El Metro II
Jacob Black POV
Me costó ubicarme en el espacio, ayer no había llegado sobriamente a su departamento, corrí a una esquina, y en la otra se encontraba el ascensor. Podía sentir sus sollozos con menor intensidad…
Agradecí que no se encontrase nadie en el cubículo, mi falsa patilla estaba corrida, me encontraba despeinado, con la ropa incorrectamente puesta, ancha. Emanaba un olor a trasnoche y juerga.
Me bajé del ascensor con prisa, no saludé al conserje que me deseaba unos buenos días, al paso que activaba la puerta de la recepción para que se abriese. Me subí frenéticamente a mi automóvil, y estando ahí, lancé un grito de ofuscación. Golpeaba el manubrio con ímpetu, me sentía decepcionado de la vida, del juego que había maniobrado conmigo.
Mi móvil comenzó a sonar en el bolsillo de mi jean, era Leah.
–Leah, no estoy de humor para que me sermonees –hablé lentamente, sin emoción alguna.
–¿Estás bien? –no esperé recibir esa pregunta por parte de ella. Opté por el silencio–, ¿dónde estás? –me consultó, su voz sonaba preocupada.
–¿Puedo ir a tu departamento?
–Te estaré esperando.
No sabía por qué le había preguntado eso. Ella y yo nunca habíamos sido amigos, y manteníamos una relación profesional lo bastante alejada. Era con Emily con quien más compartía, se había vuelto una madre prácticamente para mí.
Serían unas tres o cuatro veces que había venido al departamento de Leah, este se encontraba a unas cuantas cuadras de todo el centro comercial de la ciudad. Todas las veces habían sido por necesidades laborales, aquí se hacían algunas pruebas de vestuario, o cenas para finiquitar algún contrato, la vista que daba el salón de eventos del departamento valía la pena con creces.
No tuve necesidad de dar mi nombre al ingresar a la recepción del departamento. Ella ya había avisado que estaría esperando a "Taylor Lautner". Subí al piso diecisiete, la puerta de su hogar estaba junta.
–Permiso –hablé, mientras abría y me adentraba a su residencia. Todo estaba tal cual. La pared blanca, la otra roja y la restante negra, con los muebles blancos, los sillones aguardando los cojines con esas tres combinaciones de colores, el piso de madera–, ¿Leah? –grité, ya que no se encontraba en esa habitación.
–En la cocina –me respondió. Ella estaba terminando de hacer unos panqueques. Había jugo de naranja en la mesa y un bol que contenía macedonia. Mi corazón se sobresaltó.
–Hola Leah.
–Hola, Jacob –me nombró, volteándose–, siéntate, por favor, ya acabo con estos panqueques. Le hice caso y abrí la silla con cuidado, que no sonaran sus patas en el piso, sabía que a Leah le cargaban los ruidos fuertes e innecesarios.
Jugué con mis dedos, no comería hasta que ella se sentara al frente de mí. Me incomodaba el silencio.
–Espero que te gusten los panqueques rellenos con mermelada –me dijo, sentándose y desasiéndose del audífono que tenía en su oreja. Soltó ese aparato de su móvil que estaba en el bolsillo trasero de su pantalón y la música que escuchaba salió a acompañar el desayuno.
–Sí, me gustan… –no sabía que decir, había sido tan raro recibir una llamada de Leah, había sido tan raro ir hasta su departamento, era tan raro desayunar con ella, yo pensaba hacerlo con Steff…
Iba a preguntarle qué era lo que quería, cuando noté como las lágrimas caían lentamente por sus ojos. Pensé que yo estaba mal, pero al parecer, Leah también lo estaba.
–Leah… –susurré al paso que me paré de mi asiento para ir a abrazarla. A ella no le gustaba que Emily lo hiciera, pensé que me alejaría, pero extraña fue su sumisión, ya que aceptó el abrazo, aferrándose de mi camisa.
–Ya no lo soporto –gimoteaba–, trato de ser fuerte, pero esto me carcome cada día más el alma.
–No somos muy buenos amigos, Leah, pero puedes confiar en mí –le susurré, sentía como ella trataba de parar de llorar.
–Sam se casará con Emily en una semana –culminó.
–Pues… eso lo sabemos todos Leah, es más, tú eres una de las damas de honor –su queja me parecía fuera de lugar.
–Sam y yo estuvimos a punto de casarnos hace dos años atrás.
–¿Qué? –conocía a Leah de hacía unos cuatro años atrás, mucho más conocía a Emily, pero solo supe que ella tenía una relación con Sam el año pasado, cuando nos informó que se casaría al año después. Que Leah hubiera estado vinculada con Sam, me sorprendió muchísimo.
–Él y yo vivíamos juntos, en su departamento, teníamos planes, él es un muy buen fotógrafo, y yo una muy buen maquilladora, así llegamos hasta ti. Pero eso significó llegar a conocer a Emily también. Vi sus miradas, vi como se observaban, cómo se comunicaban con sólo saludarse o estrecharse la mano. Él nunca me engañó, me confesó sus sentimientos, y Emily, que se estaba convirtiendo en una buena amiga también hizo lo suyo. Yo era la que sobraba, y si me ponía a pensar, tenía que ser fuerte, pensar que Sam no estaba destinado para mí, que era para Emily, como lo era ella para él. Me compré este departamento y quise trabajar en solitario, no más dúos, no más parejas…
–Me acuerdo de aquella vez que te querías ir, Emily y Sam se pusieron muy tristes y tensos, cielos Leah, no sabía que era por todo eso… yo fui uno de los que te pidió que no te marchases, si tan solo hubiera sabido que te estabas yendo por el dolor que te causaba esa relación –estaba sin palabras, comprendía entonces el carácter huraño de Leah, por qué no le gustaban las muestras de cariño, por qué trataba de alejarse de Emily, por qué trabajaba conmigo cuando Sam no estaba en el set, cuando grabábamos algún comercial o publicidad–, pero, ¿por qué aceptaste entonces quedarte, más aun, ser la dama de honor de la boda?
Leah sonrió y miró hacia el ventanal.
–Creo que siempre aguardé la idea de que Sam se enamorase de mí. Pero nunca pasó eso. Ellos pensaron con el tiempo que yo lo había superado, y hasta creyeron que yo abalaba su relación. Estaba algo ebria cuando acepté ese compromiso, al otro día, cuando las demás maquilladoras me dijeron las promesas que había dicho, me había querido morir, si rechazaba, luego de haber aceptado tal compromiso, hubieran sospechado que su relación aun me dolía y me calaba el alma.
Le abracé nuevamente, sentí como mi camisa era mojada por nuevas lágrimas.
–Hoy tendré el último trabajo contigo, Jacob –me dijo cuando volvió a su respirar normal–, decidí tomar la oferta que me dieron en una universidad de Italia para poder seguir avanzando en mi carrera. Cuando Emily y Sam se casen, yo partiré a Europa.
–¿Estás segura? –le pregunté–, huir de los problemas agiganta el dolor –mis palabras me hicieron recordar nuevamente a Steff, sentí como mi corazón exigía que le prestara atención.
-No tengo que hacer más nada aquí, puede que mi salvación se encuentre allá, uno nunca sabe lo que nos depara el destino a nosotros, mucho menos el lugar –susurró, separándose de mí-, lo que me hace recordar que hoy en la mañana, cuando te llamé, no te escuchabas muy bien.
–Ayer conocí a alguien –ella asintió, para que continuara contándole–, en el metro… –alzó la vista en señal de asombro–, por ella fue que no fui a la reunión, la vi y sentí que mi corazón iba a salirse de mi pecho. Estaba de pie, cargada de cosas, porque válgame la redundancia, es estudiante de fotografía –sonreí, y Leah también hizo lo mismo–, la ayudé con sus cosas, le observé, no podía dejar de hacerlo, fue como si fuese amor a primera vista. Pasamos toda la tarde juntos, la invité a que saliéramos a la noche…
–No me digas que te acostaste con ella y luego te confesó que tenía VIH.
–No, o sea, sí, nos acostamos, fue la mejor noche que tuve en mi vida, pero al despertarme me encontré con la desagradable sorpresa de que ella era una de las cientos de fanáticas que me persiguen por todos lados –Leah iba a intervenir, pero no la dejé–, ya sé, me dirás que por qué no le pregunté si me conocía al momento que estábamos intimidando, o si le pregunté si conocía a Jacob Black. Pero no… en ese momento los dos estábamos tan entregados que no nos importó quiénes éramos o qué hacíamos.
–¿Entonces? ¿Por qué estás mal?
–¿Te parece poco, Leah? Ella me engañó, ella me dijo que no le interesaban los amores platónicos... si hubieras visto la pared que tiene de mí en su living, tiene mensajes prácticamente sicópatas, miles de fotografías de mi vida, podría apostar que hasta tú sales por ahí, entrevista, película, publicidad, toda mi vida está en esa pared.
–Tú también jugaste con ella –contestó seria.
–¿Qué dices?
–Tú no te mostraste como Jacob Black, sino como Taylor Lautner. También le engañaste. ¿O acaso actuaste con total normalidad frente a ella? –viéndolo de ese modo, Leah tenía razón, otra punzada en mi corazón hizo que sintiera una pena enorme por la chica que había dejado llorando amargamente en su departamento–, aquí los dos tienen la culpa. Ninguno comenzó diciéndose la verdad.
–Ella me dijo que se había dado cuenta de mi identidad apenas me vio.
–Eso quiere decir que te observaba de manera peculiar.
–Supongo que, como buena fan, cualquiera lo hubiera hecho –trataba de no quedar mal. Sentía la pena que entraba de a poco en mi interior.
–Bueno… te duele esto porque te hirió el orgullo de hombre, ¿o es otra cosa? –preguntó.
–Creo que… me enamoré de ella –solté. Pensé que Leah me recriminaría por haberle dicho que me había enamorado de una completa desconocida, pero su semblante cambió a uno más sereno y volvió a retomar su vista hacia el ventanal.
–Supongo que eso sucedió con Emily y Sam…
–Lo siento, yo…
–Nada que ver mis problemas con tu conquista, tendremos que ver ahora si ella te ama o sólo siente esa aflicción sicótica por ti.
–¿Y qué se te ocurre? Yo aun estoy dolido por lo que sucedió, y no creo que ella quiera hablar conmigo ahora, con suerte, conozco su nombre y donde vive.
–Dijiste que estaba estudiando fotografía, y hoy será mi último trabajo contigo –comenzó a atar cabos.
–Vienes hablando de un trabajo desde que llegué, ¿qué se supone que tengo qué hacer?
–Ayer Emily firmó un contrato donde serás la figura masculina del nuevo perfume Touch Me.
–¿Emily lo firmó ayer? –me exalté, no quería firmar ese contrato, el nombre del producto lo decía todo.
–Así es, dijo que sería en venganza por haberte 'perdido en el metro' –al parecer mi desgracia de cierta manera le provocaba una alegría–, hoy nos confirmarían la modelo con la cual harías la sesión fotográfica, tenemos que estar en el estudio a las cuatro de la tarde.
–Sigo sin entender todas las cosas que me estás diciendo.
–Hombres… –se quejó–, piensa, Jacob, hoy harás una sesión fotográfica 'hot' con alguna modelo. Te recuerdo, sesión fotográfica 'hot' requiere que te manosees con la modelo, se besen, se toquen y muestren piel frente a las cámaras. Y ella es una estudiante de fotografía…
Fue ahí donde comprendí a dónde iba el plan de Leah.
Steff POV
No sabía cuánto tiempo llevaba ahí, en el umbral de mi habitación, envuelta con las sábanas, observando la fruta esparcida por el piso, el vidrio que brillaba con los rayos de sol, que se mezclaban con la infusión que goteaba de la mesita hacia el charco que se acumulaba debajo de esta.
Había conocido el cielo, había vivido en él, había disfrutado, corrido, jugado, saltado. Pero ahora estaba en el infierno. Me quemaba viva, sentía como nacían llagas de dolor por mis extremidades, y como estas volvían a arder y quemarse para rehacer la acción.
Ya no lloraba, porque no tenía más líquido que derramar. El timbre del departamento comenzó a sonar. Ni me inmuté a abrirle a quién fuese que estuviera insistiendo con aquella necesidad. Mi mente me jugó una mala imagen, pensé que podría ser Jacob…
–Amiga, por favor, abre la puerta –escuché que rogaban. Mi mente se había equivocado, no sabía si reír o llorar nuevamente– Steff, por favor, estoy preocupada…
–Ya voy –murmuré. Me amarré de mejor forma la sábana y abrí la puerta. Rosalie abrió y al ver mi estado me zarandeó con fuerza.
–¿Qué y quién mierda te hizo esto? –gritó. Volví a observar a mí alrededor. La cama revoloteada, yo desnuda, con tal solo la sábana de protección, la comida esparcida por el piso.
–No es lo que crees –le hablé, cuando me imaginé lo que estaba pensando.
–Tu vecina, la señora Clara me llamó en la mañana, me dijo que escuchó ruidos extraños, y que después, tú no parabas de llorar. ¡Oh Steff! Me tenías tan preocupada –me abrazaba–, ¿qué sucedió?
–Conocí a Jacob.
–¿Jacob… Black?
–Sí, Jacob Black.
–¿Le pediste un autógrafo o algo por el estilo amiga? ¿Hablaste con él? ¿Se tomaron alguna fotografía? –preguntaba, mientras inspeccionaba mi pared, buscando alguna nueva adquisición.
–Tuve sexo con él. Hicimos el amor anoche, en este departamento, en mi cama –hablé casi para mis adentros.
Rosalie me observaba con su quijada abierta. Cerraba y abría la boca, pero yo en su lugar, tampoco sabría qué decir. Decidí contarle la historia rápidamente, hasta el desenlace de por qué terminé así, hundida presa del dolor.
–Amiga, es tan… increíble lo que te sucedió, me imagino cómo te debes sentir –me consolaba.
Un arranque de odio hacia mí misma hizo que me pusiera de pie bruscamente, y me fui contra la pared que tenía las fotografías de quien más amaba.
Saltaba para agarrar la punta de una de las hojas de revistas que estaban arriba, y las comencé a romper. A medida que iba despedazando lo que me tardó años en completar, sentía como mi rostro se calentaba con las lágrimas que descendían de mis ojos. Rompía con enfado las cientos de fotografías sacadas de internet, del periódico, las frases que había escrito en cartulina y había pegado del mismo modo en la pared.
–Steff, ¿te estás dando cuenta de lo que estás haciendo? –me preguntaba Rosalie. Sentía su voz lejos, sería por el ruido que hacía el papel al despegarse de la pared.
Yo no quería responder, seguía trabajando con más ahínco en mi labor, quería deshacerme del culto tan personal que tenía de Jacob Black en mi pared.
Rosalie se posicionó a mi lado, y me comenzó a ayudar. A eso de una hora de estar rompiendo fotografías, mi pared mostraba el color blanco que había tenido en un principio. Unas cuantas fotografías que no salieron del todo, dejaron su marca en la blanca pared. El piso estaba lleno de añicos y recuerdos. No sentía latir mi corazón.
–Gracias Rosalie –murmuré, mientras me iba resbalando hacia el piso.
–Te arrepentirás de esto, mira nada más como te dejaste las uñas –me decía, tomando mis manos, las cuales en las yemas tenían algunas gotitas de sangre.
Mi móvil comenzó a sonar desde mi habitación. No tenía ganas de contestar.
–Yo iré –Rosalie se fue a mi habitación y contestó, mientras retornaba el camino hacia mi lado–, te llaman de la universidad –me informó. Recordé que ayer ni siquiera me presenté o informé mi ausencia, tenía que entregar unos informes y no lo hice, nunca me había atrasado en mi trabajo, por lo que me pareció increíble que te llamasen.
–¿Diga? –pregunté.
–Señorita Carlie, nos han llamado de una importante productora y solicitan sus servicios como fotógrafa.
–¿Perdón?
–Lo que escucha señorita, hoy tiene que estar a las tres de la tarde en los estudios ubicados en la avenida La Push, para fotografiar la publicidad de un nuevo perfume. Confirme por favor si puede asistir, aunque debo de confesarle que han solicitado su presencia, personalmente.
Era mi primer trabajo que no fuera artístico, por así decirlo, ya me habían llamado para afiches en cuanto a arte cultural se refería, pero a lo que era publicidad de algún producto, era mi primera vez. No tenía las ganas de aceptar el trabajo, estaba desecha, pero por lo mismo, otra parte de mí me pedía que tratara de rehacer mi vida lo más antes posible, así la herida tardaría menos en cerrarse.
–¿Señorita?
–Sí, sí, dígame el lugar exacto y yo estaré allí –le dicté los datos pertinentes a Rosalie y luego corté la comunicación–, tengo trabajo.
–Verás que eso te recreará el día, amiga, ánimo. Si quieres, yo puedo quedarme a limpiar… todo esto.
–Te lo agradecería mucho, tengo que ir por mis otros instrumentos que los tengo en la universidad –le abracé con ternura, y mientras Rosalie se ponía a cantar canciones románticas para mi desagrado, comencé a ducharme.
Qué haces que me quemas, cuando miran tus ojos
qué haces que aceleras mi respiración
qué haces tú por mí, qué haces tú por mí
Definitivamente, escuchar Rosalie cantar aquella canción, no me permitía concentrarme en mi trabajo. El recuerdo de las caricias de Jacob en mi cuerpo me electrizaban y me abrían cada poro de mi cuerpo. El único hecho de pensar en su contacto me descolocaba, y me descolocaría para toda la eternidad.
Qué haces con mi cuerpo, que extraña tus caricias
qué haces que hipnotizas mi forma de amar
qué haces tú por mí, que haces tú por mí
maldita traición, no ves que tengo miedo…
Jacob Black POV
La hora del juego había comenzado. Con un retraso elegante de cinco minutos, me encontraba llegando al set, a mi lado iba Emily, regañando a unos tramoyas que aun no tenían completamente la escena de la publicidad decorada como se requería. Leah estaba como si nunca hubiésemos compartido nuestras intimidades. A pesar de eso, sentía una nueva confianza en su persona.
Más allá, la vi a ella, sentada, conversando con otras chicas que no conocí. Cuando me vio, vi como su color de piel le abandonó para ponerse blanca, como si se tratase de un fantasma.
–¿Quién será el fotógrafo de esta publicidad? –hablé generalmente, tratando de que ella me respondiera. No lo hizo.
–¿Eres tú? –preguntó Leah de manera despectiva, yo ya le había contado como era físicamente, pero la pila de cámaras fotográficas que estaban a su alrededor le delataban de igual forma.
–Sí… soy yo –respondió temerosa. Mi papel de chico malo pronto se iría a la borda si ella no cooperaba.
–Supongo que conoces a Jacob Black, a él fotografiarás, con la modelo Amanda Gremios.
–¡Leah! –Emily corría hacia nosotros–, pésimas noticias, Amanda tuvo un pequeño accidente y no podrá estar en la sesión fotográfica.
–¡Pero qué descuido! –se enfadaba Leah–, sabes bien Emily que si hoy no dejamos listo esto, yo no podré hacerme cargo del último trabajo de Jacob. ¿No tienen a otra modelo? –Trataba de estar pendiente de la conversación que tenía Emily con Leah, pero observar cómo Steff miraba a Leah me provocaba mucha risa. ¿Estaba celosa de ella?
–De tener modelos, tenemos, pero necesitamos a alguien con las características de Amanda…
–¿Cómo Leah? –le dije a Emily. Steff y la nombrada me miraron con odio y asombro.
–Ni se te ocurra, Black –me amenazó Leah, comenzando a marcharse.
–Haz este último favor por mí, creo que Steff tiene muchos celos de ti –le susurré muy cerca.
–Yo no soy modelo –dijo con parsimonia, buscando con su mirada a Sam, que a pesar de no ser él el que tomaría las fotografías, se encontraba acompañando a Emily.
–Piénsalo… –le dije acercándome más a su oído–, podrías utilizar esta publicidad para… no sé, ver si provocas algo en Sam –sabía que estaba jugando con fuego, y además con las emociones de Leah. Sentí como su cuerpo tiritó ante la idea.
–No provocaré nada en él.
–Yo tampoco sé si provocaré algo en Steff, intentémoslo, sea como sea, será nuestra última vez trabajando juntos.
–¿Qué tanto conversan? –Sam se nos había acercado.
–Nada de tu incumbencia, dile a Emily que me ayude a maquillarme, cubriré a Amanda –Sam alzó una de sus cejas, aproveché para observar a Steff, que por lo que veía, refunfuñaba maldiciones a quién sabe quién.
¿Quién dijo que la venganza no era dulce?
Debía de reconocer que Leah se veía bastante… bien.
Nunca la había visto con tan poca ropa, y tan bien maquillada, a pesar de trabajar en aquel oficio. Siempre era sencilla en cuanto a su presencia física, ahora me daba cuenta lo bella que era. El vestido rojo, que apenas le cubría los muslos y dejaba sus hombros al descubierto, le asentaba enormemente.
–Por favor, Leah y Jacob, acercarse hacia mi persona –el director de la productora nos pidió que nos acercáramos más–, esta es la idea de la publicidad. Saben que el producto se llama Touch Me –ambos asentimos. Le tomé la mano a Leah, estaba nerviosa–, si se dan cuenta de cómo está ordenado el set, podrán apreciar en qué consistirá la publicidad tanto televisiva como fotográfica –no había mucho para la imaginación. Había una cama deshecha 'similar a cómo la dejamos ayer Steff y yo' pensé. En otra parte del set, estaba la simulación de una barra de bar, con algunas copas servidas–. Tú, Jacob, serás el mesero que atiende a Leah. Tanto tú como ella, utilizan el perfume, ella la versión femenina, y tú el masculino, por supuesto.
Un ruido nos desconcertó. A Steff se le habían caído unos rollos de las cámaras. Cómo deseaba ir a ayudarla ahora…
–Como iba diciendo –retomó la palabra–, ustedes se ven, se atraen por el perfume, grabamos unas cuantas escenas en el bar, y luego nos trasladamos a la cama. Cuando terminemos de grabar y sacar las fotografías, ensamblaremos de tal forma las imágenes, que crearemos la imagen visual que el aroma del perfume les produjo esa imaginación de estarse 'tocando de manera privada' y por así decirlo, siempre estuvieron en el bar. ¿Se entiende?
–¿Tenemos que frotarnos demasiado entonces? –consulté alzando la voz. Increíblemente, la mirada de Sam y Steff me provocaron un escalofrío debajo de la nuca.
–Es la idea, mientras más hot sea, mucho mejor. Vayamos al primer set, todos –pidió el productor, Steff incluida, se adentró al lugar de simulación– pondremos algo de música para que se relajen. ¿La fotógrafa tiene algo que aportar?
–No –respondió ella, secamente, acomodando el atril que sostenía una de sus cámaras–, sacaremos las fotografías de plano americano primero, luego nos adentraremos con las de primera plana –pidió.
¡Já! Plano americano, ella no quería acercarse demasiado a nosotros por el momento, era una buena señal.
La música comenzó a sonar, y extrañamente, me sentí cómodo. Leah no lo parecía tanto, era su primera vez ante las cámaras, de esta forma.
–Tranquila… piensa que soy Sam –susurré, mientras le servía un vaso de falso vodka.
–¿Tengo que hacerte creer que soy la fotógrafa entonces? –respondió algo más suelta.
–Nos haremos el trabajo mucho más fácil –confirmé, pasando del falso bar para acortar nuestra distancia. Le atraje un poco más a mi cuerpo, nunca había estado tan cerca, en aquella postura. Se ruborizó un poco y miró hacia donde se encontraba Sam, que curiosamente, estaba detrás de Steff.
Rocé mis labios en su cuello. Tenía los ojos cerrados, su piel era cálida y olía bastante bien. Ella poco a poco iba tomando confianza y me agarraba la camisa. Sentía los flashes de la cámara, tenía los ojos cerrados, pero aún así, este provocaba que viera formitas de colores.
Poco a poco fui tocándola con más determinación. No había necesidad de pedir permiso, era como si la conociera desde mucho antes, ya la tenía sentada en la barra del bar, entremedio de sus piernas que me aprisionaban hacia su cuerpo. No había ningún roce de labios contra labios aún, pero suponía por la fogosidad de la publicidad que eso ocurriría tarde o temprano.
La música que tuvimos de fondo terminó. Sentimos que era la necesidad de parar. Ella automáticamente cerró sus piernas y se bajó el vestido. Le ayudé a que se bajara de la barra y caminamos hacia el productor para que juntos viésemos las fotografías que había tomado Steff.
Ella nos las fue mostrando sin decir nada, realmente estaba furiosa. La idea de Leah había sido brillante.
–No sabía Emily que tu maquilladora fuera tan expresiva, fácilmente podría trabajar como modelo, sale muy bien en estas fotografías –alababa a Leah el productor.
–Yo tampoco, se la tenía guardada –respondió Emily, tranquila– ¿Tú sabías de esto, Sam?
–No, no tenía ni la menor idea –acotó con lentitud, tratando de no mirar las fotografías.
–Pasemos a la cama, por favor. Más música –pidió. Leah fue a por su bolsito de maquillaje y me retocó un poco, pidió una botella de agua, y esparció algunas gotitas de esta en mi torso que ya estaba desnudo.
Por orden del productor, Leah tenía que estar recostada en la cama y yo encima de ella, tenía que quitarle su vestido y parecer luego, que ambos estábamos expuestos. Leah ya contaba con la ropa especial para cuando se utilizaban desnudos en la televisión. Ella no expondría sus senos, por lo que tenía un sujetador especial, que cubría sus pezones y algo más, de la tonalidad de su piel. Lo mismo pasaba con su zona íntima y la mía.
Efectivamente, la música relajaba mucho más las cosas, mientras la desvestía con cuidado, para que ella no se alertara o no se viera sus tapados, recordaba que gracias a la música, ayer Steff y yo habíamos podido intimar. La música era el inicio para muchas cosas, y ya me daba cuenta de aquello.
El momento de besar a Leah había llegado. Le susurré un 'permiso' y posé mis labios en los de ella. Ella respondió, mientras jugaba a marcar mis abdominales con sus yemas. Ya había trabajado en publicidades similares, pero esta vez se sentía especial, no sé si era por la doble intención que cada uno tenía, o era por la extraña confidencialidad que estaba adquiriendo con Leah en estos momentos. Verla casi desnuda provocó un poco de excitación, a los dos nos agregaban algo de agua para que pareciera sudor, pero en realidad ya comenzábamos a sudar con total realismo. Leah me enroscaba entre sus piernas, arañaba con suavidad mi espalda y cerraba los ojos cuando nos besábamos. El calor de su cuerpo se sentía bien y cómodo. Antes de terminar de filmar y grabar, escuché en un murmullo 'te amo, Sam'. Aquello me sacó de mi trabajo, y pude corroborar algo que no esperaba. Ya no estaba Steff tomando las fotografías. Sam había tomado su puesto.
–Muy bien, chicos, excelente trabajo, les llamaremos dentro de una semana para que vean el trabajo terminado –nos felicitaba el productor–, espero poder contar con usted en alguna otra publicidad, señorita Leah.
–No creo que sea posible, pero gracias por la oferta –contestó Leah, cubierta con una toalla.
–¿Y la fotógrafa? –le pregunté a Sam cuando me acerqué a él.
–No se sintió muy bien, creo que está en el baño o en los vestidores, dejó todo tirado y yo terminé con su trabajo –contestó tranquilo.
Tenía las ganas inmensas de ver si Steff permanecía aun en el baño, pero tenía que ayudar a Leah ahora.
–¿Sabes que Leah se va a Italia? Yo ya sé de todo lo que ustedes dos… vivieron.
Sam se sorprendió, pero lo único que obtuve fue una risa paternal de sus labios.
–Sí, lo sé. Ella me lo contó personalmente. ¿Cómo te enteraste… que fui pareja de Leah?
–Ella misma me lo dijo.
–Ya veo… se han hecho muy buenos amigos ahora, al parecer.
–¿Tuviste celos con esta publicidad?
–Mentiría si te dijera que no, pero no eran los celos que supongo, ella habrá pensando. A Leah le quiero mucho, le quiero como si fuera una hermana. Y todo lo que ella haga, me pesará a mí, porque tengo esa necesidad de protegerla –si Leah se enteraba de esto, no sabría cómo lo tomaría. Mis dudas se deshicieron en un instante, ella estaba ahí, mirándonos a ambos.
–Leah… –susurró Sam. Era momento de dejarles que conversaran a solas, yo tenía que encontrar a Steff.
Corrí hacia los vestidores y no estaba allí, hacia los baños de aquel sector y tampoco se encontraba. Ella no se podía ir sin sus implementos, por lo que retorné al set, donde por fin la vislumbré. Ella me vio, cogió todas sus cosas y comenzó a correr.
–¡Suéltame! –exigió, cuando le agarré una de sus muñecas–, llamaré a seguridad y…
–¿Y qué dirás? ¿A quién creerán, a la famosa estrella o a la fanática? –ella dejó de hacer fuerza, bajó la mirada y quise golpearme por haber sido tan bruto.
Me matas corazón, y juegas a perder
me matas y me obligas a caer a tus pies.
–Nunca quise hacerte daño, mucho menos engañarte –habló mirando el suelo–, perdóname. No pensaba volver a encontrarme contigo, mucho menos buscarte… yo…
No la dejé continuar, la arrastré hacia el estacionamiento, donde tenía mi automóvil y le dije que se introdujera en este.
–¿A dónde me llevas? –preguntó asustada.
–Vamos a tu departamento –le respondí observando las luces que alumbraban la carretera. Ella no dijo nada, pero sentía que su respiración era irregular.
Aceleré lo máximo permitido en la calle. A pesar de la velocidad, tenía la sensación de que las manecillas del reloj pesaban con cada ascenso y descenso de los segundos.
Me estacioné al frente del edificio donde vivía. Ninguno de los dos habló o se inmutó. Fue en un abrir y cerrar de ojos que ella salió corriendo del asiento del copiloto y entró apresurada a la recepción del edificio.
No podía dejarla huir, tenía que saber qué era lo que ella sentía por mí. Mi corazón me lo exigía saber a gritos, sentía que si no solucionaba esto ahora, podría enloquecer dentro de poco.
Tenía que saber la manera en que Steff se sentía conmigo. Si era parte de su vida como alguien común o corriente, o si formaba solamente importancia por mi fama.
Corrí tras de ella, no la alcancé en el ascensor, busqué con mi mirada a dónde estaban las escaleras y comencé a subirlas con rapidez. Llegué cansado, pero la adrenalina hizo que no sintiera el malestar en mis piernas, le vi como me buscaba en la mirada, al darse cuenta que estaba en el sector de las escaleras, se apresuró a abrir la puerta. Se le cayeron las llaves, y eso fue lo que me permitió llegar a su cercanía.
Abrió e intentó cerrar, mas no le dejé hacer eso. Contaba con fuerza.
–Por favor, no me hagas más daño –le escuché decir, cuando desistió de la fuerza y dejó que entrase a su hogar. Lo primero que quise hacer, fue ver la pared. Mi sorpresa fue enorme, al darme cuenta que ya no había rastro alguno de lo que había visto hoy en la mañana.
Steff POV
–¿Qué…fue lo que hiciste? –me preguntó.
–La pared fue lo que te molestó… así que yo… me deshice de las cosas que había en ella, pensé que así tal vez, podría tener tu perdón –contesté sin dirigirle la mirada.
Escuché como caminaba hacia donde me encontraba, me aferró en un abrazo y me besó.
–Sé que tuve la culpa al no haberte dicho la verdad, y creerás que soy una de las muchas de fans que tienes, pero nunca fue mi deseo el engañarte para llevarte a mi cama –le dije cuando nos separamos. Él me iba a volver a besar, sus besos me adormecían, pero sabía que él lo hacía no por amor, sino por despecho–, por favor –le pedí–. Creerás que soy una tonta, pero… yo nunca sentí un fanatismo por ti. Lo que yo sentía por ti, era… amor –él se separó y se sentó. Yo caminé hacia el ventanal– sí, antes podría decirse que te veía como alguien imposible en mi vida. Coleccionaba tus revistas, y cuando me mudé a este departamento, una amiga me dio la idea de poder decorar esta pared con tus fotos. Partió como un juego, pero a medida que iba llenando este espacio de mi departamento con tus fotos, me daba cuenta de muchos de tus gustos, de tus pasatiempos, de las publicidades en que reincidías, en tus buenas obras, también percibía las cosas que no te gustaban, o que no te preguntasen. Me fui enamorando de alguien que conocía, pero a la vez no.
–Steff…
–Cuando te vi en el metro mi cabeza y mi corazón me indicaban que eras tú. Que era una señal del cielo. Traté de alejarme de ti, pero tú eras el que preguntabas cosas, el que me invitó a compartir una tarde… me preguntaste por algún amor platónico. No te podía decir que si tenía uno, porque ya no te consideraba como tal. Te consideraba como ese ser que uno ama con toda su vida… –no pude seguir hablando tan holgadamente, exponer mis sentimientos hacia él provocaba que me sintiese desnuda–, huir de los problemas agiganta el dolor, y eso fue lo que hice, y estuvo mal.
Me matas corazón, herido de amor
herido de amar, siempre en silencio
me matas corazón, me matas corazón
–Huir de los problemas agiganta el dolor… –repitió.
–No pensaba verte más, pero no planeaba que tú ibas a ser a quién tenía que fotografiar, y tomarte ese tipo de fotografías… fue demasiado para mí. Hacía menos de veinticuatro horas nosotros habíamos tenido algo similar, y verte con otra, por muy laboral que fuese me hizo sentir, vacía, usada, utilizada…
–Perdóname, Steff –él me abrazó, mi cuerpo le reconoció y provocó una electricidad en toda mi anatomía–, perdóname, no era mi intención hacerte sufrir. Los dos tuvimos culpa, debimos de haber comenzado con la verdad –volvió a buscar mis labios y esta vez no negué a que los besara. Le respondí con la misma necesidad.
Sabía que terminaríamos nuevamente en mi cama, los besos tomaban la definición de ardientes. Mis manos se movían buscando los botones de su camisa, mientras él desabrochaba el cinturón que mantenía preso mi pantalón. Me sujetó de la cintura y me elevó al cielo, me apoyó con algo de brusquedad en una de las paredes que daban a mi habitación, y en la misma posición me comenzó a besar debajo de mi busto. Mi camiseta ya estaba tirada en el piso, junto a su camisa, junto a mis pantalones, junto a los suyos.
Sentía como su erección se comenzaba a palparse de manera más prominente, no la veía, no era necesaria. Mientras seguía manteniéndome en la pared, posicioné su miembro en mi interior. Ya estaba completamente húmeda, esperándole a que se hiciera dueño de mi completa feminidad.
Entró con rapidez, con necesidad, embestía con coordinación, cuidando que mi cabeza no se azotara en la pared. Mis piernas le enroscaban para que entrase mucho más. Mientras más me llenaba, me sentía más yo. Mordí su hombro, sus jadeos me hacían gemir con más fuerza. No había palabras, no había necesidad de decirlas. De esta forma nos entregábamos y nos entendíamos a la perfección.
Sentí como llegué al clímax cuando su erección eyaculó dentro de mí. Mis pliegues le apretaron por unos segundos más, y mientras nos íbamos relajando, fue dejando en libertad su miembro. Estábamos sudados, pero no cansados. Me cargó hasta mi cama, y ahí seguimos amándonos como si la vida fuese dos días, y nosotros ya hubiésemos gastado uno.
Mis pestañas comenzaron a tiritar por los rayos de sol que entraban por la ventana. Fui abriendo los ojos con lentitud y sentí dolor en todo mi cuerpo. Estaba desnuda, sola, en mi cama.
Me senté con brusquedad. ¿A caso me había utilizado?
El otro lado de mi cama no marcaba otro cuerpo. Si él se había ido, habría sido hacía horas.
Tomé la bata que se encontraba en la silla de mi tocador y me enfundé en ella. Tenía miedo de salir de mi habitación, pero no sacaba nada con quedarme ahí, presa de la incertidumbre.
Suspirando pesadamente, abrí la puerta de mi habitación. Fui a la cocina, no había nadie, fui al baño, tampoco estaba ahí. Por último me dirigí al living, donde él estaba sentado, dándole la espalda a la pared donde antes había cientos de fotografías de su persona. La pared estaba tapada con unas sábanas blancas.
–Buenos días –me dijo, observándome–, ¿sucede algo?
–Buenos… días –no sabía que más decirle, yo no sabía si sucedía algo.
–Te tengo una sorpresa… y una proposición –acotó–. Quita las sábanas de la pared.
Un miedo me recorrió completamente, ¿qué era lo que ocultaban esas sábanas?
Él se puso de pie, y me empujó con delicadeza.
–En la pared… hay una pregunta que quiero… tenga una respuesta.
Me dio la espalda. Armándome de valor, jalé la sábana.
Me quedé sin palabras ante lo que veían mis ojos. Las lágrimas corrían por mi rostro, suspiraba para poder respirar, la impresión de lo que veía me dejó sin palabras, sin aliento.
En el lugar donde hubo muchas fotografías de él, se encontraba una gigantografía de nosotros dos, durmiendo en mi cama, abrazados, la imagen era más grande que nosotros mismos. A un lado de nuestros cuerpos, con letras cursivas, caobas, como sus ojos y los míos, decía:
¿Te gustaría despertar todos los días de tu vida conmigo?
No me di cuenta el momento en que él me secaba las lágrimas con sus dedos, poniendo atención de lo que yo hiciese o dijera.
–¿Qué me respondes? –preguntó, sonriéndome.
–Qué sí, me gustaría despertar contigo todos los días de mi vida.
Los dos nos abrazamos, y nos dijimos esas palabras que aun faltaban por ser dichas.
'Te amo' expresamos los dos. Juntos.
Por el resto de nuestras vidas.
Nota de la autora:
Aquí termina la historia de Jacob/Steff. Reitero que la dedicación, es para mi amiga Steff, quien es una de las del Team Jacob más apasionada que conozco xD, la canción mencionada, fue escogida por ella también :D.
(Yo ser siempre fiel al team Suiza… aunque prefiero lo frío, lo duro como mármol y los que brillan cofcofsuenancofcof con el sol xD)
Tuvo un semi limme, es que… aun no aprendo a cómo escribir lemmon, adoro leerlos, pero en lo que refiere a la práctica, me cuesta aun llevarlos a la escritura, a pesar de las muy buenas críticas que tuve en el capítulo anterior.
La pareja que sigue a continuación, será (redoble de tambores….) mejor no… les dejo la pregunta y ustedes me dicen en un rr quienes creen que serán los protagonistas de los dos próximos capítulos. Y qué idea de trama se les pasa por la cabeza…
Muchas gracias por las alertas y por los rr anteriores, no pensé que el fic llamase la atención de aquella forma ^^. Sigo dejando en claro, que, NO todas las parejas contendrán alguna descripción de carácter sexual, con algunas, es imposible que se den, y eso lo verán en el transcurso de las actualizaciones.
