Y aquí el capítulo doce! Assassin's Creed no me pertenece, sus personajes no me pertenecen, son de Ubisoft ^^ Disfrutad!
Llevábamos ya un rato trabajando en los mapas. Malik me enseñaba cosas que yo ya sabía, debido a los avances de mi época, pero no le quería decir nada porque todo lo que contaba me parecía interesante. Me dedicaba a escucharle, sonreírle y asentir.
Cuando terminamos y ví que Altaïr estaba tardando en realizar su investigación, me senté en uno de los cojines de la casa de asesinos, y observé la habitación atentamente.
-No es muy acogedor, ¿verdad?
-Bueno, necesita unos arreglos y una mano de pintura.
Seré gilipollas. Cuando estaba alrededor de Malik, no podía evitar hacer comentarios de ese tipo, y no por mala educación, sino porque era el lenguaje que yo usaba. De hecho, ¿no era así como se decía? Bajé la cabeza avergonzada.
-Lo siento –murmuré. A él no pareció importarle el comentario en absoluto, porque siguió hablando.
-Yo le haría unos apaños, pero lo de subirme al techo sería difícil.
-¡Yo podría ayudarte! –le dije, entusiasmada. Y la verdad es que la idea me entusiasmaba. A mí, las cosas más simples me entretienen más que a un tonto un caramelo, lo creas o no.
-¿Es una promesa? –preguntó, con una sonrisa en la cara. Asentí alegremente.
En esos momentos entró Altaïr en la oficina. Le dió a Malik toda la información sobre Robert de Sablé, que por lo visto iba a ir a Jerusalén al entierro de uno de los hombres que Altaïr había asesinado.
-Robert de Sablé…es el calvo ¿no? –interrumpí. Ambos asintieron al unísono. Yo volví a quedarme callada.
Altaïr parecía estar preparado para marcharse otra vez, pero se dió la vuelta.
-Malik –dijo.
-¿Sí? –respondió el otro, que estaba de espaldas en ese momento.
-Soy un idiota.
Ante esto, sonreí, ya que sabía perfectamente la conversación que venía a continuación, pero decidí no quedarme a escucharla, porque en ese momento me daba la sensación de que sonraba.
-Mejor os dejo sólos –dije, con una sonrisa, mientras salía al jardín del edificio. Oí como los dos amigos hablaban dentro del edificio. Sabía que Altaïr se estaba disculpando, y que Malik le perdonaría. Supongo que ya lo había hecho. Me senté, y pensé.
Siempre me solía quejar de lo poco interesante que era mi vida. Ahora la hecho de menos como nunca imaginé que podría llegar a hacerlo. Y cuando veía a Altaïr y a Malik juntos, pensaba en Rocío, mi mejor amiga, en los buenos y malos ratos que habíamos pasado juntas, y cuando escuché la historia de Malik, pensé en mi hermana, y me pregunté si ella habría dado su vida para proteger la mía. Una nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Sabía que desde que llegué a ese mundo las cosas habían cambiado mucho, y sentía que lo veía todo desde un punto de vista diferente, y me sentía privilegiada de vivir como vivía.
Aunque hay cosas buenas, ¿no? Había visto como Altaïr cambiaba y evolucionaba, y en menos tiempo del que llegué a pensar que pasaría. O tal vez había empezado a cambiar antes de que yo llegara, no sabría decirte.
Altaïr salió del edificio con una sonrisa en la cara.
-¿Dónde vas? –le pregunté.
-Voy a matar a Robert de Sablé –respondió, decidido.
-Pues que tengas suerte –respondí. Nunca pensé que llegaría a desear la muerte de otra persona, pero ese tío era un asqueroso, se lo merecía, por Malik. Altaïr sólo asintió, y se volvió a marchar. Decidí esperar pacientemente sin molestar a Malik, y sin moverme de los cojines. Simplemente medité, pensando en todo lo que había vivido hasta ese momento, no solo después del accidente, sino antes.
Entonces comencé a oír las campanas sonar. Sabía que Altaïr no había matado a Robert de Sablé, porque no estaba en el entierro.
Estaba en lo cierto, porque cuando volvió su cara era una mecla entre confusión, enfado, y algo más que no alcancé a reconocer. Entró en la casa de asesinos, y yo entré detrás suya.
Para la sorpresa de Malik, Altaïr explicó que no era Robert de Sablé quién había en el entierro, sino una mujer. María, pensé, tristemente. El calvo ya cabalgaba hacia Arsuf, y la mujer le había contado a Altaïr, que al matar a mienbros de todos los bandos por órdenes de Al-Mualim, había causado el enfrentamiento de todos ellos contra los asesinos. Y eso no era bueno, por lo que Altaïr tenía que partir inmediatamente hacia Arsuf, para matar a Robert de Sablé.
-¡Yo iré contigo! –dije, rapidamente. Altaïr me miró como si me hubiese crecido una segunda cabeza, y Malik abrió los ojos de par en par.
-¡No! –gritaron los dos al unísono.
-¿Y por qué no?
-Porque es peligroso –replicó molesto Altaïr –no tienes ni la más remota idea de la cantidad de soldados que habrá. Ir allísería una muerte segura para tí.
-¡¿Y desde cuándo a tí te importa eso? –supongo que mi pregunta debió de pillar por sorpresa a ambos hombres, y Malik sólo miró a Altaïr, expectante de lo que pudiera responder. Altaïr permaneció en silencio un rato, para después comenzar a caminar, y pasar de largo a mi lado.
-Me importa –murmuró, cuando se cruzó conmigo. Yo sólo me quedé en silencio, hasta que él se hubo ido.
-Bueno –dijo Malik, rompiéndo la tensión del ambiente. –Altaïr ha ducho que pregunte e investigue un poco. Por lo visto, no se fía de Al-Mualim. ¿Por qué no me acompañas?
Mi cara debió de iluminarse nuevamente. Disfrutaba profundamente de la compañía de Malik, me sentía en paz.
-¡Claro! –dije, entusiasmada por la idea.
-¿Y por dónde deberíamos empezar? –ante esa pregunta recordé lo que debía pasar a continuación.
-Por el templo de Salomón –respondí.
Y nos dirigimos hacia allí. Las calles estaban igual de pobladas que siempre, y la verdad es que pasábamos completamente desapercibidos. Por un momento tube miedo, porque si los guardias nos descubrían tal vez nos perseguirían, ¿y si le pasaba algo a Malik? Pero luego recordé la destreza que había tenido el hombre para salir de la casa de asesinos, y a mí me había tenido que ayudar porque si no no había quién me sacara de allí.
Atravesamos numerosas calles hasta llegar al otro extremo de la ciudad. Bajamos hasta las excavaciones, estaba muy oscuro, y por suerte nadie se dió cuenta. Era como una cueva enorme, con las paredes pintadas, y con columnas.
Me costó lágrima y suspiro atravesar los socabones que había, pero por fin, lo conseguí. Malik, simplemente cruzó por las vigas derribadas que había. Parecía fácil. Por fin llegamos a la sala central.
-Ten cuídado –me advirtió Malik –intenta no tocar las columnas, se pordrían derrumbar.
Con ese miedo en el cuerpo, bajamos las escaleras hasta llegar al suelo.
-No podremos salir por allí –dijo, señalando una puerta cubierta por escombros –está bloqueado. Tendremos que volver por dónde hemos venido.– Estupendo, pensé.
-¡Mira Malik! –exclamé, dirigiéndome hacia un pequeño libro que había en el centro de la sala. Lo cogí, y lo abrí con cautela. Era un diario. "Que el padre de la sabiduría me ilumine" ponía en la primera página. Debajo ponía el ya tan familiar nombre de Al-Mualim. Miré en dirección a Malik, extrañada de que no se acercase. Él permanecíaa de pié, mirando a un charco de sangre seca que había en el suelo. La sangre de su hermano, supongo. Decidí no molestarle, y abrí por la última página del diario que había escrita.
He decidido volver al lugar donde el fracaso de mi mejor asesino ha tenido lugar. Pero el vacío se ha visto saciado cuando su acompañante en la misión que le había encomendado, ha traído el objeto que tanto ansiaba conseguir, a pesar de que eso haya significado la pérdida de uno de mis hombres, una más de las muchas que han tenido lugar poco después. Es curioso como la muerte de uno es una trajedia, mientras que la muerte de muchos otros es una mera estadística.
Y sin desvíarme del tema principal de mi euforia, La Manzana, como he llamado al artefacto que en mis manos a caído, es poseedora de un don que a ningún hombre se le podría atribuir. Además de tener cualidades extraordinarias, como la de hacerte dueño de la mente de todo áquel que la mira, es capaz de resucitar a un hombre, como he comprobado después de asesinar por traición a mi mejor perro. Y estoy más que seguro de que tiene otras propiedades igual de majestuosas aguardándome.
He comprendido por qué el resto de mis hermanos templarios ansiaban degustarla. Puesto que cuando miras ese objeto, cambias tu alma por una promesa vacía, una promesa del mayor poder, del más adictivo que jamás un hombre podría tener. El poder de controlar y decidir el destino de los demás, por el simple hecho de que puedes.
Porque sin ni siquiera usar sobre el hombre el poder de la manzana, poseería su completa submisión al mostrarle la explicación de tódo áquel fenómeno que rodea lo que ellos llaman religión, y su moral se derrumbaría como un muro inestable, ya que no tendría a nada que aferrarse en los tiempo que corren.
El hombre se cree dueño y señor de todo lo que conoce, porque no conoce nada que no pueda gobernar. Y quién alberga conocimiento, alberga…
Decidí dejar de leer. No era necesario saber más, ¿verdad?
-Malik –dije esta vez con un tono serio, poco propio de mí –tienes que ver esto.
Él se acercó, fuera de su trance, y comenzó a leer el escrito. Observé las reacciones de su rostro, desde sorpresa, a repulsión, para después pasar a entendimiento, y a la tristeza de la verdad. Cuando hubo terminado, se quedó en silencio con los ojos cerrados, meditando.
-¿Qué deberíamos hacer ahora? –pregunté.
-Reuniré a los asesinos que se encuentren en Damasco, Jerusalén y Acre, y partiremos hacia Masyaf.
-¿Y qué pasa con Altaïr? –pregunté, preocupada.
-Como hace después de cada asesinato, volverá a Masyaf. Allí le esperaremos, y decidiremos qué hacer.
-¿Pero y si no lo consigue? –pregunté –¿y si fracasa? –yo sabía que esto ya no era un juego, y que las cosas podían torcerse para todo el mundo de una manera que ni yo misma imaginaba.
-Confío plenamente en que volverá. Lo sé –afirmó, con la mirada perdida.
Yo me limité a asentir. ¿Qué más podía hacer?
-¿Me harás quedarme en la casa de asesinos? –le pregunté seriamente. Él me miró, pensativo.
-Si te llevo conmigo, tu vida correrá un serio peligro –dijo, posando su mano en mi hombro–no tiene por qué morir nadie más, y menos una niña…
-No soy una niña –dije, agarrándole del brazo y apretando –soy una mujer, parezca lo que parezca, digas lo que digas, veas lo que veas. Puede que fuese una niña cuando te conocí, una infantil sin capacidad para darse cuenta de lo que pasaba a mi alrededor. Pero ya no soy una niña, no sé cómo, no sé cuándo. Sólo sé que quiero ayudar, porque sé que puedo. Porque sé que es por eso por lo que estoy aquí. Por lo que he llegado tan lejos. Por lo que he pasado por todo lo que he pasado.
Malik solo sonrío tristemente, revolviéndome el pelo.
-No quiero perderte a tí también –dijo.
-No lo harás –respondí, devolviendo la sonrisa –estarás orgulloso de mí.
-Ya lo estoy. No puedes ni imaginarte cuánto.
Y los dos salimos del templo, dispuestos a partir hacia Masyaf, y a terminar con todo esto.
Bueno, que cerca está el final ya xD Leed y criticad, un saludo y un besazo a mis lectores ^^
