Furgón escolar II
Jasper POV
Quise volver antes, pero las condiciones no se dieron.
Tenía las maletas listas, las ganas de reencontrarme con mis padres, con mis amigos, mas el fuerte cambio climático abrumó Inglaterra, y todo vuelo fue cancelado hasta nuevo aviso.
Luché para que me rembolsaran el dinero, y luego de tres semanas de pleitos, obtuve sólo el setenta y cinco por ciento de lo que había pagado. No podía viajar, mis vacaciones ya estaban próximas a terminar, y quería gozar de mi estadía junto a mis padres.
Esperé otro año, y cuando planeaba ir para las vacaciones de verano, un trabajo imperdible se cruzó en mi camino. Ganaría mucho dinero en poco tiempo. Les podría ofrecer a mis padres dinero para sus gastos.
—Lo siento, mamá.
—Entiendo, Jazz. Hemos esperado tres años, te veremos al próximo. Te amamos —se despedía con nostalgia.
Pero tampoco pude regresar a mi casa.
Sólo ahora, casi cinco años después, podía tomar mis maletas y esperar a que mi madre me recibiese con los brazos abiertos, como lo estaba deseando.
Extrañaba también a mi padre.
Quien se encargó de proteger a mi madre durante toda mi ausencia. Cinco años de no verles en persona, porque a través del computador y sus programas no habíamos perdido el contacto. Veía el rostro de mi padre con más arrugas, a mi madre con su pelo extrañamente más rubio de lo normal a su edad.
No estaba compartiendo mi vida con quienes me la dieron. Estaba dejando pasar el tiempo y este hacía de las suyas.
Cuando pasé a buscar mis maletas y traté de buscar una locomoción que me transportase desde el aeropuerto hasta la ciudad, sentí muchas cosas.
La calidez humana abrumaba la estancia. A muchas personas les estaban esperando. Carteles con corazones y con frases 'bienvenido' o 'que te vaya bien' hacían que el ambiente fuera agradable de respirar.
Sonreía a cada persona con la que me topaba, pero al verme vestido con botines, pantalones, camisa y chaquetón negro se atemorizaban, o me escaneaban con su mirada.
Supondrían que un chico que se viste de negro no tiene emociones, quizás.
El tercer taxista a quién le consulté cuánto me cobraba por llevarme a la ciudad, fue el que no se apartó de mí. El primero creyó que era un terrorista. ¿El segundo? Sólo huyó.
No les había dicho a mis padres que por fin llegaría a casa. Que pasaría los siguientes meses con ellos. Y si todo resultaba bien, podría quedarme hasta que finalizara mi vida. Ya había acabado todo en Inglaterra, y lo que había aprendido lo utilizaría aquí, en mi país.
El viaje se me hizo más eterno que el del avión. Debió de haber sido por las ansias de llegar a la casa y encontrar todo a como lo recordaba, darme cuenta de las cosas nuevas, descubrir si mis padres seguían teniendo las manías de siempre o tenían más.
—Quédese con el vuelto —le dije al hombre que me había llevado hasta el portal de mi casa.
—Gracias, joven —se despedía cortésmente, mientras apretaba el botón que abría la cajuela del vehículo.
—Puedo sacar mis maletas yo mismo, no se preocupe —le alerté, al verle dispuesto a salir del vehículo. En Inglaterra hacía un calor infernal, pero aquí, el frío se sentía a modo de calambres en las piernas.
Agarré mis maletas y cerré la cajuela. Él hombre partió con su automóvil y cuando se encontraba dando la vuelta en la esquina, yo golpeaba la puerta de mi casa.
—¡Ya van! —escuchaba gritar a mi madre—¡Dios mío!
—No mamá, es Jasper, tu hijo —contesté frente a su exclamación. Ella me apretó en un abrazo, haciendo que soltara mis maletas.
—¿Qué sucede, mujer? ¡Jazz! —mi padre se nos unía en el abrazo fraternal—¡Cómo no nos avisaste! Te abríamos ido a buscar al aeropuerto.
—¿En el furgón escolar? No lo creo —bromeé—ahora sí que no puedo entrar a esa cosa, y no es porque no quiera, sino por estoy un poco más alto.
—¡Y cómo no, si ya tienes casi, veinte años! Pasa a tu casa, no te quedes ahí —mis dos padres me tomaban las maletas y las adentraban hacia el living. Todo seguía tal cual a como mi memoria lo recordaba. Los mismos sillones, ubicados en el mismo sitio. Los mismos cuadros en la pared, la chimenea decorada con las fotografías familiares. El mismo aroma de mi familia.
—Qué bien se siente el estar en casa, otra vez.
—¿Quieres darte un baño? Por mientras te prepararé tu comida favorita. Siguen siendo los tallarines con salsa, ¿verdad?
—Por supuesto que sí, sobre todo si los cocina mi madre —subí con mis maletas a lo que fue mi pieza durante catorce años ininterrumpidamente. Estaba mi cama, mi repisa vacía, puesto que todas mis pertenencias las tenía en mi habitación de Inglaterra. Algunos posters seguían decorando las paredes, estaban desteñidos por el sol. Sería bueno cambiarlos.
No pude evitar las ganas de tirarme en mi cama.
Revoté un par de veces y luego abracé la almohada. Mi aroma seguía ahí. A pesar de todo el tiempo que había transcurrido.
El techo seguía teniendo las figuras que habíamos pintado con Alec y Dimitri cuando comenzábamos con las clases en la mañana. Era como si el tiempo se hubiese detenido y nunca me hubiese ido de mi hogar.
El ropero apernado a la pared tenía un par de poleras con la carátula de unos discos y tres pantalones. Intenté ponerme la ropa, mas me quedaba ajustadísima. El tiempo sí había pasado.
Mi padre estaba más chiquito, y mi madre también. Los dos se veían bien juntos, y ahora que llegaba, irradiaban muchísima más felicidad.
Algo que no recordaba de mi habitación me llamó la atención, cuando la tenue luz del sol alumbró el marco plateado de un recuadro que se encontraba en mi velador.
Caminé para tomar el cuadro entre mis manos, y una sensación particular que sentía cuando pensaba en ella, apareció.
Era una fotografía de Alice y mía. Estábamos en el hospital. Ella recostada en su cama, haciendo el símbolo de paz con su mano izquierda, mientras mantenía uno de sus ojos cerrados. Y yo le hacía compañía, mirando seriamente a la cámara, con ambas manos haciendo el símbolo del metal.
¿Qué sería de Alice Brandon?
Alice POV
No podía evitar llorar.
Aquella melodía recorría toda la habitación.
Cada nota musical, cada tecla iba cobrando vida a medida que los dedos se iban moviendo por el instrumento. Era como si mi cajita musical hubiese sido conectada a un alto parlante, y todo el mundo presente para aquella noche, podría deleitarse al escuchar aquella hermosa canción que el tío Edward terminaba de tocar en el piano para mí.
—¿Te gustó el regalo?
—Después de la vida que me han dado mis padres y la cajita musical, este sin lugar a dudas, ha sido mi mejor obsequio. Gracias, tío Edward —le agradecía, mientras me acercaba al sitio donde se encontraba, sentado frente al piano.
—No tienes que agradecer nada. Siempre había querido tocar en este instrumento la melodía de tu cajita musical. Esperé hasta ahora para darte un regalo especial, en tus quince años.
—Y lo es. Créeme que nadie en el mundo ha tenido mejor presente que este.
—¿Bailarás esta canción con tu padre?
—Sí, quiero que los dos bailemos esta melodía, una vez que baje por esa escalera —le dije, mientras le indicaba una escalera con forma de caracol.
—Creo que tus padres están más emocionados por tus quince que tú misma —acotó luego de un instante. Me senté al lado de él, jugando a tocar algunas teclas sin sentido alguno.
—No me gusta demasiado la ostentosidad. Por mí, hubiese sido una celebración en mi casa, como todos los años lo suelo celebrar, con las personas más cercanas. Mis padres, mis abuelitos, tú, tía Bella, Elizabeth, los tíos Emmett y Rose, junto a las sobrinitas Adara y Alesti. Pero a mis padres les ha dado que mi cumpleaños tiene que ser en grande, y han terminado arrendando esta estancia —concluí.
—Pero no siempre se cumplen quince años, estoy seguro que querrás celebrarle de esta misma forma el cumpleaños a tu hija.
—Qué eres gracioso, tío Edward. Ni siquiera tengo novio, y ya me estás cargando hijos.
—No tienes porque no quieres. Ese Félix, se muere por ti.
—Somos muy buenos amigos. Hemos crecido juntos, prácticamente.
—Pero tienen historia para estar como novios. ¿No recuerdas que por tu regalo, hace unos siete años atrás, secuestraron el bus donde viajábamos?
—Ni que lo menciones, claro que me acuerdo. Mi madre casi se murió por mi culpa.
—Aunque, pensándolo bien... hay otra persona con la que tienes una historia mucho más linda. ¿Qué has sabido de Jasper?
—¿Jasper? —me quedé callada por un instante—de Jasper no he sabido nada, hace años.
—¿Tanto así? Pensé que seguían manteniendo el contacto. Si no mal recuerdo, tienes una fotografía donde aparecen juntos, en el velador de tu cama.
—Una fotografía que me trae buenos y malos momentos. Casi me muero en esa ocasión —comenté con risa—en aquella época yo era muy pequeña. No tenía móvil, tampoco correo electrónico. Me creé un Facebook, lo intenté buscar, pero nunca me apareció alguien con su nombre.
—Hum… será que también tiene otro nombre de usuario. No es por nada, pero yo no tengo a Alice Brandon, sino a Pequeña Duende como amiga.
—Debe ser —concluí algo desganada. Por alguna extraña razón, me daba mucha pena el recordar a Jasper. La memoria infantil es precaria, y cada día se me iban olvidando más y más detalles. Mantenía aquella fotografía en mi velador, para no olvidar sus facciones, el color de sus ojos, su manera de ver la vida. Escuchaba la melodía de la cajita musical siempre, aun cuando me traía recuerdos del hospital, de la navidad que casi viví en aquel sitio.
—¿Recordando el pasado?
—Ni que pudieses leer la mente. De todas formas, yo sabría lo que ocurriría después.
—¿Te las quieres dar de pitonisa?
—No, por ningún motivo… pero recuerdo que una pequeña, dulce e inocente niña, soñó con Elizabeth, antes de que los mismos padres supiesen de su existencia —Edward sonrió, y tapó las teclas del piano.
—Bueno, te dejo a ti la habilidad de ver el futuro. Yo me quedaré con la lectura de mentes. ¿Te parece?
—Me parece —concluí, estrechándole la mano.
—¿Cuándo será la fiesta?
—El día sábado, comenzará a las nueve de la noche.
—¿Quieres juntarte a ensayar la canción?
—No —contesté luego de un momento—no quiero que haya cosas ensayadas, quiero que todo lo que suceda dentro de la fiesta, sea mero sentimiento. Las cosas no planeadas, salen muchísimo mejor, están acompañadas del factor sorpresa.
—Sabía que me responderías aquello. ¡Hey! Deberías de dejarte crecer un poco el cabello, para poder chasconearte mejor.
—Ya quisieras. La pobre Eli no se salva de tus extrañas muestras de cariño.
—Es verdad, no se salva. Pobre hija mía. ¿Me acompañas a buscarla? Ya debe de estar por salir del kínder, y su madre tiene trabajo durante todo el día.
—Mi compañía vale por un helado.
—Bueno, vamos por Elizabeth y los helados —juntos salimos del local donde sería mi fiesta de quince años. Era una localidad que tenía una habitación estilo recepción, luego un enorme salón, decorado con tres gigantescas arañas de luces, que brillaban en toda su gloria y majestad. La escalera en caracol, ubicada al centro de la pared frontal le daba todo el toque necesario para ser elegante y recatado, acompañada de un segundo piso en aquel lugar, custodiado por unos barandales pintados de blanco nieve. Había un escenario pequeño en la otra pared, donde se encontraba el piano del tío Edward. Desde la escalera caminaría hasta dicha localidad, y ahí bailaría el vals con mi papá, mientras la melodía inundaría todo el sector. Para finalizar, contaba con un patio trasero, donde los árboles crecían sin la preocupación de ser cortados por los cables eléctricos. Todo el patio estaba iluminado con faroles tenues, que daban privacidad a quienes se paseasen por los caminos confeccionados con piedrecillas. El número predilecto en aquella estancia era el tres, porque también había tres piletas, que mantenían la frescura a los transeúntes del espacio abierto.
—¿Ya llegó? Maldito bastardo de la sociedad, ni siquiera nos avisó para que le fuésemos a buscar o algo por el estilo —Mientras Edward y yo esperábamos a que cambiase el color del semáforo para cruzar la calle, una chica a nuestras espaldas al parecer, hablaba por celular—y dime, ¿está guapo? La última vez que revisé sus fotos en el Facebook se veía bastante bueno. Menos mal que le sigue gustando el metal, pensé que se podría convertir en algún niñito tipo Skins, gracias a Satán que no fue así. De lo contrario, ya pensaba ya meterle a la fuerza mi música —su comentario trajo a mi memoria un recuerdo no muy agradable. Miré hacia atrás, y pude sentir una especie de ola interna.
Botas gigantes, llenas de hebillas, panties que no sé para qué las usa, si las tiene todas desgarradas, una falda con mucho tul negro, un corsé que resaltaba su esbelta figura, tres collares con cruces, calaveras y otras cosas que no pude distinguir, su cabello rubio, largo, suelto, tapándole toda la espalda. Sus ojos. Sus ojos eran rojos.
—¿Qué miras, enana? —preguntó con ironía.
—Tus ojos. Tus ojos no son rojos de verdad.
—¿Eh?
—Cuando pequeña, pensé que tus ojos eran de verdad rojos, pero después, supe que no. Eran lentes de contacto.
—¿Nos conocemos?
—Tú eres amiga de Jazz, tú eres la que me ofreció cigarrillos cuando tenía nueve años, la que me hizo escuchar su música.
—¿Eres el juguete de Jasper? ¿La duende? ¡Claro! Si sigues siendo igual de enana.
—¿Conoces a esta chica, Alice? —me preguntó Edward, al notar la ironía con la que hablaba la rubia. El semáforo ya había dejado de estar en verde, nuevamente.
—Es una amiga de Jasper —le respondí a Edward—y yo no soy un juguete. Ni de Jasper, ni de nadie —finalicé, volteándome.
.
.
Llegué a mi casa a eso de las tres de la tarde. Acompañé al tío Edward y a Elizabeth a almorzar, puesto que mi madre se encontraría trabajando, al igual que mi padre.
Tiré mi bolsito de manos a la cama, y luego me tiré yo, no sin antes, darle cuerda a la cajita musical que siempre permanecía en el velador.
De pronto, la conversación que mantenía la rubia con cualquier persona en su celular me hizo pensar en Jasper. Todas las características que ella había dicho, englobaban a él. Hablaban de una persona la cual no avisó que llegaría, Jasper no ha regresado desde que se fue, hace años atrás. Skins era una serie británica, y Jasper andaba por esos sectores, le seguía gustando el metal. Jasper era metalero. Y estaba más guapo.
Lo último me hizo sonrojar.
Abrí el cajón de mi velador, y una carta algo amarillenta por el tiempo estaba aguardando a que una vez más, la tocase.
La saqué y abrí la solapa, para ver otra vez el contenido de dicha enmienda.
El dibujo que había confeccionado hacía años, permanecía intacto.
Dos cuerpos, uno con vestido morado, y otro vestido de negro, pero con el cabello tan amarillo como el sol que estaba en la esquina de la hoja. El cuerpo vestido de morado era más pequeño que el que estaba de negro, pero aún así, los dos estaban tomados de las manos.
Abajo, con caligrafía algo deforme, decía Alice y Jazz, amigos para siempre.
Mi corazón latió con fuerza, como cuando me emocionaba al bailar frente al colegio. Como cuando mis padres se demostraban lo mucho que se querían y querían a mi hermana y a mí.
Mi corazón latía con fuerza, porque se me había cruzado la idea de volver a ver a Jasper.
Just gone stand there and watch me burn…
—¿Aló? ¡Hola Félix!, ¿cómo estás?
—Muy bien, feliz de escucharte. ¿Y tú?
—Bien también, gracias por preguntar —nos quedamos los dos en silencio—y, ¿para qué me llamabas?
—¡Ah! Es que tu mamá iba a llamarte, para decirte que se tardaría un poco más aquí en la casa, pero que no se preocuparan, porque mi padre la iría a dejar a tu casa. Y yo me ofrecí a pasarte el dato.
—Gracias por avisarme Félix, siempre tan cortés.
—No hay de qué. ¿Te gustaría que acompañase a mi padre a dejar a tu madre? Así nos podríamos ver.
—Lo siento, hoy saldré con unas amigas al cine, iremos a la última función y no creo que esté en la casa.
—Nos veremos después, entonces.
—Claro, en mi fiesta de quince, ¿vendrás?
—Pero tu fiesta es recién el sábado. Podríamos juntarnos antes.
—Te llamo cualquier cosa. Hasta pronto.
—Hasta pronto —él se despidió y yo corté la comunicación. Guardé la carta en el bolsito que había dejado tirado en la cama, y les escribí a mis padres una nota, dejándosela en la mesa del comedor.
'Fui a andar en bicicleta'.
Jasper POV
—Sigues siendo igual de bueno en los videojuegos. Maldito.
—Hay cosas en las que uno nunca será superado —respondía con autosuficiencia, entregándole el joystick a Jane, para que pateara el culo a unos cuantos zombies.
—Vamos Jane, veamos si puedes superar mi puntuación —le retaba Alec.
—¡Mira ese mini zombie! mátalo, antes de que te ataque las piernas —advertía Dimitri, arriba de mi cama saltando con efervescencia.
—¡Sí, se parece a la duende! —contestaba Jane, haciéndolo explotar.
—¿A la duende? —repitió Alec. ¿Por qué Jane se acordaba de Alice?
—Sí. La cosa chica esa, que compartía el tractor amarillo con Jasper. Hoy la vi, y sigue siendo igual de enana. ¿Me van a creer que luego de cinco años, la muy tarada me preguntó por el color de mis ojos? Pensaba que mis pupilas eran en realidad rojas. Pobre ilusa.
—¿Viste a Alice? —ambos pusieron en pausa el juego y Dimitri que saltaba en la cama dejó de hacerlo.
—Sí. Me la encontré hoy, cuando venía para acá. Aunque fue ella la que me reconoció —acotó, observándome.
—Y… cómo está. ¿Se ve bien?
—Hum, creo que nosotros nos perdimos de algo. ¿Qué pasa entre tú y la duende? —preguntó Alec, dejando de ver la pantalla del televisor.
—Entre Alice y yo no sucede nada. Creció una amistad, cuando ella enfermó, hace años atrás.
—Verdad que tú vivías y morías en ese hospital, auxiliando a la duende.
—¡No le sigan llamando duende! Se llama Alice —grité, respirando algo agitado. Los tres mantenían sus miradas en mi reacción. No podía comprender mi comportamiento.
—Yo no voy a permitir que me grites así como así. Somos tus amigos y si no mal recuerdas, fuiste tú el que le comenzó a llamar así. Fuiste tú el que nos permitió conocer a esa chica y fuiste tú el que inventaba excusas para molestarla. No nos vendrás ahora con una charla de ética y moral, o que no debemos de comportarnos así con el prójimo. ¿Se te ha pegado el catolicismo de tu madre?
—¡No peleen, chicos! —chillaba Jane, mientras intentaba separar mi cuerpo del de Dimitri. Estaba molestando a Alice, pero también se estaba metiendo con mi madre—, ¡basta! ¡Alec, ayúdame! —Alec se metió y nos distanció. Alcancé a darle un puñetazo en uno de sus ojos. Él también alcanzó a rasguñarme arriba de uno de mis párpados.
—Otro día nos juntamos a terminar de jugar. Bienvenido a casa, Jazz —dijo Alec, tironeando a Dimitri hacia el exterior. Jane se acercó a mí para despedirse, pero le moví mi rostro, cuando me di cuenta que intentaba besarme en la boca.
—Nos vemos, Jane.
Pero ella no respondió verbalmente, sino, dando un portazo que se escuchó por toda la casa.
Fui al baño a verme qué tan grande había sido el rasguño propinado por Dimitri. No era gran cosa, pero sangraba bastante.
Otros golpeteos se sintieron en la puerta.
—¡No pienso verles durante un buen período! —respondí, desde el baño. Seguía secándome la herida, pero se volvía a teñir de escarlata el papel higiénico. Otros golpeteos me hicieron ir a ver quién de los tres era tan persistente—¡Ya les dije que…!
—¿Qué te pasó? —preguntó la dueña de los golpetazos. Dejé de sobarme la herida con el papel, y sentí como el hilo de sangre bajaba por mi rostro. Era ella. Alice. No la veía de hacía años, pero sabía que era ella.
—Me… golpeé —musité—¿Alice?
—Sí, la duende —afirmó sonriendo. Ya no le faltaban dientes—hace muchísimo tiempo que no nos vemos, Jazz.
—Demasiado. Pasa, por favor —me corrí del portal, y ella, al igual que años anteriores, entró a la casa dando saltitos.
Los dos nos sentamos frente a frente en los sillones y no decíamos palabra alguna. Sin proponérnoslo, comenzamos a reírnos a carcajadas.
—¡Alice!
—¡Jazz!
Dijimos nuestros nombres entremedio de nuestras risas, y ella se abalanzó para abrazarme. Mis manos le recorrieron su cintura, y le respondía a tal efusividad.
—Te extrañé demasiado. Intenté buscarte, pero nunca daba con alguna información tuya. Tus padres una vez me dieron tu número telefónico y la dirección de la casa, pero siempre había algo que me impedía el poder contactarme contigo.
—Yo también traté de ubicarte, no me recordaba de la dirección de tu casa, si hasta me hice un Facebook para ver si nos podíamos comunicar.
—¡Pero si yo tengo un Facebook!
—No me aparecía ninguna Alice Brandon.
—Y a mí, ningún Jasper Withlock.
—¡Ah! Es que no tengo mi nombre de pila en la red.
—Lo mismo me pasa a mí. Soy una duende en todas partes —contestaba orgullosa.
—Deja de auto llamarte así. Aquello era un apodo que nunca debí de inventarte.
—A mí me agrada, he aprendido a convivir con él durante años.
—Pero ya no eres una niña pequeña que apenas se ve. De seguro que no te tumbas con el peso de tu mochila.
—¡No te rías de eso! Qué vergüenza —se tapaba la cara con sus manos.
—No te escondas —le pedí, mientras mis manos se dirigieron a las suyas, inconscientemente. Eran suaves y delicadas, caían perfectamente entre mis manos.
—Mis manos son mucho más pequeñas que las tuyas —susurraba, mientras chocaba cada una de sus palmas con las mías—eso me agrada.
—¿Por qué?
—Porque si me da frío en el invierno, tú me podrás abrigar mis manitos —acotó, pellizcando mis palmas.
—Si haces eso, no creo que abrigaré esas cosas que llamas manos —me observó con pena, haciéndose la ofendida. Luego se quedó mirándome—¿tengo monos en la cara o qué?
—Monos no. Pero sí un buen hilo de sangre. Déjame limpiarte el rostro —abrió el bolsito que llevaba cruzado y sacó un pañuelo con motivos infantiles. Fue pasando la tela cuidadosamente, mientras trataba de limpiar lo mejor posible. Cerré los ojos por inercia, y podía sentir el calor de su respiración chocar en mis párpados. Mi corazón bombeaba con fuerza dentro de mi pecho, estaba seguro que ella podía escucharlo.
—Gracias —murmuró luego de un instante. Yo permanecía con mis párpados cerrados.
—¿Gracias por…?
—Por el hermoso regalo que me diste, antes de que partieras… —abrí mis ojos, y le tenía más cercana a mi cuerpo. Podía ver sus facciones con mucha más cercanía. El color de sus ojos que se debatían entre la miel, la caoba y la almendra, adornados con unas largas pestañas. Sus mejillas sonrosadas, que hacían juego con el tono de sus labios que se abrían y cerraban con subjetividad—. ¿Jazz? —preguntó ante mi efusividad. Le había vuelto a abrazar, interrumpiendo su discurso de agradecimiento.
—De verdad, Alice… te extrañé —hablé, después de guardar un momento de silencio—gracias por haber traído esa fotografía de nosotros dos. Apenas la vi en mi velador, me sentí muy feliz.
—Tengo una copia de aquella imagen, y también está en mi velador. Todos los días le veo al despertar, y también cuando estoy a punto de dormir. ¿Te acuerdas que en una de las muchas visitas que me hacías, te dije que tenía algo para ti? —yo asentí. Nos distanciamos otro poco, porque ella buscaba algo nuevamente en su bolsito.
Sacó un sobre que estaba doblado en muchas partes, y mientras intentaba estirarlo, no podía evitar el sonreír.
—Lleva años esperando ser entregado. Aquí está —me entregó la carta, y en ella vi un dibujo de nosotros dos—ahora se dibujar mucho mejor —se halagaba.
—Es precioso.
—No seas mentiroso. En el dibujo, tus pies son más grandes que tu cabeza.
—De todas formas es lindo. Me gusta mucho. Así como a ti te gusta la cajita musical —nos sonreímos mutuamente, y el abrir de la puerta nos hizo desviar la vista hacia allí.
—Mamá, mira quién está aquí.
—¡Pero si es Alice! Y qué guapa estás pequeña —las dos se enfrascaron en una amena conversación y yo me limitaba a observar a las dos personas por las cuales me había peleado con mis amigos de casi, toda la vida.
Alice se quedó en la casa hasta que mi madre nos sirvió té con pan y queso derretido. Llegó mi padre y al igual que mi vieja, se deshizo en halagos al verla. Yo me ofrecí a llevarle hasta su casa. Ya tenía licencia de conducir, y me haría bien recorrer las calles de mi ciudad, siendo yo el conductor.
Mi padre había adquirido un modesto pero sobrio vehículo durante mi estadía en Inglaterra. Metimos en los asientos traseros la bicicleta de Alice, y ella se fue de copiloto, al lado mío.
—¿Alguna estación de radio preferida?
—Prefiero que nos vayamos conversando —respondió, mientras se abrochaba el cinturón de seguridad. Y así nos fuimos, hablando de todo lo que habíamos hecho durante todos los años que habíamos permanecido alejados.
Su móvil repitió la canción que estaba de moda, a modo de ringtone.
—¡Félix! Hola… gracias, yo ya estoy llegando a mi casa… sí, le avisé a mi madre… ¿en serio? No tenías por qué molestarte… hum, ¿te parece pasado mañana?... Ok, quedamos en eso entonces, te quiero —cerró su móvil, y se quedó tarareando la canción.
—¿Hablabas con tu novio? —pregunté de repente, sintiendo como un fuego recorría cada parte de mi cuerpo.
—¿Félix mi novio? Ya quisiera él. ¿No te acuerdas de mi amigo Félix? —al ver que no le respondía, siguió hablando—tiene casi mi misma edad. Mi madre le ha criado desde que nació. Él es el hijo de los patrones de mi mamá. Una vez te conté que por nuestros juegos, casi muere Edward.
—Ah… ya me acordé. Entonces, ¿él y tú no tienen nada?
—Él me ha dicho que yo le gusto. No una vez, sino varias. Pero a mí no me agrada como novio, sino como un amigo. Un muy buen amigo.
—Te agrada alguien entonces, como algo más.
—Sí. Me di cuenta de aquello hace algún tiempo, aunque no lo había asumido como tal —acotó. Fui descendiendo la velocidad del auto, ya estábamos próximos a llegar—gracias por traerme a mi casa. Me habría dado miedito el haberme venido hasta aquí en bicicleta.
—No tienes nada que agradecer. Espero que nos volvamos de ver —corté algo frío.
—¿Jazz?
—¿Hum?
—¿Pasa algo?
—Nada.
—Te quería hacer una pregunta —comenzó a hablar, mientras jugaba con el cinturón de seguridad.
—Dime.
—¿Tienes algo que hacer este sábado?
—Que recuerde, no.
—Entonces, si te invito a mi fiesta de quince años, ¿crees que podrás venir? Para mí, sería muy importante el tenerte ese día.
—Por qué no. Será interesante —respondí. Ella sonrió, aunque no como lo había hecho durante toda la tarde.
—Nos vemos entonces. Te enviaré la dirección y esas cosas vía correo electrónico —informó, bajándose del vehículo. Yo también lo hice para ayudarle a bajar su bicicleta. Nos despedimos con una reverencia de cabeza, y aceleré con prisa.
Llegué a mi casa y subí a mi habitación, tirando con fuerza mis botines. Me había afectado la noticia de saber que Alice pensaba en alguien.
Alice POV
—¡Felices quince! —escuché gritar a mis padres, mientras les sentía acomodarse en los pies de mi cama.
Me fui incorporando, abriendo lentamente los ojos y me encontré con un desayuno apetitoso. Un tazón de té con aroma a canela, un vaso de jugo sabor manzana —lo deduje por el color—dos tostadas con mermelada de mora, un pocillo con frutitas picaditas en cuadraditos pequeños, con un centro de crema batida.
—¿Todo esto para mí?
—Por supuesto que sí, princesita —reafirmaba mi padre, entregándome una rosa de tonalidad lila.
—Muchas gracias, papá, mamá. No tenían por qué hacer todo esto.
—Déjanos regalonearte, Ali —mi madre me acariciaba las manos, mientras me observaba con alegría—parece mentira que ya tengas quince años.
—Igual sigue algo pequeña para su edad.
—¡Papá!
—Mentira. Me gusta tal cual estás —se retractaba, estirándose para chasconearme. ¿No le bastaba que estuviese chascona por haber despertado recién?
—Come tranquila, después bajas al salón. Tenemos que organizarnos para todas las cosas que debemos de hacer durante el día —mi madre se ponía de pie con ayuda de mi padre.
Asentí con energía, aunque sabía que no podría comerme todo esto yo solita.
.
.
A las dos horas de estar despierta ya había recibido muchos mensajes de texto con felicitaciones por mi cumpleaños. Mi muro en Facebook estaba lleno de mensajes de amigos que siempre se acordaban de escribir algo cuando uno cumplía otro año más. Mi hermana había viajado con mi tío y mi sobrina, juntos compartiríamos el almuerzo. No pensé que para aquello estarían los padres de Félix, y él también, claro está.
Me molestó un poco aquello. Si hubiese sabido que el almuerzo sería en plan "amistoso" y no familiar, habría invitado a María, Charlotte y a Jasper, aunque el ultimo quizás, no hubiera venido. Dudaba si se iba a aparecer en mi fiesta, todo lo que habíamos hablado durante el día en que nos volvimos a ver se me aparecía en la memoria como un recuerdo lejano, junto a los más antiguos que llevaba grabados en mi mente.
Se molestó mientras me venía a dejar a la casa, y no supe el por qué. Lo agregué a mi Facebook, pero hasta hoy no tuve una aceptación. Quise enviarle mensajes, pero algo en mi interior me decía que no sería lo correcto. Entre dudas, algunos temores y decepciones, decidí permanecer en el anonimato.
—¿Qué sucesos tan importantes están aconteciendo en tu cabeza, Alice Brandon?
—¿Te parece poco la mega fiesta que tendré en unas horas más? —respondí con otra pregunta, relajando mi rostro con una sonrisa.
—Tienes razón, hay muchas cosas por las cuales pensar. Pero tu rostro me decía que tenías una pelea más brutal, ahí dentro —apuntó a mi cabeza, mientras hacía soniditos de explosiones y con sus dedos simulaba estallidos.
—Las mujeres tenemos la habilidad de pensar y hacer muchas cosas a la vez. Lástima que sus cerebros no sean tan hábiles —concluí riéndome.
Seguimos limpiando toda la loza que se ocupó en el almuerzo. Yo quería pensar, y por eso mismo me ofrecí a hacer tal labor. Se negaron en un principio mis padres, alegando que cómo era posible que la cumpleañera hiciera tal y tal cosa, bastó que Félix se ofreciera a ayudarme, para que se relajaran y se quedaran junto a los padres de él y mi hermana con mi tío, bebiendo un bajativo.
—Hablando de aquella fiesta… —Félix hizo una pausa, mientras terminaba de secar con el trapo el último plato que le pasaba—estoy muy feliz de poder bailar contigo, luego de que dances con tu padre. Para mí ha sido todo un honor. Me sentiré como tu novio —acotó con otra sonrisa.
—Te sentirás, pero no lo eres.
—Lo sé.
—No te pongas así, Félix —le animé, cuando bajó su rostro—yo te quiero mucho.
—Pero como amigo.
—¿Y eso está mal?
—No… pero a mí me gustaría que me quisieses como algo más. No te pido que te enamores de mí de un día a otro, sé que esas cosas se sienten con el tiempo. ¿Nunca me has querido un poquito más?
—Yo creo que sí, en algún remoto tiempo me gustaste, más que amigo, pero fue hace muchísimo tiempo atrás, con suerte, sabía ir al baño yo solita —comenté, para tratar de hacerle reír—. No me gustas porque no eres maravilloso, sino que yo no soy la indicada para ti.
—¿Y cómo sabes eso?
—Porque cada uno de nosotros estamos destinados para otras personas, Félix. Y yo siento eso. Tú le tienes que dar todo este amor que sientes a otra persona, a la persona que te está esperando. Y esa no soy yo.
—¿Tú esperas a una persona?
—Conscientemente creo que no —mi corazón latía con fuerza cuando dibujaba mi cabeza la imagen de Jasper. Cuando los dos comenzamos a formar una amistad, me di cuenta que fácilmente le podría querer por el resto de mi vida. Era con él con quien me sentía protegida, querida e importante a la vez. Una sensación única, que se da con los padres, pero que con la pareja, se da de otra manera especial. Por eso sabía que Félix no era para mí, porque a pesar de ser un muy buen amigo, mi corazón no se alegraba tanto con su presencia, ni siquiera, cuando recordaba los buenos momentos que compartíamos.
—Saco por conclusión entonces que inconsciente sí —agregó, al haberme quedado callada.
—Yo creo.
—¿Lo conozco? —ladeé mi cabeza, sabía a quién se refería— ¿el que ama tu inconsciente?
—La respuesta creo que está en el velador de mi cama —finalicé, mirando toda la loza que brillaba con los rayos del sol.
Félix me imitó, y luego me acarició uno de mis hombros.
—Si él también te quiere, ¿por qué no están juntos?
—Él no me quiere —le corté, riéndome.
—Pues… si es el tipo de la fotografía, yo creo que su inconsciente está enamorado de ti. No pienses que por no poder hacer más de una cosa a la vez, los hombres no nos damos cuenta de los sentimientos de otras personas —le miré con duda, él ensanchaba su sonrisa al observar mi desconcierto—. Tengo que ir a buscar mi traje, mamá lo mandó a lavar a una de esas tiendas raras. Nos vemos a las nueve.
—Nos vemos —respondí, cuando él ya estaba saliendo de la cocina— ¡No te olvides del antifaz! —alcancé a gritarle. Félix me hizo el símbolo de paz, dándome a entender que estaba todo bajo control.
.
.
—¿Estás lista, Ali?
—Sí, ya estoy lista.
—Nosotros también, así que, puedes bajar —escuché como mi madre me daba la orden. Rodeé un poco los ojos, y como toda una princesa, deslicé una de mis manos por la escalera de mi casa, mientras que, con la otra, sostenía mi antifaz. Papá me estaba grabando, mamá me sacaba fotografías con cada bajada de escalón que hacía. Mi hermana también estaba ahí, abrazada con su marido, mientras que María y Charlotte escribían en sus celulares, sin dejar de observarme. De seguro que estaban twitteando mi camino hacia el salón donde se realizaría la fiesta, y donde todos los invitados, ya deberían de encontrarse allí.
—¡Estás hermosa, Alice! —gritaban mis dos amigas abrazándome, cuando mis pies pisaban el primer piso de mi casa.
—Concuerdo con las chicas, estás realmente hermosa, Alice —mi hermana también me abrazaba—recuerdo cuando yo cumplí los quince años, y tú eras una pequeña niñita. Ahora eres toda una señorita.
—No te pongas melancólica, que me harás llorar —le pedí, tratando de serenarme. Mis padres les pasaron la cámara y la grabadora a mis amigas, y también se dedicaron a abrazarme y a llenarme de besos.
—Estamos orgullosos de ti, Alice. Espero que esta noche sea realmente hermosa para ti.
—Lo será mamá, y será gracias a ustedes.
—Siempre serás mi pequeña, aunque tengas cuarenta años, siempre lo serás.
—Y tú siempre serás la imagen de hombre ideal, papito —una lágrima recorrió toda mi mejilla. Estaba emocionada.
—Acomódese la familia, nosotras les sacaremos algunas fotos —dijo Charlotte, mientras María le decía a mi hermana con su esposo e hija que fueran a donde me encontraba con mis padres. Nos acomodamos todos y miramos a la cámara, esperando a que el flash nos indicara que la foto ya había sido inmortalizada.
—Ustedes están muy lindas, chicas —les elogié.
—Tenemos que estar a tu altura, no todos los días se cumplen quince años —respondió María, colocándose su antifaz.
—Ustedes entrarán por el portón trasero, el que da al jardín. Nosotras con tu hermana y su familia, lo haremos por la puerta principal, anunciándoles a los invitados que tú ya te encuentras dentro —informaba Charlotte.
—Está bien —asentía, feliz.
En una de las esquinas próximas al salón de eventos, se bajaron ellas, y nosotros seguimos, hasta la entrada posterior. En el patio, que también estaba decorado con luces que simulaban luciérnagas, y los postes de los faroles con cintas que iban de la tonalidad morada hasta legar a la más clara de ellas, se encontraban jugando todos los pequeños y pequeñas, hijos de quienes han sido parte fundamental de mi vida.
Estaban las gemelas Adara y Alesti, hijas de tía Rose y Emmett, a quienes conocí cuando me encontraba enferma. Ellos eran amigos de tía Bella y Edward y al saber de mi existencia, no dudaron en ir a visitarme. Con el tiempo supe que la tía Rose no podía tener hijos, pero un superior del tío Edward, que también estaba tratando de tener familia con su esposa, le recomendaron que visitara a otros especialistas. Las noticias no fueron positivas, pero no se rindieron. Decidieron entonces adoptar, y le dieron hogar a un par de gemelas que habían perdido su familia en un accidente automovilístico, cuando tenían tan solo, dos meses de vida. Lo lindo era que ambas chicas se parecían muchísimo a los tíos. Elizabeth también jugaba con ellas, y logré escucharle decir que estaba orgullosa de saber que tendría un hermanito o hermanita. Al verme, las tres corrieron a saludarme.
—Estas muy bonita, Alice.
—Muchas gracias, pequeñas. ¿Se están divirtiendo?
—Mucho, el patio es muy bonito y allí dentro, está todo muy bien decorado.
—Y la sorpresa que te tienen, está mucho más bonita.
—¡Shh! Adara, que Alice no tiene que saber nada —le retaba su hermana.
—Dentro de poco comenzará la fiesta, así que ahora, tendrán que ir adentro.
—¡El baile! —gritaban emocionadas, corriendo hacia el interior del salón.
Subí por unas escaleras que no daban al interior del salón y allí, en el segundo piso, cubriéndome con algunas cortinas, podía dimensionar el hermoso trabajo que habían hecho decorando toda la estancia. Todo combinaba con el color de mi vestido, que era morado con lila, mis colores favoritos. Además, todos los invitados que revoloteaban por el salón, con los antifaces que cubrían parte de su rostro, hacía que la estancia se llenara de más magia y misticismo.
—Todo está listo.
—¡Tío Edward! —él se sacó el antifaz y me regaló una enorme sonrisa.
—Tu padre y Félix ya están abajo, esperándote —agregó. Luego de saludarme. Yo asentí nerviosa—todo saldrá bien. Lo sé.
—Yo también —dije, asintiendo. Él iba a chasconearme, pero se detuvo a medio camino. A cambio de eso, me dio un fuerte abrazo, y bajó para colocarse en el sitio donde se encontraba el piano.
—A todos los invitados le agradecemos por su presencia en esta fiesta que, sin su compañía, no sería lo mismo. Pero no sería una fiesta de quinceañera sin la festejada, mucho menos, sin el primer baile de esta. Con ustedes, la señorita Alice Brandon —quien se encontraba hablando por el micrófono era mi cuñado. Escuchaba los aplausos de todas las personas, luego el silencio, y después, la melodía que me acompañaba durante años.
Me coloqué mi antifaz y fui descendiendo, mientras miraba a mi padre que me estaba esperando a los pies de la escalera.
De reojo vi a todas las personas. Mi familia lloraba de la emoción, las tías abrazaban a sus hijas, de seguro que estaban pensando en cuando sus pequeñas tuvieran también esta edad. Mi padre me ofreció su mano, y nos colocamos al centro del escenario. Me apoyé en su hombro, y juntos nos íbamos moviendo con la melodía que interpretaba Edward.
Mi padre me separó de su cuerpo, besándome ambas manos, y apareció Félix detrás de él. Él hizo una reverencia, y tomó con delicadeza mis manos, entonces, una electricidad recorrió todo mi cuerpo. Él me estrechó contra su pecho, y podía sentir el latir de su corazón, que iba acompasado con la dulce melodía. No era Félix. Estaba segura de aquello. Y aunque no podía ver su rostro, puesto que ambos llevábamos antifaces, supe que era Jasper.
Entrelacé mis manos con la de él, y juntos nos fuimos moviendo con la canción.
Nunca la habíamos ensayado, pero tanto él como yo, sabíamos como seguía la balada. Era como si siempre hubiésemos bailado, como si siempre nos hubiéramos visto, como si nunca nos hubiésemos separado. No podía dejar me mirarle, de sonreírle, porque eso era lo que sentía en ese momento, y en todos los que compartía con él.
Me dio una vuelta, y posó su frente junto a la mía. Los aplausos y silbidos retumbaban en todo el salón.
—Felices quince, Alice —susurró, con una sonrisa.
—Pensé que no ibas a venir —contesté, sabiendo que no nos quedaba mucho tiempo para poder conversar, veía como la gente se acercaba a nosotros.
—Cómo no iba a venir, si eres una de las personas más importantes de mi vida —concluyó, dejándome con la palabra en la boca, desapareciendo entre la multitud que se acercaba a estrecharme con un abrazo.
Colocaron música de fondo, invitando a la gente a bailar y yo, tratando de no ser descortés con todos los amigos que me demostraban su afectivo saludo, seguía buscando a Jasper con mi mirada, encontrándolo por fin, en las puertas del patio.
Logré disiparme entre los invitados, y una mano me acarició la mía.
—¿Cómo fue que ocurrió todo esto?
—Tenía que hacer algo, no me podía quedar de brazos cruzados.
—No sé qué decirte.
—No me tienes que decir nada, a lo más, confesarte ante él. Es con Jasper con quien tienes que hablar ahora.
—Muchas gracias, Félix —le abracé con cariño.
—Si esa cosa negra te hace algo, él sabe ya a lo que tendrá que atenerse.
—¿Le has amenazado?
—Los dos tuvimos una conversación —comentó orgulloso—. Ahora vete a hablar con él —finalizó, empujándome al exterior.
Saludaba con la mano a quienes se encontraban dando vueltas en el patio trasero, no podía encontrar a Jasper, se me había vuelto a perder.
Un bocinazo que no escuchaba hacía ya unos tres años atrás, hizo que mirase al lado derecho del patio. El bocinazo volvió a escucharse, con más intensidad, a medida que iba avanzando.
—No puede ser —susurré.
—Yo creo que sí —contestó, sacando con dificultad su cabeza del furgón escolar—no sé cómo lo hacía mi padre para subirse a este trasto —agregó, saliendo completamente del furgón.
—Pensé que el tío había vendido el furgón —hablé, mientras me acercaba al vehículo y pasaba mis manos por la puerta trasera—¿puedo subirme?
—Si alcanzas, aunque no sé si… bueno, tú si cabes ahí atrás —agregó, riéndose de mi estatura.
—Tú también, no te hagas el súper alto —le invité, dándole mi mano. Él la aceptó, y juntos nos metimos en la parte trasera del auto. Mi cabeza quedaba justo en el techo, Jasper estaba todo doblado. Era increíble cómo pasaba el tiempo. Cómo habíamos crecido los dos—. Gracias por este regalo, no me lo esperaba.
—Aquí dentro nos conocimos, hace mucho tiempo atrás.
—Serán unos siete años, aunque comenzamos a entablar una relación hace cinco —comenté. La palabra relación le hizo ruborizarse—relación de amigos —enfaticé. Jasper asintió, pero se quedó callado.
Quería que hablase, que repitiese lo que me había dicho allí dentro, mas, sabía en mi interior que tenía que ser yo la que hablase ahora, y no desde mi mente, sino, de mi corazón.
—Me has hecho esperar mucho tiempo —susurré. Jasper me devolvió la mirada, y más relajado, cerró sus ojos e hizo una pequeña reverencia con su cabeza, que ya estaba encogida por la incómoda posición en la que se encontraba producto de su altura.
—Lo siento, señorita —respondió con la misma tonalidad de voz que había empleado segundos anteriores. Supe entonces que él y yo difícilmente nos íbamos a volver a separar.
Él tomó con delicadeza mi barbilla, y yo fui cerrando los ojos, acercándome a él. Estábamos a punto de besarnos, pero Jasper chocó con el techo del furgón. Ambos nos reímos.
Él se sonrojó al punto que le podía ver sus mejillas escarlatas, y eso que no contábamos con la luminosidad a nuestro favor. Me bajé del furgón y le ofrecí mi mano. Cuando salió cerró la puerta, yo me apoyé en el vehículo, y con toda la valentía que tenía guardada le tomé de su corbata y lo atraje hacia mi cuerpo. Nos volvíamos a ver, y sentí lo mismo que experimentaba cuando bailé junto a él. Cada una de mis extremidades sabía lo que era Jasper para mí.
Nos acercamos nuevamente, y nuestros labios se fueron aproximando, hasta sentirlos acariciar los míos con delicadeza y cuidado. Fue un beso sencillo, un regalo de pureza que jamás nunca podría olvidar.
—Aquel día me enojé, pensé que te agradaba más de la cuenta el chico que nos ha estado observando detrás del árbol, junto a tres duendes más pequeñas que tú.
—Queda demostrado entonces que la duende que tienes al frente tuyo, no siente nada más que amistad por aquel entrometido —contesté, riendo.
—Sí, queda demostrado —respondió, pasando su brazo por mi cintura—son tus quince, deberías de ir a celebrarlo.
—No iré sola —le dije, volviéndole a ofrecer mi mano—ya sé que no te agrada mucho la música y la graaaaan cantidad de colores que hay ahí dentro, pero quiero celebrar esto contigo.
—Me tendré que acostumbrar, créeme que ya me estoy haciendo la idea.
—¿Y por qué?
—¿Te parece poco? Nos acabamos de besar. Eso significa una sola cosa.
—Qué cosa.
—Pues, que te quiero, y deseo pasar mucho tiempo contigo, que aprenderé a aceptar tus gustos, tus bromas…
—¿Esta es la manera más larga de pedirme que sea tu novia?
—Nos estamos aprendiendo a entender muy bien —selló, besándome la frente.
Juntos entramos al centro de la pista de baile. Le dije que me esperara ahí, y corrí a donde se encontraba mi cuñado, quien se había adueñado de todo el lugar donde se emitía la música. Le pedí por favor que colocara una melodía en especial, y que esperara a que yo me perdiese entre la multitud para emitirla. Y así fue, cuando llegué a donde estaba Jasper, la canción de HIM que me había hecho escuchar años atrás, comenzaba a inundar el sector.
Baby join me in death,
baby join me in death,
baby join me in death
(Nena, ven conmigo al más allá)
We are so young (somos muy jóvenes aún)
our lives have just begun (y nuestras vidas acaban de empezar)
but already we're considering (pero ya estamos pensando)
escape from this world (en escapar de este mundo)
And we've waited for so long (hemos esperado durante tanto tiempo)
for this moment to come (a que llegue este momento)
we're so anxious to be together (tenemos tantos deseos de estar juntos)
together in death (juntos en el más allá)
Won't you die tonight for love (¿No morirías esta noche por amor?)
Baby join me in death (Nena, ven conmigo al más allá)
Won't you die (¿No te gustaría morir?)
Baby join me in death (Nena, ven conmigo al más allá)
Won't you die tonight for love (¿No morirías esta noche por amor?)
Baby join me in death (Nena, ven conmigo al más allá)
:D FIN :D
Nota de la autora:
Y este es el último capítulo... y no puedo pedir un mejor regalo que este, porque mañana es mi cumpleaños xD cada fic para mí, es como un hijito a quien cuidar, (coo mis guitarras y mis libros y todas mis cosas xD) y al llegar a su término, es verlo ya maduro, dispuesto a estar siempre ahí, a quienes se animen a leerlo :D
Ni yo misma me lo creo. La última actualización, la ultima pareja, la última nota de autora. xD
Ha sido un gusto el poder haber llevado a cabo estas minis historias. Cada una distinta, (MUY DISTINTA xD) pero todas con la base de que los personajes se conocieron en el transporte público.
Además, creo que esta pareja ha sido una de las más castas, confieso que son mi pareja favorita del libro, al punto de haber escrito las palabras exactas que se dijeron la primera vez que se vieron *-*
Los nombres de las hijas de Emmett y Rose, (Adara y Alesti) son los nombres que mi hermano y yo, queremos darle a nuestras futuras hijas xD (Yo no quiero tener hijas, pero por si las dudas…) (Alesti creo que lo he repetido ya, en alguno de mis otros fics ^^)
Muchas, pero muchas gracias por su permanencia en el fic. Por recomendarlo, por agregarlo a los favoritos, a las alertas, incluso, agregarme a mí como autora favorita.
Creo que andaré un poco alejada del fandom de Crepúsculo, puesto que tengo algunas ideas de fics, pero son para Harry Potter. Eso sí, hace unos ocho meses atrás que tengo una mega idea para esta saga. Espero llevarla a cabo en el verano, avanzarla, para que así, no sea un impedimento el ir actualizando :D
¿Cuál fue la historia que más les gustó? ¿O la pareja? Las que me conocen un poquito más… ¿creyeron que mataría a algún personaje? XD
PD de último minuto… acabo de tener una idea de un nuevo mini fic de Crepúsculo xD se llamará Y tú, ¿cómo moriste?
Así que imagínense los temas que se tratarán. Pero no será dramático, trataré de hacerlo bastante humorístico (:
