar a Mei.

-Es hermosa… es perfecta Shiryu…- dijo con lágrimas de felicidad saliendo de sus ojos.

-Es como tu… es perfecta como tu…- acarició tiernamente la mejilla de la joven china mirándola con devoción. –Lo hiciste muy bien linda, lo hiciste genial ahí dentro…- refiriéndose a la sala de parto.

-Tendrá tus ojos…- enternecida con su bebe no dejaba de mirarla.

-Lo más importante es que la tengo en mis ojos…es lo más hermoso que vi…- hizo una pequeña pausa controlando la emoción que lo invadía.- Gracias Shunrei, gracias por hacerme el hombre más afortunado del mundo, tengo a mi hermosa Reina y ahora me has dado a mi Princesa…- finalizó ya no pudiendo evitar emocionarse y que su voz se quiebre, después de todo lo que pasaron ahí estaban, los tres y nada podía ser más perfecto.

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Exhaustos luego de pasar toda la noche en el hospital llegaron a la mansión, automáticamente June subió a su alcoba seguida de su novio saludando a los presentes.

Tatsumi se ofreció a hacer el desayuno para los restantes, además de los caballeros que vivían allí, se encontraba Seiya que había ido al hospital junto con Miho, luego ésta ultima tuvo que volver al orfanato a cumplir responsabilidades y el castaño decidió acompañar a los chicos a la mansión, claro que también estaba Saori, aunque prácticamente no cruzaron palabra, aunque el Pegaso se moría por preguntar qué era lo que hacía Camus ahí nuevamente. La pelilila decidió retirarse a su cuarto para poder darse un baño y dormir un poco antes de encerrarse en su oficina con todo el papeleo.

Sentados en la mesa ovala del salón se encontraban entonces Hyoga, caballero del Cisne, Seiya Caballero del Pegaso, Ikki Caballero del Fénix y Camus Caballero Dorado de Acuario, solo que no parecían aquello ya que no tenían ni sus majestuosas armaduras ni sus gestos que inspiraban respeto, estaban agitados, ojerosos y hambrientos. Sobre la mesa se encontraban los más deliciosos platillos, frutas, tartas, jugos, café, té, pan tostado, mermeladas y dulces, por lo que no se molestaron ene hablar y se dedicaron a comer.

-No puedo creer que Shiryu ya sea padre…- rompió el hielo el moreno mirando a su taza de café. Trataba de comportarse y no mirar directamente a Ikki, ya que sabía del pésimo humor que este tenía la mayoría del tiempo y luego de su pelea las cosas quedaron muy mal. Lo que de alguna manera lo relajaba era el saber que Saori y él no estaban juntos, después de aquella charla con Shiryu en la puerta de la mansión había averiguado por diversas fuentes, entre ellas Hyoga y Shun, que ellos estaban distanciados, claro que no le dieron demasiada información, tampoco se la merecía estaba al tanto de ello.

-¡Qué bueno que llegó al hospital!, ¿se imaginan que la hubiese tenido aquí?- exclamó con cara de espanto el joven ruso llevándose la risa de los presentes. Luego aclararon su garganta y el lugar se hundió en silencio nuevamente.

-Dime Camus- volvió a hablar el moreno - ¿Qué te trae por Japón nuevamente?- El peliverde se mostró incómodo ante la pregunta, ¿por qué todos eran tan entrometidos en ese lugar?, cómo contestar aquello, había venido por Saori, pero ya no sabía si quería si estaban juntos o no y en la presencia del Fénix no quería admitir aquello.

-Paseando… mucho tiempo libre sin Guerras ni Diosa a quién proteger…- respondió dando un sorbo a su taza de café.

-No estoy de acuerdo con ello, creo que Saori siempre será nuestra Diosa y como tal debemos respetarla.- el comentario estaba dirigido al peliazul pero de igual manera molestó al caballero de Acuario.

-¿Respetarla? ¿A qué llamas exactamente respetar Pegaso?- preguntó Camus con la seriedad y paz que lo caracterizaban. El moreno acaró su garganta y elevó un poco su voz al contestar mirando fijamente al francés.

-Hablo de no pasarse de listo con ella, de no comportarse de manera inapropiada, tal vez mirándola de una forma que no se debe, o algo mas…- Ikki permanecía con los ojos cerrados, estaba en estado de alerta como siempre que se ponía así, no había caso de discutir nuevamente con su compañero, nunca se entenderían, no amando a la misma mujer.

-Es extraño viniendo de ti… ¿no lo crees? Fuiste le primero en mirarla inapropiadamente, ese comentario más que de un caballero fiel a su Diosa, parece de un hombre muerto de celos y hasta diría que arrepentido…- sentenció Camus captando la atención del Fénix, el peliazul dibujó una media sonrisa en su rostro que pasó desapercibida por todos, pero por primera vez en mucho tiempo coincidió con el peliverde.

Hyoga se puso de pie llevando su taza hacia la cocina, Seiya imitó su acción, mientras el caballero del Fénix tomaba su chaqueta para retirarse.

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Shun terminó su baño y se secó torpemente su verde cabello con una toalla, la verdad era que quería dormir un rato, se vistió con sus bóxers y un pantalón holgado color negro, salió del cuarto de baño para encontrase con la despampanante silueta de la hermosa rubia que compartía su cama desde hacía ya dos años. Se acercó lentamente hacia ella tomándola por detrás desde su cintura atrayéndola hacia él, hundió su rostro en el cuello de la chica aspirando la suave fragancia a rosas que su cabello desprendía.

-Hola chico bonito…-saludó la amazona sin dejar de hacer lo que estaba captando su atención.

-Hola preciosa- respondió mientras besaba sus hombros y espalda. La chica soltó una risita traviesa, pero no le hizo mayor caso. –Uh, ¿qué haces mi amor?- curioso el peliverde al ver que su novia estaba muy concentrada en lo que hacía.

-Bueno mira…- Shun se puso a su lado para mirar sobre el escritorio donde se encontraba la rubia, había pegamento, brillos, tijeras de formas, un hermoso álbum de fotografías decorado de manera divertida y algunas fotografías.

-¿Y esto June?-

-Es un álbum de fotos que estoy armando y decorando, pego las fotos y cuento que ocurrió ese día, además de hacer dibujos- respondió animada.

-Es hermoso, pero… ¿por qué?- confundido el caballero, la chica sonrió ampliamente sin quitar la vista de su trabajo.

-Para Mei- dijo captando la atención de Shun.-Es un regalo que le haremos una vez que crezca, en este álbum esta la historia de amor de sus padres, de sus tíos y amigos, hay fotografías de diferentes momentos, hasta las primeras ecografías y luego llenaremos el álbum con mas fotografías de ella…- Andrómeda no pudo evitar sonreír enterneció por el gesto de su novia.

-Eres hermosa y te amo mucho ¿te lo dije últimamente?- June fingió pensar un momento llevándose un dedo hacia el costado de su boca.

-Sí, antes de que entraras a bañarte…- rió divertida volteando para quedar frente a él y entrelazar sus brazos alrededor de su cuello.

-Recuerdo la primera vez que te vi…. Me pregunté si algo tan glorioso como tu seria real…- le besó tiernamente en los labios y luego la miró fijo, encontrándose sus miradas.

-Te amo Shun…-

-Y yo a ti mi hermosa June… y yo a ti-

-Oye Shun…- lo llamó- Estaba pensando… digo, ya Shiryu fue padre y bueno… nosotros también en algún momento lo seremos ¿no?- el peliverde asintió confundido nunca se sabía hacia donde podían ir los pensamientos de su amazona.-Bueno estaba pensando que no creo que falte mucho, así que deberías estar practicando, ¿no?- Sin dejarlo responder lo besó apasionadamente, el joven respondió al beso con la misma intensidad alzándola, haciendo que la chica enrede sus piernas alrededor de la cintura de Shun y llevándola hacia la cama, donde sin duda practicarían.

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Detuvo su ahora motocicleta, préstamo indefinido de Tatsumi sin que él sepa que es así, en el bar que frecuentaba cuando se encontraba viviendo en la Mansión, entró al lugar, a pesar de ser las 8 am había algunas personas allí, todos ebrios tipos sin futuro aparente y ahí estaba él.

Tomó asiento en la barra, el camarero hizo un gesto con su cabeza en señal de saludo, después de todo pasaba más tiempo allí que en cualquiera otro sitio.

-Una cerveza Kenshi- pidió el peliazul levantando solo su mirada con la cabeza gacha. No era nuevo por lo que terminó allí, su vida no lo enorgullecía y menos ahora, y además debía admitir que no tenía idea que ocurría con Saori, solo sabia que la quería y que iba perderla, sino ya no lo había hecho. Se lamentó como nunca antes lo había hecho, el no decirle lo que sentía, pero después de todo no era algo sencillo para un sujeto como él, no es como el bueno de su hermano o como el paciente Shiryu, o como el alegre y siempre confiable Seiya…

Una de las razones por las cuales salió de esa casa fue por la presencia del moreno, no se llevaban bien, y nunca lo harían, pero al menos no tenía ganas de pelear con él. La otra razón, igualmente de molesta, era la presencia de Camus, lo detestaba, aunque debía admitir que era un mejor partido para la chica que él… aunque cualquiera lo sería si no daba un vuelco a su vida. El punto en toda esta cuestión es si él realmente estaba dispuesto a cambiar y dejar de ser un infeliz por ella.

-Aquí tienes amigo…- dijo el cantinero mientras ponía la fría cerveza sobre la barra destapándola.- ¿Mal día Ikki?-

-Nah, a decir verdad una muy bueno, uno de mis mejores amigos fue padre por primera vez…- dijo al tiempo que levantaba su cerveza para darle un trago.

-Bien por él entonces, aún recuerdo el nacimiento de mi primer hijo, es algo increíble- mientras con el trapo limpia la barra. El Fénix hizo un gesto de sorpresa.

-¿Tienes hijos Ken?-

-Sí, tengo tres hijos, dos niños y una hermosa nena que me trae loco, por suerte es igual a su madre- ambos rieron divertidos.

-Ni lo que lo digas….-

-¿Y tú?, ¿no pensaste en tener hijos?- preguntó el cantinero apoyando sus codos sobre la oscura barra de madera rústica. Ikki se quedó en silencio un instante, si antes alguien le hubiese hecho esa pregunta automáticamente hubiese hecho un gesto de desprecio respondiendo un "no" rotundo, sin embargo esta vez eso no ocurrió.

-La verdad no lo pensé hasta ahora, pero sería agradable, aunque no creo ser material para padre…- Kenshi sonrió incorporándose.

-Nadia cree ser material de padre, hasta que lo es… - el simpático y corpulento cantinero siguió atendiendo sus quehaceres.

Ikki quedó pensativo por unos instantes, cuando el ruido del banco junto a él rechinó contra el piso de cemento gastado al ser corrido, junto a él tomó asiento una rubia de pelo corto y algo despeinado, llevaba una remera color rosa y un pantalón de mezclilla, la chica le pareció familiar.

-Una cerveza… como la que está tomando este hombre junto a mi- dijo la joven refiriéndose a Ikki, ésta volteo a verlo divertida. – Hola extraño…-

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La hermosa pelilila se removió incomoda de la cama, no pudo pegar un ojo pensando en lo ocurrido con Ikki y las palabras de Camus. Estaba haciendo todo mal, en vez de disfrutar de su reciente, aunque impensada relación con el dorado volvía a caer en los brazos, en la cama de Ikki, no podía evitar reprocharse mentalmente sus acciones, sus pensamientos y sobre todo su falta de determinación. Tal vez el hecho de haber sido la reencarnación de una Diosa que no podía amar a ningún hombre y solo evocarse a su misión como deidad la había puesto en un lugar muy cómodo, guardar sus sentimientos, esconderlos y no lanzarse por ellos, jamás arriesgarse, pero eso quedó en el pasado ahora era Saori Kido, la mujer, la que debía tomar una decisión acerca de su vida. Se levantó molesta, tomó su bata negra de encaje y satén y se envolvió en ella, tomo la caja de cigarrillos de su mesa de noche y abrió el gran ventanal, necesitaba calmarse y no conocía otra forma.

Golpes en su puerta la sacaron de sus pensamientos, pensó que podría tratarse de Tatsumi pero no iba a molestarse en apagar el cigarrillo.

-Adelante…- elevó su voz que sonaba cansada, frustrada. La puerta se abrió lentamente y se cerró de la misma manera a sus espaldas, reconoció al instante el sonar de los pasos que caminaban hacia ella. –No tengo ganas de pelear…- se defendió de antemano.

-No busco eso Saori- respondió el hombre tras ella.

-Seiya…- bajó su cabeza y apagó el cigarrillo lanzándolo al jardín.-No sé qué quieres de mi, pero desde ya la respuesta es no.-

-Sólo quiero hablar contigo- se detuvo detrás de ella, pero manteniendo un poco de distancia.-Te extraño y no de la manera que no quieres oír, te extraño de todas las formas posibles, extraño poder hablarte, verte…-

-Basta, no quiero volver a pasar por todo esto- lo interrumpió volteando para verlo directo a los ojos, se sorprendió al ver la mirada del muchacho tan apagada, sus ojos cafés se caracterizaban por tener un brillo especial.

-Quiero pedirte perdón, por todo, por mi comportamiento, por ser tan imbécil… por aquella noche en la cocina. No te merecías nada de lo que hice-

-Ya no tiene caso, ya quedó en el pasado…- dijo en voz baja y poco convencida.

-No es así, si fuera como dices al menos hablarías conmigo, me mirarías sin tanto rencor…-

-No te odio Seiya y mucho menos quiero sentir rencor hacia ti, pero todo ha sido difícil, demasiado. No comprenderías- finalizó mirando hacia el suelo, el muchacho se acercó a ella y puso una mano sobre el delicado hombro de la chica. Seiya sabía lo difícil que fue para ella abrirse a él, entregarse de la manera que lo había hecho, pero igual de complicado le había resultado él, sus temores e inseguridades lo atacaban constantemente, pero el amor por ella pudo más.

-Quiero que confíes en mi, otra vez… como amigo, no puedo vivir sabiendo que no estás en mi vida, te quiero en ella al menos como mi amiga, te necesito en ella.- sincero el Pegaso. Saori levantó la mirada y sonrió, por primera vez en meses sus ojos se suavizaron y bajó la guardia con él.

-Deberemos trabajar en eso…- dijo la chica sonriendo ambos. Se quedaron en silencio por unos minutos disfrutando del momento que compartían sintiéndose tranquilos y en paz consigo mismos al fin.

-Fuiste tío, felicitaciones- rompió el silencio la pelilila.

-Y tu tía, estoy muy feliz por Shiryu y Shunrei- comentó realmente feliz por sus amigos.

-Se está agrandando la familia, no creo que pase mucho antes de tener un nuevo integrante- el comentario de la pelilila hizo sobresaltar a Seiya, la chica pasó junto a él y tomó asiento en el amplio sillón hundiéndose en él.

-Saori, ¿puedo preguntarte algo?- dijo el moreno siguiendo a la chica y tomando asiento frente a ella en una silla de madera oscura con tapiz azul oscuro.

-Supongo.- respondió con duda en su voz.

El muchacho pensaba en cómo armar lo que quería decir sin sonar demasiado entrometido, ni muy agresivo, ni muy interesado nunca logró formular lo que quería decir sin ninguno de esos condimentos, así que solo dejó salir sus palabras.

-¿Qué clase de relación tienes con Ikki?- soltó clavando sus ojos cafés en la pelilila como estudiando cada gesto en ella, la chica lejos de sentirse incómoda comenzó a formular su respuesta, era algo difícil para una pregunta tan simple.

-La verdad…- comenzó a hablar, Seiya se incorporó sentándose derecho en la silla esperando la respuesta que había buscado desde hace mucho mientras intentaba conciliar el sueño.-La verdad Seiya… no lo sé.-

-Oh…-

-Si quieres saber si lo quiero, no voy a decírtelo, pero si creí que Ikki era otra persona que detrás de toda esa coraza había un hombre bueno, que necesitaba afecto y sin darme cuenta me fui acercando a él.- hizo una pausa pensativa y tomó una gran bocanada de aire.-Pero creo que no es lo que él quería, no soy lo que Ikki quiere…-ambos se quedaron en silencio, Saori sintió una gran tristeza al oír admitir esto, cierto que lo pensaba recurrentemente, pero por primera vez lo dijo en voz alta.

-Saori- la llamó captando su atención.-Mira, no hay persona que le moleste más tu cercanía con Ikki que a mí, pero no soy nadie para reprochar nada.- aclaró ante la mirada molesta de la chica. –Lo único que sé es que él te quiere y te quiere de verdad, no me preguntes como lo sé, solo es así, estoy seguro que está muerto de miedo, porque detrás de ese tipo fuerte hay un niñito desprotegido que pide a gritos ser querido.- las palabras del caballero dejaron boquiabierta a la pelilila.

-Seiya…- el Pegaso rió divertido llevándose su mano tras su cabeza en su típico gesto de simpatía.

-¡Qué profundo soy verdad Saori!- ambos rieron divertidos, era bueno poder estar así si hay algo que le encantaba en el moreno era su capacidad para hacerla reír en todo momento.

-Oye Saori- volvió a llamarla.

-Dime.-

-¿Qué pasa con Camus?-la chica tomó el almohadón de pluma junto a ella y se lo lanzó al chico.

-Eres peor que las viejas chismosas- las carcajadas de ambos inundaron el lugar.

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El peliazul la miró molesto, no tenía ganas de lidiar con esa clase de chicas, en especial con las que toman cerveza siendo las 8,30 de la mañana.

-Linda motocicleta la tuya…- dijo la chica intentando entablar una conversación con el muchacho que parecía serle indiferente.- ¿Te dijeron alguna vez que es de mala educación ignorar a una dama?- La chica había dado pie a un buen insulto por su parte, pero cuando volteó a verla directamente quedó impactado, la chica era tan parecida a su primer amor, y allí lo recordó ya se habían cruzado era la chica de La Ford F100 celeste.

-¿Vas a decir algo o jugaremos a las adivinanzas?- parecía ser muy osada, en eso se diferenciaba enormemente con la chica de la Isla de La Reina Muerte, pero físicamente eran muy parecidas, tanto que le daba escalofríos. –Yo empiezo entonces, hola mi nombre es Jade- dijo extendiendo su mano en señal de presentación, el muchacho no respondió así que apoyó su mano en la su pierna.

- Como la piedra de color verde, como una esmeralda.- aclaró riendo tontamente mientras él no dejaba de verla con algo de desconfianza.

-¿Ahogando penas de amor chico rudo?- el comentario de la rubia al fin hizo hacerlo sonreír, puesto que era graciosa y parecía inofensiva.-Pero que hermosa sonrisa tiene peliazul.- no dejaba de coquetear la muchacha.

-No ahogo nada, aunque las penas sí están…- respondió sincero, por alguna razón en ciertos momentos le era más fácil sincerarse con extraños que con sus propios amigos.

-Es tan simple así, no puedes elegir chico- habló la misteriosa rubia.-Claro que no siempre resulta bien…al menos llegaste a un lugar donde uno no cree en lo que oye.-

-Parece que tienes todo muy claro…- habló irónico el Fénix.

-Debe ser linda esa chica para tenerte así… o tal vez la suerte del principiante la acompaña- el peliazul la miró con el rabillo del ojo algo confundido y a la vez interesado en lo que Jade decía.

-¿Suerte de principiante? No es un maldito partido de pool.- la chica rió altanera.

-Bueno siempre pensé que la vida entera era un juego y uno mueve las piezas a su antojo, y en el campo del amor o lo que sea que se le parezca también es así.- explicó.-Yo creo que tú has movido muy mal tus fichas chico rudo, y por eso te lamentas y aunque ella también ha hecho malos movimientos, bueno la suerte del principiante tal vez la ayude… tal vez ella solo empezó a jugar hace poco…- Ikki se la quedó viendo en silencio, ya no le impactaba tanto le hecho de que se parezca a su primer amor, sino todo lo que le estaba diciendo, sentía que de alguna manera ella había dado en el clavo, él jugó mal, Saori tal vez no lo estaba haciendo mejor, pero como en todo juego la suerte siempre está del lado de uno y debía proponer tenerla del suyo.

-Sí, lo es…- dijo el caballero de repente.

-¿Qué cosa?- interrogó confundida.

-Sí es linda, en realidad es hermosa…- habló pero la chica parecía no entenderle.-Me dijiste que debía ser una linda chica para ponerme así, y te estoy contando que es la más hermosa que jamás vi.- la chica sonrió satisfecha por la confesión y dio un largo trago a su cerveza.

-Estuve viajando toda la noche y la verdad no tuve una buena semana, necesitaba esto…- dijo la rubia refiriéndose a la botella entre sus manos. -¿Sabes de algún buen hotel para pasar la noche?-

-Hay un par ubicados al final de la calle...-

-¿No quieres acompañarme? No me gusta dormir sola…- dijo con mirada pícara, Ikki se rió y negó con la cabeza.

-No, la verdad es que hay un solo lugar al cual quiero ir…- más que quererlo lo necesitaba.

-Y a una chica a la cual quieres acompañar, bien tú te lo pierdes extraño- dio otro sorbo a su bebida.

-Ikki, me llamo Ikki.- se presentó al fin.

-Ikki, el chico rudo y extraño que no quiere acompañarme.- dijo divertida.-Te diré qué Ikki- dijo mientras sacaba un papel y un bolígrafo de su bolsa.- Te daré mi número de teléfono celular y si algún día tienes ganas de divertirte me llamas hermoso.- terminó de anotar y le extendió la hoja a Ikki, este ni siquiera le echó un vistazo, la dobló y guardo en el bolsillo de su pantalón, lo tiraría luego podía hacerlo frente a la chica.

-Bueno Jade, fue agradable la charla- le dijo mientras se ponía de pie, la chica le sonrió mientras sus ojos se desviaban hacia otro muchacho que se encontraba en el lugar, Ikki no pudo evitar ver aquello gracioso, esa chica sin duda era un tema serio. Saludó a Kenshi alzando su mano para luego irse de ese lugar proponiéndose no volver en mucho tiempo.

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Era cerca de las cuatro de la tarde cuando la hermosa chica de largo cabello lila estaba terminando de arreglarse, pues en un rato comenzaría el horario de visita para poder ver a Shunrei y a la pequeña Mei. Esa tarde lucía particularmente hermosa, llevaba un vestido blanco de cuello Mao entallado hasta su cintura y luego caía suelto hasta antes de sus rodillas, llevaba el cabello ondulado con una cola baja que caía de costado sobre su hombro, tanto sus zapatillas como su bolso estilo morral eran de color marrón suela, estaba terminando de aplicar gloss a sus labios cuando escuchó que alguien golpeaba a su puerta.

-Pasa June, ya casi estoy lista- contestó tomando una campera de jean oscura manga tres cuartos corta que solo le llegaba a su cintura. Al notar que su amiga no respondía abrió ella la puerta de su cuarto.

-Hola…- parado frente a ella se encontraba Camus con gesto serio tan característico en él.

-Hola Camus- pronunció su nombre dulcemente.

-¿Tienes un segundo cherie?- preguntó con voz suave mirándola de manera extraña.

-Claro, claro, pasa por favor- nerviosa la pelilila hizo pasar al hombre cerrando la puerta tras ellos. Camus caminó hasta el sofá de la alcoba y tomo asiento, Saori imitó su gesto.-Y bien, dime Camus.- la chica sentía como su corazón latía a mil por segundo, el peliverde permanecía serio no pudiendo ella descifrar ninguna emoción en su rostro, ni siquiera en sus ojos.

-Belle, seré directo, voy a volver a Grecia.- ni bien soltó aquella bomba Saori sintió como la angustia oprimía su pecho, su estomago revuelto.

-Pero… ¿por qué?- interrogó sorprendida.

-Tengo ciertas cosas que hacer- respondió casi automáticamente.

-¿Por cuánto tiempo?-

-Aún no lo sé, no sé cuanto vaya a tomarme.- Saori se quedó en silencio unos segundos, la angustia no la dejaba hablar y estaba llena de preguntas que necesitaba hacerle.

-Pero regresaras ¿verdad?- lanzó al fin, con voz quebrada.

-Eso… eso belle depende de lo que me espere aquí, y no es algo que logre con solo desearlo mucho, eso también es decisión tuya.- Camus tomó las manos de la chica entre las suyas llevándolas hacia su boca besándolas delicadamente.

-Yo, no quiero mentirte- la frase de la chica consiguió la atención completa del caballero.-Yo no sé qué me pasa, y sinceramente estoy molesta conmigo misma, digo mírate Camus, eres todo lo que puedo pedir y sin embargo…- no pudo terminar la oración, no pudo decir que aunque él sea el hombre perfecto ella amaba a Ikki, al hombre que le trajo más lágrimas que cualquier otro.

-Lo sé belle, sé que quieres al Fénix y no voy a entrar en una estúpida competencia con él.- Camus acercó su rostro al de la chica mirándola a los ojos rozando apenas sus labios contra los de ella.- La verdad es que eres muy especial y te quiero cherie, eres hermosa y delicada, salvaje e impetuosa, pero no voy a mendigar amor belle, jamás podría…- Saori dejó de respirar por unos segundos, lo que el caballero acababa de decir era de la misma manera en que ella se sentía respecto a Ikki, mendigando amor, rogando que en algún momento él la quiera y la viera de la forma que ella lo ve.

-Jamás quise hacerte sentir de esa forma… yo, yo también te quiero y nunca quise hacerte perder el tiempo- la chica fue interrumpida por un dulce beso que le peliverde depositó en sus labios, para luego abrazarla atrayéndola hacia él.

-El tiempo que pasé contigo cherie, fueron los mejores momentos que viví en mucho años, y jamás dude en tus intenciones, sé la clase de mujer que eres y no podría estar más feliz de haber formado parte de tu vida de esta manera, pero como dicen en mi país belle, en el amor a veces se gana y a veces se pierde, pero pase lo que pase nos enriquece.- la pelilila no pudo evitar que lágrimas se escapen de sus bellos ojos.

-¿Cuándo te irás?- interrogó limpiando sus mejillas con el dorso de su mano.

-Luego de la fiesta de Mei- respondió el dorado, aun faltaba una semana para aquello, el hombre se puso de pie ofreciéndole su mano para que ella pueda pararse. Caminaron en silencio hasta la puerta, sin duda alejarse de Camus sería difícil.

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La noche cayó iluminando las primeras estrellas el oscuro firmamento, la luna creciente se asomaba por la esquina este de la Mansión Kido haciendo que la fuente de agua del gran jardín brille de manera particular debido a su material a base de granito y ágata, el olor a flores inundaba el aire ya la primavera anunciaba la llegada del verano, la chica de largo cabello lila decidió salir a caminar y contemplar las estrellas, hacia mucho que no lo hacía y algo en ella pedía a gritos reconectarse con su lado más sensible.

La suave brisa primaveral jugaba con los mechones de cabello que caían sobre su rostro, el blanco vestido vaporoso se abría colándose el viento entre sus piernas, sintió la necesidad de correr, correr como cuando era niña como escapando de un monstruo aterrador que quería comérsela, pero nada la perseguía solo era ella, ella y su espíritu perdida en la inmensidad de la noche. Oyó como la reja se abría y el sonido de una motocicleta, caminó hasta llegar junto a garaje donde Tatsumi y los muchachos guardaban sus vehículos, se asomó lentamente y divisó al Fénix bajando de la Honda, sin duda su chaqueta de cuero y esa motocicleta lo hacían verse candente, mordió su labio inferior cuando el chico se agachó a buscar vaya a saber uno qué y sus jeans marcaron su genial trasero. El muchacho caminó hacia la salida topándose con ella.

-Buenas noches- saludó y siguió caminando. Rápidamente la chica volteó para seguirlo si bien era monosílabo ese trato había cambiado al menos con ella.

-Ikki, espera, ¿Dónde vas?- preguntó alcanzándolo y caminando a su lado.

-Adentro- respondió de manera seca.

-Oye, ¿te ocurre algo?- frenó el andar del peliazul tomándolo del brazo y volteándolo para que la mire a los ojos. Luego de su encuentro fugaz en el cuarto del chico y la incómoda cena no tuvieron momento a solas, no pudo explicarle el por qué de su reacción, aunque tampoco lo entendía ella.

-Nada…- su respuesta no fue suficiente y él lo sabía, lanzó un largo suspiro y peinó su cabello hacia atrás con una mano.-Ori creo que necesitamos estar tranquilos, y sé que me he estado comportando como un imbécil la mayoría del tiempo en los últimos años, realmente necesito trabajar en eso.- dicho esto volteó y continuo su camino dejando a la chica de pie en medio del parque.

-¿No puedes trabajar en ello conmigo a tu lado Ikki?- su voz estaba cargada de angustia, porque eso era lo que él le producía.

-No Ori, no puedo…- abrió la puerta y alzó la vista hacia la pelilila.-¿Vas a entrar?- Saori no respondió solo sacudió su cabeza en forma negativa mientras el viento golpeaba en su rostro y la indecisión en su mente.

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N/A: Hola a todos/as! Nueva entrega, espero lo disfruten, como siempre mis más sinceros agradecimientos a todos por los que pasan por aca…

RIAADVD, Amonett (hermosaaaa) y mi queridísima socia y amiga Made!

Nick Rivers.