Gomen por la tardanza ^_^uU pero no pude ponerlo antes. Me pasaron un montón de cosas que les explicaré al final, por ahora creo que lo que les interesa es el capítulo y no me interpondré entre ustedes para arriesgarme a ser linchada o_oU. Quedó confirmado, las amenazas funcionan XD.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece.


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I don't wanna miss a thing

El sonido de un disparo resonó en la habitación.

Un cuerpo cayó pesadamente al suelo mientras la sangre comenzaba a correr manchando su oscuro cabello.

Ojos azules se desviaron y observaron por última vez al peliplata que estaba parado en el umbral antes de que su brillo se apagara definitivamente.

Yamamoto se quedó congelado viendo el cuerpo que estaba inerte enfrente suyo, sin saber como debía reaccionar ante la situación. Apartó la vista del ahora cadáver y la dirigió también a la puerta, para ver como Gokudera temblaba de pies a cabeza, respirando agitadamente y sosteniendo casi sin fuerza la pistola que acababa de disparar. El humo aún salía del cañón.

Unos pasos detrás de él, Hibari se apoyaba en el umbral sosteniendo uno de sus brazos que al parecer se encontraba herido. Él tampoco parecía saber muy bien que era lo que debía hacer ahora.

Fue cuestión de unos segundos en los que ambos pelinegros estuvieron por acercarse al italiano cuando este cambió su expresión repentinamente. Su postura se puso rígida y sus ojos se llenaron de ira y pánico, casi igual a los que tenía el día que sufrió su primer ataque y estuvo a punto de matar a Yamamoto. Levantó el arma y la sostuvo firme para disparar una y otra vez sobre el cuerpo de quien ya estaba muerto, provocando la inmediata alarma en quienes lo acompañaban. No se detuvo y siguió presionando el gatillo aunque se hubieran acabado las balas.

- ¡Go...gokudera! ¡Basta! ¡Detente!- gritó Yamamoto intentando hacerlo reaccionar, una vez que se hubiera alejado lo suficiente para evitar las balas cuando el peliplata empezó a disparar.

- ¡Ya basta herbívoro!- Hibari también intentó acercarse, pero parecía que estaba más malherido de lo que aparentaba.

Ambos intentaban pensar rápido. Sabían que el italiano había perdido el control y aunque su arma ya estuviera descargada, no podían ser imprudentes y acercarse de pronto. No podían culparlo tampoco, había enfrentado a la persona que le había hecho vivir una pesadilla, había luchado contra sus recuerdos tormentosos y finalmente, había sido él quien había disparado el arma. El sujeto se lo merecía, pero él aún no estaba listo para llegar a ese punto y cargar con las consecuencias.

- Hayato...- susurró el beisbolista mientras se acercaba lentamente- ¡Hayato! ¡Reacciona de una buena vez!- terminó gritando.

Y reaccionó instantáneamente. Parecía que la clave para sacarlo de ese tipo de trances era llamarlo por su nombre, simplemente recordarle quién era. El arma cayó al suelo, junto con él. Sus rodillas impactaron duramente contra la superficie pero no hizo ninguna mueca, seguía teniendo la misma expresión de miedo e ira mezcladas. Después, llevó sus manos para cubrir su rostro y sin que los otros lo esperaran...empezó a llorar.

- Hayato...- esta vez si se acercó a su lado para abrazarlo fuertemente y reconfortarlo.

Los dos estaban allí, olvidándose del mundo. Gokudera por fin estaba descargando todo el dolor que tenía en el alma y que se había obligado a callar para no preocuparlos más de lo necesario, mientras Yamamoto solo intentaba ser el refugio que necesitaba.

Finalmente todo ha terminado.

Fue el pensamiento que cruzó la mente de ambos, mientras eran observados por Hibari.

Una sonrisa amarga cruzó los labios del ojiazul. Al parecer esta vez había perdido pero no se arrepentía, había sido contra un oponente digno.


El sol caía tranquilamente sobre la ciudad, el ambiente se sentía limpio y ligero. Un castaño corría por las calles lo más rápido que podía. Aunque ese día era domingo y no tenía clases estaba my ansioso por llegar a la casa de uno de sus mejores amigos y averiguar su situación.

El día anterior finalmente se habían enfrentado a esa organización que tanto daño les había hecho desde las sombras y la habían derrotado por completo. No había sido una batalla fácil, pero finalmente obtuvieron la victoria. Aún así no podía dejar de preocuparse por sus amigos, mientras él y los demás estaban luchando contra las cabezas de esa organización, Yamamoto y Gokudera se habían enfrentado al asqueroso sujeto que tenía la culpa de todo.

No había sabido nada de ellos hasta que la batalla terminó y los vio salir, en una visión nada tranquilizadora. El beisbolista sostenía entre sus brazos a un inconsciente Gokudera mientras Hibari caminaba como podía detrás de ellos. No le habían dado detalles, sólo dijeron que el peliplata necesitaba descansar y Yamamoto lo llevaría al Takesushi para cuidar de él. Hibari desapareció sin que lo vieran como siempre.

Cuando realizaron la inspección del lugar encontraron el cadáver del antiguo capitán del italiano.

Llegó a la casa de Yamamoto sin darse cuenta por estar metido en sus pensamientos. Se acercó y entró al restaurante lentamente, vio algunos clientes y no quiso llamar la atención. Fue a la barra donde estaba el padre de Yamamoto y este le dijo que podía subir al cuarto de su hijo, ahí estaban ambos.

- ¿Puedo pasar?- preguntó tímidamente después de tocar la puerta.

Su respuesta fue un Yamamoto saliendo rápida y silenciosamente, haciéndole una señal para que lo siguiera y cerrando cuidadosamente la puerta. No preguntó nada en el camino que hicieron para llegar al jardín trasero.

- ¿Yamamoto? ¿Pasa algo?- preguntó por fin.

- Lo siento Tsuna, es que a Gokudera le llevó mucho tiempo poder dormir y no quiero que se despierte- respondió con su sonrisa de siempre.

- Yamamoto... ¿qué pasó ayer?- sacó la pregunta que tenía atravesada en la garganta.

La mirada del pelinegro se perdió en el cielo un rato antes de voltear a verlo, como si buscara las palabras correctas para empezar.

- Nos enfrentamos a ese tipo Tsuna- empezó a hablar con un rostro serio- Fue una batalla dura pero al fin nos lo quitamos de encima. El problema es que no fuimos ni Hibari ni yo los que nos encargamos de él. Fue Gokudera quien lo mató al final.

- ¿Go...gokudera-kun?- preguntó completamente atónito.

- Perdió el control. Disparó hasta que se le acabaron las balas y aún así tardó en salir de su estado de shock, luego se derrumbó. Se pasó toda la noche llorando como un niño y recién en la madrugada cayó presa del cansancio. Sé que fue una experiencia dura para él pero aún así no puedo entender su reacción por completo, ese tipo se lo merecía- dijo lo último con rabia contenida.

- Yamamoto...- dijo el castaño dudoso- Pro-probablemente fue por el hecho de matar, debe haber sido muy duro para Gokudera-kun pasar ese límite.

- No es eso dame-Tsuna- apareció Reborn, como siempre dándole una patada en la cabeza a su alumno y haciéndolo gritar de dolor- Gokudera es un hitman, lo que significa que ya ha matado antes y eso no fue lo que lo conmocionó.

- Pero... ¿entonces qué fue?- preguntó esta vez Yamamoto.

- Fue la impresión de a quién mató. Aunque ese sujeto se lo mereciera matarlo significó cerrar una etapa muy dolorosa en la vida de Gokudera. Desde que regresó siempre ha estado ocupado con algo, primero no recordaba nada y luego estuvo entrenándose para volverse fuerte y poder enfrentarlo pero ya que todo ha terminado...es hora de que él asimile y enfrente las cosas que pasaron, va a ser muy duro pero lo único a lo que debe dedicarse ahora es a curar sus heridas, por más que le duela tener que rebuscar en ellas para lograrlo, ya no tiene más cargas que esa.

Ambos jóvenes se quedaron en silencio después de escuchar las palabras del arcobaleno y luego voltearon el rostro hacia donde quedaba la habitación en donde ahora descansaba el peliplata. Empezaban a comprender lo difícil que serían las cosas para su amigo y novio de ahora en adelante, pero no importaba que tanto les costara, ellos se mantendrían a su lado hasta el final.

Gokudera por fin había vuelto a casa. No lo perderían otra vez.


Una tortuosa semana había pasado y aún no obtenían los resultados que esperaban. Gokudera seguía encerrado en sí mismo, sin querer tener más contacto con los demás que el necesario. Todos habían ido a visitarlo al Takesushi, donde se seguía quedando porque no era seguro dejarlo solo además de que Yamamoto había insistido en ser él quien lo cuidara.

Empezaba otro día más de intentar sacar al italiano de su mundo de autocompasión.

El beisbolista se levantó muy temprano y le preparó un desayuno sencillo, sabía que solo iba a tocar, con suerte, la mitad y lo llevó en una bandeja hasta su habitación. Entró sin tocar la puerta ya que a esa hora su huésped y novio aún dormía.

Suspiró mientras dejaba la bandeja a un lado y se aproximaba hasta un costado suyo. Esa visión no le agradaba para nada. Las ojeras se marcaban en el pálido rostro por las horas que le costaba dormir, la expresión de cansancio absoluto y de dolor. Incluso pudo notar los rastros de las lágrimas que seguro derramó durante la noche, en medio de una de sus ya tan comunes pesadillas. Su cabello estaba hecho un desastre, pero aún conservaba ese brillo que le encantaba y sobretodo, había bajado mucho de peso.

Se acercó e intentó despertarlo de la forma más suave que pudo para no sobresaltarlo. No funcionó.

El peliplata pegó un brinco en cuanto sintió que alguien lo tocaba y Yamamoto estaba seguro de que hubiera gritado si no lo hubiera callado con un beso antes. Ese contacto solía calmarlo cuando despertaba así y tal como esperaba, pronto lo sintió relajarse en sus brazos.

- Buenos días- lo saludó suavemente- Te traje el desayuno, pero tienes que comértelo todo esta vez ¿de acuerdo?

- Takeshi...- fue la respuesta del albino antes de dirigir la mirada a la comida.

Bueno, no comió todo pero fue más de lo que comió ayer.

Fue el consuelo que se dio Yamamoto al llevar los platos, aún con comida, hasta la cocina.

Las cosas habían ido mejorando poco a poco, a paso lento. Por lo menos ahora podía estar seguro de que Hibari no se metería entre ellos, después de todo fue muy claro al aceptar después de la batalla que si Hayato lo había elegido a él no podía interferir en su decisión. Eso era un alivio porque tener a alguien como él de enemigo no era muy agradable, aunque...si se trataba de Hayato lucharía contra todo el mundo de ser necesario.

Una sonrisa se asomó en su rostro y sus ánimos se recargaron mientras subía de nuevo a su habitación. Encontró a su novio sentado mirando sin ver por la ventana y se acercó despacio para luego abrazarlo por la espalda, ganándose un salto del susto por parte de su pareja.

- ¿Cuántas veces debo recordarte que ya no tienes nada que temer?- susurró un poco triste, aún no lograba darle la confianza suficiente- Estás en mi casa, conmigo, relájate un poco ¿si?

- L-lo siento- le respondió también triste- No es mi intención pero...aún no estoy listo para llevar las cosas como antes.

- ¿Qué es lo que en verdad te molesta Hayato?- preguntó directamente. Estaba cansado de que el italiano actuara tan nervioso cuando él estaba cerca.

- Y-yo...- lo miró unos segundos antes de apoyarse en su hombro y empezar a llorar- ¡Lo siento, de verdad lo siento! Es-es que no puedo olvidarlo, por más que lo intento cada vez que me tocas o que te acercas a mí recuerdo lo que "él "me hacía. No quiero confundirte con él pero es casi un reflejo que no puedo evitar... ¡lo siento!

- Ha-Hayato- susurró el beisbolista mientras lo abrazaba fuertemente intentando reconfortarlo.

Le dolía escuchar eso, le dolía ver que Gokudera no podía pensar solo en él y que la sombra del ser que tanto odiaba seguía interponiéndose entre ellos, pero era aún más doloroso saber que la persona que amaba seguía sufriendo sin que pudiera ayudarlo. Tenía que hacer algo.

- Entonces déjame ayudarte- habló firme- Deja que te ayude a borrar las huellas que ese idiota dejó en ti.

- ¿Ta-takeshi?- preguntó confundido el peliplata, sin entender a que se refería.

- Por favor Hayato...solo confía en mi- se inclinó para atrapar sus labios en un beso.

El beso empezó suave como los que siempre le daba pero lentamente empezó a aumentar la intensidad. El beisbolista lamió los labios del italiano como una señal a la que este respondió abriendo la boca para profundizar el contacto. Las lenguas se enrollaban y luchaban por controlar a la otra mientras la temperatura subía en la habitación.

De un momento a otro el peliplata se encontraba recostado en la cama con el pelinegro encima, mientras este se dedicaba a recorrer cada parte de su cuerpo con las caricias más suaves que podía darle. Los besos viajaron de su boca a su cuello y el italiano no pudo contener los suspiros y pequeños gemidos de placer. Nunca se había sentido tan bien. Sin embargo, no todo podía ser tan perfecto.

Un escalofrío lo recorrió cuando su mente se nubló por un momento y en vez de ver a su novio vio a otro sujeto, un sujeto de fríos ojos azules. Por un momento intentó quitárselo de encima y alejarse todo lo que pudiera, pero un par de brazos lo sostuvieron fuerte.

- Mírame Hayato...mírame, soy yo- lo tomó de las mejillas para que lo viera directamente a los ojos- No quites la mirada de mí.

- Takeshi...- lo observó fijamente con una sonrisa- Ayúdame a olvidar.

Fue todo lo que necesitó escuchar el japonés para seguir con lo que hacía. Fue quitándole lentamente la ropa a su peliplata y dejaba que él también se la quitara. Las caricias se hacían presentes con más ahínco, los gemidos subían de volumen y el contacto se volvía más íntimo. Se perdieron en la vorágine de emociones que habían estado conteniendo y Gokudera no volvió a pensar en nadie más que no fuera Takeshi, su Takeshi.

Cuando el pelinegro empezó a entrar en él después de prepararlo cuidadosamente, todo pensamiento o herida del pasado se sanó instantáneamente. Cualquier mancha Yamamoto la borró con su cuerpo y su amor. Se hicieron uno y se entregaron completamente. Era la primera vez que ambos experimentaban algo tan hermoso como eso, porque esta vez si era con amor. Llegaron a la cumbre juntos y se miraron a los ojos antes de sonreírse, más felices que nunca.


Los rayos de la luna caían suavemente a través de la ventana del departamento de cierto peliplata. Las cortinas se movían con la brisa de verano que entraba para refrescar el ambiente. Ya habían pasado cinco meses desde el ataque final que acabo con la potencial amenaza que esa organización había significado para ellos.

En la cama había dos figuras desnudas recostadas. El italiano se encontraba dormido tranquilamente mientras un japonés beisbolista lo observaba en silencio a un costado suyo.

No le podía quitar la mirada de encima. El calor lo había despertado y al observar la hermosa imagen a su lado todo rastro de sueño lo había abandonado.

Habían pasado tantas cosas en estos meses que por momentos realmente pensó que no volvería a verlo, sin embargo ahí estaba, a su lado, y podía pasar toda la noche simplemente viéndolo respirar. La forma tan tranquila en la que dormía era el mejor triunfo que podía tener después de meses de duro trabajo para que volviera a integrarse al grupo y a rehacer su vida. Incluso la pequeña sonrisa que tenía en el rostro era algo que jamás pensó que podría ver. No quería que ese momento terminara nunca.

Habían perdido tanto tiempo juntos mientras duro esa estúpida misión que pudo separarlos para siempre que lo único que hacía últimamente era estar a su alrededor para pasar todo el tiempo posible a su lado, y aunque el italiano a su lado lo negara y se molestara, sabía que también le gustaba eso. No quería perderse nada, ni siquiera su rostro dormido.

Lo había extrañado tanto.

Se acercó más a él y apoyó la cabeza en su pecho, maravillándose con el sonido de los latidos de su corazón, que eran la prueba de que había cumplido con su palabra y había vuelto a él. No pudo resistirlo más y empezó a repartir besos por todo su rostro para luego abrazarlo fuertemente, dándoles las gracias a todos los dioses de que pudieran estar juntos y deseando que pudiera ser así para siempre. Sintió algo de movimiento que provenía de la persona en sus brazos.

- ¿Takeshi?- susurró una voz adormilada- ¿Pasa algo?

- No, no es nada, siento despertarte- susurró también mientras se separaba solo un poco para poder mirarlo a los ojos- Sabes que te amo, ¿cierto?

- Por supuesto que lo sé, ¿a qué viene eso ahora?- frunció levemente el seño.

El pelinegro rió un poco ante la respuesta. Solo un par de meses antes Gokudera lo habría golpeado por mencionar esas cosas tan a la ligera, pero con el correr del tiempo esa timidez disfrazada de rudeza había ido disminuyendo entre ambos y ahora era capaz de decirlo sin problemas.

- No me has respondido- mencionó de nuevo el peliplata- ¿Qué es lo que sucede?- intentó separarse de él.

- ¡No! No te muevas- pidió el beisbolista, volviendo a acurrucarse contra su cuerpo- Sólo un momento más ¿si?, sólo quédate conmigo exactamente así por un momento más.

- ¿Ahora qué te pasa?- preguntó confundido el italiano, pero no lo alejó.

- Solo quiero abrazarte así, cerca de mi pecho, tal como estamos ahora- cerró los ojos para aspirar el aroma de su cabello- Te he extrañado y necesitado mucho, sólo déjame estar así Hayato.

Gokudera soltó un suspiro. Era uno de esos ataques de ternura que solían darle de vez en cuando y a los que debía seguirles la corriente. Devolvió el abrazo y se quedaron de esa forma por un momento más.

Después de todo ya no tenían nada que los apurara o los preocupara. Todas sus pesadillas se habían terminado y ahora podían recorrer el mismo camino juntos, tomados de las manos para protegerse mutuamente si los problemas surgían de nuevo. Ya no había nada que temer porque se tenían el uno al otro y no iban a dejar que eso cambiara nunca más.

Compartieron un último beso antes de que finalmente el sopor del ambiente los arrastrara a dormir otra vez, para seguir soñando con su mundo perfecto en el que aún en los sueños estaban juntos.

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Finito


O/O Mi primer lemon... _ ¡no me maten! ¡me costó mucho escribirlo!. Ahora si, las explicaciones: tenía pensado actualizar desde el jueves pero tuve exámenes, me atacó un perro (T_T), me deprimí, fue el cumpleaños de mi hermano y pasé toda la mañana del domingo rodeada de mocosos, y por último...¡me robaron el cel de nuevo! ò_ó. Pasé toda una maratónica operación secreta para que nadie (entiéndase mi madre ¬¬) supiera lo que había pasado y poder conseguir un cel exactamente igual y...¡lo logré! ^_^, así que nadie lo sabrá nunca (excepto ustedes u_uU).

Bueno, este fic ha terminado y espero que les haya gustado el final, hice lo mejor que pude. Les agradezco todos sus reviews que me alentaron ha continuar escribiendo. ¡Muchas gracias! ^_^

Y quiero dedicarle este fic a Pablito, sé que nunca lo vas a leer pero fuíste quien me inspiró en el primer capítulo, aunque no de la forma que me hubiera gustado. Las personas viven en la mente y los recuerdos de quienes los conocieron y tú vas a seguir con nosotros siempre como el gran amigo que fuíste.

Me despido antes de ponerme a llorar, pero no por mucho tiempo. Con un cel nuevo, deudas hasta el cuello y un fic terminado estoy lista para comenzar mi próximo proyecto, así que sólo esperen unos días (ya tengo el prólogo XD) y la historia será el 1859 y 8059 que había prometido, con m-preg incluido! :D. ¡Así que nos leemos pronto!

Ciao!