Assassin's Creed pertenece a Ubisoft, de verdad, no miento xD Disfrutad de este capítulo ^^


-¿La de la cama 16? Sí, está empeorando. Contamos con la mejora de los ematomas, pero la lesión cerebral es muy grave, el golpe provocó obstrucciones de vasos importantes, y creemos que hay una acumulación de células muertas que bien podría desarrollarse como tumor.

-¿Y qué podemos hacer, operarla? ¿Qué índice de éxito hay?

-Poco, su complexión craneal es débil. Podemos esperar posibles mejoras, para comprobar si debemos intervenir o no. Pero para serte sincero, veo la cosa fea.

-Han llegado muchos más familiares suyos. ¿Les damos otro diagnóstico?

-No, no merece la pena hacerles sufrir más de lo que ya están sufriendo. No les informaremos hasta que tengamos algún avance. Te veo luego, échala un ojo por si pararecen más lesiones extrañas.

Esa mañana me desperte eufórica. Había dormido sin ninguna interrupción durante toda la noche, cosa que llevaba sin hacer desde que llegué a ese mundo. El Sol era precioso, y brillaba a través de la ventana. Hasta la casa parecía más alegre cuando el Sol mañanero la alumbraba.

No me acordaba de mucho de lo que había pasado la noche anterior. Poco a poco, mi mente cubrió lagunas. Altaïr se dió la vuelta, y no quedamos demasiado cerca. Y como no, perdí por completo el conociemiento. A veces era una auténtica cría. Bajé las escaleras, y cuando me llevé a la boca un trozo de pan para desayunar, me sabía realmente mal, por lo que lo volví a dejar en la mesa.

Salí de la casa, y el Sol bañó mi cara por completo. El aire olía a jazmín y romero, y la gente iba y venía desde la fortaleza, en lo alto de Masyaf hasta la plaza, o desde la plaza, hasta el exterior de las puertas.

Salí a buscar a Altaïr, saludé al pesado del entrenador, y ya de paso le pregunté.

-Hola, oye, ¿has visto a Altaïr?

-¿Altaïr? Está fuera, preparándo el caballo –respondió el chico.

-Gracias, eso es todo majo –respondí alegremente.

-La paz sea contigo.

-Que la fuerza te acompañé.

Otra vez la mirada de tonto. Esque no sabía que otra cosa responder ante eso. ¿A tí también? No sonaba bien.

-Disculpa, ¿pero de dónde has sacado esa despedida?

-Star Wars.

Caminé hacia la entrada de Masyaf, dejando al hombre atónito atrás. En efecto allí estaba Altaïr, junto con el caballo.

-Pensaba que habías muerto –dijo,neutral.

-Buenos días a tí también –le respondí.

-Nos vamos. ¿Estás preparada? –preguntó. Yo sabía que dijera lo que dijera nos iríamos.

-Sí, pero no vayas muy deprisa –Altaïr sólo entornó los ojos aburrido. Me hizo una seña para que subiera al caballo. Noté como la sangre se me venía a la cara, y por un momento olvidé respirar. Por suerte, no fue un momento lo suficientemente largo como para ahogarme.

-No iré delante…–dije, al fin.

-Me da igual –respondió Altaïr, impaciéntandose. Me ayudó a subirme y partimos hacia Jerusalén, no demasiado rápido, pero al galope. Me dió tiempo a observar el paisaje detenidamente, ya que no llevaba los ojos cerrados como la primera vez. Agarraba a Altaïr fuertemente, y no necesitaba más seguridad.

Las montañas pasaban ante nosotros, y parecía que eran ellas las que se movían. Debajo nuestra, el río, increíblemente calmado y en paz. Los árboles parecían respirar, y desprendían esencias maravillosas, que salpicaban la cara debido a la velocidad. Incliné la cabeza hasta que…¡Plof!

Un bicho muerto en toda la mejilla.

-¡Qué asco! –grité fuertemente, para que Altaïr me oyera. Él pareció darse cuenta, pero simplemente puso esa sonrisilla de chico malo y siguió cavalgando, aún más rápido. Capullo.

Llegamos a Jerusalén en menos de una hora. Eso me sorprendió, pero supongo que yo retrase enormemente el primer viaje. El camino a la ciudad era verde, y se sentía una serenidad increíble, además de la belleza del paisaje. Miles de personas salían o se dirigían a jerusalén, peregrinos, supuse.

Altaïr y yo nos dirigimos a pie entre la multitud para no dañar a nadie, yo agarrada fuertemente de su brazo para no separarme.

Atravesamos las puertas de la ciudad con la ayuda de los mismos eruditos. Sí, los guays con falda que se reían de mí por ser una enana.

Nos abrimos paso entre las ocupadas calles hasta la casa de asesinos. Tubimos que subir por la escalera debido a mi torpeza. Luego, en las rendijas del jardín de la casa de asesinos, Altaïr saltó primero y después me cogió. Caray, se estaba volviendo un caballero. No pude evitar una risa tonta ante mis pensamientos. Altaïr sólo me miró e hizo algo que me chocó. Sonrió. No era una sonrisa muy abierta, pero era igual que sonrió cuando íbamos hacia Masyaf y habló de Malik. Luego me dejó en el suelo, y entró en la casa, seguido de cerca por mí.

-¡Malik! –grité alegremente. El hombre pareció sobresaltarse, para luego sonreír abiertamente.

-Pero mira quién está aquí –dijo con una sonrisa –si es la huevona.

Ante esto rompí a reir. Altaïr sólo observaba desde la puerta, y parecía estar pensativo. Otra vez con ese aire de nostalgia.

-Aún no me has dicho tu nombre. No sabía como llamarte cuando entraste por la puerta. Me dí cuenta poco después de que partiérais.

-Blanca –respondí –soy Blanca.

-Blanca –repitió–Bonito nombre.

-Blanca –me llamó Altaïr.

-¿Qué pasa? –respondí.

-Sal un momento –ordenó.

No repliqué. ¿Para qué iba a hacerlo de todas maneras? Lo único que iba a conseguir con eso era cabrear a Altaïr. Me senté en los cojines del pequeño patio interior de la casa de asesinos y disfruté del olor y del paisaje que tanto me gustaban, y aproveché para pensar.

Me pregunté por qué esa noche había descansado tan bien, a pesar de haberme desmayado, y por qué no había pasado al otro mundo, como solía hacer siempre que dormía en ese. ¿Cómo sería mi situación en el otro mundo? ¿Habría venido mi madre a verme al hospital? ¿Cómo estaban mi padre y mi hermana?

Nuevamente, decidí olvidarme de todo y fundirme con el perfume a jazmín y con el Sol de oriente. No sé cuanto tiempo debió pasar, pero ví salir a Altaïr del edificio.

-Quédate aquí –dijo –hasta que yo vuelva.

-Ni que pudiese ir a ninguna parte –le repliqué.

Altaïr sonrió ligeramente y se fue trepando. Rápidamente entré en la casa de asesinos, para encontrarme a Malik con un compás en la mano, dibujando sobre un papel. Siempre quise saber qué era lo que Malik hacía en esos papeles, porque nunca me fijé realmente.

-Malik –le llamé.

-¿Sí?

-¿Qué es lo que haces? –pregunté, posando mi mirada sobre el papel.

-Es un mapa de Jerusalén. Los hago para entretenerme principalmente, pero Al-Mualim me los encarga para los novicios. Siempre se me dieron bien los números y las medidas. De vez en cuando salgo, y me fijo en cada detalle para plasmarlo en papel después. Cada paso cuenta.

-¿Y todos los mapas que haces son de Jerusalén?

-No, hago varias copias de Jerusalén, pero también hice de Acre, de Damasco, de Argan…pero todo eso fue antes de…bueno, ya sabes –dijo mirando hacia dónde debería estar el brazo que le faltaba.

-¿Qué pasó? –pregunté. Malik me miró, supongo que meditando si debía darme una respuesta o no. Ya sabía lo que había pasado de sobra, además de labios del propio Altaïr, pero quería saber cómo veía Malik las cosas. Al cabo del rato, Malik por fin respondió.

-La verdad es que Altaïr y yo nunca nos llevamos bien, así que de perdidos al río. Al-Mualim nos envió a una misión al templo de Salomón, supongo que ya conoces a Al-Mualim, ¿verdad?

Asentí con la cabeza pesadamente, no queriendo hablar de ese hombre.

-El caso es que íbamos Altaïr, mi hermano Kadar, y yo –sus ojos se volvieron tristes en un instante, y empecé a sentir un horrible remordimiento por haberle preguntado. –Mi hermano era novato e inocente y admiraba a Altaïr, al igual que el resto de novicios de la hermandad, y parte de los de rango superior. Supongo que siempre le envidié por esta misma causa. Habíamos sido enviados para recuperar el Arca de la Alianza, un singular tesoro. Pero allí se encontraban también los templarios, nuestros enemigos, sobre todo desde que los Hashishi alcanzamos el auge. Robert de Sablé, su líder, estába allí también.

Hizo una pausa, para después continuar.

-Altaïr se entusiasmó ante la idea de poder asesinar al líder de los templarios, un acto así significaba gloria y honor entre los nuestros, a parte del éxito de llevar intacta el arca de la alianza. Sin prudencia ni reparo, Altaïr cometió el error de atacar, cegado por el orgullo que por aquel entonces nublaba su vista. Mi hermano y yo nos limitamos a seguirle, ya que era tarde para echarse atrás. Una vez en frente de Robert de Sablé, Altaïr atacó. Y podía haberlo matado, pero yo, también cegado por la envidia, le detube. El enemigo aprovechó para agarrarle y arrojarle a otra sala, y el camino quedó bloqueado. Entonces Kadar y yo quedamos sólos para combatir a los templarios.

La pausa ahora fue más larga, y pensaba que no iba a continúar. Yo no quería que continuase, no podía dejarle continúar, pero cuando ví los ojos del buen hombre ligeramente humedecidos, ninguna palabra dejó mi boca.

-Lo intentamos, realmente lo hicimos. Ellos eran tres, o cuatro, no recuerdo bien, y nosotros éramos dos. Creí que podíamos hacerlo. Luchámos con ellos, tres nos redearon en círculo. Íbamos venciendo , pero me dí cuenta de que Robert de Sablé estaba intentando huir con el arca en la mano. Fui tras él, y logré arrebatarle el tesoro. Pero cuando me dí la vuelta, Kadar ya estaba en el suelo –Malik hizo otra pausa y respiró profundamente –despaché rápidamente a los dos templarios que quedaban con vida, cegado por la rabia, fui imprudente y eso me causó un corte profundo en el brazo. Al ver esto, Robert de Sablé simplemente huyó. Por miedo, por pena, nunca lo sabré. Corrí hacia donde estaba mi hermano. Él aún vivía, pero estaba débil. Le costaba respirar, y perdía mucha sangre por el costado. "¿Estás orgulloso de mí?" preguntó. "Ni te lo imaginas" respondí. Entonces sonrío, la última sonrisa que vería en el rostro de mi hermano, y suspiró por última vez.

Sin darme cuenta, una lágrima que ni siquiera sabía que había estado reteniendo resbaló por mi rostro. Y volví a tener la misma sensación, que había envejecido unos cuantos años de golpe. Me sentí vieja, apesadumbrada, triste. Malik me miró, y yo miré para otro lado. No quería llorar delante de él. No quería que me viera llorar. Sentí como una mano se posaba sobre mi cabeza, y me revolvía el pelo. Le volví a mirar.

Y sólo ví la sonrisa más triste que jamás había visto en nadie. Una sonrisa sincera, con tanto calor como pena. Y le sonreí mientras lloraba a la vez. La sonrisa más amplia que, estoy segura, jamás le había regalado a nadie. Hubo un momento de silencio, y nunca pensé que el silencio pudiera ser tan bonito. Hasta que Malik lo rompió.

-Y dime, ¿se te dan bien los números? –asentí con la cabeza mientras me secaba las lágrimas.

-¿Y a qué esperas, huevona? –dijo Malik, con una sonrisa ya más alegre –ven aquí a ayudarme.


Bueno, aquí el capítulo once ya xD Espero que lo hayais disfrutado, este ha sido más dramático. Leed y criticad, y un besazo a mis lectores ^^