Estoy creciendo poco a poco con esta historia. Espero sinceramente que les guste la forma de la que pretendo cambiar a modo de bien. Si no, siempre estoy abierta a todo tipo de opiniones, y lo digo en serio. Muchos Besos a todos aquellos que lo están leyendo, y déjenme un comentario si les desagrada algo.

Lunita.


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Retención
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Su mandíbula permanecía recta y dura dándole un aire serio y sofisticado, la bronceada piel brillaba al contraste con aquellas ropas claras que llevaba. Nada ostentoso, consistía en un traje blanco, sencillo, con una camisa negra asomando debajo, ni siquiera llevaba corbata y su largo cabello oscuro estaba atado cayendo por su espalda, mientras que unos ojos azules centelleaban escrutando toda la sala llena de gente en la cual se encontraba. Tenía un atractivo natural, no le hacía falta ninguno de aquellos atavíos que portaban la mayoría de las personalidades presentes, llenos de riqueza que buscaban llamar la atención.

Era extraño encontrarse de nuevo en aquel cuerpo después de que hacía ya dos años que para el solo era un vago y triste recuerdo. Las cosas habían cambiado mucho desde entonces, pero sobretodo, había cambiado el.

Camino unos pasos adentrándose en el mar de extravagantes personalidades que se hallaban danzando de un lugar a otro al compás de la música. Era una gran sala con elaboradas paredes hechas de resplandeciente cristalin dorado, eso le enorgullecía, aquella gema tan solo era proveniente de su planeta. Se dibujo una sonrisa en su cara contemplando aquel fulgor mientras pensaba en lo mucho que había ayudado aquel descubrimiento minero a los habitantes, que antes estaban sumidos en la miseria. Las columnas se alzaban majestuosas al igual que el suelo recubierto de diferentes gemas, que aunque no brillaran tanto como la originaria de su tierra llegaban a ser igualmente hermosas.

Era una excelente fiesta, desde luego. Pero lo que le preocupaba era que jamás hubiera esperado de su princesa, Kakyuu, el acudir a este tipo de eventos, fuera de su amada tierra, Kinmoku, y más aún con tan solo el mismo como su única escolta. El había discutido insistentemente sobre el evento a la princesa, le parecía completamente ilógico que se expusiera de esa forma y más aún cuando con tanto esfuerzo apenas habían resurgido de las cenizas al ahora hermoso planeta del que procedían. Por supuesto las dos guardianas que se habían quedado cuidando el planeta opinaban lo mismo que ella, "era una locura", objetaron con total rapidez a la decisión de la soberana. Aún así tanto el, como Maker y Healer tuvieron que conformarse y acatar, las ordenes son ordenes. Jamás había visto a su relajada y tranquila princesa desear tanto algo como el acudir a ese planeta, y eso le inquietaba a la vez que temía... por que sabía lo que podía significar.

Rápidamente salio de su ensimismada observación a la vez que de sus pensamientos y se dispuso a merodear en busca de la única persona que le interesaba hay.

-Perdone señor… -

Una bella dama se interpuso en el camino que infructuosamente trataba de trazar el joven hasta donde se hallaba una sonriente pelirroja conversando de forma entretenida con un desconocido al que intentaba reconocer.

-Disculpe, siento molestarle.-

De nuevo tuvo que prestar atención a la dama de pie frente a el, fingiendo una mal lograda sonrisa, intentando aparentar interesado en lo que trataba de comunicarle.

-Me ha parecido extraño verlo solo en aquella esquina… sé que no es muy cortés de mi parte, discúlpeme…-

Una nerviosa sonrisa se dibujo en el pálido y fino rostro de ella haciendo que sus ojos color miel con leves destellos amarillos brillasen intensamente. En su mano portaba un elaborado abanico con diversos dibujos y pequeños abalorios, estaba hecho tan solo para ser un adorno más de su cuidada y rica vestimenta, mientras que la otra con la cual sujetaba el largo vestido plata y blanco lleno de brocados e incrustaciones de joyas, se dedicaba ahora a capturar un pequeño mechón de su pelo castaño oscuro que escapaba del elaborado y suntuoso peinado. Se notaba que estaba nerviosa, puesto que su mano no dejaba de temblar mientras se preocupaba de que su cabello estuviera en orden.

-No hace falta que se disculpe tan repetidas veces señorita, no tengo nada que perdonarle.-

Le dijo el, dado que ella se había quedado muda poniéndole más atención a las innumerables piedras preciosas que conformaban el suelo que ambos pisaban.

-No me parece poco cortés de su parte el hacer ese tipo de comentarios, es la realidad, así que no se preocupe.-

Volvió a decir, dado que esperaba alguna palabra de ella para dar por zanjada aquella conversación y correr al encuentro de una princesa a la que ahora su vista no encontraba.

-Es solo que… jamás lo he visto por este tipo de eventos. Yo soy asidua a ellos desde que tengo casi uso de razón, a mi pesar, y se me hace extraño encontrar una cara nueva por aquí.-

Un alarmante sonrojo cruzaba su cara y era evidente dado la palidez de ella.

-Permítame que me presente, me llamo Seiya Kou, y soy el representante de estado del planeta Kinmoku, un placer conocerla, señorita…-

No le gustaba mentir pero evidentemente no podía decirle ha aquella dama que era uno de los guardianes de la princesa, en ese tipo de reuniones planetarias no era bien visto que los soberanos llevasen consigo protección alguna en el recinto festivo (cosa por la cual hubo aún más enfrentamientos entre guardianas y princesa) , fuera de el ya era otra historia, pero admitir eso dentro sería como insultar al anfitrión de la celebración.

-Mi nombre es Adara Thalassinos, princesa del planeta Ginakaiya, en el cual nos encontramos.-

Y esbozó una tímida aunque radiante sonrisa mostrando levemente su blanca y perfecta dentadura. Parecía acostumbrada a ese tipo de situaciones, aunque pretendiera que no fuese así.

Seiya quedo completamente desconcertado por la revelación de esta, ¿acaso aquella muchacha se había dado cuenta de su vil mentira? , decidió dejar las cosas tal y como estaban, no quería indagar en ello, así que actuó como cualquier representante de estado que se precie.

-Debo darle mis felicitaciones excelencia, es un evento realmente bien logrado, aunque como usted habrá comprobado no he asistido a muchos, me he quedado completamente anonadado con tales preparativos, ni que decir de la arquitectura completamente exquisita tanto de la sala como del palacio donde gentilmente nos a dado cobijo.-

Desde luego que estaba completamente metido en su papel, ni el mismo Seiya se creía lo que acababa de decir, el, un simple guardián conversando con uno de los monarcas como si fuera un importante miembro de la corte planetaria. Lanzo otra fingida aunque creíble sonrisa, mientras se alisaba con una mano el cuello de su inmaculado traje blanco.

-Oh… por favor, nada de eso, yo no he tenido nada que ver con esto, ha sido todo cosa de mi hermano.-

Y a la joven se le escapo una risilla como si le hubieran contado un chiste.

-Ah, entonces tendré que felicitarlo personalmente.-

-Quizás deba ser en otro momento, muy a mi pesar mi querido hermano se encuentra en uno de sus viajes, en busca de la alianza de nuevos planetas, dejándome aquí sola, con todo el peso que lleva consigo atender a cada uno de nuestros innumerables invitados. Pero no tardara en volver.-

Y resoplo la bella joven con astuta y fingida tristeza mientras llevaba el abanico a su frente en ademán exasperado.

-Ya veo, puedo imaginármelo, la compadezco por ello.-

Cambio su dramática aunque bien lograda "casual" postura devolviéndole así la sonrisa al ya desesperado moreno que intentaba disimular su situación lo mejor que podía.

-Pero no se preocupe, le daré las pertinentes felicitaciones de su parte señor Kou. Ha sido un verdadero placer conocerlo.-

Y le tendió la mano mientras hacía una leve reverencia en espera del beso significativo a la despedida de una corta pero afable conversación. El beso no tardo en llegar, al par que al reverencia pertinente de el, y una chispa nada inocente se detecto en los ojos de ella.

-Igualmente princesa Thalassinos.-

-Oh, llámeme Adara, no me gustan los formalismo de la corte, son tan aburridos.-

-Pues entonces encantado de haberla conocido princesa Adara, igualmente puede llamarme por mi nombre, yo tampoco soy partidario de ello, ciertamente.-

-Este bien entonces, espero conversar de nuevo con usted prontamente… Seiya.-

Una pequeña sonrisa maliciosa se formo en la diminuta boca de la plateada mujer al pronunciar el nombre de este mientras tomaba una copa de champán que le proporciono uno de los camareros. El no lo pudo vislumbrar dado que ya se encontraba lejos de allí, deambulando por la gran estancia en busca de su protegida.

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Una triste melodía sonaba en su cabeza. No podía pensar con claridad, ha decir verdad ni siquiera podía pensar, tenía la vista nublada y un hormigueante dolor que le recorría todo el cuerpo. Intento moverse, pero se arrepintió al momento, haciendo un leve aunque sentido gemido de dolor. Al instante la música paro en seco, y pudo reconocer unos pasos avanzando rápidamente hacía ella logrando un eco perturbador y silencioso que retumbaba por todas partes, y más aún en su mente desconcertada.

-Vaya, veo que has despertado..-

Esa voz aterciopelada no le fue familiar, y eso la estaba poniendo nerviosa. ¿Donde estaba?, ¿por que le dolía todo el cuerpo?. Su cerebro estaba bloqueado, no conseguía recordar la forma en la que había llegado allí. Un extraño pánico la estaba invadiendo poco a poco. Su mente no paraba de dar vueltas, pero por más que lo intentaba no avanzaba nada, no recordaba absolutamente nada. Ni siquiera sabía su propio nombre. Ahora estaba aún más asustada que antes. Su miedo tuvo que ser visible dado que aquella persona a la que ella tan solo podía reconocer por un bulto entre negro y azul con destellos dorados, le había empezado ha acariciar levemente su cara dándole palabras de tierno aliento.

-No temas, no te haré daño alguno... no ha ti.-

Sentir el suave tacto de esos dedos contra su cara no la estaba calmando, si no todo lo contrario. Cada partícula de su adolorido cuerpo le gritaba estrepitosamente que el dueño de aquella voz era un alarmante y siniestro peligro. Eso la hizo moverse para evitar el contacto, haciendo que otro gemido de desesperante dolor más grande que el anterior saliera de su boca.
Cuando paso el dolor pudo darse cuenta que no era ropa, ni mantas lo que la cubrían delicadamente, si no que todo su cuerpo estaba vendado, de arriba abajo podía notar la tela gaseosa que le protegía. Suponía que debía tener heridas realmente graves. Lo único que quedaba libre era su rostro, aunque notaba ciertas magulladuras superficiales, pero nada serio, supuso. También su dorado cabello se extendía por la mullida cama recubierta con la piel de algún animal ya muerto de un espeso pelaje marrón, eso le proporcionaba el calor que necesitaba, dado que debido a la gravedad en la cual se encontraba era mejor que ni el peso de una fina sabana de seda se posara sobre ella. El lecho en el que descansaba era realmente grande, mucho más grande que una cama de matrimonio normal. Pero eso eran datos que ella no podía corroborar puesto que le afectaba una ceguera, y el cansancio solo la obligaba a dormir, tan rápido como despertó volvió a entregarse al mundo de los sueños.

El dueño de la para ella atemorizante caricia seguía observándola encantadoramente. Sus ojos amarillentos se clavaban en la cara de la durmiente escrutándola revelantemente, observando cada centímetro de su ser como queriendo memorizarla. Se sentó con algo de reparo y delicadamente para no pertúrbala, se encontraba extasiado escuchando la lenta y pausada respiración de la rubia y aunque vacilo varios minutos inclino su pálida y afilada cara hacía la de ella, rozando sus delgados labios con aquellos sonrosados y voluminosos de la joven. Cuando dio por finalizado el contacto se levanto de igual manera, con sumo cuidado.

Fue hasta la otra punta de la gran habitación, donde se encontraba un gran piano de cola, de un blanco inmaculado. Tomo una hermosa capa negra recubierta en su interior por terciopelo de un violeta oscuro que colgaba de un extremo del asiento de aquel bello instrumento. Y la engancho a dos joyas rojizas que pendían de sus hombros. Fue hasta un espejo, y observo desafiante su reflejo en el, con una engreída sonrisa. Su pelo de varias tonalidades entre azules y añiles, se encontraba cortado de forma extravagante, un largo y lacio flequillo tapaba parte de su ojo mientras que el resto de su cabello permanecía corto y despuntado hacía atrás. Su vestimenta era rica y oscura, contrastaba con el blanco de su piel. Su chaqueta era negra y los botones de esta preciosos diamantes blancos, debajo de esta podía apreciarse el cuello de una camisa de seda morada, sus pantalones eran de igual negro elegante, de sus zapatos podía decirse lo mismo oscuros con pequeñas amatistas reluciendo. Cuando termino de contemplarse la sonrisa se hizo más visible. Así tomo rumbo hacía la puerta marmórea de la habitación y dándole un último vistazo a la durmiente desapareció tras ella.

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La ciudad tenía un aspecto devastador. La luz después de la tempestad a la que había sido expuesta era reveladora, mostraba más que una simple destrucción. Los altos y majestuosos edificios ahora eran tan solo escombro cubiertos por la peste que despedían los miles de difuntos atrapados bajo ellos. Las afables casitas se convirtieron en astillas. Había hileras de humo renegrido que era debido a que algunos lugares estaban envueltos en llamas, que, sin que nadie fuera a sofocar los incendios, seguían creciendo. Tan solo se podía escuchar el llanto desamparado de los que habían sobrevivido en aquella cruel matanza.

En los restos de lo que antes era un instituto se encontraban algunas de esas personas. Eran nueve, y aunque estaban resguardadas bajo la oscuridad que los mantenía ocultos podía apreciarse que muchos de ellos estaban gravemente heridos.

-¿Que hemos hecho para merecer esto?....-

Fue casi un susurro, pero bastaba para que todos los presentes allí reunidos pudieran escucharlo. La voz era melancólica y estaba quebrada por un llanto seco. Provenía de una de las esquinas de aquel escondite. Una muchacha de cabello castaño y ojos verdosos era la que había formulado aquella pregunta aparentemente sin respuesta mientras apretaba uno de sus brazos con la poca fuerza que le quedaba, estaba herido.

Hubo un silencio aún mayor que el anterior, se podría decir que algunos casi hasta habían dejado de respirar formulando la pregunta en su interior.

-Yo te diré lo que hemos hecho... una vil traición.-

Sentenció con fuerza una morena que estaba a su lado, aquello no había sido un susurro si no toda una afirmación con voz alzada. Era la única que no había llorado, ni siquiera cuando se habían dado cuenta que después de aquel combate no había quedado ni los restos del cuerpo de su hermosa princesa. Pero ahora su mente lo asimilaba todo, y su corazón le había proporcionado a Makoto la respuesta, a su parecer, estúpida pregunta. Ya no lo soportaba, más el peso de lo evidente a abrumaba de sobremanera. Se derrumbo llorando a rienda suelta. Al principio era tan solo un llanto ahogado, pero poco a poco se convertía en algo desgarrador, los gritos salían mientras se clavaba las uñas en los brazos haciéndose aún más heridas de las que tenía.

-¡Rei!,¡Rei!, ¡basta!, ¿no te das cuenta de lo que estas haciendo?, ¿no ves lo que ocurre para que encima nos recrimines de esa forma?, ¡para de una vez!.-

Amy la tomo de ambas manos acercándose a ella aún con una pierna herida. Tenía una expresión desesperada y dolida en su rostro magullado, en ella no quedaban fuerzas para llorar aún más.

La susodicha aparto a la sailor de agua de un manotazo que las dejo a todas con una perplejidad evidente.

-¿quieres que pare?, ¿que me calle de una vez?... la buena y dulce Amy, la siempre perfecta amiga que ayuda a Serena con los estudios y además ¡La que conoció primera!... ¿que te ocurre, tienes miedo que las outhers sepan que eres una cerda traidora y te corten la cabeza?- Una histérica risa se apodero de ella.- Sabes, yo también me lo merezco, que nos maten a todas, somos una putas traicioneras.-

Y de nuevo se hizo el llanto presente, pero le dedico una mirada de odio a una rubia que estaba frente a ella, que se encontraba con la cabeza gacha, y las manos entrelazadas a un hombre sentado junto a ella, aunque estaban escondidas de la vista de todos, cautelosamente en la oscuridad.

Tanto Haruka como Michiru dejaron de prestarle atención al espejo mágico de la primera, al que llevaban observando sin obtener más que su reflejo desde hacía ya varias horas. Con los ojos realmente hinchados y lesiones por todo el cuerpo. Ahora posaban su vista en la sailor de fuego, sin entender realmente lo que acababa de decir. Cuando estaban a punto de pedir explicaciones fue otra voz la que se alzo en lo oscuro.

-Así que mi princesa no pudo hacer uso de su poder, por que el amor que la acompañaba fue suplantado por viles sentimientos de odio y desamor, ¿no es así?-

La voz aún sonaba infantil, aunque tenebrosa y algo mordaz. Casi parecía que iba a echarse a reír en cualquier momento por esa suposición. La cara de Hotaru era imposible de verse, la escasa luz que entraba no podía iluminar el hueco donde se encontraban ella y Setsuna, abrazadas, como una madre consolando a su pequeña hija. Tan solo se podía vislumbrar un fulgor violeta que empezaba a emanar de la pequeña.

-Así que sois putas traicioneras...supongo que es verdad, TODOS merecéis la muerte.-

La voz ya no era infantil, si no que se había tornado adulta ya, llena de rencor y desprecio. De entre las sombras emergió una Hotaru que había dejado su niñez atrás. De un momento a otro paso a ser la Sailor de la muerte y la destrucción y clavo sus ojos de pupilas afiladas en cada una de las inners, incluyendo Darien.


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¡Hola! :
Me he divertido más escribiendo este cap. Soy una persona muy vengativa (mi alma esta realmente envenenada xD).
Para los que esperan un rápido S&S, tengan paciencia, esta va a ser una historia, o por lo menos en mi mente, bastante romántica a mi parecer, pero tienen que esperar a que las cosas se tercien como es debido.

Me gustaría saber sus opiniones.

Un beso a todos los que me han dejado reviews y que leen esta historia, les estoy muy agradecida :)