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Parpadeó sorprendido y desconcertado.

Ladeó la cabeza como si con ello pudiera comprender, pero aunque su familia se enorgullecía de su prodigiosa inteligencia ahora, tenía que admitir que no sabía que hacer.

-¿Y bien? – urgió su rubio acompañante.

Itachi abrió la boca tratando de hacer que algún sonido saliera de su boca pero sinceramente estaba confundido.

Tres semanas.

Tenían tres semanas de salir juntos y no ser –sólo amigos- como sus familias creían. Tres semanas donde habían intercambiado besos suaves, besos profundos, besos acalorados, besos que despertaban cosquillantes escalofríos y ansiosas caricias sobre la ropa.

¿Tres semanas y ahora le salía con esta estupidez?

-¿Vas a preguntarme si quiero ser tu novio o no? – repitió el rubio con un fingido tono de fastidio. Itachi sintió un tic en el ojo cuando vio los curveados labios de Minato apenas conteniendo la risa y sintió las mejillas enrojecer de coraje.

-Idiota. – musitó con resentimiento.

Minato rió con fuerza.