¡Lamento enormemente la tardanza! T_T ¡En serio! Sé lo que se siente esperar que una historia continúe, pero no pude evitarlo, de milagro saqué tiempo para respirar O_O. Han sido días muy cansados para mí, pero ayer me decidí a terminar el capítulo de una sola vez y lo logré ^_^. Lo que me recuerda ¡casi 100 reviews! XD ¡Un millón de gracias a todos ustedes! ¡Me hacen llorar de emoción! T_T. Para compensarlos por la espera les traje un capítulo que creo que los dejará contentos ^_^, la melodía que menciono cuando tocan el piano es de Chopin y se llama Notturno, op. 72 n.1. Les recomiendo que la busquen y la escuchen al llegar a esa parte, hará más entendible todo. Por último, los dejo leer tranquilos XD.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.
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Like a madman laughing at the rain
Sentía la ira y la impotencia recorrerle el cuerpo. Habían pasado algunas horas desde que iniciaron la incursión que debía ayudarles a traer a Gokudera de regreso a casa pero...él no estaba ahí.
Cuando logró acercarse al cuerpo que estaba tirado en medio del humo se dio cuenta que no era Gokudera sino un sujeto peliverde que llevaba el mismo uniforme que los enemigos que habían estado enfrentando. Buscó al italiano por todo el lugar pero no encontró a nadie más, solo cuando Tsuna llegó agitado por haberlo perseguido notó que aún tenían cosas que aclarar y el sujeto que estaba allí recuperando la conciencia podía ayudarles. No le importó que pareciera gravemente herido, lo tomó el cuello y lo obligó a hablar. El sujeto tampoco puso mucha resistencia, no con una espada a punto de cortarle la garganta.
Les dijo todo lo que querían acerca de Gokudera o, como él lo conocía, Hotaru. Les dio un resumen rápido de lo que había pasado antes de que su ataque comenzara y les aclaró que había sido el italiano quien hizo explotar la pared para escapar y que, si no lo habían encontrado, habían dos posibilidades: que realmente hubiera llegado a escapar o que su jefe se lo hubiera llevado consigo.
La última opción no le agradó en lo absoluto, no después de que les hubiera contado todo lo que había pasado desde que la dichosa misión empezó. Sentía su estómago revolverse de sólo imaginar que Gokudera tuvo que involucrarse con ese sujeto para conseguir información.
Pero lo peor vino después, cuando el ahora prisionero les dijo que podían comprobar lo que les había dicho viéndolo con sus propios ojos. Nunca debió hacerle caso e ir a buscar esos videos al cuarto de archivos de esa improvisada base.
Gokudera, su Gokudera siendo brutalmente golpeado, siendo torturado para hacerlo confesar. Lo vio absolutamente todo mientras las lágrimas caían por su rostro, vio como le lavaban el cerebro y como le robaban el alma, convirtiéndolo en un simple títere en sus manos. Cuando terminó de ver el último video en el que finalmente explotaba y acababa con todo para lograr escapar, sólo pudo levantarse y salir a buscar un poco de aire.
¿Por qué todo esto tuvo que pasarle a él? ¿Por qué? ¿Por qué no pude haber estado allí para salvarlo?
Eran las preguntas que rodaban en su mente mientras el cielo empezaba a nublarse de nuevo. La estación de lluvias en Namimori antes solía divertirlo por ser su favorita, pero ahora sólo le recordaba su miserable situación.
¿Dónde estás Gokudera? ¿Por qué no regresas junto a mí? Te quiero conmigo, quiero que me ayudes a sonreír de nuevo porque ya ni siquiera puedo recordar como se hace. Has que todo tenga sentido otra vez, que todo valga la pena de nuevo.
No sabía como había llegado a ese punto en que su esperanza se desvanecía cada vez más. ¿Cómo es que había llegado a cansarse tanto, hasta el punto de estar a punto de darse por vencido? Pero no podía, no iba a perder a Gokudera, de ninguna manera posible, no lo iba a dejar ir de nuevo.
- ¿Yamamoto?- escuchó una tímida voz a sus espaldas que reconoció como la de Tsuna- Escucha, sé que no te sientes bien por esto y la verdad es que yo tampoco, pero no podemos dejarnos vencer, tenemos que seguir adelante, por Gokudera-kun.
Casi sonrió ante el intento de Tsuna por animarlo pero otra voz llamó su atención al tiempo que sentía a Tsuna quejarse de dolor. Dio la vuelta para ver al capo sobándose la cabeza de la aparente patada que el niño le había dado.
- Bien dicho dame-Tsuna, es por eso que mañana ambos irán sin falta a la escuela.
-¿Qué? Pero en una situación como esta...- intentó rebatir el castaño.
- No te estoy pidiendo tu opinión. Ambos han bajado en sus calificaciones en los últimos meses, así que no pueden darse el lujo de perder clases. Además aún tenemos que preparar una estrategia ante de dar otro paso en esto- finalizó el arcobaleno sin dar lugar a réplicas.
Ahora que lo pensaba bien el niño tenía razón. Sus notas habían sido desastrosas en los últimos exámenes pero no era nada para sorprenderse sin Gokudera ahí para explicarles esas complicadas lecciones.
Su mirada se ensombreció de nuevo, pero esta vez sólo por unos segundos antes de poner la mejor sonrisa fingida que pudo.
- Es verdad Tsuna, es mejor que vayamos a clases o no pasaremos de año.
Observó de reojo la mirada sorprendida del menor mientras él se dirigía a la salida. Después de todo, estaba seguro de que Gokudera se molestaría con él si dejaba que a Tsuna le fuera mal en la escuela.
Caminaba sin sentido alguno de dirección, no tenía a dónde ir después de todo. Había logrado escapar por poco del que había sido su antiguo jefe pero eso no borraba todo lo que había pasado antes, seguía sin saber si podía o no confiar en los Vongola. Podía irse a donde quisiera en esos momentos sin que nadie pudiera nunca encontrarlo, pero por algún motivo aún no se decidía a hacerlo. La vida parecía tan confusa y sin sentido en esos momentos.
Una gota de lluvia golpeó su nariz y elevó su mirada al cielo.
Una sonrisa irónica cruzó su rostro. Lo único que le faltaba era que empezara a llover y aquí estaba, mojándose completamente sin tener un lugar al que ir ni un destino al que dirigirse. Lo que comenzó como leves risitas fue incrementándose hasta convertirse en carcajadas estridentes y desquiciadas. Parecía un loco riéndose bajo la lluvia, pero ¿no lo era después de todo?
Sería una verdadera sorpresa si aún quedaba algo de cordura en él después de todo lo que había pasado, después de que hubieran jugado con su cabeza tantas veces. Sabía perfectamente que en este punto estaba un poco demente pero ya no le importaba. Desconectarse de su propia mente era la manera más fácil de lidiar con el dolor.
Caminó un poco más arrastrando los pies sin importarle que terminara empapado, después de todo siempre parecía terminar igual. Llegó a un gran teatro al que muchas personas entraban a pesar de la inclemencia del clima y, ocultándose entre ellas, logró entrar también. Se dirigió por unas escaleras hasta uno de los balcones superiores que se encontraba vacío y olvidado.
No le importó que todo estuviera cubierto de polvo, se sentó admirando perfectamente el centro del escenario desde un ángulo en el que él no podía ser visto. De improviso una luz se prendió dando a entender que la función estaba por comenzar y el se quedó quieto al notar que al centro del escenario...había un inmenso y negro piano de cola.
La audiencia entera guardó silencio cuando una joven entró dando una leve reverencia y se aproximó al instrumento. Parecía tener poco más de veinte años y su cabello rubio sujeto en un elegante moño brillaba bajo la iluminación del escenario. Gokudera no le quitó los ojos de encima y por un segundo, cuando la joven se sentó frente al piano y se acomodó para empezar a tocar, le pareció que su cabello cambiaba el brillo dorado por uno plateado resplandeciente. Sólo fue por un segundo, pero antes de que pudiera pensar más en eso la música lo trajo a la realidad de nuevo.
Era una tonada suave pero familiar. Sabía que la había escuchado antes. De improviso unas imágenes se infiltraron en su cabeza. Un castillo, un extenso bosque, amplios ventanales, una habitación con un piano, una mujer que lo tocaba. Se llevó las manos a la cabeza y la sujeto fuertemente, listo para soportar el dolor que siempre venía con los recuerdos pero por algún motivo...no lo sintió. No podía ver el rostro de la mujer, pero si su largo cabello plateado, tan parecido al suyo.
Una niña de largo cabello, un hombre alto de traje a rayas, muchos hombres de traje alrededor, aviones de papel y estallidos, un plato de galletas, todo con el sonido del piano como fondo. Unas sirvientas, un rumor y entonces lo vió, el rostro de la mujer, el rostro de su madre. Sintió las lágrimas caer por sus mejillas pero esta vez no eran por dolor, sino porque las emociones lo embargaban al punto de rebasar su alma.
La música que lo acompañaba hacía que los recuerdos no le dolieran como lo habían hecho antes, no, esta vez las imágenes de su pasado entraban con suavidad a su mente, al son de la música que los guiaba. Un escape y soledad, golpes, peleas, rechazo y dolor. Todo se oscureció hasta que la imagen de un hombre mayor apareció en su mente.
Vongola.
Una luz volvió a encenderse dentro suyo y al tiempo que la música cambiaba a una tonada distinta algo más alegre, nuevas y brillantes escenas pasaron frente a sus ojos. Un torpe castaño, un bebé con pistola, un gritón sin remedio, un violento antisocial, una tímida muchacha y un misterioso peliazul, un bebé llorón, dos muchachas fastidiosas...un idiota de gran sonrisa.
La suave sonrisa que se le impregnó en el rostro contrastó enormemente con las lágrimas que seguían cayendo. Ahora lo entendía y recordaba todo con tanta claridad que tenía ganas de reír de nuevo pero se contuvo para escuchar los últimos acordes que formaban la pieza que lo había ayudado a armar de nuevo su pasado. La tranquilidad lo llenó por completo.
Gracias mamá.
Era hora de volver a casa.
La tarde por fin había llegado. No había servido de mucho que fuera a clases cuando no les había prestado la más mínima atención y sólo se había dedicado a soñar despierto, por otro lado, Tsuna tampoco lo había hecho así que su motivo principal había fallado también. Un suspiro cansado salió de sus labios. Todo parecía tan aburrido y monótono a sus ojos, día y noche, tierra y cielo, todo era exactamente igual. Nada parecía tener el mismo valor, no sin Gokudera. Ni siquiera escuchaba la charla que Tsuna intentaba entablar, sólo fingía que lo oía y, a pesar de que el capo ya lo había notado, prefirió seguir con el intento.
El brillo rojizo del sol alumbraba todo lo que se podía ver a través de las ventanas del pasadizo por el que se dirigían para salir de la escuela. Ya no se veían muchos estudiantes por los alrededores.
Un sonido lo detuvo en seco.
Agudizó el oído para identificarlo mientras los latidos de su corazón empezaban a acelerarse. Pudo oír como Tsuna dejaba de hablar al notar su quietud.
- ¿Yamamoto?- preguntó extrañado.
- Sólo escucha Tsuna- murmuró el beisbolista sin voltear a verlo, aún intentanto descifrar de donde venía el sonido.
El castaño decidió hacerle caso a su amigo y se quedó en silencio. Y lo escuchó...
Ambos cruzaron miradas antes de empezar a caminar hacia el piso superior, cada vez más rápido, subiendo a tropezones las escaleras y corriendo silencionamente el último tramo del pasadizo que les faltaba. Llegaron casi sin aliento y con el corazón desbocado, abriendo la puerta de la sala de música rápida pero aún silenciosamente, sin querer interrumpir la melodía que escapaba del interior.
Y lo vieron.
La figura sentada al piano, contrastando con la puesta de sol que se asomaba por la ventana. Al principio no pudieron verla bien pero el resplandor plateado que brilló por la habitación les dijo todo lo que necesitaban saber.
Ninguno de los dos se movió, se quedaron inmóviles dejando que la música inundara sus sentidos. La tonada era tan triste por momentos, tan melancólica y aún así hermosa, con cambios y subidas que le otorgaban vida y alegría. Era una melodía simplemente fantástica e hipnotizante, llena de sentimientos por parte de quien la tocaba.
Escucharon como el sonido se hacía más bajo y lento, indicando el final de la pieza, ambos contuvieron la respiración mientras el pianista sentado de espaldas a ellos tocaba las últimas notas, para depúes enderezarse y empezar a voltear lentamente el rostro.
Ojos esmeraldas, piel pálida y cabello plateado con el mismo estilo de siempre.
- Regresé a casa décimo.
Una sonrisa por parte de uno.
Lágrimas mal contenidas por parte de los otros.
- ¡Go-Gokudera-kun!
- ¡Gokudera!
Más pronto de lo que ellos mismos se dieron cuenta, Tsuna y Yamamoto se encontraban abrazando al peliplateado tratando de confirmar con sus propias manos que eso no era un sueño.
Si, por fin estaba en casa.
Unos ojos azul oscuro observaban a traves de la puerta lo que ocurría en la sala de música. Frunció el ceño al ver que los estúpidos hervíboros iban a empezar a ponerse emotivos, así que soltó un bufido y se dio media vuelta dispuesto a irse.
- Pensé que los echarías- se escuchó una voz a sus espaldas.
- Bebé- mencionó al reconocer a la pequeña figura a su lado.
- Después de todo, ya pasó la hora de salida ¿cierto?- continuó Reborn volteando a mirarlo a los ojos.
-...-Hibari permaneció en silencio un momento y echó una breve mirada de nuevo al salón de música, una leve sonrisa se instaló en sus labios por un momento- Después de todo la melodía no estaba tan mal.
Fue lo último que mencionó antes de retirarse a su oficina sin voltear hacia atrás.
- Sólo no dejes que se queden hasta muy tarde, o los morderé hasta la muerte.
Reborn amplió su sonrisa mientras veía la espalda de Hibari perderse al voltear una esquina. Aunque lo negara, había visto perfectamente el alivio que cruzó sus ojos al ver de nuevo al guardían de la Tormenta y si esa había sido su reacción, ya podía imaginarse la de los demás cuando supieran que Gokudera había regresado con ellos.
Sus ojos se ensombrecieron un momento.
Aunque todos estuvieran juntos otra vez aún tenían un asunto que resolver, uno muy importante.
¡Tan tan! ¡Ahí quedo! Al menos por ahora.
No estoy segura de cuando pondré el siguiente capítulo, pero trataré de que no sea muy tarde. Sólo ténganme paciencia ó_ò.
Es todo por hoy.
Ciao!
PD: El como Gokudera recuperó su apariencia, mmm...bueno...por eso se demoró todo un día ¿no? O_o? XD
