América

Debilidad –soy vulnerable ante ti–

-Ale ven acá-dijo una voz ronca

Alfred obedeció, no tenía miedo, sabia de quien se trataba, sabia lo que quería y sabia que por mas que lo intentara no podría negarse a los mandatos de él

Ante los demás era fuerte, un egocéntrico, se llamaba a si mismo héroe.

Ante él era mas vulnerable de lo que la mayor parte de las personas se atreverían a pensar, era un sumiso joven dispuesto a cumplir su mas mínimo deseo, su mas simple petición con tal de verlo feliz. ¿El motivo? El amor.

Había intentado no enamorarse de él, ardua e inútil lucha, lo evito lo más que pudo, se escondió de él en los lugares más insospechados posibles pero no sirvió de nada: él termino ganando.

Alfred sabia que no podía negarse a lo que él le pidiera si no ¿Por qué estaba en esa habitación de hotel con España a esa hora de la noche? Se suponía que debería de estar durmiendo para estar alerta en la reunión al día siguiente pero no, estaba en el cuarto de España con deseos de salir corriendo de ahí y no volver a entrar nunca.

-¿Pasa algo, España?-pregunto el americano con cautela

Antonio no dijo nada, solo se acerco y lo abrazo por la espalda, en el suelo yacían la chaqueta y la camiseta del americano, Alfred había estado parado en el balcón viendo la luna hasta que España lo llamo.

-Nada contesto el español y le dio un beso en la nuca

-No debería de estar aquí-dijo el rubio-tenemos trabajo mañana y necesito descansar

-Vamos Ale quédate un rato mas-dijo el español y le beso de nuevo mientras sus dedos acariciaban el emblema del collar que tenia colgado en cuello: un pequeño toro

Alfred no entendía llevaban mas de una hora ahí metidos, Antonio ya había obtenido lo que quería de él y cuando estaba a punto de marcharse de ahí y mandarlo todo a la porra Antonio le pedía que se quedara

Pensó en negarse, terminar de vestirse y salir de ahí para nunca volver pero sabía que no tenía caso, haría todo lo opuesto a lo que su sentido común le dictaba, antes de que se diera cuenta había asentido con la cabeza y Antonio había sonreído.

Su sonrisa era tan hermosa

Y él maldecía ser tan vulnerable ante los encantos del ibérico. Tan débil ante el.

Antonio era la personificación de la tentación hecha hombre

Antonio le recostó en el piso de mármol del balcón, estaba helado pero no importaba, el español le beso y lo poseyó por enésima vez esa noche cuando todo termino, al verlo dormido, a Alfred no le importo nada: ni la junta de mañana, ni que habían sido uno con el otro a la una de la madrugada en un balcón de un hotel en Berlín y pudieran reñirlos por exhibicionismo ni que Matthew fuera a darle el sermón mas largo que hubiera recibido en su vida cuando notara la marca rojiza en su cuello. Distraídamente acaricio el emblema de su collar, ese que marcaba que era propiedad del español*. Antonio también tenia uno que casi nunca usaba este tenia el emblema de un águila.

Alfred sonrió cuando Antonio lo estrecho contra el, después de todo, las reglas se hicieron para romperse y no iba a ser un chico bueno todo el tiempo ¿no?