Marruecos

Amor gitano –somos de culturas diferentes pero te quiero–

Latifa bailaba en las ruinas, era muy tarde para que estuviera ahí, tenia que trabajar a primera hora de la mañana y lo sabia pero no había podido evitar entrar en ese lugar, sabia que era peligroso estar ahí sola a esa hora de la noche pero francamente no le importaba. Esas paredes eran los únicos testigos de su sufrimiento y la música y el baile* eran sus únicos compañeros en esos momentos de soledad.

Latifa ejecutaba un baile que hacia tiempo no practicaba: la danza de los siete velos. La música era la misma, su traje era el mismo que cuando había bailado para él antes de estuvieran juntos por primera vez.

Para España.

Una lágrima resbalo por su mejilla y la marroquí la enjuago con rapidez, se suponía que el baile debía ser sensual, lento y debería transmitir los sentimientos de una mujer por el hombre que amaba, la bailarina debía de sonreír y mirar a esa persona con los ojos llenos de amor, no debía de llorar y consumirse por la pena de un amor frustrado.

Siguió bailando hasta que la música ceso, después camino y apago la grabadora.

Recordó cuando Antonio y ella se conocieron. Le pareció un hombre fuerte, alegre, valiente y atractivo. Muy atractivo. Ella y su gente se establecieron en Andalucía y Antonio iba a verla con frecuencia desde su llegada, Latifa se enamoro de Antonio y este correspondió a sus sentimientos, iniciaron un romance a escondidas porque sabían que si sus jefes o la iglesia se enteraban los separarían y los clérigos la quemarían en la hoguera.

Él era un cristiano y ella una gitana.

Dos mundos distintos fundiéndose en uno cuando estaban juntos.

Su primer disgusto con el español fue cuando expulsaron a los moros de Castilla y el otro fue sin duda alguna su más grande molestia con el español y motivo de su pesar y sufrimiento: cuando expulsaron a los gitanos de territorio ibérico.

Latifa veía el sufrimiento de su pueblo horrorizada miles de gitanos eran perseguidos sin haber cometido un solo crimen, vendidos como esclavos, despojados de sus pertenencias, echados de sus hogares, acusados de brujería, amenazados con el destierro u obligados a abandonar sus costumbres y convertirse al cristianismo.

Latifa enfureció cuando Antonio le propuso convertirse en católica para que pudieran estar juntos. Eso significaba renunciar a sus costumbres y su cultura, negar que fuera una gitana y eso era algo que la marroquí jamás haría. Nunca traicionaría o le daría la espalda a su gente.

Tiempo después, ella y su pueblo fueron expulsados, esa noche mientras todos en campamento dormían, Latifa lloro, lloro por el sufrimiento de su pueblo, lloro por la traición de Antonio, lloro por la rabia que le causaba la falta de valor de Antonio para revelarse contra sus jefes por expulsar a su gente, lloro porque nunca volverían a estar juntos y a pesar de todo lo que había pasado lo seguía amando como el primer día que lo vio, lloro por haberse enamorado como una boba del ibérico, lloro por ellos dos porque aunque las heridas sanaran nunca volvería a ser lo mismo.

Los había preferido a ellos antes que su amor

Se sentía como una completa ilusa estúpida, se sentía sucia y traicionada.

"Pero eso fue entonces y ahora es ahora" pensó Marruecos "no puedo aferrarme al pasado, debo seguir adelante pero lo cierto es que todavía le amo" pensó angustiada y luego volviéndose hacia una imagen de Santa Sara del mar* dijo en voz alta:

-Santa Sara, señora de los gitanos ayúdame a olvidarlo, a arrancármelo del corazón o si no yo moriré de dolor, mi señora ayúdame a enterrarlo por favor.

Acto seguido, la marroquí recogió sus cosas y se marcho.

*Santa Sara del mar es la patrona de los gitanos

*Marruecos baila para tratar de encontrar un significado nuevo a su baile y para expresar su dolor por la traición de España