Ella

Dicen que el periodo universitario es decisivo para los jóvenes. O encuentran su lugar en el mundo, o los abruma hasta hacerlos dimitir.

Él ciertamente lo estaba encontrando difícil; aunque sus motivos no se relacionaran específicamente con lo académico.

Medio año escolar había ya transcurrido desde que iniciaron la Universidad y durante ese tiempo, especialmente el último mes y medio, no había podido verlo por más de quince minutos durante los seis almuerzos que lograron compartir. Y dos de los cuales pasaron rodeados de sus nuevos y (acosadores) compañeros de clase; por lo que fue muy poco el tiempo para ellos que pudieron tener.

Una furtiva caricia. Un rápido y desapercibido beso. Una apretón de manos bajo la mesa y nada más.

Si, por supuesto que se llamaban por teléfono cuando disponían de tiempo libre (aunque fuese muy poco), se mandaban correos electrónicos contándose lo que pasaba en sus ajetreadas y separadas vidas; y de vez en cuando, coincidían en el mismo edificio para mirarse a lo lejos entre el mar de gente de los pasillos, y encontrar confort en la distante pero constante presencia del otro.

¡Estupideces!

Estaba harto. De no poder verlo, de extrañarlo. De sentir ese hueco en el pecho (que a veces era física y dolorosamente palpable). Estaba harto de sentir que le faltaba el aire en los pulmones, de la frialdad que embargaba su piel por la falta de su tacto. Estaba harto de añorar escuchar su voz , de encontrar sosiego en su compañía y entre sus brazos. Hasta sus labios resentían el no ser besados.

Desde siempre habían estado juntos, no concebía no tenerlo a su lado. A su alcance.

Desafiando por primera vez su estratégico y estricto plan de vida estudiantil; abandonó el laboratorio y se decidió a buscarlo.

¡Al diablo con todo, necesitaba estar con él!

Pero al llegar a la entreabierta puerta de su dormitorio, todo a su alrededor se congeló.

Ahí estaba Minato.

Ahí estaba ella.

La misma peliroja de alegre sonrisa y curvilínea figura.

Ella.

La misma con la que lo había visto desde lejos en varias ocasiones.

Ella.

La misma que en intencionalmente casual movimiento, estaba tocándolo con descaro.

Ella.

La misma que coqueta se le acercaba insinuante.

Ella.

La misma que parecía despertar cierto interés en el rubio.

Ella...

La misma que Minato no alejaba.

Con amargo saber entre los labios y consiente de que por primera vez en su vida no sabía que hacer (ni sentir); por todo lo que le había extrañado, el orgullo de Itachi no le permitió permanecer en aquel lugar ni un minuto más de los que ya había gastado.