La Micro II
Carlisle POV
Hacía dos meses mi vida había dado un vuelco inesperado.
Creía que tenía todo para ser feliz, y era cierto. Todo lo material que desea un hombre, yo lo disfrutaba. Era mi título de doctor una de las cosas que me afectaba para sentirme completo, hablando profesionalmente. Pero una chispa peculiar se fue desarrollando en mi corazón cuando comencé a tratar a Esme. Una chispa que después, descubrí que se llamaba amor.
Las cosas no estaban planeadas para sentir amor por aquella singular paciente. Creí que no sentiría esa necesidad de proteger a alguien como le comencé a proteger, pensé que ya no estaba en la edad para hacerle mimos, regalarle cosas, saber de su móvil –me di cuenta que no tenía y le compré uno- para llamarle y saber cómo amanecía cuando no le veía en las consultas.
Conocer su historia en cada media hora de terapia me permitió conocer el universo de otra persona, que se aferraba al amor y al deseo de ser madre, y que le bastaba tan solo eso para ser feliz. ¿Tan vacía estaba mi vida de emociones, que sentí envidia por no haber recibido un amor de esa forma?
Reconozco que al principio quise utilizarla, apenas comenzado el segundo break de aquel día en que mi Aston no partió por mi descuido, -al dejar las llaves haciendo contacto toda la noche-, llamé a Desy. Le dije que buscara a la paciente Esme Denali, si había alguien registrado con aquel nombre en el hospital, ella se comunicó con otras secretarias, quienes le habían visto en la mañana pedir ayuda pediátrica para su muñeco. Cuando supe que las cosas no podían estar mejor, le dije que le reservara una hora exclusiva para atenderla a la tarde, que no se fuera de ahí. Ya celebrábamos con mi equipo, por fin podríamos dedicar estos meses a investigación, si todo era posible, en seis meses cumpliría mi sueño.
Llegué por la parte trasera del hospital, por lo que me adentré inmediatamente a mi oficina. Me coloqué mi bata, encendí con un volumen apenas oíble la pequeña radio que mantenía en la habitación donde atendía a los pacientes del hospital, esperando a que entrara Esme.
Su rostro me conmovió apenas le vi. Me di cuenta de mejor forma de sus heridas, algunas más recientes, otras más antiguas, pero igual de desgarradoras, su expresión al darse cuenta que había sido yo el que le había ayudado en la mañana, le hizo dar la confianza que aun no tenía estando en aquellas cuatro paredes para que sanara a su hijo.
Un escalofrío me recorrió al darme cuenta con la devoción que me lo pedía, me preguntaba cómo el cerebro humano llegaba a tales puntos, de no poder distinguir entre lo real y lo ficticio… debió de haber sido un golpe durísimo el haber perdido su hijo, amaba tanto a ese muñeco, de seguro que su bebé era un ángel que le protegía desde el cielo.
Traté de seguirle el juego, si no quería que se apartase de mí, tenía que hacer que entrara en confianza. No les mentía a mis pacientes, pero este caso era particular. Le ofrecí mi ayuda todos los lunes y ella accedió, como si yo fuera un Dios que le traería por fin las buenas nuevas de la vida.
Desde que salió de aquella puerta algo en mi corazón me hizo repensar mis ideas de utilizar a alguien para una tesis, si le decía, ella obviamente me diría que no, lo mejor sería esperar, el cargo de conciencia ya me afectaba.
Fueron pasando las sesiones, ella encontró en mí a alguien en quien poder desahogarse, cada día lunes, conocía más de su vida.
-Conocí a Eleazar hace seis años atrás. Era un hombre bastante apuesto, con un cuerpo que no solo atrajo mi atención, sino, el de todas las temporeras. Él estaría por un breve periodo trabajando en mi poblado, me prometió el cielo, el mar y las estrellas si le acompañaba a su ciudad, aquí, en el norte del país –hablaba, poniendo algunas expresiones de dolor cuando le pasaba el algodón mojado con alcohol por una de sus heridas-, yo le creí, a pesar de que mi madre me dijo que no lo hiciera. No llevábamos el año de estar conviviendo cuando me propuso matrimonio, fui la persona más feliz de todo el mundo. Nos casamos por el civil, él no tenía demasiadas amistades, y yo mucho menos, siendo extranjera, por lo que mi sueño de casarme en la iglesia no se cumplió. Otro año pasó, vivíamos cómodamente en un pequeño departamento, que se encontraba cercano a la playa, yo comencé a trabajar y ahí comenzaron los celos –hizo otro gesto de dolor, pero se aguantaba el ardor de la curación-, se molestaba porque tenía amistades, todas mujeres, yo era muy tímida con los hombres, además, le tenía a él. Por su parte, comenzó a beber en exceso, a traer amigos a la casa, yo les tenía que atender, fuera la hora que fuera. Cuando le dije las cosas que pensaba, fue la primera vez que me golpeó.
-¿Por qué no le denunciaste, Esme? –pregunté serio.
-Porque le quería, me pidió disculpas al otro día, me llevó a comer al mercado de la ciudad, yo le creía… el amor nos vuelve ciegos –me contestaba, como si se estuviera excusando-. Después, comenzó el peor de los males que me podía hacer, lastimarme psicológicamente. Las palizas físicas no se comparaban con las que recibía mi corazón y mi razonamiento. Comencé a creer que todo lo malo era por mi culpa. Tuve un momento de lucidez, y fue ahí cuando decidí devolverme a mi casa, al sur. Mi madre no me quiso recibir, cada una de mis amigas ya había formado una familia, tenían un marido que les respetaba, tenían hijos. Eleazar me fue a buscar hasta allá, hizo lo mismo de siempre, me pidió disculpas y me dijo que nunca más, le volví a creer, porque ingresó a un programa para dejar de beber, entonces le propuse la idea de que fuésemos padres.
-Eso… ¿hace cuánto tiempo fue? –busqué mi portafolio, donde iba anotando todos los datos que Esme me iba revelando de su vida con cada visita.
-Hace unos tres años… nosotros dos intentamos tener un hijo, pero algo no estaba funcionando bien en alguno de nosotros. Recurrimos a una consulta médica, a pesar de que Eleazar no quería. Los resultados arrojaron que era yo la del problema, por tener ovarios poliquísticos. Si bien, había un tratamiento para que pudiese quedar embarazada, Eleazar me sacó volando de la consulta, dándome una paliza que jamás nunca olvidaré. Fue la primera vez que me violó y yo fui a dejar constancia con una vecina a la comisaria, pero…
-Pero él te volvió a pedir perdón, y tú le volviste a creer.
-No podía hacer más nada, a donde yo me iba él me buscaba, y las palizas eran peor, lo mejor era acostumbrarse a ese modo de vida… hasta que… quedé embarazada milagrosamente –ella sonrió a pesar de todos los malos recuerdos que me transmitía de su propia voz-, desde un principio me dijeron que sería difícil mantener aquel bebé en mi vientre, porque yo estaba mal alimentada, el sitio donde vivía no era el adecuado, además que Eleazar siguió golpeándome en mi estado.
Maldito bastardo, pensaba en mi interior, cómo se atrevía ese hombre a hacerle daño a una mujer, y peor aún, a una mujer que se encontraba esperando un hijo de él.
-Pero mi hijo nació sanito, y ahora está a mi lado, junto a mí –concluyó, abrazando a su fiel muñeco. Necesitaba saber qué fue lo que ocurrió en aquel lapso de su vida, entre su pérdida, cómo fue, dónde estuvo, quién la apoyó… ya habíamos avanzado demasiado.
Verle ahora, recostada en una camilla, con una mascarilla que le proporcionaba oxígeno, me hacía sentir el peor de los hombres, ella había tenido este accidente por mi culpa.
-Perdóname, Esme, por favor… -le susurraba, apretando su mano. Hacía dos días que se encontraba ahí, sin abrir sus ojos, respirando acompasadamente.
Le había pedido que cambiáramos las citas a los días viernes en mi casa, era más cómodo para mí, podría atenderle durante más tiempo, el ambiente sería mucho más hogareño, quería sacarla de la rutina, podría darle de comer, no se alimentaba muy bien. Ella aceptó encantada, mi corazón latía rápidamente y era de felicidad.
Cuando llegué a mi casa, pasé a dejar mis documentos a mi habitación, y luego bajé a la consulta, ella ya estaba ahí, obediente, con su cara menos pálida, ya no cargaba con el coche y el bolso, traía el bultito de siempre, extrañamente abandonado unas dos sillas alejadas de ella. Saludé a ella y a Ale de manera cordial, y la última me dijo que Aro necesitaba ubicarme con urgencia. Le pedí por favor que me esperase un momento, y decidí marcarle a mi amigo.
-Aro, hola.
-Hola Carlisle, qué bueno escucharte.
-Mi secretaria me dijo que necesitabas ubicarme con urgencia, ¿por qué no me llamaste a mi celular?
-Si lo tuvieras encendido, de seguro que podría haberte ubicado, Romeo.
-¿Romeo?
-Iré al grano, Marco y yo estamos preocupados por ti.
-Haber Aro, no entiendo a qué te estás refiriendo –exigí saber, lo de Romeo ya me desconcertaba.
-Se trata de Denali.
-¿Qué sucede con Esme? –pregunté con seriedad, no me gustaba que le llamasen de forma tan fría.
-Eso es lo que queremos saber con Marco, qué es lo que te pasa a ti con ella.
-A mí no me pasa nada con ella. Esme es mi paciente y yo le atiendo, como a los demás.
-Se te olvida que ella es nuestro paciente para nuestra tesis, Carlisle.
-No, no se me olvida, pero al parecer a ustedes dos, se les olvida que ella es un ser humano, están hablando como si se tratara de cualquier cosa.
-Y yo te recuerdo que no debes de entablar tantas buenas migas con la paciente, sabes que ese tipo de relación no se puede desarrollar entre tú y ella, ¿le has dicho ya lo de la tesis?
-Sí Aro, sé las cosas que no debo hacer… y no, ella no sabe nada –pensaba contarle sobre mi último deber para poder tener el doctorado hoy mismo.
-Marco confía en ti, pero yo no Carlisle, creo que eres lo bastante cálido con esta paciente, ella se pasará demasiadas películas, recuerda que está loca, por su bien tienes que tratar de arreglar en parte su problema. Nosotros ya estamos haciendo el ensamblaje de la tesis. Supongo que ya no eres tan buen amigo con ella, que le regala cosas y se comunica para saber tan solamente como amaneció o si el marido le golpeó, ¿eres frío con ella?
-De ninguna de las dos cosas. Claro que soy frío, espero que de una vez por todas se dé cuenta que tiene un problema, y así deje de andar con su muñeco de un lado para otro. No quiero que esto se siga saliendo de control…
-Así me gusta Carlisle, pensando las cosas como en un principio, Denali es nuestro experimento de tesis…
-Por favor Aro, no le llames experimento de tesis, Esme es mi paciente, no nuestro conejillo de indias… -le retaba por su calificación, mi sorpresa fue verla a ella en la puerta, viéndome con los ojos a más no poder salirse de su órbita-, ¡Esme! –grité. Ella se quedó quieta, viendo como yo le miraba entre asustado, asombrado, triste, enojado, no sabía cómo me sentía con exactitud.
Pero el que ella hubiese entrado a mi oficina, cuando yo me encontraba hablando con Aro, hizo que todas mis emociones y mis ideas se fueran a la borda.
Ella corrió, soltando al muñeco que siempre traía consigo, me desconcertó aun más.
-Te llamo después, Aro –dije, colgando, saliendo atrás de ella.
-¡Esme! –gritaba, ella corría más rápido, sin importarle el semáforo que marcaba el paso libre a los automóviles que transitaban-. ¡Cuidado! –grité, mas no pude hacer nada, ella siguió corriendo, sin importarle el color rojo del semáforo que le indicaba que parase. Su cuerpo rebotó en el parabrisas de un automóvil que alcanzó a frenar en los últimos segundos, haciendo que el choque no fuese tan fuerte. Ella rodó por el suelo, inmediatamente, la gente que se encontraba a los alrededores comenzó a agolparse y a gritar.
-¡Llamen a una ambulancia, rápido! –pedía, mientras le tomaba el pulso, ella respiraba, y aun no perdí la confianza-, Esme, por qué hiciste esto, por qué… -le reclamaba, no sabía por qué, pero de mis ojos querían brotar lágrimas. Ella comenzaba a cerrar sus ojos, se tocó lentamente parte de su abdomen, de donde emergía un manchón de sangre que se comenzaba a hacer mayor-. Esme, no pierdas la conciencia, por favor, quédate, Esme…
-Car…lis… le –dijo, y cerró sus ojos.
Recordar todas esas vivencias me hacían querer retroceder el tiempo muchísimo más antes, haberla conocido cuando era más joven, cuando su vida se pintaba de colores alegres y brillantes, si tan solo le hubiera cumplido el sueño de casarse en la iglesia…
Un momento, ¿qué estaba pensando? Ya ni siquiera tenía como prioridad mi sueño de ser por fin doctor, deseaba cumplirle los sueños a ella.
-Permiso… ¿Se siente bien?
-Sí, estoy bien Desy, gracias por preguntar.
-Le traje un café, desde el accidente que está deprimido, no le hace bien.
-Gracias por la atención. Para serte sincero… no estoy bien, me acongoja sentir la culpa por el accidente, soy un médico, se supone que ayudo a salvar vidas, no a destruirlas –comenté.
-No diga esas cosas, usted sabe que siempre ha ayudado a todas las personas que lo han necesitado. Este accidente fue algo que lamentablemente ocurrió. Si hay algo en lo que pueda ayudarle, ya sabe que puede contar conmigo.
-¿Alguna vez te has enamorado? –mi pregunta fue algo sacada de tema. Le hablaba de la culpa, pero no me podía sacar aun de la mente y de mi corazón aquellas ganas de querer llorar por Esme, ya estaba asumiendo que lo mío había traspasado las barreras, Aro tenía razón. Volví a observar a Desy, mi secretaria, es realmente hermosa, con una sonrisa encantadora, además de ser extremadamente inteligente-, disculpa por la pregunta, no sé por qué te la hice.
-Pues… -ella se sonrojó un poco y desvió la mirada-, sí, me he enamorado. Me enamoré de personas equivocadas, pero aquellos sentimientos, me hicieron luego comprender cuánto más podría amar a futuras parejas. Hasta que llegó la indicada, mi novio desde ya, hace unos tres años atrás.
-Me alegro por ti Desy, y felicidades a ti y a…
-Matt, así se llama mi novio –contestó con su siempre, verdadera sonrisa-, espero, señor Carlisle que usted también haya encontrado a la persona ideal para su vida. Y que ella le ayude a quitar esa pena que tiene ahora.
Reí y fijé mi vista en la ventana, se sentía bien un poco de apoyo emocional, me daba cuenta que sí, tenía todo en la vida, menos amor.
-Sí, la encontré, deseo que ella lo sepa, y que comparta lo que siento cuando se recupere. Gracias por el café nuevamente, y por la plática –ella asintió y se retiró de la oficina.
Esme se encontraba en el hospital donde trabajaba los lunes y martes. Cambié los turnos con Aro, para estar aquí los miércoles y jueves, y con Marco, para cubrir también los días viernes y sábados. No sabía por cuánto tiempo más estaría ella internada aquí. Nadie le había venido a visitar en estos dos días, comprendía una vez más su soledad, ni siquiera Eleazar, su marido.
-Tendré que hablar con Aro, esto no se puede quedar así –me dije, mientras marcaba a su móvil.
-No te preocupes amigo, Marco y yo, vamos a tu oficina –me contestó, apenas pude sentir su respiración en el móvil.
-Los estaré esperando –finalicé y encendí la radio. Seguía odiando la soledad.
Al parecer ya estaban cerca del hospital, porque recién terminaba una canción y Desy me informó de la llegada de ambos médicos. Les dije que les hiciera pasar y así comenzaríamos a platicar de una buena vez.
-Hola Carlisle –me saludó Marco, estrechando su mano con la mía-, tienes un rostro fatal.
-Bienvenido, Marco, toma asiento por favor. Hola, Aro.
-Hola amigo –nos saludamos de la misma forma y él observó la improvisada cama que tenía confeccionada en la silla donde solía atender a mis pacientes-. Te hará mal dormir en un sillón, no hay como la cama para poder descansar.
-Mi sillón está bastante bien, gracias por la preocupación. Yo les llamé porque necesito hablar con ustedes –informé al tenerles sentados al frente de mí.
-Supongo que será del mismo tema que Aro y yo queremos informarte, pero te escuchamos.
-Bueno… ustedes saben que nuestra paciente, Esme Denali tuvo un accidente –inicié. Ambos asintieron, Marco más dolido que Aro-, ella mal entendió una conversación que tenía con Aro, y salió corriendo desde mi oficina, y ella… tuvo ese accidente.
-Lo sabemos, y por lo mismo, vinimos ahora a conversar contigo, queremos transmitirte nuestro apoyo, sabemos que las cosas se salieron de control, y de cierta forma, nosotros tuvimos que ver con esto. Sobre todo yo, Carlisle. Fue mi culpa el haberte pedido que me llamaras ese día, nos habías comentado que Denali iría a tu consulta. Marco siempre me dijo que las cosas estaban bastante bien, y yo actué siempre a la defensiva.
-No te culpes, Aro. Mi culpa fue haber querido abusar de la enfermedad de Esme para nuestro trabajo, y si no hubiera sido ella, lo hubiéramos hecho con cualquier otro paciente. Estábamos desesperados, y vimos en ella un salvavidas, pero yo… con el tiempo…
-Te enamoraste de ella –finalizó Marco, sonriendo-, lo supuse luego de tu primera consulta con Denali. Tenías mi misma mirada soñadora, cuando hablaba de mi esposa –Marco enviudó a los diez años de matrimonio, su mujer padecía de leucemia, jamás pudieron ganarle a la enfermedad. Hacía seis años que Marco estaba solo, porque su único hijo, Félix, ya mayor, vivía con su propia familia. Él nunca quiso rehacer su vida amorosa-. Aun nos quedan cuatro meses para buscar a otro paciente, somos los mejores de la clase, podremos buscar a otro paciente y comentarle nuestro trabajo desde el comienzo.
Observé a Aro. Sabía que él estaría en desacuerdo, no le gustaba trabajar en vano, y nuestra tesis ya estaba a mitad de camino. Agregarle el factor de volver a realizar una investigación, él me lo sacaría en cara hasta años después.
-No creas que esto se quedará así, Carlisle, pero las amistades están primero, y aunque te cueste creerlo, yo estoy de acuerdo con Marco. Él tiene una familia, nietos, yo también tengo a mi mujer, a mis hijas y a mis nietos de igual forma, tú no tienes nada, y si la vida te puso a Denali, en las circunstancias más ilógicas, debió de ser por algo. eso sí, te haré trabajar el doble en la nueva tesis que tendremos que realizar –él tomó una de las manos de Marco, y también la mía-, arriba ese ánimo, hay más cosas de qué preocuparse.
-Como ayudar a Carlisle a conquistar a Esme –propuso Marco.
-Primero hay que ver qué paciente ocuparemos, díganme aguafiestas o lo que sea, ya veremos si Denali le perdona a Romeo –agregaba, sonriendo.
-Muchas gracias, son los mejores amigos que puedo tener –les halagué, los tres nos paramos de nuestros asientos y nos abrazamos fraternalmente.
Esme cumplía una semana de estar internada en el hospital. Según las enfermeras, ya había abierto los ojos y recuperado la conciencia. Al estar baja en su peso, el médico que le trataba le recomendó algo más de reposo y que, cuando estuviera con sus defensas estabilizadas, podría hacer desalojo del hospital sin ningún problema. Yo le visitaba cuando ella dormía. No sabía si se iba alterar al verme, no quería que su recuperación se atrofiara por mi culpa. Aproveché a dejar un ramo de margaritas que había compadro en la tienda de recuerdos y flores que estaba en la esquina del hospital, en el florero que reposaba en uno de los veladores. Todos los días le llevaba distintas flores, que quedaban opacadas en belleza al estar frente a ella.
Me senté en la silla que estaba siempre al otro lado de la cama, y me quedaba ahí, velando por su sueño. Permanecí una hora en silencio, su respiración pausada se convertía en una nueva terminasen. Obedientemente, me disponía a salir, hasta que su propia voz me detuvo.
-Gracias por las flores.
-¡Esme! –expresé de forma alegre, devolviéndome para enredar mis manos con las de ella-, estabas despierta, si lo hubiera sabido, yo te hubiera pedido disculpas mucho antes, perdóname por favor –comenzaba a excusarme-, hace tiempo que necesito decirte muchas cosas, tú que me has contado casi todo lo de tu vida…
-El quinto día de mi séptimo mes de embarazo, Eleazar me golpeó alegando que no le tenía preparada una cena digna de su paladar. Tratando de proteger mi vientre, perdí el equilibrio y me golpeé la espalda con el sillón. El golpe hizo que la bolsa se me rompiera, y comencé a derramar líquido rápidamente. Eleazar tuvo miedo, el muy cobarde corrió y me dejó sola. Salí a pedir ayuda, y unas vecinas llamaron a la ambulancia. Ya no era líquido lo que botaba, sino, coágulos de sangre, mi vientre se sentía apretado, y me dolía de una manera insoportable. El apoyo médico se demoró más de media hora en localizar mi casa, para cuando llegamos al hospital, yo ya estaba semi inconsciente. Sentí la inyección en mi columna y quedé inhabilitada desde mi abdomen hacia abajo. Vi como sacaron a mi hijo, el ya estaba muerto. No lloró, no se movía como los bebés recién nacidos. Se lo llevaron de inmediato, mientras me hacían todo el aseo pertinente, mientras lloraba, mientras pedía explicaciones y nadie me las daba. Mi marido vino por mí a los dos días después, él firmó el acta de defunción de mi hijo, y no permitió que yo le viese o le diera entierro. Firmó un contrato donde podrían ocupar el cuerpo de mi hijo con fines experimentales, tú debes saber, eres médico, experimentan con los cadáveres de las personas –estaba en shock, Esme hablaba por acto de inercia, con su mirada clavada en las blancas sábanas que le cubrían su cuerpo, iba a hablar, pero ella me detuvo-, me sentí vacía desde entonces, era como si fuera el cascarón de un huevo, sin la yema y la clara. Cuando llegué a mi casa me puse uno de mis maternales, y al ver que me quedaba grande, llené mi ropa interior de más prendas, simulando mi anterior estado. Me veía tan linda con mi pancita de madre… pero al ver a mujeres cargar con sus hijos me cuestionaba, por qué yo no podía tener ese mismo beneficio, por qué no podría criar a un hijo, por qué Dios se lo había llevado, si era el único escape a la felicidad que iba a tener. Pensé en qué cosas habría hecho, qué pecado hube de haber cometido para que me negaran la dicha de tener a un ser pequeñito entre mis brazos, alimentarle de mis senos, arrullarlo con mi calor –Esme lloraba amargamente, apretando las sábanas con fuerza, nunca tuve un hijo, pero el solo hecho de pensar en todas las cosas que Esme deseo hacer, me dio la sensación de que mi vida también era un cascarón, mis ojos también contenían las lágrimas al verla sufrir de aquel modo-, un día en el parque, vi como una pequeña jugaba a ser mamá con un muñeco, le cuidaba como si fuera su hijo de carne y hueso, ¿y si yo jugaba también? Compré un muñeco similar al que vi en el parque, y le fui comprando ropa, mamaderas, pañales, un bolsito para guardar sus cosas, y después un coche. El resto de la historia la conoces, aquel día que iba a tu consulta en tu casa por primera vez, te iba a decir que todos tus tratamientos habían dado resultado, me habían dado la fuerza para querer olvidar el pasado y comenzar desde cero, de querer salir del lado de Eleazar por una buena vez, me había dado cuenta que yo no estaba loca, que mi misma soledad me había hecho ausentarme de la realidad, y yo misma me encerraba en las mentiras que mi pobre corazón se había empeñado en creer, para sentirme amada, y útil a alguien, a pesar que este fuera un muñeco –exhaló aire con fuerza, para luego cubrirse su rostro con su manos, mientras comenzaba a llorar amargamente. No pude evitar más estar separado de ella y le abracé con fuerza. Sentía como ella trataba de alejarse de mí, pero sus fuerzas se fueron debilitando, no así sus sollozos.
-Llora Esme, desahógate por fin –susurraba, acariciándole su cabello caramelo, aferrándola contra mi cuerpo para sentir su aroma, débil por estar en estas cuatro paredes encerrada hacía una semana por mi culpa. Ella mojaba mi camisa con sus lágrimas, comenzaba a balbucear.
-Siempre le hice caso a mi madre, menos cuando me advirtió que no me fuera con Eleazar. Traté de ser una buena esposa, le quise, lo único que pedía era un poquito de amor, un poquito de atención hacia mi persona –gimoteaba, tratando de controlar sus lágrimas-, quería ser mamá, quería prepararle alimentos dulces a mi marido cuando llegara feliz de la casa, cantarle para que se quedara dormido… -confesaba, con pesar. Mi corazón latía preso de la furia, por querer matar con mis propias manos al tipo que le hizo infeliz por tantos años-, todos me utilizan, la vida misma me utilizó, y yo, pensando que tú serías especial, también me utilizaste –rompió en llanto nuevamente.
-No Esme, todo tiene una explicación, permíteme demostrarte que en esto estás equivocada, por favor –le pedí, apoyando mi frente en la de ella, mirándola a sus ojos, podía ver como se reflejaban los míos.
Ella se calmó un poco, cerró sus ojos y limpié con mis pulgares las gotas saladas que estaban presas en aquel sitio. Suspiró y le noté más relajada, volví a tomar sus manos y comencé desde cero, como tenía que haber sido.
Esme POV
Saber que iba a formar parte de su vida, siendo un experimento y una muestra para que él de una buena vez por todas fuera un doctor, junto a sus colegas me sorprendió. Aunque no demasiado, porque de eso me había medio enterado el día de mi accidente. Lo que me había dejado asombrada a más no poder eran sus otras confesiones. Que se dio cuenta que yo era alguien especial en su vida, que a pesar de que él trataba bien a sus pacientes, conmigo hacía casos especiales, porque le desperté en su vida emociones que nunca había experimentado. Mi corazonada de que él era especial hizo que le abrazara cuando Carlisle acababa con su discurso, igual de desesperado que el mío anterior, aunque sin lágrimas que cayeran de sus ojos.
Seguíamos abrazados, sentía su corazón latir con fuerza en mi oído, era tan hermoso tenerle así, me sentía sanada, en cuerpo y en alma.
-Te quiero –susurré, acurrucada aun en su pecho. Él dejó de acariciar mi espalda. Yo me separé de su protección para mirarle a los ojos-. No sé cómo pasó, pero te quiero. Desde la segunda vez que te vi, cuando te dignaste a ayudarme, haya sido o no por una necesidad laboral y profesional. Te tomaste el tiempo de curar mis heridas físicas e internas, me sentí mujer al tener contacto contigo, aunque fueran besos en la mejillas o abrazos por cortesía –al darme cuenta que él no decía nada, decidí seguir con mi confesión, si ya no le veía más, al menos me quedaría con la conciencia limpia de que le habría dicho todo-. Sé que debería de estar enfadada contigo, por la mentira, pero venías a verme siempre, tomabas mi mano, dándome fuerza, creyendo que yo estaba dormida… deseaba querer volver a volar, como lo hacía e intentaba antes, pero siempre caigo, porque no tengo alas, me siento tan pequeña, supongo que te necesito para ser feliz –no pude evitar que una lágrima brotara de mis ojos, ni yo misma calculaba el amor que había crecido hacia Carlisle en este tiempo, me sorprendía de lo que era capaz mi corazón de sentir por él-, Y cada vez que te veo en mis sueños, veo tu rostro, me obsesiono, llego a la conclusión que te necesito.
-Esme… -su voz retumbó en mis oídos como el aire cuando llegaba gustoso a mis pulmones, su mirada emocionada, sus manos apretando con fuerza las mías, su sonrisa que se formaba en sus labios, una sonrisa que iba para mí, solo para mí…-, yo también te quiero –volvió a posar su frente en la mía, con sus ojos cerrados, confiado-, nunca fue mi intención dañarte, siempre quise ayudarte, pero tu llenaste y completaste lo que le faltaba a mi vida. No sé tampoco cómo fue que pasó, cómo otras personas se dieron cuenta que yo ya te quería de manera especial. Nunca podré perdonarme el haberte lastimado. Pero agradezco a la vida el que te haya puesto en mi camino, en aquella mañana en que pensé, que todo me saldría mal.
Nos abrazamos nuevamente. No había nada que perdonar, no había nada más que decir, ya todo estaba claro, mi corazón latía producto de la felicidad. Así que este era el sentimiento de sentirse querida, correspondida, pensaba, mientras mis labios conocían por primera vez los de Carlisle. Las mariposas que creía muertas, volaban a toda velocidad por mi cuerpo, mandándome corrientes eléctricas a todos los rincones posibles. Sentir el calor de otro cuerpo abrazándome, queriéndome de aquella forma era el mejor regalo que podía recibir de la vida.
-¡Pero qué mierda haces! –Eleazar entraba en la habitación, enfurecido ante lo que veían sus ojos, yo me oculté de inmediato detrás de Carlisle, quien me aferró con fuerza. Sabía que estaba segura.
-¡Tú, maldito hombre! –Carlisle se puso de pié y le encaró-, no te has cansado de lastimar a esta maravillosa mujer, no sé cómo te puedes considerar hombre, lastimando a una mujer, matando a tu propio hijo, mereces estar en la cárcel, escoria de la sociedad –bramaba furioso.
-Te estabas besando con mi mujer, con qué mierda de moral me vienes a hablar. Esme, te vengo a buscar, nos vamos de aquí.
-¡No! –grité espantada, no quería volver a estar cerca de él, jamás-, no iré contigo.. a ningún sitio –contesté con miedo.
-Eres mi puta esposa, te irás conmigo a donde yo te diga.
-Pues… te informo que… no quiero ser más tu esposa… quiero el divorcio… de una vez por todas –acusé aterrorizada. Muchas veces le había amenazado con aquello, esperaba que esta vez diera resultado.
-¡Jajaja! Dime mujer, no tienes a nadie que te proteja, no tienes siquiera a donde caerte muerta y podrás hacer una demanda de divorcio. Arréglate y vámonos, que este olor y este rubio me enferma, en la casa conversaremos mejor las cosas.
-¡Esme no se va a ningún lado! –amenazó Carlisle, poniéndose delante de mí nuevamente-, ella será atendida por los mejores abogados de la ciudad, con tal de librarse de una escoria como tú. Si no quieres hacer esto por las malas, retírate y no llamaré a seguridad para que te encierren ahora mismo.
-¿Crees que te tengo miedo? –respondió amenazante.
-Deberías –contestó de la misma forma, propinándole un certero golpe en el rostro a Eleazar, quien cayó inconsciente inmediatamente.
Carlisle llamó a seguridad, y estos se encargaron de él, pasó los dos días que me faltaban a mí en el hospital en prisión preventiva, y acompañada de Carlisle, fui ese mismo día a hacer las denuncias por violencia intrafamiliar. Las fotografías que Carlisle me había tomado en el mes anterior sirvieron para afianzar aun más mi demanda.
Exigí el divorcio al mes de haber hecho la denuncia. Pude retomar el contacto con antiguas vecinas, que me brindaron su testimonio. Carlisle me apoyó en todo lo legal que correspondía, Eleazar decidió firmar los papeles al mes siguiente, esperaba no verle nunca más en mi vida. Prometió que no haría más nada para buscarme. Por el miedo en su rostro, supe que por primera vez, me decía la verdad y cumpliría su promesa.
-Soy libre… por fin soy libre –le decía a Carlisle, quien me llevaba del gancho una vez que salimos de su automóvil, vivía con él desde que había salido del hospital.
-No creas que serás libre por mucho tiempo –me susurró en mi oído, mientras abría la puerta de su casa.
-¿A qué te refieres con lo que acabas de decir? –pregunté. La casa estaba extrañamente apagada, a oscuras.
-¡Sorpresa! –gritaron muchas personas, que aparecían de debajo de la mesa, detrás de los sillones y las cortinas. Reconocí a algunas, Aro junto a su esposa, Marco, con su hijo y su familia, Desy con su novio Matt, Ale con su novio Erick, otros colegas de Carlisle, entre otros.
-Carlisle, qué sucede –le preguntaba en voz baja, mientras las personas se aglomeraban en un círculo. Él me sonrió y me pidió que avanzara con él al centro que habían hecho todos los invitados.
-Muchas gracias a todos ustedes por venir a nuestra casa –dijo, mirándome. Mi piel se puso de gallina-, si bien es cierto, ustedes saben el por qué de su presencia, la persona más importante para mí, aun no lo sabe.
-¡Oh! –exclamaban los invitados felices, observándonos, sentía mis mejillas sonrojadas por la sobre atención que nos brindaban.
-Como iba diciendo, esta pequeña reunión tiene un motivo especial, y ha llegado la hora de que Esme lo sepa –Carlisle buscó entre sus bolsillos una cajita cuadrada de terciopelo azul, mi corazón se estancó, al igual que mi respiración. Se puso de rodillas al frente de mí, pidiéndome que le entregase mi mano-. Esme, ¿te gustaría perder tu libertad, para compartir tu vida con la mía, hasta que la muerte nos separe?
Sus palabras me dejaron sin aliento, él me estaba pidiendo matrimonio, mientras los invitados le coreaban alegres las felicitaciones. Yo me derrumbé al suelo, abrazándolo, no me salían las palabras, le llenaba su rostro de besos, suponía que con mi muestra de cariño él sabría su respuesta.
-Supongo que eso es un sí, ¿o no? –preguntó, ayudándome a ponerme de pie. Todo el mundo volvió a callarse.
-Sí, claro que sí –finalicé abrazándolo, mientras el sonido de la felicidad inundaba la casa.
Nota de la autora:
Siento enormemente el retraso de la publicación, ya sabe la mayoría que no cuento con el beneficio del internet, y hoy he acudido a un ciber para poder hacer menor la espera. Estoy feliz por el recibimiento que tuvo el comienzo del fic, sus comentarios de verdad que me alegraron bastante =)
¿Qué les pareció el final de esta pareja? Primera vez que escribo una proposición de matrimonio xD además, aprovecho a decir que esta será la única pareja dramona, por así decirlo. No creo que trate temas un poco más fuertes, como fue el abuso, la pérdida de un ser querido, entre otras cosas. (Lo siento, tengo serios problemas con el drama, me encanta que sufran XD)
Les cuento además, que el próximo capítulo, será titulado Metro, ¿se atreven a adivinar qué personajes serán esta vez los protagonistas?
Para dejarles un poquito más enganchados, se encontrará el primer lemmon del fic, veremos si les gusta.
Nos estamos leyendo ^^
