El quinto capítulo ya. Muchas gracias por leer y por revisar, aunque no lo diga, los comentarios me ponen contenta.

Los personajes, al igual que Assassin's creed, pertenecen a Ubisoft. No soy tan lista como para crear algo así.


V

-¿Ya estás despierta? –era Malik, que salía de la casa con una escoba en la mano.

-¿Estas barriendo? –pregunté, sin hacer demasiado caso a su pregunta.

-No, vengo a atizarte. ¡Pues claro que estoy barriendo!

Se podría decir fácilmente que estaba de mal humor. De todas maneras, siempre me había imaginado a Malik de carácter fuerte, estuviese enfadado o no. Aunque tan sólo era eso, mi imaginación. No podía pretender conocerle cuando tan sólo…bueno, no era real. Todo esto era una locura.

De algún modo, decidí suavizar las cosas.

-Puedo echarte una mano.

Me di cuenta de lo que había dicho. Debo de tener un auténtico retraso.

Malik sólo me miró de manera neutral, y cuando pensaba que realmente me iba a atizar, simplemente sonrío ligeramente, dándome la escoba.

-En realidad, esa era la idea. ¿Crees que voy a dejar que estés aquí, sin hacer nada? No caerá esa breva.

Nunca pensé que la idea de barrer pudiera hacerme tanta ilusión. Debí de poner una sonrisa de oreja a oreja, a lo que él soltó una pequeña carcajada. Me levanté y me puse en marcha.

No había nadie más en la casa de asesinos, supongo que por eso él se sentó en la fuente y se limitó a observarme. O simplemente es que no se fiaba de mí. Opté por la segunda, pero decidí ignorarlo. Yo tampoco me fiaría.

Nunca antes había barrido, me sentía como si estuviese haciendo un examen sorpresa, de esos que no te has preparado, mientras el profesor te mira para que no copies.

¿Habría notado los puntos en los brazos? No había pensado en eso hasta ahora. Mi conclusión era que todo esto me lo estaba imaginando o soñando mientras estaba en coma. Siempre me pregunté qué era lo que la gente veía o soñaba cuando estaba en coma, como es el caso de mi abuela, que las semanas antes de morir de vez en cuando movía ligeramente las manos o se quejaba estando en ese estado.

Me pregunto si era porque estaba tan profundamente dormida que todo eso parecía tan real. Estoy aquí, pero no estoy aquí, y estoy allí, pero no estoy allí. Sólo pensarlo me daba dolores de cabeza. Pero las heridas...

-Lo haces mal –dijo Malik, arrancándome de mis pensamientos –si tienes la escoba completamente en vertical, lo único que conseguirás es mancharte de suciedad tú misma, debes inclinarla un poco. Debes de ser una mujer de una familia muy adinerada si no sabes hacer cosas tan básicas.

-De donde yo vengo, las mujeres no tienen que saber necesariamente hacer tareas como estas, tienen sus propios negocios, sus ideas, y pueden decirles a sus maridos: "Barre, que eres un huevón y encima no trabajas" –a esto no pude evitar reírme, porque era precisamente lo que mi madre le decía a papá cuando ella estaba en casa.

-¿Qué es un huevón?

-Ah, pues es un vago.

-Comprendo –afirmó Malik –bonito debe ser el lugar de dónde vienes. Aquí no se permite a las mujeres tener negocios, apenas tomar decisiones. Religión.

-Ya veo. ¿Eres tú religioso?

-¿Yo? Bueno, me han enseñado una doctrina, pero no solemos prestarle mucha atención a la religión.

-Entonces has leído el Corán, pero no rezas cinco veces al día o ayunas –apunté.

-Se podría decir. A mí me enseñaron que el Corán, que es el libro sagrado, contenía oculta otra verdad, que a la vez ocultaba otra, y ésta otra, y así bajabas siete escalones para hallar el mensaje verdadero. En eso consiste el ismailismo, en que siempre hay algo que no nos quieren mostrar, y esa es nuestra religión, o al menos eso dice el viejo de la montaña.

Malik debió darse cuenta de que había dicho algo que no debería haber dicho, porque rápidamente se levantó y entró dentro de la casa. Mi curiosidad aún no se había saciado. Si todo esto era producto de mi imaginación, ¿cómo es que sabía todo esto? Tal vez lo había leído y no me acordaba. Le seguí hasta dentro de la casa cuando terminé de barrer, y me puse en frente del mostrador.

-Entonces buscáis algo así como la verdad, ¿no? La verdad de todo.

-Nada es verdad. De todas maneras, eso es algo que Al-Mualim te tendría que decir. Eso si no te ha atravesado con su espada antes. Eso ya lo descubrirás por ti misma.

Un escalofrío me recorrió la espalda en ese momento. Cuando se me clavó la flecha el día anterior, en el hospital había aparecido el agujero en la pierna. Si lo que Malik decía era cierto, y Al-Mualim me mataba, ¿moriría también en la realidad?

Había intentado explicar de mil maneras lo que estaba sucediendo, pero ninguna parecía valer.

Nada es verdad.

¿Se podría aplicar esa frase también a lo que me estaba sucediendo a mí? Eso solo era la punta del iceberg de algo mucho más grande.

Mis pensamientos se vieron interrumpidos de nuevo por el sonido de las campanas. Sonaban fuertes y continúas, no como cuando dan la hora. Fuera se empezó a oír un fuerte barullo, gritos y acusaciones.

Malik musitó entre dientes algo como "incompetente" y se dio la vuelta, mientras yo me quedaba más rígida que la escoba que tenía en la mano, escuchando los sonidos que venían del exterior. Hasta que terminaron. Todo se quedó en silencio.

-¿Serías capaz de subirte a la fuente, tirar de la palanca y abrir la compuerta del techo del patio? –preguntó Malik, con un tono algo desagradable.

-Sí, claro, pero cálmate un poco ¿quieres? –dije, molesta. Me costaba admitir con qué tipo de gente me la estaba jugando.

Ni que fuera yo Spiderman.

Salí al patio, me subí a la fuente, pero no llegaba a la palanca. Al final, de un salto un poco más alto, conseguí llegar, la palanca se corrió hacia un lado, y la compuerta quedó abierta, colgando.

Pero no fue lo único.

¿Cómo coño bajo yo ahora?

La herida de la pierna, de la que hasta entonces me había olvidado, empezaba a sangrar, y dolía. Debía de haberme rozado con la pared de la fuente al saltar.

-¡Ma-Malik! ¡Socorro! Estoy... ¡Dios, estoy enganchada!

No le dio tiempo ni a llegar cuando yo ya estaba de culo en el suelo.

Pensaba que se iba a enfadar de verdad. Que ridículo más grande había hecho. Aunque teniendo en cuenta lo increíblemente torpe que soy, no era nada nuevo. Me di la vuelta esperando encarar a un Malik furioso, pero solo me encontré su gesto con una ligera sonrisa.

Y en ese momento tenía los ojos más tristes que había visto a una persona en mi vida.

-¿Te has hecho daño? –me preguntó.

-¡Qué va! –me levanté rápidamente. En realidad sí me dolía, pero no quería mostrarlo delante de Malik. No quería quedar mal delante de él.

Malik simplemente sonrió de nuevo, sus ojos incluso más tristes que antes, y me revolvió el pelo con la mano, para después, sin mediar palabra, volver a entrar en el edifico.

Había cosas por ese entonces que jamás hubiese entendido. Me creía muy mayor, y simplemente era una niña, de dieciséis años, pero una niña al fin y al cabo. Y una niña no podía entender gestos como ése.

Simplemente me quedé en pie, mi mirada clavada en la puerta de la casa, por dónde Malik había entrado.

Entonces llegó mi amor platónico, y volví a mi estado de humor usual. Altaïr bajó por la compuerta del jardín, y yo me di la vuelta.

-Buenos días cariño –dije, mofándome -¿qué tal en el trabajo?

Él, sin ni siquiera mirarme, pasó de largo. Tampoco me esperaba que me respondiese con una bromita o algo así. Venga ya, era Altaïr.

-Amargado… -musité. Y menos mal que no me oyó, porque si no, hubiese tenido su hoja otra vez en mi cuello, y no creo que esta vez hubiera sido tan paciente. A la tercera va la vencida. Tendría que tener más cuidado.

Oí a los dos hombres discutir dentro de la casa, pero decidí no intervenir, ni aparecer. Me senté en el suelo del patio. La herida seguía sangrando. Tenía que pedir vendas. La mañana era preciosa, y por un momento, dejé de oír las voces de los hombres discutiendo. Sólo estaba yo, el sol, el jazmín.

Transcurrieron tal vez diez minutos, cuando decidí levantarme y entrar de nuevo. Malik estaba mirando a la estantería, de espaldas a Altaïr, que le observaba en silencio. Podría decir que habían estado discutiendo sin ni siquiera haberlo oído. Malik suspiró y se dio la vuelta de nuevo.

-Ya has terminado tu trabajo aquí. Vuelve con Al-Mualim, probablemente tenga otro encargo para ti. Y llévala a ella también. Estoy seguro de que Al-Mualim querrá hablar con ella, y aquí no puede quedarse más tiempo, entran demasiados asesinos.

Altaïr sólo le miraba, podría decir que él también estaba triste.

-Anda, venga –dijo Malik –no seas huevón.

A esto no pude evitar soltar una fuerte carcajada, Malik sonrió triunfantemente y Altaïr nos miró del uno al otro. Se dio la vuelta, murmurando algo así cómo "conspiradores…" Es como cuando viajas al extranjero y el niñato de turno que hay en todos lados empieza a meterse contigo sin razón aparente, no sabes lo que está diciendo, pero al fin y al cabo, sabes que te está insultando. Entonces empleas una delas tres cosas que has aprendido en el idioma del país dónde estas en caso de emergencia. En mi caso son "¿cuánto es?", "gracias" y "tu madre" En casos como ese suelo utilizar la última.

Malik salió del mostrador y se colocó en frente mía. Me puso una venda en la mano.

-Dile que te la cambie, y si refunfuña, insístele, o se infectará. Sé lo que es perder un brazo, pero estoy seguro de que perder una pierna debe ser mucho peor. Que cuide de ti, que no deje que te pase nada. Que no cometa el mismo error otra vez. Eres una chica cabezona y algo torpe, pero me da la sensación de que tienes buen fondo –Malik sonrió.

-Adiós Malik. Nunca pensé que tendría el honor de conocerte…bueno a alguien como tú quiero decir…bah, da igual, me alegro de haberte conocido. Mucho –le devolví una de mis grandes sonrisas. Él me revolvió el pelo.

-Anda, lárgate ya. Y espero que vuelvas a enseñarme más vocabulario, ¿eh?

- Espero que sí. Volveré –sonreí tristemente por última vez, y salí de la casa. Metí las vendas en mi bolsillo y me reuní con Altaïr.

-¿Qué te demora tanto? Sube a la fuente y salta a mi hombro.

-No –refunfuñé –prefiero la espalda.

-No me podría importar menos –replicó, impacientándose.

Mu subí a la fuente, y en vez de alzarme sobre su hombro, me agarré a su cuello y enrollé las piernas en su cintura. Altaïr gruño.

-Creo que voy a tener que mostrarte qué te pasará si sigues desobedeciéndome, y te aseguro que no te va a gustar nada –su tono era suficiente para haberme hecho saltar para atrás y haberme alejado de él. Pero no lo hice. Soy así de lista, ¿sabéis?

Altaïr sólo gruñó de manera intimidante, pero empezó a trepar sin decir nada más.

Iba a ser un viaje muy largo.


¡Fin del quinto capítulo! Pobre Malik, le dejo sólo. Para el siguiente desarrollaré un poco a Altaïr, que es uno de los protagonistas pero hasta ahora pinta menos que una vieja en una moto. Leed y criticad, a ser posible.

¡Un saludo! ^^