Assassin's creed y sus personajes pertenecen a Ubisoft. Yo sólo me los quedo xD


VI

Impresionantemente, conseguimos atravesar la ciudad sin tener ningún problema. Los guardias estaban atentos, y de vez en cuando nos tuvimos que esconder; para que un grupo de ellos, que iban en tres parejas de dos, una pareja delante de otra, y uno dirigiéndolos, no nos encontrase.

Altaïr no hablaba nada, tal vez porque no quería distraerse, tal vez porque me ignoraba por completo. Yo optaba por la segunda.

Debía de ser un hombre con una psicología muy compleja. A lo que me refiero, es a que no sabía que podía decir para arrancarle alguna palabra. En otros casos no me hubiese podido importar menos, pero, ¿no te sentirías tú con necesidad de hablar estando en frente de tu actor o actriz favorita? Pues así me sentía yo en ese momento.

Íbamos caminando por la calle que supuestamente, nos conduciría a la puerta de la muralla. La gente me miraba de malas maneras, por mi atuendo supuestamente, pero nadie me decía nada por miedo a con quien iba. Todos miraban, menos un hombre, que llevaba como una especie de taparrabos atado a la cintura, y nada más.

El pobre hombre estaba esquelético, e iba dando tumbos a los lados. Cuando pasó cerca nuestra, se abalanzó sobre Altaïr, que hizo algo así como el baile de un pato mareado, y cayó al suelo haciendo una especie de… ¿cómo era esto que todos hacemos de pequeños por el suelo? Ah, sí…croqueta.

Esto fue demasiado para mí. Me empecé a reír como nunca me había reído antes. ¿El gran Altaïr? ¿En el suelo? Hay que admitir que no había sido culpa suya, pero… ¡Qué ridículo!

Pero lo que ocurrió después hubiese borrado hasta la sonrisa de aquél que haya oído hasta el mejor chiste jamás contado.

Altaïr se colocó detrás del hombre que le había empujado, le tapó la boca, y le posó un puño en la espalda. Sin golpearle, simplemente, colocó su puño sobre la piel del hombre…y lo abrió.

Los ojos del pobre desgraciado se abrieron de par en par, sin comprender lo que había pasado. Parpadeo dos veces, Pero luego ya no parpadeó más. Sus ojos llorosos quedaron abiertos de par en par, y cayó al suelo, pero para ese entonces, Altaïr ya me había cogido del brazo e Íbamos a casi medio metro de allí.

La gente se empezó a amontonar en torno al cadáver. Nosotros nunca nos paramos. Nunca miramos a atrás.

Yo estaba rota. Resbalaron las lágrimas que había estado oprimiendo desde hace un momento. Acababan de asesinar a un hombre inocente delante de mí. Ese hombre lo había matado. Este monstruo.

Empecé a darme cuenta de muchas cosas. Darme cuenta del hombre tan peligroso que había a mi lado. De en qué me había metido.

Cuando juegas a un videojuego, todo es muy bonito. Te metes en la piel de otra persona para matar, y te parece divertido. De hecho, es para eso para lo que te lo compras. Pero verlo, sentirlo, es absolutamente diferente. Aunque empezaba a dudar sobre la diferencia. Tememos al asesinato, decimos que es inhumano, pero incluso a mí me gustan los juegos en los que ése es el único objetivo, matar, ya sean cual sean los medios.

¿No me convierte eso a mí en un monstruo?

Lloré en silencio hasta que salimos de la ciudad. Para salir, Altaïr cogió una sábana sucia de una casa, y dijo que me la pusiera en la cintura. Yo obedecí sin mediar palabra. Tampoco hubiese podido. Un grupo de hombres vestidos en blanco se acercaban.

Nosotros simplemente nos metimos en medio. A mí ni se me veía, y dos de los hombres de blanco empezaron a reírse por ello.

Míralos, se creen guays, y llevan falda.

Y así conseguimos salir de la ciudad. Los hombres de blanco, eruditos, creo recordar que se llamaban, volvieron a entrar en Jerusalén. Cuando miré de nuevo a Altaïr apareció con un caballo. Era blanco completamente, y habría sido precioso de no ser porque a mí los caballos me dan pánico.

-Sube –ordenó Altaïr.

-No –repliqué.

-No te lo repetiré dos veces, sube –estaba impacientándose. Yo sabía lo que me podía pasar si desobedecía, y lo había visto con mis propios ojos. Aunque posiblemente terminaría muriendo de todas maneras.

-No voy a subirme a ese bicho, y no voy a subirme contigo –y con eso, comencé a andar por el descampado que llevaba a la cuesta por dónde se bajaba a la ciudad. Al final de la cuesta.


Desde el momento en el que conocí a esa niña, supe que debía ser deficiente, por algún motivo que desconocía. Llevaba ese…atuendo con capucha, que era parecido al nuestro, y no llevaba faldas, por lo que pensé que podría tener alguna relación con el credo, y supuse que era por eso por lo que los guardias la querían.

Gran error por mi parte. Error que por cierto, se vio compensado cuando descubrimos que ella sabía más de lo que debería saber.

Después se mofó de mí, incitó a Malik a mofarse de mí, y le enseñó palabrería profana en mi contra. Y yo no podía matarla. Y a pesar de que había contemplado un asesinato, ¿aún me replicaba? ¿Qué sería lo siguiente, pedirme que fuese su esclavo?

Por otro lado, parecía haber congeniado con Malik. Y eso no era completamente fácil. A parte de ser una niña que no tenía nada que agradecer al mundo, a lo que me refiero es, poco agraciada, había interactuado perfectamente con mi amigo. ¿Por qué?

Desde mi punto de vista, sólo era una cría. Y yo jamás comprendí a los críos. Supongo que no fui entrenado para eso. ¿Podría decirse que ni yo mismo lo fui? Cualquier persona que me contemplase, posiblemente diría eso de mí.

Decidí averiguar a qué jugaba esa muchacha. ¿Cuánto tiempo cree que podría ir a pie, sin ni siquiera beber agua, con el abrasador Sol del desierto? Estaba dispuesto a comprobarlo.

Ella seguía caminando, y caminando. Ya habíamos entrado en las montañas cuando su ritmo comenzó a disminuir, y se estaba quedando atrás respecto al caballo. Tal vez no era adecuado tratarla así, puesto que la gente que iba a mi lado pensaría que era mi esclava. Y teniendo en cuenta que "supuestamente" yo era un erudito, la situación era más violenta aún.

Entonces, un grupo de guardias frente a una piedra tallada con las direcciones de Damasco y Jerusalén, comenzaron a mirarnos y a murmurar.

-Sube –le dije a la cría entre dientes –rápido.

-Ya…te lo he dicho…no…subiré a ese bicho…

Y me cansé, la cogí de la extraña capucha, en cuyos bordes había una especie de pelo de conejo, para alzarla al caballo. Cuando sus pies se estaban elevando, la capucha se rajó, murmuró algo de "todo a cien", y cayó justo en…

-¡¿Qué…es…esta…porquería? –gritó –huele…huele a…¡huele a mierda!

-Lo es –contesté, neutral. ¿Y ella se reía de mi caída en Jerusalén? Esto era tres veces más ridículo.

Los guardias, ya ajenos a toda sospecha, se reían del vergonzoso acto que estaba teniendo lugar.

-Vamos, déjame subir.

-¿Ahora quieres que te deje subir? No creo –respondí.

Lo más lógico es que la muchacha hubiese estado traumatizada con lo que contempló en la ciudad. Sin embargo, ahora actuaba como si tan sólo hubiera sido un sobresalto, olvidado tiempo atrás. Y estoy al tanto de que eso estaba muy lejos de normal.

-No con ese olor, –continué –no subirás a mi caballo con ese olor.

-¡Ese caballo no es tuyo! ¿Y si me quedara aquí?

-¿Y si te atravesara la garganta? –pareció funcionar, porque quedó callada como un muerto.

Se desprendió de la parte superior del extraño atuendo, agarrando con dos dedos un diminuto trozo metálico, que siguiendo otro camino de dientes metálicos, abrió mágicamente la prenda. Me sentí más que maravillado por lo que acababa de contemplar, en cambio, decidí no hacer ningún comentario, ya que no quería oír más delirios de la extraña niña.

Curiosamente, debajo llevaba otra prenda, en la que ponía en un alfabeto que prácticamente no conocía, signos como cómo "F-U-C-K Y-O-U", bajo lo que había unos ojos que parecían del mismísimo diablo. ¿Era esta muchacha una bruja?

Cuando se agachó para limpiarse las extrañas sandalias que llevaba, pude ver su camiseta por detrás donde ponía "A-L-I-E-N" en un trazado similar. Yo no comprendía estas palabras, pero debían de ser palabras paganas.

-Deja de mirar –murmuró.

-Hmph –ni que hubiera algo que mirar.

-¿Puedo subir ya? ¿Por favor?

La muchacha olía a estiércol, pero no la podía dejar allí. Los guardias empezaban a hablar sobre sus pantalones, y a mirarla con desprecio, al igual que a mí.

-Sube.

Nunca imaginé que alguien podría ser tan torpe para subir un caballo. Me irritaba cuanto nos estaba retrasando esa muchacha. No había conseguido ni subir cuando le clavé los estribos al caballo, y empezó a trotar.

-¡No! ¡Altaïr! ¡Para, para! ¡Me mato!

La cría estúpida iba con una pierna en el caballo y la otra colgando, agarrada a mí. Así más de tres minutos. Pero decidí que era ahí dónde terminaba mi diversión. La cogí de la camisa, y la subí detrás de mí. Se aferró a mi cintura tan fuerte que creía que me asfixiaría, mientras murmuraba frases como "voy a morir" o "por el amor de Chuck". Tal vez ese era su Dios y el causante de su locura.

Y para colmo, olía a…

-¡Mierda! ¡No hagas eso! ¡Casi me matas! Se me ha soltado la venda, y ahora me tienes que vendar.

-Pues hazlo sola –encima me daba órdenes.

-No sé hacerlo sola, por favor… -y aún quedaba la mitad del viaje.

Bajó del caballo, como no, cayó al suelo, y a continuación se levantó a tumbos y se sentó, recostada a una roca. Sacó la venda del bolsillo y me miró.

-Hazlo…se me va a infectar, y entonces me tendrán que amputar la pierna –su tono de repente era tan serio y neutral como el de alguien adulto -¿es eso lo que quieres, Altaïr?

Su pregunta impactó con todos mis sentidos, descolocó mis pensamientos, evadió mi indiferencia. ¿Era eso lo que quería? No, por supuesto que no. Nadie más iba a pagar por mis errores. Nadie más.

Me acerqué a ella, y con un cuchillo, rompí la tela de sus pantalones. La venda estaba debajo, desprendida. Extrañamente, no emitió ninguna queja. La vendé en silencio, bajo su mirada expectante. Relajada. Y lo noté.

Algo había cambiado.


La verdad es que no me ha terminado de gustar este capítulo, pero aquí está igualmente. Esperemos que para el próximo esté más inspirada. Leed y comentad, y un saludo ^^