¡Hola otra vez! ^_^U *escondida debajo de la mesa* Antes que nada ¡Lo siento! T_T De veras lamento haberme demorado tanto, pero si les dijera todo lo que me ha pasado últimamente nunca llegarían al fic XD. Me costó hacer este capítulo pero al fin lo terminé ^_^ y espero que les agrade, es un poco más largo que los demás. Hice sufrir un poco más a Haya-kun, pero también lo compensé o/o. Ya entenderán a que me refiero, ahora no los interrumpo más.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.


.

Tearin' up the track

Dejaron que las emociones corrieran junto con las lágrimas de felicidad que ya no podían retener en los ojos, el encuentro había sido tan esperado que nadie podía culparlos por dejarse llevar por el torbellino de emociones que los embargaban. Por fin, por fin una persona tan importante en sus vidas había regresado.

Sin embargo tuvieron que contenerse un poco cuando la voz de Reborn les advirtió que Hibari estaba por los alrededores y ya había pasado la hora de salida por lo que, sin ganas de arruinar el momento siendo "mordidos hasta la muerte", decidieron ponerse en camino a sus casas. Cuando ya estaban a medio camino el arcobaleno volvió a interrumpirlos al recordarles que Tsuna tenía entrenamiento pendiente y se llevó a rastras al futuro capo después de darles una significativa mirada a los dos jóvenes que había dejado atrás...solos.

El ambiente se tornó incómodo de pronto. Había tantas cosas en la cabeza del beisbolista, tantas cosas que quería y necesitaba preguntar y sin embargo no encontraba las palabras para hacerlo de forma correcta. Por su parte, el italiano podía imaginarse la confusión que su compañero sentía y, lamentablemente, en ese momento no tenía ganas de contestar ninguna pregunta. El silencio los embargó a ambos hasta que un ruido, similar a una explosión, resonó muy cerca de ellos.

Fue una reacción inmediata e instintiva. En un segundo Gokudera había saltado con dinamitas en mano y se había arrinconado en la pared, en una posición claramente defensiva y temblando por completo, con los ojos muy abiertos y que sólo demostraban una cosa: pánico. Yamamoto se quedó inmóvil por un momento sorprendido por la reacción de su compañero y buscó con la vista el origen del ruido, listo para sacar su espada si era necesario pero notó que sólo era el neumático reventado de un auto que pasaba dos calles más abajo. Se relajó notablemente pero la preocupación volvió al voltear a ver a su compañero que seguía en la misma posición.

- ¿Gokudera?- intentó llamar su atención- Tranquilo, no es nada, es sólo...

- ¡No te acerques!- lo interrumpió el italiano, con la vista completamente perdida y los temblores de su cuerpo aumentando, empezando a derramar algunas lágrimas.

- Gokudera, está bien, tienes que tranquilizarte- levantó las manos intentando que se calmara aunque el mismo estaba empezando a asustarse por no saber cómo actuar en esa situación.

- ¡Si te acercas te mato!- la amenaza sonó completamente real.

- Escúchame, no voy a hacerte nada, sólo respira y...- intentó avanzar algunos pasos.

- ¡No te acerques!- su cuerpo empezó a convulsionar aún más, parecía que en cualquier momento iba a caer al piso lo que aumentó la preocupación del beisbolista.

- Escúchame Gokudera, todo está bien, yo...- no pudo terminar lo que decía.

El bombardero había dejado caer las bombas sólo para moverse a una velocidad sorprendente y, en un segundo, se encontraba detrás del pelinegro. Yamamoto ni siquiera pudo voltear la cabeza cuando sintió cómo era empujado con violencia al suelo e inmovilizado completamente por el menor, quien tenía una de sus rodillas sujetando sus manos en la espalda y llevó las suyas a ambos lados de su cabeza, levantándola y sujetándola fuertemente.

Fue en ese momento que Yamamoto comprendió. Gokudera iba a romperle el cuello.

- ¡Gokudera no!- gritó intentando hacerlo reaccionar- ¡Soy yo! ¡Soy Yamamoto!- sintió las manos del peliplata ubicarse en los lugares correctos y empezar a hacer presión- ¡Detente, por favor! ¡Hayato!

El tiempo se detuvo por un segundo, mientras las manos de Gokudera empezaban a relajar su agarre.

- Ya...Yamamoto- susurró, como si acabara de despertar de un profundo sueño, bajó la mirada y notó lo que estaba pasando- Oh, ¡diablos!

Se levantó de golpe y retrocedió varios pasos, hasta volver a pegarse a la pared mientras observaba como el japonés se incorporaba intentando recuperarse del ataque sufrido.

¿Qué...qué estaba haciendo? Yo...yo estuve a punto de... ¡Oh rayos! ¡Estuve a punto de matarlo! ¡Estuve a punto de matar a Yamamoto! ¿Có-como pude? ¡Demonios!

Se encontraba completamente horrorizado consigo mismo y llevó las manos a su rostro, intentando cubrir las lágrimas que estaba seguro que iban a salir. El beisbolista, por su parte, estaba quieto mirándolo, pensando si sería prudente acercársele o no, aún así decidió arriesgarse.

- Go-Gokudera

- ¡No te acerques!- gritó de nuevo y el pelinegro se puso en alerta- Yo... ¡soy un monstruo!

Antes de que Yamamoto pudiera reaccionar el italiano había echado a correr en dirección a su casa. Lo siguió a toda la velocidad que pudo tratando de no perderlo de vista y logró alcanzarlo antes de que cerrara la puerta, forcejeando un poco con él.

- ¡Gokudera escúchame! No fue tu culpa, está bien...

- ¡No! ¡Nada está bien! ¡No sabes de lo que hablas!- las lágrimas habían empezado a caer- ¡No tienes idea! ¡Ninguno de ustedes tiene idea de lo que pasó!

- ¡Si la tengo Gokudera! ¡Lo sabemos! ¡Lo sabemos todo!

El silencio los invadió de nuevo, esta vez el peliplata lo miraba fijamente y con ¿miedo?

- ¿De- de qué estás hablando? ¿Qué es lo que saben? ¿Quiénes?

- Nosotros...el niño nos lo contó todo- empezó a explicar lentamente- Cuando pensaron que tú habías...- no quería pensar en eso, no podía ni pronunciarlo- El niño nos lo explicó a Tsuna y a mí, después de que apareciste de nuevo como Hotaru él te reconoció y nos llamó a todos para decírnoslo pero cuando acabo su explicación tú ya habías huido otra vez, fuimos a buscarte a la base del enemigo y no te encontramos, aún así logramos capturar a algunos de sus "soldados perfectos" y a un tipo que nos contó todo lo que pasó mientras estuviste en esa misión, además nos mostró unos videos y...- sabía que no era necesario seguir.

- Ustedes... ¡ustedes no tenían ningún derecho!- la rabia, la vergüenza, el dolor, todo eso se notaba en su voz- ¡No tenían por qué meterse en eso! ¡Era un asunto sólo mío!- su cabello cubría sus ojos.

- ¡Claro que teníamos derecho! Estábamos muy preocupados por ti, queríamos ayudarte y necesitábamos saber qué pasaba para saber cómo hacerlo- dio unos pasos hacia él- Gokudera, por favor, sólo queríamos que estuvieras bien.

El peliplata sólo pudo llorar en silencio un momento mientras sentía que el beisbolista se acercaba a él pero antes de que pudiera tocarlo retrocedió algunos pasos. No estaba listo para enfrentarlo todavía.

- Vete, déjame solo- su voz sonó a una completa orden.

- ¿Qué? No voy a dejarte solo, no así.

- ¡Déjame solo! Ne-necesito tiempo para pensar y ordenar todo esto, yo...quiero estar solo, por favor.

-...- Yamamoto lo miró en silencio un momento, no quería irse pero tampoco quería alterarlo más, ya había tenido suficiente- Esta bien, me iré pero llámame si algo sucede ¿de acuerdo? No hagas nada estúpido.

Lo miró solo unos segundos más antes de salir por la puerta, sin querer realmente dejarlo en ese estado. Camino a su casa rememoró todo lo que había pasado en ese día que ya estaba por acabar, las estrellas ya estaban en el cielo. Gokudera, su Gokudera había regresado, pero aún no estaba bien y no sabía si volvería a estarlo, no después de todo lo que había tenido que pasar.

Un suspiro escapó de sus labios. No importaba cuanto tiempo pasara, el seguiría allí, a su lado esperando pacientemente a que volviera a ser el de antes y si no lo lograba, entonces aprendería a lidiar con el nuevo Gokudera.


Se sentó en la completa oscuridad en un rincón de su cuarto, sintiendo caer las lágrimas que aún brotaban de sus ojos. No podía creer que había estado a punto de matar a Yamamoto, al idiota del beisbol, a la persona que amaba. Realmente debía haber quedado trastornado para intentar algo así. ¿Cómo pudo ser capaz? Si lo quería tanto, al punto de que aún sin memoria se había vuelto a enamorar de él, había regresado a su lado.

Fue ahí cuando se dio cuenta que las cosas ya no eran como antes, él ya no era como antes. El hecho de que hubiera regresado no significaba que las cosas volverían a la normalidad, nada iba a ser lo mismo.

Se levantó pesadamente y salió a la calle. Necesitaba aire fresco. Vagó hasta que llegó a un parque que conocía a la perfección por que era donde solía ir a pensar. Se sentó en uno de los columpios sin pensar que ya era de noche y no había llevado nada para abrigarse, dejó que el viento le acariciara el rostro y le despejara la mente.

¿Qué hubiera pasado si en vez de Yamamoto hubiera estado con el Décimo? ¿Lo hubiera atacado a él también? ¿Tan peligroso me he vuelto?

Los pensamientos iban y venían en su cabeza, haciéndole notar cuanto había cambiado.

Ya no soy alguien confiable, ya no tengo nada que ofrecerle a la familia, ya no tengo utilidad. Aunque sé que eso no le importa al décimo pero... ahora que lo saben todo...no quiero que me miren con pena o lástima, en especial Yamamoto, ahora que sabe lo que hice para obtener información del enemigo ¿cómo podría fijarse en alguien tan sucio como yo?

Voy a volverme sólo una carga para ellos, me tendrán a su lado por lástima pero no podrán volverme a ver como antes. Además, él aún está libre y va a venir por mí, lo sé. Voy a ponerlos en peligro de nuevo y si algo pasa será mi culpa. Tengo que acabar con esto, tengo que librarme del enemigo de una vez por todas para dejar de tener miedo a todo, pero tengo que hacerlo solo, ya les he causado demasiados problemas.

La idea de irse se estaba formando nuevamente en su cabeza cuando un ruido lo alertó. Se incorporó de inmediato y sintió el pánico invadirlo y los latidos de su corazón acelerarse peligrosamente. Todos sus sentidos se alertaron y estaban listos para atacar al intruso.

- Relájate, soy yo.

- ¿A-aneki?- la voz de su hermana lo hizo reaccionar.

La silueta de Bianchi apareció entre la oscuridad, afortunadamente tenía sus lentes puestos. El italiano bajó la guardia confuso, ¿qué hacía su hermana en ese lugar? Ella pareció entender la pregunta no formulada.

- Siempre vienes a este lugar a pensar, cuando Tsuna llegó diciendo que habías vuelto supe que tarde o temprano te encontraría aquí.

- ¿Por qué viniste?- intentó aparentar indiferencia, como siempre lo hacía con ella.

- Estás confundido ¿verdad? Te conozco lo suficiente como para darme cuenta, aunque no te agrade la idea- le dedicó una pequeña y comprensiva sonrisa- Después de todo, eres mi querido hermano menor.

Gokudera sólo frunció el ceño ante las palabras de su hermana.

- Lo que me pase o no es un asunto mío, no tiene nada que ver contigo.

- Te equivocas, estás pensando en irte de nuevo ¿cierto?- observó los sorprendidos ojos del menor- Es lo que siempre haces, siempre huyes, pero esta vez no voy a dejar que lo hagas. Sé todo lo que pasó, lo escuché cuando Reborn lo contó y fue fácil deducir el resto de las caras de los otros guardianes cuando regresaron con esos videos. No voy a dejar que huyas Hayato, a pesar de lo mal que te sientas ahora no voy a dejarte hacerlo.

- ¿Por qué te importa tanto?- refunfuño, no sabía si le molestaban sus palabras o el que ella también supiera lo que había pasado.

- Porque ninguno de nosotros lo soportaría de nuevo.

Lo mencionó como si fuera la respuesta a todo y quizás lo era. Hasta ese momento el italiano comprendió que no se había puesto a pensar en como se sentirían los demás si se iba.

- Fue una espera interminable Hayato, por tener noticias tuyas. Todos se mantuvieron con esperanza porque creían en ti, porque estaban seguros de que regresarías. Luego las cosas se complicaron y las dudas aparecieron pero nunca perdieron la fe en ti. No puedes hacerles pasar por eso otra vez. No pueden perderte de nuevo.

Escuchó silencioso las palabras de su hermana y se sintió egoísta por pensar sólo en su propio dolor. Sintió como Bianchi se acercaba y le ponía una chaqueta sobre los hombros.

- Sólo piénsalo ¿de acuerdo?

Después se fue tan silenciosamente como llegó, dejando al peliplata sumido en sus pensamientos.

Su hermana podía tener razón, o quizás no.


Acababa de amanecer, pero Yamamoto ya estaba despierto. Se alistó para ir a la escuela pensando en cómo Gokudera habría pasado la noche y se dispuso a salir directo a su casa. En todo el trayecto sólo pudo pensar en como reaccionaría el peliplata al verlo y como debería responder a eso, pero no logró más que confundir su cabeza. Definitivamente no estaba hecho para pensar.

Al llegar a la casa del albino tocó la puerta pero nadie le abrió. Tocó la manija y se dio cuenta de que la puerta no estaba cerrada con llave.

Oh no, otra vez no.

Abrió la puerta e ingresó rápidamente al interior, pero se dio cuenta de que la casa estaba vacía. Miles de ideas cruzaron por su mente y sintió el miedo invadirlo. ¿Acaso se había ido de nuevo? No, eso no podía ser posible pero ¿entonces?

Cerró la puerta y se dirigió corriendo a la escuela. Quizás y sólo quizás Gokudera había decidido ir temprano.

Por favor, que sea así, que esté allí.

Al llegar a la escuela en tiempo record voló hacia su salón, para encontrarlo aún vacío. La desesperación crecía mientras recorría los pasillos esperando ver algún mechón de cabello plateado por las esquinas, pero nada. Cuando se sentía al límite de su estabilidad mental recordó algo: la azotea. Subió las escaleras de tres en tres y vio la puerta abierta.

- ¡Gokudera!

- ¿Qué?

Volteó su cuello tan rápido que era extraño que no se hubiera roto y lo vio, ahí, apoyado contra la reja y observándolo de reojo con una mirada extraña, seguro por su inesperada entrada. Sin poder contenerse más corrió y lo abrazó con fuerza.

- ¡Hey! ¿Qué rayos te pasa?- susurró sonrojado e intentando apartar al deportista.

- Me asustaste, ¿por qué no estabas en tu casa cuando fui a buscarte?- el reproche era evidente en su voz.

- Tenía papeles que tramitar, por si no lo recuerdas estuve fuera casi un año, tenía que regularizar mi situación, idiota.

- Oh, es cierto- terminó riendo y rascándose la cabeza el pelinegro, sintiéndose algo estúpido por su exagerada reacción- Es que por un momento pensé que te habías ido de nuevo.

-...- la mirada del peliplata se ensombreció- Por un momento pensé en hacerlo- y eso fue suficiente para cortar la risa del mayor.

- ¿De qué estas hablando?- mencionó serio.

- Las cosas ya no son ni serán como antes, por un momento pensé que lo mejor sería irme de nuevo y no ser una carga para ustedes, no estorbarles.

- No vuelvas a pensar en eso jamás- el tono en que lo dijo no daba lugar a réplicas- No importa si las cosas no son como antes, aprenderemos a vivir con eso, ¿tienes idea de lo que sentíamos cada vez que estábamos cerca de encontrarte y te nos volvías a escapar de las manos? ¡No puedes hacernos eso Gokudera! Además ¿una carga? No eres ninguna carga y aunque lo fueras, ¡yo te necesito!

Gokudera volteó sorprendido hacia Yamamoto sin terminar de creer lo que acababa de escuchar, admirando las mejillas sonrojadas de este antes de tomar sus manos entre las suyas.

- No vuelvas a irte Gokudera, no puedo perderte de nuevo, no puedo, no lo soportaría porque...- el peliplata se sorprendió, era lo mismo que le había dicho Bianchi, la mirada de Yamamoto encontró la suya- Porque...porque te quiero Gokudera, te quiero mucho.

Lo siguiente que sintió fueron unos labios sobre los suyos que comenzaban a moverse lentamente, al principio se quedó sin saber que hacer pero tan pronto asimiló la situación empezó a corresponder el beso, rodeando el cuello del pelinegro con sus brazos y acercándolo más a él. Era lo que tanto había esperado, con lo que tanto había soñado y el hecho de que Yamamoto hubiera sido el primero en tomar la iniciativa a pesar de saber lo que había hecho lo hacía sentir mucho mejor. Por su parte, el pelinegro no podía sentirse más contento. Profundizó el beso y se maravilló con el sabor de Gokudera, rodeando su cintura para pegarlo más a él. No le importaba no ser el primero en probar esos labios, ni siquiera le importaba que Gokudera ya le hubiera pertenecido a alguien más, porque en esos momentos estaba ahí, con él, en sus brazos y era todo lo que importaba.

Cuando les faltó al aire tuvieron que separarse y se miraron sonrojados pero contentos el uno al otro.

- Yo también idiota, yo también- fue todo lo que Yamamoto necesitó escuchar.

- En ese caso, luchemos juntos Gokudera- volvió a tomarlo de las manos y depositó un beso en cada una, haciendo sonrojar aún más al peliplata- Vamos a luchar contra lo que venga juntos, no te vuelvas a ir de mi lado, por favor.

- Nunca más- dijo con la sonrisa más bella que el pelinegro hubiera visto.


Dos pares de ojos observaban la escena de la azotea.

Un cándido par de ojos pertenecientes a Tsuna, que sonrió contento de que por fin sus amigos hubieran confesado sus sentimientos y dio media vuelta alejándose de la puerta de la azotea. Era mejor no interrumpirlos.

Al final tenía razón, la superintuición no sólo servía para la batalla.

El frío azul del otro par de ojos daba cuenta de que su dueño no pensaba lo mismo. Hibari frunció el ceño y se alejó a paso rápido de la escena mientras apretaba los puños con furia. Odiaba perder pero ya se desquitaría luego, preferentemente con el idiota que se había llevado al peliplata en primer lugar y le había hecho tanto daño.

Oh si, ese estúpido herbívoro pagaría lo que había hecho.


En una ciudad cercana a Namimori, en las profundidades de una base secreta, los habitantes se movían desesperados de un lado a otro. Habían perdido uno de sus cuarteles y además, a seis de sus poderosas armas. La situación se había complicado mucho y no estaban para juegos.

Unos furiosos ojos azules seguían todo el movimiento de la base. Aún no entendía como el estúpido mocoso había sido capaz de escapar de nuevo y encima, herirlo de esa forma. Pero ya se las pagaría, en cuanto lo tuviera en frente le haría pagar por toda la humillación que le había hecho pasar.

No se libraría de su furia.


¡Al fin! ^_^ Ahí está la confesión que sé que todos esperaron por catorce capítulos XD.

Y como siempre, no puedo dejar de meter un poco de 1859 en el asunto ^_^U

Ahora tengo que pensar en el siguiente porque...no tengo ni idea de que voy a poner XD.

Ciao!