Bueno, lo de siempre, Assassin's Creed y sus personajes pertenecen a Ubisoft, no es un secuestro =) Que lo disfrutéis ^^
El viaje estaba siendo más largo de lo que había imaginado. En el juego parecía que llegabas en cinco minutos, como ir a comprar tabaco.
Sin embargo llevábamos casi más de dos horas en ese bicho loco que no dejaba de moverse ni descansaba, y yo estaba aburrida como una ostra. Para colmo, Altaïr no decía ni una sola palabra. De hecho, es que ni gruñía. Desde que me había vendado el pie estaba callado, puede que enfadado. Aunque por otro lado eso no sería justo, porque la que iba por ahí con el pantalón roto era yo.
¿Habéis conocido a alguien que se maree en un caballo? ¿No? Pues ese era mi caso. Cuando parábamos para que el caballo descansase, todo lo que me rodeaba se agitaba como un cóctel. Además iba oliendo a mierda. Con los pantalones rotos como un indigente. El pelo revuelto. Moratones en las piernas de todas las caídas que había tenido. Agujetas de estar montada en ese bicho y con ese otro bicho conduciéndolo.
En ese momento, las cosas no podían ir peor. O eso creía.
-Hemos llegado al río. El Sol se está poniendo, pero aún así, pienso que llegaremos antes de medianoche -que curioso, en el juego no transcurrían días y noches, pasaba todo de día -pero ahora quiero que te bajes del caballo y te laves, por el amor de Allah.
-Claro que sí, Arturo. Pero date la vuelta.
-Créeme, no tenía pensado mirar -con esto el ímbecil se dió la vuelta y se largó a caminar por no sé dónde.
En ese momento me dí cuenta de que ni a Malik, ni a Altaïr les había mencionado nunca mi nombre. Tal vez fuera mejor así. Tenía miedo a que cualquier acción mía pudiera alterar de alguna manera el equilibrio que había entre los dos "mundos". Porque sé que podía pasar, lo había comprobado con mis propios ojos.
Cuando terminé de lavarme bien, y me aseguré de que el olor se había ido, me di la vuelta para buscar a Altaïr. No encontré nada. Decidí que lo más sensato era esperar a que él volviera, si no, a parte de perderme, desataría la furia del hombre de las cavernas.
Me paré a mirar el paisaje. Estábamos rodeados de montañas, pero aún así, frío era lo último que hacía. El cielo estaba rojizo, y las nubes se veían naranjas. ¿Era eso una puesta de Sol? En la ciudad nunca la pudiese haber visto. Todos los árboles del horizonte se veían negros, y el olor del aire era una agradable mezcla de fragancias que me recordaba al romero, o tal vez al jazmín.
Todos mis pensamientos desaparecieron, tal como me había pasado en la casa de asesinos, y sólo estábamos yo, la fragancia, el paisaje, el Sol...
-Ahora ya hueles mejor - y llegó él.
-¡¿Qué quieres decir! -no sé cómo conseguía irritarme tanto. Pero como ya he dicho antes, nunca me le imaginé simpático.
Se sentó de piernas cruzadas en el suelo, al lado de dónde yo estaba. Se produjo un silencio íncomodo, y como siempre, sentí la necesidad de romperlo.
-Malik es un buen tipo -dije. La verdad es que mientras montábamos a caballo había estado pensando en la conversación que tube con el otro hombre en Jerusalén, y en sus ojos tristes. Sentía que todo lo que sabía de los dos hombres antes de conocerlos se había borrado, y que los estaba redescubriendo. Tal vez conociéndolos por primera vez.
-Lo es -respondió Altaïr, con un tono libre de hostilidad al que no solía acostumbrarme. Y juraría que una ligera sonrisa cruzó su rostro por un momento.
-Su brazo...¿qué le paso? -lo sabía perfectamente, pero quería oírlo de los labios de Altaïr. Quería saber en profundidad cómo se sentía por ello, aunque fuese incluso mezquino por mi parte.
-¿Y por qué he de contártelo? -respondió, volviendo a su tono hóstil.
-No tienes por qué hacerlo. Pero Malik me ha parecido una persona demasiado buena como para tener que torturarle con cicatrices del pasado. De todas maneras, no creo que haya una próxima vez como para poder verle y preguntárselo.
Ante esto Altaïr calló. De nuevo se hizo el silencio, pero no era un silencio incómodo como el de antes. Era aprensivo. Nostálgico. Y Altaïr habló.
-Fue en una misión. Si sabes tanto de nosotros como dices, no creo que tenga que decirte a qué nos dedicamos. Íbamos tres: Malik, su hermano Kadar y yo. Decidí actuar antes de tiempo por mi propia cuenta. Malik intentó detenerme, y por eso caímos en la trampa. Yo fui apartado de ellos, a uno le mataron, no tengo que decir a quién, y el otro perdió su brazo. Cuando creía que la misión había fracasado, Malik volvió. Él había completado la misión.
-Entonces, ¿quieres decir que fue culpa de Malik? Que la misión fracasase, quiero decir. Que él perdiera su brazo, y bueno, a su hermano.
-Creía que sí lo era. Y aún lo creo. Nadie pidió a Malik que me detubiese. Posiblemente sea el karma -yo no podía dar crédito a lo que estaba oyendo. ¿Era ésto lo que el asesino pensaba respecto a lo que le había pasado a su compañero? ¿Karma?
-Lo que quieres decir, es que piensas que lo que le pasó a Malik, es un castigo por intentar detenerte a ti. ¿No es así? ¿Es ese el karma? -pregunté con un tono neutral, ocultándo mi enfado.
-Sí -respondió, con esa determinación que le caracterizaba desde el momento en que le conocí. Conocerle de verdad, me refiero.
-El karma no tiene espadas - respondí.
Altaïr se giró a mirarme rápidamente, sus ojos reflejaban una mezcla entre odio, tristeza, culpa...a los segundos, su mirada volvió a ser completamente neutral, y miró de nuevo a la puesta de Sol.
-Supongo que no.
En ese momento, me sentí como si hubiera envejecido muchos años. Me sentí anciana, y cansada. Y no, no como esas de los anuncios anti-edad que salen llenas de arrugas, se echan una crema, y vuelven a ser jóvenes y preciosas, pero me sentí envejecida por dentro.
Sentí que algo había cambiado.
Altaïr se levantó, y montó en el caballo. Yo me quedé unos momentos más mirando el Sol y reflexionando.
-¿Vienes o te quedas? -me preguntó, con su tono hóstil.
Le miré, con un gesto triste, o tal vez demasiado serio para lo que era yo. Estaba harta de que me hablase con ese tono, pero era Altaïr. No me sentía ofendida, sabía que las cosas no iban a cambiar. Ya no iba a intentar cambiarlas. No estaba tratando con un personaje de un juego, esto era una persona, con su complejidad, sus pensamientos. Y yo parecía no querer darme cuenta, a pesar de todo.
Él debió notar este cambio, porque con un tono neutral, serio, susurró, de manera casi inaudible:
-No seas huevona.
Sentí como mi cara se iluminó al oír eso y puse una sonrisa de oreja a oreja, de las que sólo era capaz de poner cuando lo sentía. Me sentí niña de nuevo, a pesar de que algo había cambiado dentro de mí. No necesitaba más motivación que esa para seguir, saber que él era humano. Que era real, y que estaba vivo.
-Te estoy esperando.
Y que me estaba esperando.
El momento bonito se acabó cuando intenté subir al caballo de nuevo. Debieron de transcurrir más de cinco minutos, y yo no había subido. Altaïr, molesto, se tubo que bajar y alzarme. Qué torpe soy. Esta vez, él montó detrás mía. Yo era muy bajita, por lo que no tenía problemas para ver. Cogió las riendas, y empezamos a galopar.
-Por detrás de estas montañas se alza Masyaf -me dijo al oído. Pero yo ya no le estaba escuchando.
Vereís, hay algo que no os he comentado. No puedo acercarme a nungún chico, especialmente si me gusta, y mucho menos tener novio. ¿Por qué? Vereis, en ese momento, el caballo se movía. Y la cosita de Altaïr rozaba con mi parte trasera. Lo que indicaba, o que estaba muy muy cerca o que la cosita era muy grande. Tenía otra opción en mente, pero la descarté de inmediato. El caso es que, cuando estoy tan extremadamente cerca de un chico, sin darme cuenta, dejo de respirar. Completamente. Hay veces que me doy cuenta, pero...
esa no fue una de ellas.
Altaïr iba galopando con las riendas en mano, cuando se dió cuenta de que a la muchacha se la iba la cabeza para los lados. Estará haciendo una especie de ritual, pensó. Cuando paró, ya casi en las puertas de Masyaf, para ver qué pasaba, soltó las riendas, y el cuerpo de la niña cayó al suelo como un muñeco de trapo.
Altaïr se sobresaltó un poco, pero traquilos, que no demasiado. Él a su ritmo, bajo del caballo, comprobó que estaba viva, y la alzó como un saco de patatas. Luego la subió al caballo, la ató con las riendas, y se encaminó a pie a Masyaf, el caballo con la chica detrás suyo.
Notó que la muchacha estaba excesivamente roja.
Debe de estar enferma , pensó.
Bueno, aquí va el capítulo siete. Es más corto, pero interactuan un poco más. Leed y criticad, y muchas gracias ^^
