Amor esporádico –estamos juntos cuando tenemos tiempo–
La relación que Antonio tenía con Francis era esporádica, un eterno pisa y corre cuando tenían tiempo, oportunidad y ocasión –aunque esto último no era precisamente necesario– para estar juntos.
Eran amigos con derecho a roce –a mas roce del permitido en realidad – Francis ya perdió la cuenta de las veces en que estando borrachos o tristes han terminado entre la sabanas de su cama, las de la Antonio o en su defecto algún cuarto de hotel.
Antonio es la única persona capaz de volverlo loco con un solo toque de sus dedos o de sus labios, la única persona que estuvo a punto de dejarlo afónico de tanto gemir, la única persona que conoce el territorio francés a fondo –muy a fondo– y por la que dejaría de saltar de cama en cama y por fin sentaría cabeza si el ibérico se lo pidiera.
Cosa que España nunca hará
Francis a veces piensa que Antonio es un masoquista, Lovino le pega y él sonríe, él abandona el cuarto cuando Antonio duerme pacíficamente después de hacer travesuras. Francis sabe que al español le duele que haga eso, que lo que más desea es despertar con la persona con la que se ha hecho uno solo.
Pero él no puede hacer eso y Lovino y Feliciano tampoco pueden; tienen la cabeza en otro lado como para pensar en dormir al lado de la persona que mas quieren.
Pero Antonio sonríe cuando eso pasa, resignado, sin deseos de gritar de llorar o de siquiera pedirle que se quede con él por una vez.
A Italia le toco lastimar el cuerpo y a Francia el corazón del español
A quien de los tres –Feliciano también entra en el asunto a veces– le va mejor es algo que Francis no tiene ganas de averiguar.
Francis no entiende que mosca le pico a Antonio, Lovino lo hace sufrir y él sonríe y sigue pegado al italiano a pesar de que ya no le quiere tanto como antes, él le hace sufrir a pesar de que sabe que el ibérico le ama y Antonio no se atreve a gritarle, a plantarle la cara, a decirle algo, solo sonríe con esa tierna sonrisa suya a pesar de que tiene ganas de llorar.
Las citas que tienen no son citas, son encuentros rápidos en la cafetería, donde solo intercambian las frases necesarias y cada quien se va por su lado después, los besos que se dan son cortos, robados cuando nadie los ve, intiman rápido y cualquier lugar con algo de privacidad es bueno para eso.
Su relación es esporádica, clandestina y los momentos que pasan juntos duran tanto como lo que tarda la porcelana en romperse cuando se le deja caer.
Antonio esta harto, Francis lo sabe pero no puede hacer nada por culpa de su propio miedo.
Miedo a lastimarlo más de que ya esta.
Antonio no le facilita las cosas, no deja esa relación que tanto daño le hace, no se resiste, no hace nada, solo deja que Francis lo lastime, lo haga llorar sin desear hacerlo realmente. Francis entiende que Antonio necesita sentir, necesita ser un ser humano pero desearía que parara de sufrir por decisión propia.
En esa relación ellos eran perfectos
El sádico que quería dejar de serlo y el masoquista que no quería rebelarse y parar de sufrir y además le obligaba a hacerle daño con esa relación ocasional, con ese amor esporádico cuando se notaba que deseaba más que eso.
El timbre de la puerta de su habitación sonó y la voz de Antonio se escucho un segundo después llamándole, Francis reprimió una lágrima y fue a abrir. El ciclo del de su relación comenzaba de nuevo.
