Él
Itachi se encogió, llevó sus piernas hasta su pecho y las rodeó con sus brazos, agachando la cabeza para ocultarla entre ellos. El fresco aire de la tarde le hizo estremecer un poco, pero eran las palabras de sus padres -repitiéndole en su cabeza una y otra vez, que como un Uchiha debía esforzarse por relacionarse con otros niños- las que hacían que su pequeño corazón se sintiera pesado y doliera dentro de su pecho.
¿Por qué no entendían? No es que él no quisiera tener amigos pero…
Era que…
No tenía suerte para ello.
Los demás niños no gustaban de él… ¡pero no era su culpa!
¡No era su culpa ser tres años más pequeño que todos en la clase y ser el más inteligente! ¡No era su culpa ser hábil en los deportes, ni que las niñas lo siguieran como tontas!
¡No era su culpa! Él simplemente era así.
¿Por qué no entendían? No les agradaba. No como a Minato. Nunca como a Minato.
Apretó los parpados con fuerza, sintiendo como sus ojos se calentaban y comenzaban a humedecerse al pensar en su único amigo.
¿Por qué había tenido que insistir en que jugara futbol con los demás? Los había forzado a que lo aceptaran ¿y para qué? Había sido una perdida de tiempo. Nunca le pasaron la pelota y ni siquiera se molestaron en cubrirlo.
Simplemente lo ignoraron en el juego. Molesto, se dio media vuelta y se fue.
-I-Itaa-ah…chi…– la voz jadeante de Minato le alcanzó desde la espalda, sentándose casi enseguida a su lado. Le escuchó jalar aire profundo antes de volver a hablarle.
-¿Por qué te fuiste? – el pelinegro sin levantar la cabeza se encogió de hombros como toda respuesta permaneciendo en silencio. Podía sentir la mirada del otro clavada en él pero no le importó. Sus ojos aun se sentían arder, seguro que los tenía rojos y no quería que Minato lo viera así. Pensaría que estuvo llorando. Y él no lloraba.
Lo escuchó suspirar y tras un par de minutos de silencio, sintió los brazos del rubio rodearle con cariño y su cabeza recargarse sobre su hombro.
Minato entendía.
-¿Te confieso un secreto? –Musitó suavemente- Me alegro que los demás sean tan tontos para no querer ser tus amigos…
El pelinegro levantó ligeramente el rostro mostrando un enfurruño en sus ojos.
-No te enojes… es que…si tuvieras más amigos… yo no sería especial para ti. -confesó, sintiendo sus mejillas calentarse inexplicablemente – Tu… tu eres mi mejor amigo ¿lo sabes verdad?
Le pareció tonto. La manera en que un extraño calorcito recorrió su cuerpo justo cuando su corazón latió contento al escucharle. Sip. Le pareció tonto. Pero le gustó mucho.
Talvez él no tenía los chispeantes ojos azules de Minato que todos parecían adorar, ni esa alegre plática que mantenía a la gente entretenida y definitivamente carecía de esa bonita sonrisa que conquistó a sus padres, a sus maestros y sus estúpidos compañeros…
-Ven, te invito un helado –Itachi sonrío suavemente y asintió, levantándose y caminando de la mano junto al rubio.
Talvez no tenía el carisma de Minato pero lo tenía a él.
Y eso le bastaba.
:FIN:
