El Metro I
Aclaro: Este y el próximo capítulo, tendrán de protagonistas a Jacob Black y a una amiga que le encanta este personaje, su nombre es Steff :D. Este capítulo, contiene Lemmon.
POV Jacob Black
—¡Maldita mierda, se atrofia cuando necesito llegar a la hora!
—No maldigas en mi presencia, ¿qué pensarían tus seguidoras si te escuchasen hablar con tales palabrotas?
—¡Tú también me tienes harto! Si no es James que lleva ya media hora de retraso, la moto que me regalaron mis padres cuando rodé "The Shark man" el invierno pasado, eres tú, que no entiendes lo que es ser un actor naciente y estar al pendiente de lo que dirán las personas por cualquier cosa que haga o diga –me quejé, empujando la moto que no había querido funcionar durante la ausencia de mi automóvil y mi chofer personal.
—Soy tu representante y me debes parte de tu éxito, tienes cara bonita, y cuerpo bonito… y puede que hasta tu sonrisa y ojos también sean de esa misma característica, pero que no se te olvide que fui yo quien te llevó a la fama, y te exijo respeto… y cordura; por tu bien –mi representante me acarició mi hombro y le dio dos palmadas. Sacó su móvil para volver a marcar a James. Tenía que haber estado a estas alturas de la mañana, a mitad de una reunión donde se discutiría mi nuevo papel protagónico en otra película nacional.
Sabía que no tenía que gritarle a Emily, mi representante desde que comencé a grabar algunas publicidades para ciertos productos y pasé a ser un ícono del país. Ella tuvo fe en mí cuando era conocido solamente por mis familiares y amigos, porque yo, Jacob Black hacía cinco años atrás solamente representaba obras teatrales en el colegio, y esto ocurría nada más para las muestras de talentos anuales… ella apareció un día por mi antigua secundaria, justo cuando me presentaba y me dijo que tenía "talento", y por qué no alardear un poco, contaba con una "belleza masculina" que atraería prontamente a las masas.
Y como si Emily fuera adivina, al tiempo de entablar una relación con ella, profesional por su puesto, fui tomando partido no solamente en comerciales, sino también en algunos programas juveniles. Egresé de la secundaria e inmediatamente comencé a estudiar actuación, hasta que llegó la primera teleserie que grabé con un elenco que iniciaba al igual que yo, en este mundo tan complicado que es la fama. Después se agregaron más papeles, en más telenovelas nacionales, hasta que a los diecinueve años tenía que interpretar a un joven atleta en una película nacional, necesitaba un cuerpo con mucha más masa muscular, fue Emily la que me recomendó a qué gimnasios ir, como balancear una nueva dieta para que mi cuerpo se adaptara mejor a las características del personaje etc.…
Pero vaya que era odiosa a veces, como ahora, precisamente.
Tengo recién veintiún años de edad, estoy en toda la flor de mi juventud y no me puedo divertir como desearía. Me encanta el rollo este de grabar películas, entablar relaciones amistosas con mis compañeros de trabajo, pero a veces me gustaría poder salir de esta burbuja, conocer a más personas, estar rodeado de "gente común y corriente", volver a juntarme con mis antiguos amigos del colegio, saber qué están haciendo, si ya han formado sus familias... No desprecio el cariño que tienen las cientos y quizás, miles de fans, pero, ¿eso no será una obsesión, más que una muestra de cariño? Si me conocieran, ¿me querrían tal cual? ¿Con mis defectos, con mis errores?
—¡Jake! ¿En qué piensas? Llevo llamándote hará unos minutos atrás –Emily me sacaba de mis pensamientos.
—En nada, particularmente –ella me observó mientras fruncía sus cejas.
—Te tengo malas noticias, James ha sido abordado por un cúmulo de fans, ya saben que él es tu chofer personalizado, han creído que ibas con él, y al pobre lo arrinconaron, por eso aun no llega, y difícilmente podrás salir si James aparece aquí, las fans lo seguirán. Tendremos que llamar a la productora y avisar que tienes problemas para llegar. Al parecer el destino no quiere que vayas hoy a esa reunión –bufaba algo fastidiada.
Algo surgió en mi cabeza entonces, una idea bastante descabellada, pero excitante y por qué no decirlo, entretenida.
—¿Y si viajo en el transporte público? –le pregunté, mostrándole mi sonrisa.
—¿Qué fue lo que acabo de escuchar?
—No te hagas la sorda, Emily, te pregunté de que si viajo y en el transporte público… con un buen disfraz pasaré inadvertido. Se supone que soy actor –trataba de convencerla. Había querido volver a mi antigua vida, un transporte común y corriente era algo completamente alejado a lo que vivía ahora, y era tan común, que no creía que Emily no me dejara gozar de aquel beneficio.
Emily miró la hora que marcaba su reloj, las once treinta de la mañana. Bufó en silencio y después marcó a Leah, la chica que me maquillaba desde los veinte años.
—¡Siempre con tus estúpidas ideas, niñato! –se quejaba Leah cuando Emily le contaba lo que quería hacer. Leah siempre estaba enfadada—, tomas mi trabajo como algo que se puede hacer en algunos minutos, crees que porque eres bonito todo se arregla, ¡pero no! –ella se paseaba de un lado a otro, comenzó a buscar un cuantas cosas de unas cajas, otras esponjas de otra y acumulaba todos los materiales entre sus brazos.
—¿Qué se te ocurrió, Leah? –preguntó Emily.
—Sácate la camisa y los pantalones Black –habló como respuesta.
—¡Guau! Leah no creía que yo…
—¡Imbécil! –gritó sonrojándose—, te voy a engordar –respondió, sonriéndome con malicia.
A los quince minutos ni yo mismo me reconocía en el espejo, tendría unos veinte kilos de más, lo único incómodo era una esponja especial que Leah me había puesto entremedio de mis dientes para que mi rostro se anchara y quedara conforme a la proporción de mi nuevo cuerpo.
—¡Oh Leah, por eso te quiero tanto! –le alababa Emily, abrazándola. Leah se fastidió y se zafó rápidamente de aquella muestra de cariño. No sabía por qué Emily le demostraba tanto afecto, si sabía que Leah era tan huraña.
—Recomendaciones, Jacob. Trata de no tener tanto contacto con otras personas, se darán cuenta que tu grasa es culpa de un montón de esponjas apiladas y enrolladas –Leah me pintaba rápidamente una barbilla de unos cinco días, y me sellaba el rostro con un fijador de maquillaje para que este no se saliera cuando sudara.
—Llamé a un taxi, dentro de un minuto estarán en la puerta.
—No Emily, yo quiero ir en metro –le expresé—, tanto trabajo por Leah para que nadie lo aprecie…
—Eso es demasiado arriesgado, Jake, por favor, hazme caso, yo te dejo utilizar el transporte público, pero tú utilizas el que yo te asigne.
—No, si es así, no saldré a ninguna reunión –y como niño mimado, me senté, algo incómodo por mi disfraz en la silla que estaba cerca de nosotros. La reunión ya había comenzado, que llegara unos minutos más tarde, no afectaría en nada.
POV Steff Carlie
Nunca había detestado la idea de vivir en los departamentos que estaban al frente del centro comercial. Compras, patio de comida, cine, centro de eventos, todo perfecto. Pero cuando estudias fotografía y tienes que cargar con los rollos de las máquinas, los atriles y la universidad se encuentra a la otra punta de la ciudad, y más aun, no tienes un automóvil, la perspectiva cambia.
Al principio no sentía esa extraña relación amor—odio por el sitio que decidí, sería, mi lugar para vivir eternamente, cargaba unas carpetas con unas cuantas hojas, el bolso de mi netbook, entre otras cosas, pero ahora, comenzaba seriamente a cuestionarme si debería de arrendar mi hogar y así pagarme el alquiler de otro que estuviese más cercano a mi central de estudios. Pedirles dinero a mis padres no estaba entre mis planes, suficiente habían hecho ellos al pagar la mitad de mi educación.
Me quedé observando la pared principal de mi living por un momento. Quienes me conocían, sabían de mi "obsesión" como ellos catalogaban el amor infinito que tenía por Jacob Black. Ellos tachaban mis sentimientos como platónicos, como trastornos obsesivos compulsivos por alguien que, obviamente, nunca iba a llegar a conocer en persona.
Realmente no me importaba lo que pensaran ellos de mis emociones, solo yo conocía lo fieles que eran y lo bien que me hacían permanecer. Ver mi pared, de dos metros de alto, y seis de ancho, tapizada no con pintura blanca, sino con cientos de imágenes de Jake, me llenaba de alegría las veces que la viera. Comencé a averiguar de su vida apenas lo vi en un comercial de scooter cuando él tenía misma edad que yo, diecisiete años. Supe que su representante, Emily, lo conoció en una presentación que realizó a la corta edad de dieciséis, y que ella fue el motor fundamental en su exitosa carrera.
Todos estos datos no solamente los conocía yo, sino, las muchas de chicas que le seguían. Pero ninguna le amaba tan jadeantemente como yo. Le quería de una forma tan extrañamente íntima, como si supiera que él forma parte fundamental de mi vida… sonaría fanático que dijese, daría mi vida por conocer a Jake. Pero la vida sería poco, y creo que cuando uno ofrece la vida y más allá de eso, no se puede tachar de un fanatismo extremo, ¿o sí?
No perdí el tiempo observando y deleitando mi pared, digamos que me entretuve y no era la ocasión para hacerlo. Salí rápidamente del departamento y logré gritarle a la señora Clara que mantuviese abierta la puerta del ascensor. Iba atrasada, la clase comenzaba a las una de la tarde, tendría que utilizar el metro esta vez. Tomaría tres líneas y me iría directo a la universidad. Eso era lo que analizaba hasta que el sonido que producen los ascensores cuando se llega al primer piso, y el destapo de mis oídos hizo que mis pies caminasen con todas las cosas que cargaba hacia el exterior.
Afortunadamente la estación de metro me quedaba a media cuadra, prácticamente corrí y vaya que es difícil cuando vas con tacos de cuatro centímetros y cargada de cosas. 'Tomar en cuenta la no utilización de zapatos femeninos cuando estés atrasada, y llena de cosas, Carlie' me decía internamente.
Era la hora desagradable del metro. Los chicos salían de los colegios, los trabajadores de sus oficinas, sentía la jaqueca apoderarse de mí. La rapidez del metro me la hacía desvanecer, no hacía cinco minutos que estaba sentada en uno de los asientos que este tenía, y ya íbamos en rumbo a la primera de tres paradas que tenía que hacer antes de bajarme para llegar a la universidad.
El tiempo seguía pasando y llegamos a la primera estación. Se desocupó y se llenó en una misma cantidad de minutos. Un anciano caminaba lentamente y planeaba afirmarse del pilar que estaba cerca de mi asiento. Me puse de pie para ofrecerle a él la comodidad y me lo agradeció con una enorme sonrisa.
Me acomodé en la posición que aquel señor iba a adoptar, con mis pies trataba de sostener los atriles, mientras que con la otra mano mantenía presa mi cartera y los álbumes de fotografías que debía mostrar hoy en la clase. La otra mano se afirmaba del pilar, compartido por otras cuantas manos.
Un chico, lo bastante alto entraba torpemente al transporte público. Me llamó la atención su estatura. Caminaba de manera extraña, como si le molestase su cuerpo. Observaba todo con mucha atención, se le veía preocupado y a la vez, feliz.
Bajé mi rostro y algo en su mano me llamó la atención. Mi corazón comenzó a latir entonces frenéticamente. Aquel chico tenía en su muñeca izquierda una pita de color negro, lo bastante desgastada, lo bastante idéntica a la que usa Jacob Black, en su misma mano. Traté de respirar normalmente, mi cabeza ya comenzaba a desaparecerse en el mundo de las fantasías. 'Jacob jamás utilizaría el transporte público' 'Puede que sea otro fans, que también tiene una pitita similar a la de él, recuerda que tú también usaste una, años anteriores' me recriminaba.
El que mi cabeza estuviese jugando a imaginarse cosas, hizo que perdiera el equilibrio y casi me cayese en una curva del camino. Me agarré con ambas manos, pero mis atriles se azotaron contra el suelo, mi cartera descendió de mi hombro, botó mis álbumes y las fotografías que no estaban pegadas aun, quedaron regadas en el piso.
Me puse de puntillas y comencé a recoger todo mi trabajo, ya lo ordenaría cuando llegase a la universidad. Aquel chico se agachó del mismo modo que lo hice yo y me ayudó a recoger mis cosas. Pude ver entonces su rostro. ¡Ajá! Patilla falsa, él sudaba, pero aquellos vellos que tenía en su rostro no marcaban el agua del sudor, no brillaban, por muy pequeños que fuesen. Estaba cubierto completamente, y a decir verdad, estábamos en toda la época donde, dios santo, tratamos de estar lo menos vestidos posible, más aun si estás en un lugar donde compartes el metro cuadrado con cuatro personas aproximadamente. Mi cabeza me mandaba todos esos indicios, querían hacerme creer que ese chico no era lo que aparentaba, mi cabeza volaba, volaba, volaba, volaba…
—¿Estás bien? –me preguntó, con una voz lo bastante ronca, tosiendo. Más indicios, esa no era su voz normal, estaba fingiendo, quería creer en mis propias ilusiones…
Y seguí volando, al ritmo de mi acelerando corazón. No podía ver sus ojos, porque los mantenía presos de un par de gafas contra el sol. La comisura de sus labios se me hacia lo bastante cercana, y como no, si infinidades de veces me había imaginado besándolos, su nariz ancha pero no menos seductora…
—Sí… sí… estoy bien… —murmuré presa de mis emociones. O estaba muy loca y creía que aquel chico 'disfrazado' era mi sol personal, o estaba más loca por tratar de creer que él lo era.
Él no dejaba de observarme, sentía su mirada atravesar por el oscuro de sus lentes. Seguíamos en la incómoda pose de estar agachados, tratando de equilibrar nuestros cuerpos.
Nueva curva, segunda estación.
Nuevo contacto con su cuerpo.
Con su cuerpo extrañamente 'blandito'.
Él se alejó de manera brusca y rápida, cuando me posé por inercia en su pecho para no caerme al piso. Se puso de pie, y estando así me ofreció una de sus manos para que yo también adoptara esa forma.
—Disculpa –le escuché decir. Ya no tenía ninguna duda, él era él. Era mi sol personal, por quién siempre soñé desde que lo conocí, por quien siempre quise ser algo más para tener la fortuna de topármelo las veces que quisiera y no así, en pleno transporte público.
—¿Cómo te llamas? –pregunté inquietante, una vez que estuve a la altura de su pecho. Sí que es alto.
Él no respondió de inmediato. Bien, le llenaría de preguntas. Me quedaba solamente una estación para llegar a mi destino… ¡al diablo la universidad, estaba con él, con él!
—Taylor Lautner, ¿y usted, señorita? –él no utilizaba el forzado carraspear de un principio, cada vez más, podía sentir que sí, que aquel joven era Jacob, mi Jake.
—Me llamo… Steff…, Steff Carlie –le respondí nerviosamente. Él sonrió. Ya no tenía más dudas. Su sonrisa de cerca, ver el blanco de sus dientes, sentir su aliento, el que describían cientos de periodistas, su aliento invadía mi espacio personal. Podría desfallecer en cualquier minuto.
—Creo, señorita Carlie que no se encuentra muy bien, la noto algo… pálida.
—Exceso de trabajo, supongo.
—¿Es fotógrafa? Veo sus materiales de trabajo, y me dediqué a observar varias imágenes mientras las recogía del piso.
—Estudio para ser una fotógrafa profesional, es mi tercer año –no podía creer que él me estuviese hablando a mí, me sentía en las nubes, yo no aprovechaba mi tiempo, ¿y si él se bajaba pronto del metro?—, ¿a qué sitio te diriges, Taylor? –esa pregunta no la debería de haber conjugado, me mostré necesitada, temerosa.
Taylor observó hacia el exterior. Vi como su rostro se descompuso solo un poco, para luego regalarme otra sonrisa.
—Creo que me tenía que bajar en la estación que ya acabamos de pasar.
—Lo siento, si no me hubieras ayudado te podrías haber bajado antes.
—No te preocupes, creo que hay cosas más importantes que hacer el día de hoy –aquellas palabras las decía con su tono de voz mucho más natural. ¿Tiene que hacer algo importante, señorita Carlie, ahora?
—Si tuviera que hacerlo, créeme que lo dejaría de hacer –soné muy convincente, pero esta oportunidad no se me daría jamás. Mi corazón ya no latía, saltaba golpeándome el pecho con brusquedad. La sangre se me acumulaba en mis mejillas, sentía el sudor caer por debajo de mi nuca, entremetiéndose por la camiseta manga corta que llevaba puesta. Los ojos de Taylor recorrían el camino de aquellas gotas, mi corazón se agitaba con mayor fuerza aun, si era posible.
—¿Te gustaría pasar la tarde conmigo?
¿Creería que le diría que no?
—Claro que sí, un gusto, Taylor. Pero llámame Steff, así me llaman los… amigos –agregué mirando hacia mis zapatos, sentía la sangre estar aglomerada en mis mejillas.
—Mucho gusto entonces, Steff —me volvió a saludar, como si recién nos estuviéramos conociendo.
Seguimos conversando. Él pedía que yo le contase algo y después me decía cosas de su ficticia persona. Nos bajamos juntos en la estación que se encontraba en la plaza central de la ciudad. Compramos algunas meriendas a la entrada de esta y escogimos un sitio apartado de las personas que en ese momento, descansaban de la luz del sol bajo los árboles.
—Dime Steff… —mi nombre sonaba tan dulce de sus labios, de su voz…—, ¿tienes algún amor platónico?
Jamás habría pensado en aquella pregunta, ya nos habíamos encuestado con diversas cosas. ¿Le decía la verdad? ¿Qué amaba a alguien platónicamente, pero que ese sentimiento se había convertido en algo tan real con el pasar de los años, al punto de no considerarlo platónico, sino puro, como el amor que uno siente por la madre, por la familia, por el amor de su vida?
—No… creo que los amores platónicos son vacíos. Creo que el amor real es lo que importa, y no hay más que eso –mi única oportunidad de haberle confesado que ya me había dado cuenta de su identidad, y que yo era una de esas tan devotas fans la había echado por la borda. Pero qué más podía hacer, aunque él conociese mis sentimientos, nada cambiaría entre nosotros. Yo no tenía algún contacto con él, ni él tampoco me había pedido mi número telefónico o algo por el estilo.
—Te sonará esta proposición algo descarada, ya que nos hemos conocido hace algunas horas solamente… —mi corazón, que se había acostumbrado a su lento pero seguro caminar se tensó y bombeó sangre en demasía por mi cuerpo—, pero no sé... nunca me había sido difícil decirle algo a una persona, mucho menos a una mujer –al parecer se olvidaba que estaba fingiendo delante de mí, se golpeaba la cabeza, otra manía que tenía en la vida real—, quiero decir, no sé si te gustaría que… hoy saliéramos, a dar otra vuelta, a…
—Sí, quiero.
—¿De verdad? –me confirmaba lo obvio.
—Por supuesto que sí.
—Dame la dirección a la cual puedo ir a buscarte entonces… —esto parecía salido de un cuento de hadas. El flechazo entre la chica pobre, que tuvo demasiada suerte, y el galán de sus sueños que siente ese mismo aprecio que ella aguarda en su corazón para él. Ambos tomamos nuevamente la misma línea del metro, era como si ambos no pudiésemos estar separados de ahora en adelante. Pero así como nos conocimos, nos distanciamos. Él se bajó una estación antes de la mía, y le perdí entre las personas que se aglomeraban para entrar el metro.
No sabía qué atuendo ponerme, tampoco sabía cómo iría él, si aparecería como Taylor Lautner, o como Jacob Black.
Aun no tenía mi número de móvil, tampoco me dio el suyo. Yo bajaría a la recepción del departamento y ahí le esperaría.
Me vi por última vez al espejo. Escogí finalmente un vestido que encontré indicado para la ocasión. No llevaba tirantes, se sujetaba apretadamente en la parte del busto por el corsé incorporado que traía, de un morado oscuro. De la cintura hacia abajo, caía hasta unos cuatro centímetros antes de las rodillas, de manera campante el satín de una tonalidad más clara que del corsé. Usé la cartera de mano que recibí por parte de mi prima la navidad pasada, de un púrpura más claro todavía. Hacía juego con mis sandalias, y un collar de plata que aguardaba en el nacimiento de mis senos una perla brillante, a tono con mi conjunto.
Con mis dedos jugaba a ondular un poco más el cabello, que estaba atado al lado derecho de mi cabeza, eso lo hacía cuando estaba nerviosa, y cómo no estarlo, si saldría con el chico que llenaba completamente mi living, mi vida entera, mis noches de fantasías e ilusiones.
A las ocho en punto, estaba como Taylor Lautner, en unos jeans negros y camisa de la misma tonalidad, cubriéndose de la leve brisa primaveral que nos removía el cabello a estas horas. A pesar que con su disfraz aumentaba en gran cantidad su peso, su altura no le hacía verse tan macizo. Seguía viéndose guapísimo. Seguía ocultándome sus ojos achocolatados por las gafas que por ley natural, ya no serían necesarias.
Ambos nos dedicamos una sonrisa. Con su rostro me hizo el ademán de pedir permiso para tomar mi mano, cosa que no le dudé, y así, juntos, como pareja, salimos de la recepción.
A las afueras del departamento un automóvil que no conocía nos esperaba. No habían choferes ni guardaespaldas, todo era tan natural, como si él no fuese famoso y yo una fan con más suerte que cualquier persona.
—¿Quieres ir a un lugar en especial? –me preguntó.
—A donde tú quieras –respondí entregadamente. Sonriéndole.
El también sonrió, y comenzó a conducir por las calles de la ciudad. A los cuantos minutos de ir cantando algunas canciones que escuchábamos en el trayecto, estacionó en un concurrido bar de la ciudad. Me dijo que esperara adentro del auto, se bajó y rodeó este para abrirme la puerta. Me hacía sentir realmente importante, como si nos conociéramos de toda la vida.
Uno de los meseros nos ofreció la carta del lugar, decidimos acomodarnos en una sección algo privada para que pudiésemos seguir conversando. Los dos escogimos algo ligero para beber. Con los nervios no había comido nada desde que terminamos con nuestra caminata en la plaza, y si bebía de más, podría decir cualquier cosa irracional.
Me di cuenta que las horas habían pasado con brusquedad, cuando una chica había transitado por nuestro lado y me había preguntado la hora, ya serían las una de la mañana. Se lo hice saber a Jacob, pero al parecer, él estaba tan entusiasmado cómo yo. Me di cuenta que nuestra mesa tenía una gran cantidad de pilas de latas de cerveza, algunos vasitos de distintos colores y tamaños, otras copas y dos botellas de vino. Estaba realmente feliz.
Demasiado, y era peligroso, porque ambos no estábamos con nuestras capacidades como correspondían.
Otra ronda de tequilas, más anécdotas de pequeños, si hasta me confesó algunas que ya había sabido de su boca por entrevistas pasadas vistas en la televisión.
—No pensé que encontraría alguien así de simpática, como tú, Steff –me alababa, acariciando mi mano que estaba en la mesa. Su contacto era cálido, me reconfortaba y me hacía sentir billones de mariposas en cada rincón de mi cuerpo—, ha sido la mejor idea salir de la rutina y escoger el transporte público. ¡Bendito sean! –gritó, causando el revuelo a nuestro alrededor.
Uno de los guardias del local nos observó de mala gana, y al ver la gran cantidad de botellas y vasos que teníamos dispersos por la mesa, dio aviso a otro compañero suyo.
—Será mejor que nos vayamos, T… Taylor –por poco y despertaba de mi sueño.
—Creo que no podré conducir, estoy algo mareado.
—Yo puedo hacerlo por ti. Me das la dirección de tu casa y así te voy a dejar –me ofrecí.
Él pareció acordarse de su identidad, porque se quedó pensativo.
—No, conduce hasta tu departamento –reflexionó luego de un momento de silencio.
El pensar que podría tenerlo en mi casa hizo que un tiritón recorriese todo mi cuerpo.
—¿Pasa algo?
—No, nada, vayámonos rápido –contesté, abrazándolo para que ambos nos diéramos estabilidad.
Nos encontrábamos medio—sobrios, aunque yo lo estaba más que él. Conduje con la mayor lentitud posible, si nos pillasen en el estado que estábamos, podríamos acabar en la prisión, o podríamos provocar un accidente, y muchas otras situaciones que suceden por conducir bajo el efecto del alcohol. Además, no sabía qué es lo que podría ocurrir de ahora en adelante.
De hecho si se me ocurrían las cosas que podrían ocurrir, pero no quería que mi mente pervertida viajase y se imaginase cosas que no sucederían. Porque no deberían de suceder…
El trayecto acabó cuando estacioné el automóvil a la entrada de mi recepción, Jacob miraba el edificio.
—¿Quieres que llame un taxi? No permitiré que manejes en ese estado, mañana podrías venir a buscar tu auto –hablé al notar que él no lo hacía.
—¿Podría llamarlo desde tu… departamento? –el escalofrío se agolpó de lleno en mi bajo vientre, mi corazón marcaba una nueva melodía dentro de mí.
—Claro, vayamos al interior –objeté nerviosa. Podía verle la esponja que usaba para aumentar su peso. Tenía su ropa algo destartalada, tenía la curiosidad de saber si me diría su identidad…
Llamé al ascensor, Jacob se arreglaba su cabello y sus gafas. Yo me posicioné en la otra esquina. Había un silencio fatal y eso me hacía creer que los latidos de mi corazón podrían ser escuchados con mucha facilidad si permanecíamos cerca. Se abrieron las puertas y le indiqué que caminase a la puerta que tenía el número 203. Él me cedió el espacio para que pudiese abrir la puerta, tiritaba completamente, y algo terrible vino a mi mente.
La primera habitación, el living, tenía un culto poco normal de quien estaba al lado mío.
Al quedarme estoica, él comenzó a abrir la puerta con lentitud, como queriéndome decir "¿puedo?" con aquel movimiento. Buscó el interruptor para prender la luz.
—Está mala la luz del living, pasemos a mi habitación –fue lo primero que se me ocurrió, y, valientemente, me posicioné de su mano y lo jalé hasta el interior, pasando rápidamente por aquella delatadora pared. Juntos entramos a mi habitación. Encendí la luz que se encontraba pegada a la pared. Él observó con mucha dedicación todos los detalles de mi cuarto. Largo rato le dedicó a la foto familiar que descansaba en el velador izquierdo, junto a la cajita de joyas. Luego miró la hora que marcaba el despertador, al otro lado de la cama: las dos de la mañana.
Ahí mismo estaba el teléfono. Se sentó en la cama sin decir nada.
—Puedes llamar si deseas –le dije. Él llamaría a un taxi, luego yo le acompañaría a recepción y sería como si nunca nos hubiésemos conocido.
Mi mente trataba de convencer a mi corazón de esa idea, sea como sea, yo era una completa desconocida para él. Me retrocedí para apoyarme en la repisa que tenía una radio portátil, con mi espalda la encendí sin querer hacerlo, y una música que no me ayudaba comenzó a sonar. Iba a bajar el volumen del aparato pero fue su voz la que me desconectó de mi acción.
—¿Quieres bailar? –no esperó que le respondiese, se acercó a mí y me atrajo a su cuerpo. Ya no le importaba que me diera cuenta de su contextura falsa, al parecer se iba a delatar delante de mí.
La música seguía su curso, y con ella nuestras caricias entre nuestras ropas, varios minutos seguían transcurriendo y ya no solamente nos movíamos al compás de aquellas melodías, nuestros cuerpos comenzaban a rozarse con mayor intensidad.
Él fue mucho más valiente que yo, su boca se dirigió sugerente hacia el lóbulo de mi oído, me estaba incitando demasiado, poco a poco se transportó al cuello y de pronto nuestros labios se encontraron por primera vez. Cerré los ojos, consciente de la experiencia que estaría a escasos minutos de vivir, ya no me podría echar atrás, y tampoco lo quería. Conocer el sabor de sus labios, su lengua jugando con la mía se había convertido en una obsesión necesariamente vital en mi vida, de ahora en adelante.
Comencé a sentir más calor, Jacob también lo sentía, el sudor que desprendía de su cuerpo se mezclaba con el mío, de a poco nos estábamos convirtiendo en una sola persona. Algo más decidido, sabíamos lo que ocurriría después, a pesar de eso, nuestros movimientos eran atrabancados y torpes, como si fuera la primera vez de ambos.
—Tengo que confesarte algo –me hablaba entre los gemidos y jadeos que comenzábamos a emitir con mayor fuerza. Jacob ya comenzaba a desprenderse de su chaqueta—, yo no soy alguien común y corriente, yo…
—Shh –lo callaba con más besos, en este preciso instante no eran necesarias las palabras, tampoco la cordura y las confesiones—, pase lo que pase, quiero que sepas algo, porque ni te imaginas lo mucho que te quiero… —dije abrazándome a su cuerpo. Era estúpido que le confesara mis sentimientos antes de tener relaciones con él, creería que estaba loca, que lo quería amarrar, pero si no hablaba sabría que después me iba a arrepentir.
—Yo… creo que también te quiero –susurró, quitándose las gafas de una buena vez, demostrándome con su mirada que sus palabras hacia mi persona eran reales. Con su espalda apagó las luces de la habitación, dejándola iluminada por las estrellas que se colaban intrusas por la ventana.
Seguíamos besándonos y tocándonos acostados en mi cama. El se detuvo unos instantes mientras yo me soltaba el peinado de aquella noche, y no me di cuenta en el momento en que se quitó completamente su disfraz. Con la poca luminosidad que se colaba por el ventanal, mi vista se hizo conocedora de una de las partes más bellas de su cuerpo, qué pectorales tenía, era todo un hombre, un hombre que se iba a entregar a mí, como yo lo haría con él, a pesar de habernos visto por primera vez hacía menos de veinticuatro horas.
Él estaba de rodillas en la cama, me pidió que me pusiera en aquella misma posición y comenzó a desabrochar el cierre trasero del corsé. Lo quitó con delicadeza, y bajó con la misma lentitud lo que quedaba de vestido. Estaba semidesnuda ante sus ojos que brillaban por lo que acontecería. Se recostó encima de mí y seguimos besándonos con esa entrega difícil de encontrar en las personas.
Jugaba con el broche de mi sujetador, hasta que liberó mis senos para comenzar a lamerlos y mordisquearlos. Aquello me producía escalofríos desde la punta de mis pies hasta la última fibra de mi cerebro. Le gustaba acariciar mis pezones, me estaba excitando más, si era posible.
—Benditos sean los ojos que te observan, agraciadas las manos que pueden tocar tu piel, gustosos los sentidos de mi cuerpo que pueden conocerte de mejor forma –mientras me recitaba aquellas dulces palabras, me observaba de una forma tan envolvente que… no me hizo dudar de mi ofrecimiento completamente hacia su persona. Coquetear un poco no era nada malo a estas alturas. Además, él me gustaba desde hacía años atrás y parecía que yo también a él, con la diferencia que me había conocido hoy.
Me acabó de desnudar y tendido junta a mí, siguió acariciando mi cuerpo mientras me besaba y lamía por todas partes. Mi fogosidad aumentaba cada vez más. Tenía deseos de apoderarme de su miembro, por lo que me deslicé hacia abajo y empecé a desabrocharle lentamente su pantalón. Me costó porque aun tenía en aquellas partes restos de su disfraz. Mis intensiones también surgieron efecto en él. Se paró rápidamente y se deshizo de su ropa para que yo le pudiese acariciar.
Jacob se incorporó y me tendió boca abajo. Mientras recorría mi espalda con su lengua, yo iba notando como su miembro seguía creciendo entre mis nalgas. Siguió acariciándome hasta que me dijo que me diera la vuelta. Al hacerlo vi como su hombría estaba dispuesta a entrar en mi cuerpo.
Yo me encontraba húmeda y palpitante de deseo. Con su fuerza me acomodó encima de él. Lentamente mientras me besaba, iba introduciendo su erección en mi interior, aprovechando los movimientos que yo hacía para acomodarla dentro de mí con mayor ímpetu. No hizo falta que se moviera mucho tiempo dentro de mí. Sentí como el placer intenso que nacía en mi interior explotaba con fuerza, aprisionando su miembro con mis cavidades internas, conociéndonos más, de manera carnal y erótica. Por unos instantes perdí la noción del tiempo y de la habitación, fui transportada a un estado de conmoción que me hizo arañar su espalda para no perder el sentido totalmente.
Sentirlo dentro de mí, con esa calidez, con esa grandeza, me hizo amarlo mucho más de lo que ya le amaba. Increíble pero cierto, entre las embestidas, los suspiros, gemidos y jadeos, relacionaba mis sentimientos hacia la persona que me hacía sentir mujer.
No quería que acabara, pero mi cuerpo estaba exhausto, el de Jacob también. Cada uno había llegado a su punto máximo, habíamos dado todo de nuestra parte. Me sentía completa teniéndole aun entre mis piernas, aprisionando su miembro. Así como entró, lentamente fue saliendo de mi cuerpo. El frío se hizo inminente, y nos abrazamos para no sentirnos solos.
—Jacob, debo confesarte algo… —susurré cuando nuestros corazones comenzaban a tamborilear con su constante ritmo.
—Shh… —era él quien me hacía callar ahora—, ¿no te parece que está todo dicho en este momento?
—Te quiero, te quiero mucho –repetí, apretándolo un poco más a mi cuerpo. Besó mi frente húmeda por el sudor. Una nueva corriente eléctrica viajó por toda mi anatomía.
—Nos vemos al amanecer, preciosa –murmuró, acomodando el cubrecama sobre nuestros cuerpos desnudos.
—Mañana… —repetí, entregándome al poder de Morfeo.
Jacob POV
Aun no abría los ojos, porque temía que todo lo que había vivido el día anterior fuese una cruel mentira de mi conciencia. Poco a poco mis sentidos me hicieron saber que no era así. La habitación tenía aun un leve aroma a sexo, mezclado con sudor, mi perfume y otro dulce aroma que me embriagaba el pecho. En el mismo sitio sentía un peso. Acaricié los cabellos de Steff que estaban desparramados, produciéndome unas leves cosquillas.
Ayer había tenido la idea más extraordinaria de mi vida. Había decidido comportarme con un ser normal, utilizar un transporte público, y mi idea desembocó en el metro, el cual me llevaría a la reunión de trabajos a la que nunca fui. Emily se asustó cuando le dije que no iría, pero aquella mentira de, 'se me olvidaron los recorridos del metro, anda a la reunión por mí, por favor' dieron resultado exitosamente.
Conocí a la chica que yace encima de mí. Supe su nombre, sus gustos, me encantó con su risa y su mirada llena de amabilidad. Parecía de película, encontrar a la persona que buscabas inconscientemente, en el lugar menos indicado, menos romántico.
Ella simplemente era la razón por la que quería ser aun más, una persona accesible al mundo común y corriente. Me quiso sin saber quién era desde un comienzo, fue sincera desde que nuestros ojos se reflejaban en los del otro. Me sentía realmente, el hombre más feliz de la vida misma.
Con pereza y delicadeza, moví su cuerpo para poder levantarme, quería sorprenderla con un desayuno, ya no podría escapar de mí, y yo tampoco quería escapar de ella. Su sueño era algo pesado, balbuceó algunas palabras y se abrazó automáticamente a una de las almohadas que estaban esparcidas por la cama.
Tomé mi bóxer y me los puse. Vi la hora, las ocho treinta de la mañana. Agarré un poco más allá los pantalones, que me quedaban algo grandes por no ser de mi talla correcta. Lo mismo sucedía con la camisa.
Antes de salir de su pieza me quedé observándola. Respiraba pacíficamente, sonreía. ¿Con qué estaría soñando?
La cocina estaba al lado de su habitación, era la el último cuarto de su acogedor departamento. Tenía variedad de frutas en el refrigerador. Me apoderé de algunas y preparé una macedonia. El agua hirvió con rapidez en el hervidor eléctrico. Me costó encontrar dos tazas, las conseguí al cabo de unos minutos después. Quise aclarar entonces el departamento, caminé con la bandeja que preparé con comida hacia el living, había un ventanal enorme que estaba aprisionado por unas grandes cortinas color caqui. Corrí estas y unos extraños reflejos se proyectaron en el cristal.
Impresionado, retrocedí y choqué con la mesita donde había dejado todas las cosas que planeaba llevar hasta la habitación de Steff. La bandeja cayó estrepitosamente, mas yo no me moví. Estaba anonadado viendo una pared repleta de fotografías, fotografías de niño, de joven, actual, entrevistas en el diario, revistas, fotografías de mi niñez impresas... Habían mensajes por todas partes, "Jacob, te amo", "Te amo más que a todos en este mundo", "Conóceme y cásate conmigo" "Daría todo por ti" "Quiero ser tu fotógrafa personal"…
Un gritito de asombro hizo que me volteara hacia atrás. Cubierta con la sábana, Steff me observaba desde su habitación.
—Jacob, yo te lo puedo explicar…
—Así que eras una fan más –le corté inmediatamente.
—No es lo que parece…
—Y una fan bastante desquiciada, no había visto tal cantidad de fotos, ni siquiera en mi propia casa –me bufaba. Una ira comenzaba a congelar mi corazón, que hasta hacía unos minutos más demostraba alegría plena, estaba cálido.
Cálido en una mentira.
—Traté de decirte antes que yo sabía quién eras…
—¡Ah! O sea que además, ya te habías dado cuenta que Taylor Lautner no existía –ella comenzaba a llorar, a pesar de enterarme de su afición hacia mí, había algo que me pedía a gritos que corriese a abrazarla. Pero mi otra parte me exigía que pensara en mí, en cómo habían estado jugando conmigo durante todo el día anterior—, no fuiste sincera conmigo cuando hablábamos, por eso no quisiste que ayer llamara desde el living, supongo que estarás feliz ahora, publicarás todo lo que hicimos el día anterior, te harás famosa, puedo apostar incluso que tenías cámaras grabando todo lo que hicimos anoche en tu habitación.
—No sabes lo que estás diciendo… por… favor… déjame explicarte… —trataba de hablar, pero sus suspiros no la dejaban.
—No quiero verte nunca más, mentirosa… —con el dolor de mi alma, un dolor que jamás había experimentado, me despedí abruptamente de ella, dejándola sumergida en un mar de llanto y gritos que despedazaban poquito a poquito mi antiguo corazón feliz.
Nota de la autora:
He vuelto con una nueva actualización, y creo que les dejé una sorpresita, un lemmon… la mayoría de ustedes, si es que me siguen de historias antiguas, saben que no acostumbro a escribir lemmon, no porque no me gustan (a ella le encantan xD) pero digamos que aun no me siento cómoda escribiéndolos, siento que no salen tan lindos como los que leo (mí ser un poco, demasiado perfeccionista).
Demás está decir que estos dos capítulos que subiré de esta pareja, están dedicados a mi amiga Steff :D
¿Comentarios? ¿Opiniones? ¿Se quedan juntos, se separan y olvidan? ¿Qué hubieran hecho en una situación similar? Pongámonos hipotéticas xD en opinar no se acaba el mundo, yo estaré feliz de leer sus conjeturas.
Nos seguimos leyendo en el próximo capítulo.
