Siento haber ofendido ha alguien sobre lo que dije en mi anterior capitulo, de verdad, no quería hacer sentir ha nadie menospreciado, para mi todos los comentarios son importantes, y estoy muy contenta con la acogida que ha tenido siempre mi fic.
Esto va ha dar un cambio que espero que les guste a los lectores. Soy un poco como el viento, y mi mente variable hace que esta historia parezca una telenovela de hexágono amoroso, con sangre y magia todo incluido…
Muchas gracias.
Las tinieblas ennegrecían aún más su cuerpo maldito. Hacía muchos años que se había resignado ha aquella tortura, la de vagar en el oscuro desierto de Hiank.
Sabía que no eran exactamente años, puede que tan solo llevase hay unas horas, días, incluso semanas. Pero su cara demacrada decía todo lo contrario, aquellas leves arrugas entorno a sus ojos, y la luz apagada de su llameante mirada contaban la historia de una mujer que había sufrido esa pena durante milenios.
No podía morir, el aire putrefacto que la rodeaba era el que a la vez nutria su cuerpo y lo llenaba levemente de energía cada vez que aspiraba. Energía suficiente para mantenerla viva, pero no como para reunir las fuerzas para poder escapar de aquel planeta.
Esa había sido su pena y con ella debería vivir para el resto de sus días.
Cuando contemplo la mirada violeta de la mismísima muerte jamás pudo pensar que habría un castigo peor que el de arrebatarle su vida, sin embargo se equivocaba… y cuan equivocada había estado, puesto que ahora el remordimiento eterno la sumía en la desesperación.
La guadaña se hundió levemente en su carne, y cuando se dio cuenta, ya estaba en este lugar, con un pequeño corte sangrante y una frase retumbando en su mente mientras veía aún la terrorífica mirada desvaneciéndose con una sonrisa vengativa dibujada en su hermoso y apocalíptico rostro.
"Ninguna condena en el mundo es comparable al horrible silencio de este planeta muerto. El desierto de Hiank…"
Luego de aquello escucho una risa siniestra llena de regocijo.
Hay quedo todo, a partir de eso momento ya no pudo distinguir más que la arena negra, los nubarrones que poblaban siempre el cielo impidiéndole la entrada de la luz al astro rey, y el aroma, un olor procedente de aquella arena, era como si miles de cuerpos estuviesen enterrados bajo sus pies, descomponiéndose lentamente llenando el planeta del horripilante olor.
Ella y su cobardía eran los completos culpables de la situación, y nadie más.
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La sangre corrían por las comisuras de sus labios hasta su barbilla para luego chorrear libremente manchando así el impecable vestido malva que llevaba.
-No deberías comer de esa forma… engordarás…-
Aquellas palabras resonaron por toda la estancia perturbando al ser hambriento que habitaba en ella.
-No es de tu incumbencia lo que hago ni dejo de hacer…-
En las manos de aquella especie de monstruo con aspecto humano se encontraba el frágil cuerpecito de lo que parecía ser una niña.
-¿Y ha que se debe ese apetito voraz?, si es que lo puedo saber…-
Y la masculina voz se materializo al lado del ser iluminado por una pequeña piedrecita dorada tirada en el suelo ha unos centímetros de ambos.
-¡¿Desde cuando te importa mi vida?!-
Y esta vez la voz que antes se escuchaba como la de una fémina paso al sonido gutural de un animal herido.
El joven abrió enormemente sus ojos mostrando unas grandes orbes doradas acentuadas por unas afiladas pupilas que habían crecido considerablemente ante la respuesta de su otro acompañante que reposaba en una complicada postura en el suelo, ya habiendo soltado ha su pequeña victima que yacía muerta muy cerca de ellos.
-¿Que es ese dolor que te carcome por dentro?-
Y se acuclilló a su lado mientras que con una mano quitaba parte de la larga melena castaña del rostro de aquel ser al que hablaba dulcemente.
Bajo ese manto de grueso pelo chocolate se escondía la cara desfigurada de una mujer. Tenía unos grandes ojos amarillos un poco más fuertes pero de igual forma idénticos a los del joven con unas enormes pupilas rajadas aún más grandes que las de el, unos pómulos notablemente marcados en la blanquecina piel, como si hubiera pasado meses enteros sin probar bocado, y una boca exageradamente grandes, con enormes dientes puntiagudos que relucían ante la tenue luz que los iluminaba.
-Adara… ¿Qué te ha ocurrido? ¿Cuánto tiempo has estado sin comer?-
Una sombra se cernía sobre la hermosa y pálida cara del joven, la preocupación llenaba sus ojos.
-Jajaja… Oh Dymas… mi querido hermanito mayor… no te preocupes, nadie me ha visto en tal estado. Nadie…nadie, descubrirá nuestro "temible secreto"…jajajaja-
Aquello que brotaba de su garganta, procedente de aquel pequeño cuello marfil no parecía salir de el, aunque su rostro desfigurado mostrara que era un monstruo, su voz denotaba mucho más que eso. Crueldad, una profunda tristeza y soledad indómita enterrados en esa voz violenta como si tres lobos aullasen hambrientos, reclamándole a una luna tapada por una gruesa nube.
Dymas no sabía como actuar, nunca se había encontrado en esa situación… así que hay estaba el, encolerizado hasta la medula, observando a su hasta ahora "adorada hermana" sumida en una locura histérica. Podía calcular, puesto que era algo evidente, que no había comido en tres días, el mismo precioso tiempo que llevaba Electra en su vida. No quería pensar que ella tuviera nada que ver, su luminosidad no había sido sino un regalo en su desgraciada existencia.
Como aún no asimilaba el poco común y violento comportamiento de ella aún estaba en la misma posición, no se había movido ni un milímetro, desafiándola con la mirada por aquella falta de respeto hacía el, esperando que de alguna forma dijese algo para redimirse y así poder perdonarla.
También debería intentar que comiese algo más, su aliento olía como si ella misma se estuviese descomponiendo en sus adentros, eso en cierta forma lo estaba aterrando.
-Tan solo he estado sin probar bocado el tiempo suficiente para que se muestre ante mi lo que en verdad somos… ¿Cómo hemos podido llegar ha esto?... ¡mírame, soy un horrible ser!, ¡doy asco y hasta mi propia voz me causa una total repulsión!-
Unas gruesas lagrimas corrían por su cara limpiando los restos de sangre.
-¡Ahora se que es por nuestra condición que estamos completamente malditos!... jajajajaja.-
El príncipe no aguanto más y planto su mano violentamente en el deformado rostro de su hermana. Esta otra, en su estado famélico tan solo pudo quedarse tumbada en el suelo, sin siquiera lamentarse, mientras que de su orificio nasal salía un pequeño hilo de sangre de un oscuro carmesí.
-Que valía la tuya, mentir a "Electra" de esa manera tan, pero tan, caballerosa. Electra… o como se llame, pobrecita si supiera que arrasamos el planeta donde tan feliz vivía. Que engatuse al príncipe de su mundo, y mientras que se enamoraba perdidamente de mi le chupe hasta la ultima gota de sangre haciendo que entregara a sus guerreras hacía una muerte segura… si, es una lastima no decirle que ella estuvo a punto de morir a manos de uno de tus leales sirvientes.-
La boca de la princesa se curvo enseñando aún más sus enormes fauces mientras que enumeraba todos aquellos sucesos que parecía que jamás hubiesen ocurrido desde hacía tan solo tres días.
-Como también es una verdadera pena que no sepa lo mucho que nos gusta las personas de su planeta… aunque sea para comérnoslas… jajaja.-
Dymas por un instante cegado por la furia estuvo apunto de acabar con la vida de su hermana con tan solo un simple movimiento, pero si de algo se caracterizaba era por su extraordinaria manera de emocionarse, era como si cada vez que enfureciese este se congelara como un hielo, tan solo disfrutaba verdaderamente con el dolor, y aunque pareciera mentira, con Electra, ella había cambiado su vida de una forma inaudita, y no iba a permitir que Adara sumida en esa especie de trance por la falta de alimento le arrebatara su sueño.
-Vaya… ¿así que ahora quieres redimir todos tus pecados?, ¿Y que crees que por decirle toda la verdad ha Electra dejaras de tener ese horrible aspecto?... ¿Crees que si le cuentas que desde hace cientos de años arrasamos cada planeta que encontramos y succionamos la vida de todo lo que habita en el para mantenernos jóvenes y bellos, cambiara algo?... hermana, no todo es tan sencillo, ojala hubiera encontrado otro modo, pero… no lo hay.-
Hizo una pausa para observar la reacción de Adara. Pero tan solo la encontró haciendo el intento de ignorarlo, tumbada en el suelo de forma patética, y observando sus horripilantes manos llenas de manchas en la blanca piel, con unas extremadamente largas y puntiagudas uñas. La princesa tenía una cara de horror que Dymas, sabía ha la perfección, no podría sacar de su cabeza nunca jamás. Aunque todo había que decirlo, le dolía de sobremanera verla así, tenía que sacarle provecho a la situación, no podía dejar que esto se le fuera de las manos.
No entendía todavía que es lo que le había ocurrido, pero si no hacía algo para abrirle los ojos estaba seguro de que su hermana, sangre de su sangre, acabaría rápidamente con todo lo que el había levantado todos estos años en solo un abrir y cerrar de ojos. Y no iba a permitir que eso sucediese, todas las vidas que arrancó, los planetas que mató, todo, absolutamente todo lo hizo en parte por que su hermana tuviese una vida digna de una verdadera princesa. Todavía recordaba como hacía tantísimos años ella lloraba por los rincones del castillo, totalmente tapada de pies a cabeza. Eso le rompía el corazón, si es que alguna vez lo tuvo. Así fue como se prometió darle lo mejor.
Habían pasado tantos años que estaba seguro de que ella no recordaba nada. Es más, habría dado todo lo que fuera para que ella no recordase ni lo más mínimo, pero ahora que se daba cuenta de que así era, y que por eso mismo debía contárselo, su hermana debía recordar todo lo que habían luchado por lo que tenían ahora.
-Sabes perfectamente que no podemos morir… que nuestra raza esta maldita para los restos. Desde el comienzo de nuestra historia hubo una profecía, que nos avecinaba nuestra salvación:
"Llegara la noche en la cual el brillo de una Luna termine con el sufrimiento de todo aquel que este maldito, al exponerse a su luz"
Esas palabras durante mucho tiempo fueron suficiente para mantenernos con esperanza, pero en vista de que con el tiempo se hacía evidente que era algo imposible, salimos en busca de Lunas. Después de años de múltiples viajes tuvimos que enfrentarnos con infinidad de enemigos, todos dispuestos ha matarnos en base a nuestro aspecto. Nos encontraban tan horrorosos que se disponían ha acabar con nuestras vidas desde el mismo instante en que nos veían. Claro, no podían matarnos, pero si hacernos sufrir y desfigurarnos aún más de lo que estábamos. En uno de esos viajes, totalmente encolerizado mientras teníamos unos de nuestros peores enfrentamientos descubrí nuestra salvación. La sangre de otros seres vivos nos mantenía jóvenes y hermosos. Unos se opusieron y obtuvieron la suerte que se merecían… mientras que los demás, como nosotros, tenemos la belleza y juventud eternas, y también ahora uno de los más hermosos planetas de la galaxia…. ¿Qué más podemos pedir?-
En todo aquel recordatorio la joven que aún seguían tirada en el suelo ni se había inmutado, tan solo había cambiado su aspecto, ya no tenía la boca tan enorme, ni las facciones tan marcadas ni delgadas, se parecía más a una persona.
-Bueno… supongo que no tienes nada que decir. ¿Tu sabías toda esta historia, verdad?, claro, solo que paso hace tantos años que tu mente no la recordaba… pobrecilla… ya ni te acordabas de cómo era tu deformado y horripilante cuerpo, claro que… te alegraste mucho cuando encontré "la cura".-
Sus palabras sonaban tranquilas pero reflejaban la sonrisa que sostenía.
Aunque así pareciera, no quería ser cruel, ni mucho menos sonar hiriente. Amaba a su hermana, pero también sería capaz de mandarla al mismo lugar maloliente y dejado de la mano de dios donde abandono a todo aquel que no pudo quitarle la vida y se interpuso en su camino
-Te dejare para que puedas alimentarte tranquila… ahh, y no se te olvide de cerrar la puerta contigua, no sea que se nos escape la comida. Por si no te encuentras bien, dejare dos guardias en la puerta… hasta luego hermanita.-
Dymas se levanto y le dio la espalda a su hermana poniendo rumbo a la escalera que lo llevaría directamente a un pasadizo secreto que desembocaba en las mazmorras del castillo.
Detrás suya tan solo dejo un llanto ahogado demasiado conocido para el, y parte de unos de sus pensamientos.
No le importaba quien era aquella joven de hermosa mirada brillante que lo esperaba. Tan solo sabía que desde el momento en que la vio entregando su vida, como si no valiese nada, y contemplo parte de su energía colisionar contra sus propias fuerzas expandiéndose y liberando toda la luminosidad que poseía, era para el. Tenía que serlo, así que en una fracción de segundo se la llevo consigo ante la atónita mirada de uno de sus vasallos.
El siempre permanecía en la sombra observando la destrucción, ya no se ocupaba del trabajo sucio.
Ese planeta había supuesto un reto para el, tenía tanta energía, que incluso su hermana se vio dispuesta ha participar en la captura de este. Algo que jamás debió de permitir, aunque los beneficiase ha ambos, pero fue tan contundente en sus argumentos que tuvo que dejarla hacer.
Después que la dejo jugar todo lo que quiso, cosa que desaprobaba hacer "con la comida", se comportaba de esa forma con el. Era una mimada y consentida… no tenía remedio, seguramente sería una de sus pataletas para llamar su atención.
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Corría todo lo que sus piernas le daban, pero el camino se le estaba haciendo completamente eterno.
No sabía exactamente que es lo que debía hacer, pero tenía que convencer a su princesa de escapar de aquel lugar a toda costa. Ya había visto lo suficiente. Uno de los monarcas de aquel reino se había comportado en su presencia como un animalejo con sed de sangre, olfateándolo y tanteándolo, acechándolo sutilmente. Mientras que al otro ni lo conocía, cosa que realmente le extrañaba. Todos y cada uno de los presentes con los cuales había hablado se aseguraban de recordar constantemente sus observaciones sobre la belleza del príncipe Dymas, "una hermosura tan fría que casi parecía irreal", esa frase salía de la boca de muchos de los invitados, que al igual que ellos, se alojaban celebrando las festividades de este planeta.
Cuando se encontró de pie junto a la puerta de Kakyuu, apoyó su mano temblorosa en el pomo y contuvo la respiración completamente agitada por la carrera esperándose lo peor.
Cuando irrumpió en la habitación con cautela y sumo silencio solo pudo escuchar una leve respiración conocida.
Y hay estaba, con su cabello rojo chorreando por la almohada, completamente recta, con las manos juntas en su regazo, y tapada con una fina sabana, su rostro no se veía por los numerosos velos gaseosos que surcaban la cama desde el techo en el cual estaban colgados.
-Princesa…-
Su voz fue un susurro, toda la agonía que había sentido hacía unos minutos se había disipado al verla en ese profundo sueño.
-Princesa Kakyuu.-
Esta vez fue con firmeza, era tarde, y no quería correr más riesgos.
Ella se levanto como sonámbula, y fijo su vista rojiza y algo opaca en su guerrera.
-Dime… Fighter… ¿Qué deseas?-
Al moreno se le pusieron los bellos de punta, algo no iba bien. Rápidamente se acerco a ella quitando todos los velos que había de por medio y la tomo por los hombros mirándola como nunca antes. Buscaba en ella algo que le dijera que no se encontraba bien, alguna cosa diferente ha lo que estaba acostumbrado en ella.
-Fighter, tranquilo, ¿Qué te ocurre?-
Al verla completamente normal se abrazo ha ella, y esta le puso una mano en la cabeza acariciándolo cariñosamente.
-No te preocupes… tranquilo… cuéntame que es lo que te ha pasado.-
Sus palabras sonaban dulces pero a la vez con un deje de preocupación.
Seiya se separo con algo de brusquedad, y las palabras salieron a tropezones, como un pequeño que se siente desvalido y se resguarda en su madre. Le contó el incidente con Adara, lo extraño que le parecía este planeta, los que habitaban en el, y que debían marcharse con suma urgencia de allí.
-Tranquilízate. Tienes razón, debemos marcharnos de este planeta, pero ahora no. Armaríamos un gran alboroto si nos pusiéramos en marcha ahora, ¿y que dirían los demás representantes si nos fuésemos tan groseramente?. Todo a su debido tiempo, mañana lo preparare todo para nuestra partida.-
Sus palabras fueron tan tranquilizadoras y resueltas que el guardián solo pudo sonreír mientras se levantaba, Kakyuu también lo observaba con un gesto alegre.
-¿Puedo quedarme aquí un rato hasta que te duermas?-
Aquello sonaba como si fuera un tonto, pero lo necesitaba, le daba igual todo y todos, solo se sentiría a gusto cuando se encontrasen a salvo.
-Esta bien… pero no te marches muy tarde.-
Dicho esto, la princesa volvió a tumbarse y recupero el sueño como si no hubiera ocurrido nada, mientras que su guerrera se sitúo en el gran ventanal que daba al jardín privado del rey. El sabía que no era casualidad que Kakyuu fuese la única con el gran honor de obtener una habitación en aquel lugar.
Todo le parecía un gran complot contra ellos, aunque eso le hiciera parecer algo paranoico. Le parecía mentira estar pensando cosas tan grotescas teniendo ante el una belleza espectacular como era aquel jardín.
Una explosión de fragancias se apodero de sus sentidos, y por un momento solo pudo olvidarse de todo y echar mano a uno de sus bolsillos, tomando una cinta blanca de el.
¿Qué era aquel olor impregnado en esa tela que le recordaba ha tantas cosas?
Con aquel objeto pegado a su nariz observaba extasiado el paisaje, hasta que algo llamo su atención.
Era un brillo aún más dorado que el del castillo. Se movía con agilidad entre las flores. Cuando por fin pudo centrar su vista en el al dejar de moverse este noto que era una persona. No estaba muy lejos, así que pudo notar que tenía el cabello de un rubio brillante recogido en dos colas, tan largo que parecía perderse en la hierba morada y plantas multicolores que la rodeaban. También llevaba un vestido blanco que se adhería a sus formas.
No sabía si eran alucinaciones por la falta de sueño o simplemente que su mente estaba perdiendo todo rastro de cordura… pero aquello no podía ser real.
Aquel pelo tan dorado, su cuerpo, la forma de moverse… no podía ser otra que ella. Su corazón dio un vuelco irremediable y no pudo hacer otra cosa si no aventurarse a su encuentro. No lo creía posible, pero aún así su ilusión crecía por momentos.
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Hoy, después de haber pasado un maravilloso día, todo se le hacía completamente extraño.
Primero se había alegrado tanto de ver ha Dymas, este la abrazo con una ternura algo helada, y le susurro palabras tiernas durante un buen rato. Luego le ofreció una especie de tónico que guardaba dentro de un pequeño frasco, y le pidió que lo bebiese. Acepto sin rechistar. Al rato empezaron ha arderle los ojos y su vista se volvió nublada, pero poco más.
-¿Y esto que me he tomado para que es?-
Su voz sonaba débil y mientras que pronunciaba cada palabra estas se las llevaba el tenue aire de la nocturnidad.
-No te preocupes amor… no es nada que te haga daño.-
Estuvieron un largo rato juntos, y luego reclamaron su presencia. El príncipe se disculpo con un beso en la frente de la joven rubia y observo atentamente su mirada.
-Aún así tienes unos hermosos ojos…-
Electra quería preguntarle ha que se refería con aquel susurro, pero no tuvo tiempo puesto que este se deslizo rápidamente, prácticamente desapareciendo ante ella.
Algo enojada por no haber podido satisfacer su propia curiosidad, y saliendo del malsano embobamiento en el que sumía cada vez que el joven de cabellos azules estaba junto a ella puso rumbo al jardín.
Estaba prohibido… lo sabía, ¿Por qué?, eso ya no lo tenía tan claro. Lo único que sabía con certeza es que la invadía una inseguridad inmensa cada vez que Dymas se marchaba. No entendía si era por que no soportaba la soledad, o lo que no soportaba era su corta presencia.
Dejo de pensar en todas las preocupaciones que abordaban su mente al aspirar los aromas envolventes de aquella tierra. Desde la ventana distinguía los colores, pero solo era la mitad de hermoso en la lejanía de lo que era ahora. El viento traía a su habitación olores especiales, que podía distinguir de algunas de las flores que remojadas descansaban primorosamente en sus floreros, pero estar dentro de aquel inmenso jardín confundía a su olfato, era una explosión de embriagadoras fragancias.
No supo cuanto ando, solo veía los colores. Algunas flores eran tan hermosas y tan extremadamente llamativas que hacían daño a su vista. No entendía por que pero automáticamente achacaba aquel mal al tónico que había tomado hace apenas unas horas, se sentía defraudada consigo misma al pensar eso de Dymas, que el quisiera hacerle daño. Pero su intuición le decía otra cosa.
Mientras paseaba recogía las flores que más le gustaban de color y aroma, era una tarea agradable.
A su nariz llego un perfume conocido, no era de alguna flor de la que ya hubiese investigado en los libros de naturaleza que albergaba en la pequeña biblioteca contigua a su espaciosa recamara, y de la cual tan solo disponía ella.
No… eso era algo más antiguo que eso. Más fresco que todo lo demás, como si en una noche hubiesen regado todo el jardín para que después pudiesen florecer maravillosamente con un calor que lo envolviese todo… ¿calor? . Sus ojos se pusieron de acuerdo con su olfato, y se dirigieron al causante de todos esos recuerdos perdidos.
Fue un brillo azul lo que vio. Un azul turquesa hermoso que se disipo y se convirtió en persona. Quizás se debiese a su vista cansada, pero fue así.
Era una persona alta y esbelta, pero a la vez atlética. Con un cabello largo color azabache sujeto en una cola baja y una piel morena que relucía en la luz dorada que emanaba del palacio.
Se acercaba a ella con paso decidido. Y cuanto más cerca lo veía más rápido latía su corazón… sentía una opresión en el pecho mientras distinguía la luz azul de la mirada de aquel hombre que brillaba como una hermosa estrella en el oscuro firmamento.
No se si alguno va ha querer matarme por esto… jajajaja, pero puedo adivinar que si.
¿Qué les ha parecido? , aunque son unos asesinos nuestros malvados villanos son hermosos chupa sangre con muchos secretos que iré desvelando. Y los protagonistas se encuentran… mmm… ¿Eso quiere decir que Serena lo recordara todo? ¿O no?, ¿Qué hará Seiya cuando hable con ella?
Todo esto y mucho más en el siguiente capitulo, amigos.
Un beso muy grande para todos ustedes, espero que les agrade, si no igualmente me alegro de que me dejen un comentario!!
