»Disclaimer: A Stephanie Meyer se le ocurrió una vez crear el maravilloso mundo de Twilight (alábenla por ello)… A mí se me ocurrió jugar en él.

»Summary: «Vale por flores, Vale por una tarea, Vale por una cita, Vale por una abrazo… ¿Vale por un beso? Y más que no quise leer…» ¡Agh! Y tendría que utilizarlos con el idiota de mi ex novio vampiro, alias, Edward Cullen. TH/OoC.


CapítuloII: Vale por un principio.

...

—Es una lástima que no lo descubrieras antes —murmuré entre dientes—. Te podías

haber ahorrado todo ese pesar.

— ¿Pesar? —La palabra y el tono de mi voz le pillaron con la guardia baja, sin duda—.

¿Pesar por qué?

—Por no dejar que esa estúpida furgoneta me hiciera puré.

Estaba atónito. Me miró fijamente sin dar crédito a lo que oía. Casi parecía enfadado cuando al fin habló:

— ¿Crees que me arrepiento de haberte salvado la vida?

—Sé que es así —repliqué con brusquedad.

—No sabes nada.

...

Recorrí hábilmente cada aula en busca de cualquier pizca de algo rubio a la vista, pero nada, absolutamente nada. Jasper era un cobarde, una niña. Tenía unas incontenibles ganas de gritar y hacer un espectáculo por puro coraje. Ya me imaginaba como acabaría esto en parámetros normales: yo, totalmente más –y era la palabra clave– enamorada de Edward. Eso, sobre mi verdadero cadáver. Además, no me hallaba en parámetros normales. Edward lo había dicho, su existencia no estaba ligada a la mía por, como él había dicho, ser un monstruo. Y yo estaba de acuerdo, él era un monstruo, pero no me basaba en los colmillos, capacidades u hábitos alimenticios para fundamentar mi teoría.

Golpeé un casillero antes de volver a gruñir como una loca. Sí, lo estaba; loca de rabia.

– ¡Bella! –la vocecita de soprano de mi dulce amiga sonó por detrás de mí y antes de poder contar un segundo, me había girado hacía ella.

–Lo siento Alice –me disculpé controlándome–, pero no podrás volver a ver el futuro de tu novio, tu novio es vampiro muerto, más muerto.

Río antes de fulminarme con la mirada.

– ¡Pero qué agresiva! –gesticuló una cara de exagerado horror antes de volver a lo suyo; total inocencia–. Para empezar, Jasper no pensó que tú fueras a ganar, él solo quería verte sufrir por algún tiempo pero… ¡Todo paso demasiado rápido y mira que yo lo digo!

–Que valiente, eh, mandarte a ti –objeté viéndola con reproche.

– ¡Oh no! –Eliminó ella–, yo he venido por decisión propia, él está pensando en cómo disculparse… Creo haber visto arreglará tu chatarra con Rosalie o algo así…

Puse los ojos en blanco, eso tal vez calmaría las cosas.

–Mientras –continuó ella con una nueva sonrisa–, puedes utilizar el vale numero cinco.

La observé con confusión antes de que ella señalara con la vista el paquetito de vales que llevaba apretados en un puño. Aflojé el agarre solo para leer el vale número cinco, y ahí estaba… « Vale por: llevarme a la escuela cuando quiera»

–No gracias –negué–, prefiero seguir chantajeando a Emmett antes que eso.

Alice río antes de asentir y que yo reparara en algo.

–Espera, ¿Cómo sabías tú…?

Mi pequeña amiga me tomó de un brazo e hizo que continuara a la salida antes de hablar:

–Edward fue quien tuvo la maravillosa idea de los vales y como la escuela le pidió nada fuera de normas…. Tuvo que recurrir a su hermanita más linda –y única, murmuré por lo bajo– para agregar algunos más.

–Solo tú puedes hacer aquello –la acusé molesta, a sabiendas de que mi amiga había participado junto a mi verdugo.

–No sabía que serías tú, créeme debió ser una decisión de último minuto –prosiguió ella de muy buen humor, casi –casi– me tomaba todo con calma–. Pero agradeceré infinitamente el vale 12, dudo mucho que alguna otra chica pudiera utilizarlo de la manera correcta.

Volví a rebuscar entre todo para encontrarme con el dichoso papelito azul.

–Vale por: una carrera –leí antes de soltar una risita–. Ya me gustaría imaginarme a Jessica o Lauren encima de Edward con la uñas enterradas en su espalda y…

Alice se carcajeó y entendí el doble sentido de mis palabras causante de nauseas. Seguí leyendo.

– ¿Vale por un beso? –palidecí más antes de imaginarnos, si mal recordaba, gracias a un estúpido beso había descubierto que los poderes vampíricos de Edward llegaban a mucho más que bonita sonrisa, gracias a un beso suyo dejaba de respirar, gracias a lo mismo respiraba sólo por él y tomando en cuenta eso… ¡esa era mi condena si pensaba no sufrir demasiado al dejarlo ir!–, sabes que si este chico sigue con esto por dinero, pronto será un playboy…

Alice soltó otra carcajada, siempre estaba de buen humor aunque empezaba a pensar que tantas risitas eran como encontrarse nerviosa, no Alice Cullen jamás estaría nerviosa.

–Entonces, tú vienes siendo su primera clienta… –me distrajo.

–Y Jasper me ha pagado el servicio, tendré que pedirle que aproveche después algún vale ¿Qué me dices, tu novio besara bien a Edward?

Alice arrugó el ceño por primera vez en toda la conversación y dijo con voz severa.

–Nada inapropiado Isabella –su vocecita tomó seriedad y entonces fue mi turno de reír.

Caminamos hasta el auto de mi amiga sin preocuparnos a quedarnos en la recaudación, qué más podía esperar de mi día. Alice me dejó en mi casa justo a tiempo antes de que Renée llegara y disfruté de un tiempo de tranquilidad aunque después de media hora mi madre irrumpiera en la cocina.

–Déjame ayudarte –me pidió. Rodé los ojos antes de señalarle la verdura que me faltaba picar.

Sonrío y aceptó gustosa su tarea.

–He estado hoy con Esme –me platicó con la misma sonrisa de siempre y tomó un pedazo de cebolla–, hablamos de mucho.

Me gustaba que mi madre tuviera una buena amistad con Esme, la vida social de la supuesta madre de Alice era muy activa, pero, debido a lo evidente no podía establecer lazos muy cercanos. Empero, gracias a lo increíblemente distraída que mi madre dotaba ser, ambas tenían una cercanía estupenda. En especial, cuando sus hijos habían pasado a ser la pareja cotilleada del pueblo Renée había insistido tanto que finalmente Esme cedió contenta.

–A veces pienso que es bueno que no hablen.

–No siempre –se apresuró a contrariarme–. Por ejemplo hoy, me ha contado algo lo suficiente bueno para atragantarme de la risa… –antes de terminar, la retumbante risa de Reneé fluía en el pequeño espacio hasta que tomó aire y observó mi extrañado rostro con una sonrisa–. Tú también te reirás después.

Entendiendo que, debía ser alguna travesura de Alice, o alguna bobería de ellas dos asimilé que me lo contaría al instante. Sin embargo continuó cortando los vegetales en lo que yo esperaba alguna palabra… y nada, Renee no habló.

– ¿Y bien? –alenté a mi madre sucediendo a observarla con evaluación.

Una traviesa sonrisa se mostró en su rostro y negó con la cabeza.

–Tú te enterarás, solo confía en ello –aseguró sin borrar aquella perturbable sonrisa.

–Eso no…

– ¡Buenas tardes, familia! –la estruendosa voz de mi padre resonó en la pequeña cocina.

Charlie entró con su uniforme de policía, dio un beso a mi madre y se sentó hambriento en la mesa. Sí, tiempo familiar. Emmett llegó minutos después y se apoyó sobre el marco de la cocina.

–Aún no entiendo como este muchacho se puso tan guapo después del viaje a Europa –comentó Renée dando entrada a Emmett con una sonrisa–, Charlie, prométeme que harás lo mismo.

Mi padre arrugó el ceño y Emmett entró riendo.

–La belleza es nata para mi especie –explicó con ese tono de sorna tan conocido. Sólo yo podía entender el verdadero significado de las palabras, no hacía falta que me guiñara un ojo para eso, sin embargo siempre lo hacía.

Me hacía sentir mal con mis padres, a veces llegaba a sentir que les estaba viendo la cara, su sobrino era un vampiro de diez años, sus amigos más cercanos eran vampiros de siglos, mis amigos y su ex yerno eran vampiros de décadas. Forks apestaba a vampiro –agrio, amargo, frío y sin sabor según Jake–, y mis padres no lo sabían. Yo, como buena hija, protegía a mis padres de la verdad, patrañas, les estaba viendo la cara.

–Europa no podrá hacer imposibles, tía –siguió bromeando mi primo.

Mi primo había cumplido dieciocho hace diez años, aunque mis tíos no le prestaran la atención normal siempre le cumplían cualquier capricho. Era hace diez años cuando Emmett dijo que quería celebrar sus dulces dieciocho, dejando de ser un abejorro y convirtiéndose en abejón –había dicho. Y como el señor McCarthy, su padre, se negó a la fiesta de dieciocho días que Emmett le pidió alegando que según recuerdo me contó haber dicho–: "He tenido que vivir quince años por culpa de su… deseo pasional, es justo que ustedes soporten una 'pequeña reunión de diociocho días', a lo que el Sr. McCarthy contestó–: "¡No tendré una orgía en mi casa!" "Pero papi" "¡No!"… y así hasta que la familia resolvió que su "maduro" hijo viajaría como regalo de dieciocho primaveras –y lo estoy contando tal como el propio Emmett lo hizo.

Europa, Emmett nunca había viajado, estoy segura que ni siquiera había llegado a recoger su pasaporte. Según me había contado, cuando iba por la soleada carretera de california hasta el conocido LAX, un fulgor indescriptible le había cegado. Poniendo un poco más de atención, se había figado que todo el brillo bordeaba a una figura, una bella figura había descrito, era una mujer; una vampiresa.

Emmett, su debilidad por las mujeres, y la curiosidad científica –según él–, le habían incitado a estacionarse en medio de la nada para conocerla. No recordaba mucho más que haber hablado con ella, y después de varias vueltas que sintió dar, sintió un indescriptible incendio por todo su cuerpo, pensó que lo quemaban vivo y le dolía absolutamente todo; quería morir.

Después de mucho tiempo el dolor cesó, despertó en Alaska, con la ropa rasgada y partes de su cuerpo expuestas sobre el frío hielo. No sentía frío, era un vampiro. Irina, la vampira que lo había transformado le explicó lo demás, le mostró las normas básicas y después de dos años lo dejó solo.

"Se disculpo diciendo que yo era su duuuaa cantárte" dijo mientras se encogía de hombros. "Tua Cantate, Emmett" había resoplado y sonreído ante la frustración de mi primo después de explicarle. "¿Edward no te ha mordido, entonces?" Preguntó al comprender a lo que respondí "hizo algo peor, me dejó"

Volviendo a la historia, ahora, él tenía que recordar su vida, todo un nebuloso recuerdo. Recordaba el viaje, recordó que iba en un deportivo de un amigo –razón por la que el auto extraviado no fue identificado con su nombre–, buscó el único nombre que le sonaba y un extraño contesto. Era Henry, su compañero de apartamento, una pista llevo a otra y por miedo a sus padres decidió visitar a su familia más alejada: Los Swan. Se había mantenido hablando con sus padres por teléfono mientras vivía en Alaska, diciendo que terminaría la universidad y cosas así por diez largos años. Aunque hubiera llegado apenas hace dos días en la mañana solo para ayudarme a terminar mi puesto de comida y aceptando de buen modo que yo supiera todo sobre su vampírico estado él estaba agradecido de poder ser libre conmigo.

–Deberías cerrar el pico, McCarthy –amenacé divertida.

Después de la cena subí a mi habitación para encerrarme un largo rato.

Tomé mi Ipod y literalmente me aventé sobre mi cama, rodé boca arriba y cerré los ojos antes de que mi canción favorita sonara.

The best thing about tonight's that we're not fighting

Could it be that we have been this way before

I know you don't think that I am trying

I know you're wearing thin down to the core

Era extraño, pero esa canción solo me recordaba a alguien: Edward. Sí, solo a él. Y no, no lo recordaba con dolor como alguna vez fue, lo recordaba con una sonrisa… Me recordaba con una sonrisa –me corregí internamente–… Me recordaba a la yo en la época que estuvimos juntos, cuan feliz había sido... Debía de conformar con los meses que me dio, estaba segura de en un solo día a su lado había sido más feliz de lo que podría haber sido si él no hubiera aparecido.

Cerré más mis ojos y me estiré en mi cama, ahora podía aflorar los recuerdos sin temor. Ahora ya no me dolían para querer olvidar.

Recordé las sonrisas torcidas, los besos fríos que me daban calor, los detalles que sólo él concebía. A él, o por lo menos al 'él' que yo sabía que estaba aún ahí y que me valía un pepino si se perdía. ¡Ahhh! Edward Cullen era frustrante para mí, demasiado frustrante, no lo entendía y tampoco me esforzaba.

No me convienes… ¡Estúpido, él no me convenía a mí!

¿Sería acaso estos estúpidos vales aquel inexistente boleto que lo traería de vuelta?

Me levanté sin aviso previo de mi cómoda posición y como una tonta comencé a rebuscar en la bolsa de mi pantalón por el paquetillo de tickets que suponían los vales. Encontrados los llamativos papelitos los extendí por mí delante con horror, leyendo uno por uno.

« Vale por: Flores »

¿Flores? ¡Bah! ¡Una tontería! Edward era mucho mejor que eso o por lo menos el Edward que recordaba… aquella persona increíble y falsa que luchaba por olvidar. ¿Vale por flores? ¿En qué momento es una ilusión o satisfacción que me den flores? ¿Y Edward? ¡Por Dios!

« Vale por: Un te quiero »

¡Aw, que romántico! –Pura burla, absolutamente llena de ironía. JAJA, si él me quisiera no me dejaría, se quedaría conmigo, si tan sólo pudiera quererme de la manera que yo lo quiero, pero yo tenía que ser un simple humana.

« Vale por: Tarea »

Bueno, algo útil. Bien hecho Cullen.

« Vale por: Llevar libros »

Sí, está bien, ésta me servirá.

« Vale por: Una cita »

Mmm… ¿Repetir aquello? ¿Una cita con Edward? Mi estómago dio un vuelco antes de imaginar algo.

« Vale por: Un abrazo »

¡Utilizado! Sí, ya me libré de esto.

« Vale por: Una carrera »

Reí al recordar a Alice y continué con el siguiente.

« Vale por: Un beso »

¡No! Este vale tendría que omitirse… ¡Claro! Un beso… yo podía decidir dónde y a qué. Le diría que besara el piso o algo parecido. ¡Bien Bella!

« Vale por: Un día completo »

¡Ah Edward! Me las vas a pagar todas, esto no iba a ser más que un escarmiento para el pobre cobrizo aquel.

« Vale por: »

¿? ¿Por qué? Ya mañana me enteraría, o tal vez alguien se apiadó de mí y dejó el espacio en blanco.

En fin, terminando de leer mi tortura/deseo cumplido– pensé realmente lo que estaba pasando. ¿Edward? Y mi historia con él. Ya saben, aquella en la que conoces a un chico que parece interesante recién inicias la secundaria.

Miradas furtivas entre ambos, querer tener privilegios ante medio instituto detrás de él, y entre mi fructuoso plan por descubrir lo que sentía; descubro que no es una ser humano cualquiera. Entonces, era demasiado tarde, ya no podía estar lejos, y el hecho de conocer el otro lado fuera de su humanidad me había hecho… amarlo. Amarlo como se puede hacer a los dieciséis años.

¿Qué más podía esperar? Edward había sido alguien importante para mí. Había y sido… palabras conjugadas en tiempos pasados que no quería repetir. Eso mismo me dije hasta querer terminar la tarde y luego caer en un profundo sueño.

...

Edward P.O.V.

Casi podía escuchar la tintineante voz de Alice sobre mí, a veces conocer el futuro no te ayudaba a detenerlo todo. A consciencia de lo que me esperaba cuando aparcara enfrente de la casa que mi familia y yo utilizábamos bajé un poco más la velocidad. No era como si detuviera a Alice pero sabía que por lo menos esperaría por mí hasta saber que estaba listo a darle la cara, aún así podía ver la clara imagen de los ojos de Bella teniendo tanto miedo en su mente.

Sabía que ella intentaba no pensar en ello, sabía que con ello trataba de recordar a Jasper la noche anterior para que saliera de su mente pero aún no podía. Yo tenía que saber cómo había tomado las cosas Bella realmente. Vaya el momento en el que escuche a Rosalie y Jasper para hacer el estúpido jueguito, vaya momento en el que decidí que tal vez no era capaz de mantenerme alejado de ella. Otro año más sin estar cerca de ella sería un infierno, no podía imaginar lo que debía ser no verla a escondidas cada vez que podía.

Finalmente, mi auto entró en el amplio espacio verde que bordeaba la gran casa que Carlisle había decidido esta vez. Teníamos ya algún tiempo viviendo en Forks sin que nadie supiera nada de nosotros hasta que una humana tropezó cerca de la mesa Cullen en la cafetería volviendo loco al vampiro más solitario. Rosalie como sea que fuera lo ocultaba bien, siempre siendo tan fría no parecía en si afectarle estar sola, por más que Esme o Carlisle alguna vez esperaron que pasara algo entre nosotros como pasó con Alice y Jasper jamás se dio.

No, para mí, como Rosalie lo decía, estaba destinado ser tan estúpido y masoquista como para enamorarme de una humana. Recuerdo aún como dijo 'es tan de ti complicarlo todo' la primera vez que hablé con mi familia por Bella.

Bajé del auto para ver a Alice sentada en las escalerillas de porche, su rostro apoyado en sus brazos cruzados sobre sus rodillas. Hizo un puchero al verme y la mirada de Bella regresó a su mente.

–Deja de torturarme con ello…

Alice torció el gesto.

Lo siento –se disculpó sin mover los labios. Entonces intentó pensar en algo más antes de otra cosa se le escapara: en verdad deseo que sepa lo que hace…

–Alice, se lo que hago –la corté tranquilo

Levantó una perfecta ceja e irguió su posición ahora cruzando los brazos sobre su pecho.

–Edward, escúchame bien –habló para decirlo, esto quería decir que quería que Carlisle y Esme dentro escucharan los recientes eventos–. Dices que eres malo para Bella, bien –y la imagen de Bella llorando contándole a Alice que yo la había dejado me golpeó– dices que debemos de alejarnos de ella por su bien, lo medio aceptamos –y la imagen de Alice conteniéndose para llamarla o para invitarla a salir creó una mueca peor– dices que en un año desapareceremos y seguiremos la estúpida rutina, ya que nos queda más que decir "sí" –y la imagen de mi futuro tras cien años de soledad desesperado no pude soportarla, viviendo en un ático separado de todo como una autentico vampiro…

Y lo peor de todo, Bella siendo tan infeliz, llorando cada noche a partir de sus cincuenta años. La edad que ella más temía, la edad en la que se acordaría de mi hasta el final de sus días… era… ella moría sola, llorando, débil, sin ninguna sonrisa, se recargaba agotada trastabillando paso por paso hasta una mecedora arrinconada y con la mueca de desagrado dormía sin soñar nada más que la terrible pesadilla de buscarme entre toda la gente de la graduación cuando fue la última vez que me vio, entonces cuando todos los alumnos desaparecían y ella se quedaba sola en sus cincuenta años gritaba. La última vez que lo soñó no alcanzó a gritar hasta que su corazón dio un último latido y yació allí.

– ¡Alice basta!

Escuché como Esme se debatía en salir a interrumpirnos o no. Lástima que Jasper hubiera salido a cazar con Rosalie, de otra forma no la tendría sobre mí justo ahora.

–Y ahora Edward, lo peor de todo viene –pronunció la duende con su voz lastimada–, ¡tu haciendo un tonto juego para recuperarla!

Fruncí el ceño, no era un tonto juego. No lo era esta mañana cuando lo replanteé, tampoco lo fue la semana pasada cuando se lo conté a Alice.

–La semana pasada no dijiste lo mismo –recordé intentando alejar el sentimiento de ansiedad que volvía cuando me imagina que Bella jamás estaría para mí o para nadie.

Sabía que el futuro podía cambiar, sabía que tal vez en algún momento un buen hombre podría cambiar de opinión sobre la universidad, tal vez más tarde sobre el trabajo, tal vez llegar a otra ciudad a sus cuarenta años para revivir su vida, de cualquier manera en algún momento un buen hombre podría tomar la decisión de llegar a la vida de mi Bella. Ella tendría que enamorarse de él, porque es buen hombre y porque llegó en un buen momento. Se casarían terminando su carrera, o en algunas vacaciones del trabajo, o después de los cuarenta y ocho se mudarían juntos. Bella lo merecía, merecía sentir el amor aún después de mí. Pero la vida no era justa, y tal vez no fuera un buen hombre el que llegaría a su vida, tal vez sería un mal hombre en un mal momento. Y eso por más injustamente imposible que pudiera concebirlo podría pasar, ó podría pasar la visión de Alice… La ansiedad de sentirla cerca se volvió de repente casi mi todo.

Dejando a Alice ahí corrí hacia el bosque por el buen camino que he recorrido una y otra vez, últimamente más seguido que otras. Alice me siguió después de un momento sin rendirse por hablar.

La semana pasada no vi como reaccionaría, según esto ella se molestaría pero después… después entraría en razón y tú también.

La visión de Alice de Bella y yo juntos por siempre me hizo feliz, feliz de tenerla en mis brazos, feliz de que fuera mía, vi mis brazos sobre su pequeña cintura, su cabeza sobre mi pecho hasta que ella se volteaba y unos ojos escarlata cegaban todo.

–Alice, basta –pedí desesperado.

Guardó silencio pensando en nada, solo me siguió aunque hubiera preferido que no hasta que llegamos a nuestro destino. La fachada vieja de la casa del policía Swan hizo que sonriera involuntariamente. El pasto un poco seco porque nos encontráramos en otoño y la enredadera igual hacía ver que el tiempo había pasado. Ahora ya estaba todo oscuro y el gigante árbol a lado de su ventana me daba la bienvenida.

Trepé hábilmente y sonreí aún más, bajé mi vista a Alice y pude ver como ella ya sabría lo que iba a decir.

–Hoy tampoco cerró su ventana, Edward –intentó sonreírme en un apoyo conciliador.

Asentí antes de meterme con todo el cuidado de no hacer ruido, al instante su aroma hizo que mi garganta quemara un poco pero no pude evitar sentirme como en casa. Cuando mi garganta no quemaba Bella no estaba cerca, cuando Bella no estaba cerca no sentía nada, cuando no sentía nada no tenía razón seguir 'existiendo'.

Hagas lo que hagas –pensó Alice desde la ventana–, no la lastimes más, ella en verdad no quiere sufrir más, ¿estás seguro de lo que estás haciendo?

Y de nuevo Alice se encargó de traer la imagen del posible futuro de Bella si yo me quedaba con ella, sus ojos rojos haciéndome sentir culpable cada momento. Alejé todo pensamiento y me concentré en la menuda figura de Bella debajo de las mantas.

–Alice basta –dije cansado al volumen en el que Bella no pudiera ni alterarse–. Escucha bien, no soy quien para decidir el futuro de Bella sólo no quiero nada de lo que has visto para ella –murmuré a manera que sólo un oído sobrenatural pudiera escucharlo–, pero he decidido que, le daré todas las opciones a ella, que me entregaré a lo que decida y que, finalmente ella podrá tomarlo todo o nada de mí.

Alice sonrío a la última parte y se despidió queriendo darme privacidad con Bella, había conseguido lo que quería, ahora ella sabía que yo tenía claro lo que iba a hacer y que no pensaba lastimarla.

Bella se movió debajo de sus mantas de nuevo, estando más inquieta de lo normal esta vez. Hasta que, como la mayoría de las veces murmuraba mi nombre en un desesperado quejido y daba una vuelta a la derecha y luego otra a la izquierda, paraba de respirar y suspiraba en lo que parecía un sollozo.

Mi Bella en sueños no cambiaba mucho, tal vez despierta era más fuerte, ignoraba cada sentimiento hacia mí como debía hacerlo según Jasper. Pero ahora dormida con defensas abajo su inconsciente me llamaba tanto como la mía deseaba responderle. Un mechón de su cabello estaba sobre su mejilla. Acercándome con cuidado iba a retirarlo hasta que escuché un sonido por las escaleras.

Fruncí el ceño, esto no podía ser, Charlie y Reneé estaban roncando, podía escucharlo y nadie más habitaba en la casa Swan. Aún preocupado con la idea de un ladrón caminé más de cerca y el sonido se detuvo, como si un ladrón pudiera escuchar mis pasos, entonces me di cuenta que no había sonido alguno de respiración y el olor… había incluso un aroma extraño en el cuarto de Bella y se hacía más fuerte por la puerta.

Era el olor de un vampiro, un vampiro que no conocía. Al instante el pánico de pensar que Bella estaba en peligro nubló mi mente racional y llegué a creer que algún amigo de James estaba al otro lado de la puerta. Victoria había jurado tomar venganza… no, no era el olor ni de Victoria o Laurent.

Y a una única velocidad, un vampiro vegetariano –para mi alivio– se asomó por la puerta de Bella. La vio dormir tranquila y suspiró con alivio –supuse que era nuevo en todo esto–, antes de fijarse en mi a mitad de la habitación. Antes de decir algo se aventó encima de mí como un animal, era fuerte y caímos sobre una de las esquinas rompiendo la pequeña mecedora en la que alguna vez me senté la primera mañana que estuve aquí con Bella despierta. El sonido debió de despertar a todos, y al instante lo giré intentando controlar su enorme cuerpo y evitando sus colmillos. Lo aventé lejos para acercarme y proteger a Bella, sea de lo que él quisiera, antes de acercarme se volvió a lanzar encima de mí. Ambos mostrando los colmillos hasta que…

– ¿ ¡Emmett! ? –la voz de Bella logró que tomara consciencia, ¿Emmett? Ella lo conocía. Sólo entonces leí en la mente del tal Emmett que intentaba protegerla ¿de mí? Me calmé y tomé a Emmett para derribarlo–. ¡ ¿Edward? !

¿Edward? ¿Así que Edward? –Los pensamientos de Emmett algo lentos mientras me reprendía por haber sido tan estúpido–, así que este es el idiota que ha roto el corazón de mi prima…

¿Prima? ¿Bella tiene un primo vampiro?

Suspiré, no sabía si era justo pedirle explicaciones a Bella, cuando era yo quien me encontraba derribando a su primo bajo su mirada chocolate tan asustada, sorprendida, solida y molesta. ¿Cereza del pastel?...

– ¿Bella?, ¡Emmet! ¿Qué está pasando aquí? –Gritó Charlie por el otro extremo de la casa.


¿'?

Este es el segundo cap de 'Vale por ti', bueno estoy algo desanimada ahora, repito que fue cerca de hace seis meses cuando este fic me emocionó por escribirlo y ahora me cuesta mucho seguirle el hilo a todo, porque realmente ha tenido cambios ENORMES desde la primera vez que se ocurrió escribirlo, la segunda editarlo y ahora publicarlo... creo que jamás planeé el EPOV y sin embargo ayer quise hacer algo así... para que sepan de que va todo (Edward quiere recuperar a Bella) Y bueno Emmett... se que su papel en este fic esta muy extraño, ligado de demasiada coincidencia pero era necesario para mí que fuera primo de Bella desde el principio y no quise cambiarlo mucho ahora... Jasper y Bella son más cercanos en el único y original Twilight pero por sobre lo demás intento que los personajes se parescan un poco... a pesar de la locura de que Reneé no huyo a Phoenix y ahora es amiga de Esme y todo lo demás que descuadra...

Por único y más importante, ¿les gusta? Amo la respuesta que recibió el fic en su primmer capitulo... este fue meramente introductorio... aseguro que los demás se pareceran al primero.

Y sí, me tarde en subir pero repito que me cuesta tomar el hilo de todo, prometo que haré todo lo que pueda (cada fic es muy importante para mi) e intento dedicar tiempo a cada cosa que escribo. Ahora lo primordial y mi favorito jeje (no se lo digan a los demás) es "¡Regresame mi cuerpo!" que igualmente me cuesta continuar.

Sin más, muchas muchas gracias por gastar tu tiempo en leer llenando de billetes la bolsa del gran creador de la Red xD (Sólo él y Stephanie ganan con esto) jaja... Aunque si hablamos de pagos por FFcoins...

¿Un review?

Capítulo 2: Vale por un principio.

Recorrí hábilmente cada aula en busca de cualquier pizca de algo rubio a la vista, pero nada, absolutamente nada. Jasper era un cobarde, una niña. Tenía unas incontenibles ganas de gritar y hacer un espectáculo por puro coraje. Ya me imaginaba como acabaría esto en parámetros normales: yo, totalmente más –y era la palabra clave– enamorada de Edward. Eso, sobre mi verdadero cadáver. Además, no me hallaba en parámetros normales. Edward lo había dicho, su existencia no estaba ligada a la mía por, como él había dicho, ser un monstruo. Y yo estaba de acuerdo, él era un monstruo, pero no me basaba en los colmillos, capacidades u hábitos alimenticios para fundamentar mi teoría.

Golpeé un casillero antes de volver a gruñir como una loca. Sí, lo estaba; loca de rabia.

– ¡Bella! –la vocecita de soprano de mi dulce amiga sonó por detrás de mí y antes de poder contar un segundo, me había girado hacía ella.

–Lo siento Alice –me disculpé controlándome–, pero no podrás volver a ver el futuro de tu novio, tu novio es vampiro muerto, más muerto.

Río antes de fulminarme con la mirada.

– ¡Pero qué agresiva! –gesticuló una cara de exagerado horror antes de volver a lo suyo; total inocencia–. Para empezar, Jasper no pensó que tú fueras a ganar, él solo quería verte sufrir por algún tiempo pero… ¡Todo paso demasiado rápido y mira que yo lo digo!

–Que valiente, eh, mandarte a ti –objeté viéndola con reproche.

– ¡Oh no! –Eliminó ella–, yo he venido por decisión propia, él está pensando en cómo disculparse… Creo haber visto arreglará tu chatarra con Rosalie o algo así…

Puse los ojos en blanco, eso tal vez calmaría las cosas.

–Mientras –continuó ella con una nueva sonrisa–, puedes utilizar el vale numero cinco.

La observé con confusión antes de que ella señalara con la vista el paquetito de vales que llevaba apretados en un puño. Aflojé el agarre solo para leer el vale número cinco, y ahí estaba… « Vale por: llevarme a la escuela cuando quiera»

–No gracias –negué–, prefiero seguir chantajeando a Emmett antes que eso.

Alice río antes de asentir y que yo reparara en algo.

–Espera, ¿Cómo sabías tú…?

Mi pequeña amiga me tomó de un brazo e hizo que continuara a la salida antes de hablar:

–Edward fue quien tuvo la maravillosa idea de los vales y como la escuela le pidió nada fuera de normas…. Tuvo que recurrir a su hermanita más linda –y única, murmuré por lo bajo– para agregar algunos más.

–Solo tú puedes hacer aquello –la acusé molesta, a sabiendas de que mi amiga había participado junto a mi verdugo.

–No sabía que serías tú, créeme debió ser una decisión de último minuto –prosiguió ella de muy buen humor, casi –casi– me tomaba todo con calma–. Pero agradeceré infinitamente el vale 12, dudo mucho que alguna otra chica pudiera utilizarlo de la manera correcta.

Volví a rebuscar entre todo para encontrarme con el dichoso papelito azul.

–Vale por: una carrera –leí antes de soltar una risita–. Ya me gustaría imaginarme a Jessica o Lauren encima de Edward con la uñas enterradas en su espalda y…

Alice se carcajeó y entendí el doble sentido de mis palabras causante de nauseas. Seguí leyendo.

– ¿Vale por un beso? –palidecí más antes de imaginarnos, si mal recordaba, gracias a un estúpido beso había descubierto que los poderes vampíricos de Edward llegaban a mucho más que bonita sonrisa, gracias a un beso suyo dejaba de respirar, gracias a lo mismo respiraba sólo por él y tomando en cuenta eso… ¡esa era mi condena si pensaba no sufrir demasiado al dejarlo ir!–, sabes que si este chico sigue con esto por dinero, pronto será un playboy…

Alice soltó otra carcajada, siempre estaba de buen humor aunque empezaba a pensar que tantas risitas eran como encontrarse nerviosa, no Alice Cullen jamás estaría nerviosa.

–Entonces, tú vienes siendo su primera clienta… –me distrajo.

–Y Jasper me ha pagado el servicio, tendré que pedirle que aproveche después algún vale ¿Qué me dices, tu novio besara bien a Edward?

Alice arrugó el ceño por primera vez en toda la conversación y dijo con voz severa.

–Nada inapropiado Isabella –su vocecita tomó seriedad y entonces fue mi turno de reír.

Caminamos hasta el auto de mi amiga sin preocuparnos a quedarnos en la recaudación, qué más podía esperar de mi día. Alice me dejó en mi casa justo a tiempo antes de que Renée llegara y disfruté de un tiempo de tranquilidad aunque después de media hora mi madre irrumpiera en la cocina.

–Déjame ayudarte –me pidió. Rodé los ojos antes de señalarle la verdura que me faltaba picar.

Sonrío y aceptó gustosa su tarea.

–He estado hoy con Esme –me platicó con la misma sonrisa de siempre y tomó un pedazo de cebolla–, hablamos de mucho.

Me gustaba que mi madre tuviera una buena amistad con Esme, la vida social de la supuesta madre de Alice era muy activa, pero, debido a lo evidente no podía establecer lazos muy cercanos. Empero, gracias a lo increíblemente distraída que mi madre dotaba ser, ambas tenían una cercanía estupenda. En especial, cuando sus hijos habían pasado a ser la pareja cotilleada del pueblo Renée había insistido tanto que finalmente Esme cedió contenta.

–A veces pienso que es bueno que no hablen.

–No siempre –se apresuró a contrariarme–. Por ejemplo hoy, me ha contado algo lo suficiente bueno para atragantarme de la risa… –antes de terminar, la retumbante risa de Reneé fluía en el pequeño espacio hasta que tomó aire y observó mi extrañado rostro con una sonrisa–. Tú también te reirás después.

Entendiendo que, debía ser alguna travesura de Alice, o alguna bobería de ellas dos asimilé que me lo contaría al instante. Sin embargo continuó cortando los vegetales en lo que yo esperaba alguna palabra… y nada, Renee no habló.

– ¿Y bien? –alenté a mi madre sucediendo a observarla con evaluación.

Una traviesa sonrisa se mostró en su rostro y negó con la cabeza.

–Tú te enterarás, solo confía en ello –aseguró sin borrar aquella perturbable sonrisa.

–Eso no…

– ¡Buenas tardes, familia! –la estruendosa voz de mi padre resonó en la pequeña cocina.

Charlie entró con su uniforme de policía, dio un beso a mi madre y se sentó hambriento en la mesa. Sí, tiempo familiar. Emmett llegó minutos después y se apoyó sobre el marco de la cocina.

–Aún no entiendo como este muchacho se puso tan guapo después del viaje a Europa –comentó Renée dando entrada a Emmett con una sonrisa–, Charlie, prométeme que harás lo mismo.

Mi padre arrugó el ceño y Emmett entró riendo.

–La belleza es nata para mi especie –explicó con ese tono de sorna tan conocido. Sólo yo podía entender el verdadero significado de las palabras, no hacía falta que me guiñara un ojo para eso, sin embargo siempre lo hacía.

Me hacía sentir mal con mis padres, a veces llegaba a sentir que les estaba viendo la cara, su sobrino era un vampiro de diez años, sus amigos más cercanos eran vampiros de siglos, mis amigos y su ex yerno eran vampiros de décadas. Forks apestaba a vampiro –agrio, amargo, frío y sin sabor según Jake–, y mis padres no lo sabían. Yo, como buena hija, protegía a mis padres de la verdad, patrañas, les estaba viendo la cara.

–Europa no podrá hacer imposibles, tía –siguió bromeando mi primo.

Mi primo había cumplido dieciocho hace diez años, aunque mis tíos no le prestaran la atención normal siempre le cumplían cualquier capricho. Era hace diez años cuando Emmett dijo que quería celebrar sus dulces dieciocho, dejando de ser un abejorro y convirtiéndose en abejón –había dicho. Y como el señor McCarthy, su padre, se negó a la fiesta de dieciocho días que Emmett le pidió alegando que según recuerdo me contó haber dicho–: "He tenido que vivir quince años por culpa de su… deseo pasional, es justo que ustedes soporten una 'pequeña reunión de diociocho días', a lo que el Sr. McCarthy contestó–: "¡No tendré una orgía en mi casa!" "Pero papi" "¡No!"… y así hasta que la familia resolvió que su "maduro" hijo viajaría como regalo de dieciocho primaveras –y lo estoy contando tal como el propio Emmett lo hizo.

Europa, Emmett nunca había viajado, estoy segura que ni siquiera había llegado a recoger su pasaporte. Según me había contado, cuando iba por la soleada carretera de california hasta el conocido LAX, un fulgor indescriptible le había cegado. Poniendo un poco más de atención, se había figado que todo el brillo bordeaba a una figura, una bella figura había descrito, era una mujer; una vampiresa.

Emmett, su debilidad por las mujeres, y la curiosidad científica –según él–, le habían incitado a estacionarse en medio de la nada para conocerla. No recordaba mucho más que haber hablado con ella, y después de varias vueltas que sintió dar, sintió un indescriptible incendio por todo su cuerpo, pensó que lo quemaban vivo y le dolía absolutamente todo; quería morir.

Después de mucho tiempo el dolor cesó, despertó en Alaska, con la ropa rasgada y partes de su cuerpo expuestas sobre el frío hielo. No sentía frío, era un vampiro. Irina, la vampira que lo había transformado le explicó lo demás, le mostró las normas básicas y después de dos años lo dejó solo.

"Se disculpo diciendo que yo era su duuuaa cantárte" dijo mientras se encogía de hombros. "Tua Cantate, Emmett" había resoplado y sonreído ante la frustración de mi primo después de explicarle. "¿Edward no te ha mordido, entonces?" Preguntó al comprender a lo que respondí "hizo algo peor, me dejó"

Volviendo a la historia, ahora, él tenía que recordar su vida, todo un nebuloso recuerdo. Recordaba el viaje, recordó que iba en un deportivo de un amigo –razón por la que el auto extraviado no fue identificado con su nombre–, buscó el único nombre que le sonaba y un extraño contesto. Era Henry, su compañero de apartamento, una pista llevo a otra y por miedo a sus padres decidió visitar a su familia más alejada: Los Swan. Se había mantenido hablando con sus padres por teléfono mientras vivía en Alaska, diciendo que terminaría la universidad y cosas así por diez largos años. Aunque hubiera llegado apenas hace dos días en la mañana solo para ayudarme a terminar mi puesto de comida y aceptando de buen modo que yo supiera todo sobre su vampírico estado él estaba agradecido de poder ser libre conmigo.

–Deberías cerrar el pico, McCarthy –amenacé divertida.

Después de la cena subí a mi habitación para encerrarme un largo rato.

Tomé mi Ipod y literalmente me aventé sobre mi cama, rodé boca arriba y cerré los ojos antes de que mi canción favorita sonara.

The best thing about tonight's that we're not fighting

Could it be that we have been this way before

I know you don't think that I am trying

I know you're wearing thin down to the core

Era extraño, pero esa canción solo me recordaba a alguien: Edward. Sí, solo a él. Y no, no lo recordaba con dolor como alguna vez fue, lo recordaba con una sonrisa… Me recordaba con una sonrisa –me corregí internamente–… Me recordaba a la yo en la época que estuvimos juntos, cuan feliz había sido... Debía de conformar con los meses que me dio, estaba segura de en un solo día a su lado había sido más feliz de lo que podría haber sido si él no hubiera aparecido.

Cerré más mis ojos y me estiré en mi cama, ahora podía aflorar los recuerdos sin temor. Ahora ya no me dolían para querer olvidar.

Recordé las sonrisas torcidas, los besos fríos que me daban calor, los detalles que sólo él concebía. A él, o por lo menos al 'él' que yo sabía que estaba aún ahí y que me valía un pepino si se perdía. ¡Ahhh! Edward Cullen era frustrante para mí, demasiado frustrante, no lo entendía y tampoco me esforzaba.

No me convienes… ¡Estúpido, él no me convenía a mí!

¿Sería acaso estos estúpidos vales aquel inexistente boleto que lo traería de vuelta?

Me levanté sin aviso previo de mi cómoda posición y como una tonta comencé a rebuscar en la bolsa de mi pantalón por el paquetillo de tickets que suponían los vales. Encontrados los llamativos papelitos los extendí por mí delante con horror, leyendo uno por uno.

« Vale por: Flores »

¿Flores? ¡Bah! ¡Una tontería! Edward era mucho mejor que eso o por lo menos el Edward que recordaba… aquella persona increíble y falsa que luchaba por olvidar. ¿Vale por flores? ¿En qué momento es una ilusión o satisfacción que me den flores? ¿Y Edward? ¡Por Dios!

« Vale por: Un te quiero »

¡Aw, que romántico! –Pura burla, absolutamente llena de ironía. JAJA, si él me quisiera no me dejaría, se quedaría conmigo, si tan sólo pudiera quererme de la manera que yo lo quiero, pero yo tenía que ser un simple humana.

« Vale por: Tarea »

Bueno, algo útil. Bien hecho Cullen.

« Vale por: Llevar libros »

Sí, está bien, ésta me servirá.

« Vale por: Una cita »

Mmm… ¿Repetir aquello? ¿Una cita con Edward? Mi estómago dio un vuelco antes de imaginar algo.

« Vale por: Un abrazo »

¡Utilizado! Sí, ya me libré de esto.

« Vale por: Una carrera »

Reí al recordar a Alice y continué con el siguiente.

« Vale por: Un beso »

¡No! Este vale tendría que omitirse… ¡Claro! Un beso… yo podía decidir dónde y a qué. Le diría que besara el piso o algo parecido. ¡Bien Bella!

« Vale por: Un día completo »

¡Ah Edward! Me las vas a pagar todas, esto no iba a ser más que un escarmiento para el pobre cobrizo aquel.

« Vale por: »

¿? ¿Por qué? Ya mañana me enteraría, o tal vez alguien se apiadó de mí y dejó el espacio en blanco.

En fin, terminando de leer mi tortura/deseo cumplido– pensé realmente lo que estaba pasando. ¿Edward? Y mi historia con él. Ya saben, aquella en la que conoces a un chico que parece interesante recién inicias la secundaria.

Miradas furtivas entre ambos, querer tener privilegios ante medio instituto detrás de él, y entre mi fructuoso plan por descubrir lo que sentía; descubro que no es una ser humano cualquiera. Entonces, era demasiado tarde, ya no podía estar lejos, y el hecho de conocer el otro lado fuera de su humanidad me había hecho… amarlo. Amarlo como se puede hacer a los dieciséis años.

¿Qué más podía esperar? Edward había sido alguien importante para mí. Había y sido… palabras conjugadas en tiempos pasados que no quería repetir. Eso mismo me dije hasta querer terminar la tarde y luego caer en un profundo sueño.

EPOV

Casi podía escuchar la tintineante voz de Alice sobre mí, a veces conocer el futuro no te ayudaba a detenerlo todo. A consciencia de lo que me esperaba cuando aparcara enfrente de la casa que mi familia y yo utilizábamos bajé un poco más la velocidad. No era como si detuviera a Alice pero sabía que por lo menos esperaría por mí hasta saber que estaba listo a darle la cara, aún así podía ver la clara imagen de los ojos de Bella teniendo tanto miedo en su mente.

Sabía que ella intentaba no pensar en ello, sabía que con ello trataba de recordar a Jasper la noche anterior para que saliera de su mente pero aún no podía. Yo tenía que saber cómo había tomado las cosas Bella realmente. Vaya el momento en el que escuche a Rosalie y Jasper para hacer el estúpido jueguito, vaya momento en el que decidí que tal vez no era capaz de mantenerme alejado de ella. Otro año más sin estar cerca de ella sería un infierno, no podía imaginar lo que debía ser no verla a escondidas cada vez que podía.

Finalmente, mi auto entró en el amplio espacio verde que bordeaba la gran casa que Carlisle había decidido esta vez. Teníamos ya algún tiempo viviendo en Forks sin que nadie supiera nada de nosotros hasta que una humana tropezó cerca de la mesa Cullen en la cafetería volviendo loco al vampiro más solitario. Rosalie como sea que fuera lo ocultaba bien, siempre siendo tan fría no parecía en si afectarle estar sola, por más que Esme o Carlisle alguna vez esperaron que pasara algo entre nosotros como pasó con Alice y Jasper jamás se dio.

No, para mí, como Rosalie lo decía, estaba destinado ser tan estúpido y masoquista como para enamorarme de una humana. Recuerdo aún como dijo 'es tan de ti complicarlo todo' la primera vez que hablé con mi familia por Bella.

Bajé del auto para ver a Alice sentada en las escalerillas de porche, su rostro apoyado en sus brazos cruzados sobre sus rodillas. Hizo un puchero al verme y la mirada de Bella regresó a su mente.

–Deja de torturarme con ello…

Alice torció el gesto.

Lo siento –se disculpó sin mover los labios. Entonces intentó pensar en algo más antes de otra cosa se le escapara: en verdad deseo que sepa lo que hace…

–Alice, se lo que hago –la corté tranquilo

Levantó una perfecta ceja e irguió su posición ahora cruzando los brazos sobre su pecho.

–Edward, escúchame bien –habló para decirlo, esto quería decir que quería que Carlisle y Esme dentro escucharan los recientes eventos–. Dices que eres malo para Bella, bien –y la imagen de Bella llorando contándole a Alice que yo la había dejado me golpeó– dices que debemos de alejarnos de ella por su bien, lo medio aceptamos –y la imagen de Alice conteniéndose para llamarla o para invitarla a salir creó una mueca peor– dices que en un año desapareceremos y seguiremos la estúpida rutina, ya que nos queda más que decir "sí" –y la imagen de mi futuro tras cien años de soledad desesperado no pude soportarla, viviendo en un ático separado de todo como una autentico vampiro…

Y lo peor de todo, Bella siendo tan infeliz, llorando cada noche a partir de sus cincuenta años. La edad que ella más temía, la edad en la que se acordaría de mi hasta el final de sus días… era… ella moría sola, llorando, débil, sin ninguna sonrisa, se recargaba agotada trastabillando paso por paso hasta una mecedora arrinconada y con la mueca de desagrado dormía sin soñar nada más que la terrible pesadilla de buscarme entre toda la gente de la graduación cuando fue la última vez que me vio, entonces cuando todos los alumnos desaparecían y ella se quedaba sola en sus cincuenta años gritaba. La última vez que lo soñó no alcanzó a gritar hasta que su corazón dio un último latido y yació allí.

– ¡Alice basta!

Escuché como Esme se debatía en salir a interrumpirnos o no. Lástima que Jasper hubiera salido a cazar con Rosalie, de otra forma no la tendría sobre mí justo ahora.

–Y ahora Edward, lo peor de todo viene –pronunció la duende con su voz lastimada–, ¡tu haciendo un tonto juego para recuperarla!

Fruncí el ceño, no era un tonto juego. No lo era esta mañana cuando lo replanteé, tampoco lo fue la semana pasada cuando se lo conté a Alice.

–La semana pasada no dijiste lo mismo –recordé intentando alejar el sentimiento de ansiedad que volvía cuando me imagina que Bella jamás estaría para mí o para nadie.

Sabía que el futuro podía cambiar, sabía que tal vez en algún momento un buen hombre podría cambiar de opinión sobre la universidad, tal vez más tarde sobre el trabajo, tal vez llegar a otra ciudad a sus cuarenta años para revivir su vida, de cualquier manera en algún momento un buen hombre podría tomar la decisión de llegar a la vida de mi Bella. Ella tendría que enamorarse de él, porque es buen hombre y porque llegó en un buen momento. Se casarían terminando su carrera, o en algunas vacaciones del trabajo, o después de los cuarenta y ocho se mudarían juntos. Bella lo merecía, merecía sentir el amor aún después de mí. Pero la vida no era justa, y tal vez no fuera un buen hombre el que llegaría a su vida, tal vez sería un mal hombre en un mal momento. Y eso por más injustamente imposible que pudiera concebirlo podría pasar, ó podría pasar la visión de Alice… La ansiedad de sentirla cerca se volvió de repente casi mi todo.

Dejando a Alice ahí corrí hacia el bosque por el buen camino que he recorrido una y otra vez, últimamente más seguido que otras. Alice me siguió después de un momento sin rendirse por hablar.

La semana pasada no vi como reaccionaría, según esto ella se molestaría pero después… después entraría en razón y tú también.

La visión de Alice de Bella y yo juntos por siempre me hizo feliz, feliz de tenerla en mis brazos, feliz de que fuera mía, vi mis brazos sobre su pequeña cintura, su cabeza sobre mi pecho hasta que ella se volteaba y unos ojos escarlata cegaban todo.

–Alice, basta –pedí desesperado.

Guardó silencio pensando en nada, solo me siguió aunque hubiera preferido que no hasta que llegamos a nuestro destino. La fachada vieja de la casa del policía Swan hizo que sonriera involuntariamente. El pasto un poco seco porque nos encontráramos en otoño y la enredadera igual hacía ver que el tiempo había pasado. Ahora ya estaba todo oscuro y el gigante árbol a lado de su ventana me daba la bienvenida.

Trepé hábilmente y sonreí aún más, bajé mi vista a Alice y pude ver como ella ya sabría lo que iba a decir.

–Hoy tampoco cerró su ventana, Edward –intentó sonreírme en un apoyo conciliador.

Asentí antes de meterme con todo el cuidado de no hacer ruido, al instante su aroma hizo que mi garganta quemara un poco pero no pude evitar sentirme como en casa. Cuando mi garganta no quemaba Bella no estaba cerca, cuando Bella no estaba cerca no sentía nada, cuando no sentía nada no tenía razón seguir 'existiendo'.

Hagas lo que hagas –pensó Alice desde la ventana–, no la lastimes más, ella en verdad no quiere sufrir más, ¿estás seguro de lo que estás haciendo?

Y de nuevo Alice se encargó de traer la imagen del posible futuro de Bella si yo me quedaba con ella, sus ojos rojos haciéndome sentir culpable cada momento. Alejé todo pensamiento y me concentré en la menuda figura de Bella debajo de las mantas.

–Alice basta –dije cansado al volumen en el que Bella no pudiera ni alterarse–. Escucha bien, no soy quien para decidir el futuro de Bella sólo no quiero nada de lo que has visto para ella –murmuré a manera que sólo un oído sobrenatural pudiera escucharlo–, pero he decidido que, le daré todas las opciones a ella, que me entregaré a lo que decida y que, finalmente ella podrá tomarlo todo o nada de mí.

Alice sonrío a la última parte y se despidió queriendo darme privacidad con Bella, había conseguido lo que quería, ahora ella sabía que yo tenía claro lo que iba a hacer y que no pensaba lastimarla.

Bella se movió debajo de sus mantas de nuevo, estando más inquieta de lo normal esta vez. Hasta que, como la mayoría de las veces murmuraba mi nombre en un desesperado quejido y daba una vuelta a la derecha y luego otra a la izquierda, paraba de respirar y suspiraba en lo que parecía un sollozo.

Mi Bella en sueños no cambiaba mucho, tal vez despierta era más fuerte, ignoraba cada sentimiento hacia mí como debía hacerlo según Jasper. Pero ahora dormida con defensas abajo su inconsciente me llamaba tanto como la mía deseaba responderle. Un mechón de su cabello estaba sobre su mejilla. Acercándome con cuidado iba a retirarlo hasta que escuché un sonido por las escaleras.

Fruncí el ceño, esto no podía ser, Charlie y Reneé estaban roncando, podía escucharlo y nadie más habitaba en la casa Swan. Aún preocupado con la idea de un ladrón caminé más de cerca y el sonido se detuvo, como si un ladrón pudiera escuchar mis pasos, entonces me di cuenta que no había sonido alguno de respiración y el olor… había incluso un aroma extraño en el cuarto de Bella y se hacía más fuerte por la puerta.

Era el olor de un vampiro, un vampiro que no conocía. Al instante el pánico de pensar que Bella estaba en peligro nubló mi mente racional y llegué a creer que algún amigo de James estaba al otro lado de la puerta. Victoria había jurado tomar venganza… no, no era el olor ni de Victoria o Laurent.

Y a una única velocidad, un vampiro vegetariano –para mi alivio– se asomó por la puerta de Bella. La vio dormir tranquila y suspiró con alivio –supuse que era nuevo en todo esto–, antes de fijarse en mi a mitad de la habitación. Antes de decir algo se aventó encima de mí como un animal, era fuerte y caímos sobre una de las esquinas rompiendo la pequeña mecedora en la que alguna vez me senté la primera mañana que estuve aquí con Bella despierta. El sonido debió de despertar a todos, y al instante lo giré intentando controlar su enorme cuerpo y evitando sus colmillos. Lo aventé lejos para acercarme y proteger a Bella, sea de lo que él quisiera, antes de acercarme se volvió a lanzar encima de mí. Ambos mostrando los colmillos hasta que…

– ¿ ¡Emmett! ? –la voz de Bella logró que tomara consciencia, ¿Emmett? Ella lo conocía. Sólo entonces leí en la mente del tal Emmett que intentaba protegerla ¿de mí? Me calmé y tomé a Emmett para derribarlo–. ¡ ¿Edward? !

¿Edward? ¿Así que Edward? –Los pensamientos de Emmett algo lentos mientras me reprendía por haber sido tan estúpido–, así que este es el idiota que ha roto el corazón de mi prima…

¿Prima? ¿Bella tiene un primo vampiro?

Suspiré, no sabía si era justo pedirle explicaciones a Bella, cuando era yo quien me encontraba derribando a su primo bajo su mirada chocolate tan asustada, sorprendida, solida y molesta. ¿Cereza del pastel?...

– ¿Bella?, ¡Emmet! ¿Qué está pasando aquí? –Gritó Charlie por el otro extremo de la casa.