N/A: DISCLAIMER: ¡Rurouni Kenshin no es mío ni ninguno de sus personajes!
N/T: Ni Kenshin ni esta historia son míos, con el permiso de su autora Blueicequeen estoy traduciendo este fic.
º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º Cambio de escena
¡En el capítulo anterior me había olvidado el disclaimer! Gomen (reverencia)
Capítulo 15
Misao se encontraba en el puente y observaba el agua fluir sin darle mucha importancia. Evitó pensar y en su lugar le permitió a la naturaleza que le diera paz. El alegre saltito en sus pasos se había ido y el brillo de sus ojos había desaparecido. Entendía a la perfección como se había sentido Kaoru cuando Kenshin la abandonó. La devastación y el vacío eran dos sentimientos muy fuertes, eso sumando el nulo deseo que tenía de vivir. Suspiró.
-¿Sabes? No comprendo por qué las chicas lindas suspiran tan profundamente, se ve tan deprimente-. Una voz interrumpió sus pensamientos. Misao se giró y se encontró con unos brillantes ojos aguamarina mirándola con diversión. Con su siempre presente sonrisa, Soujiro se puso cómodo a su lado.
-Me siento deprimida, es natural que mi suspiro sea deprimente. ¿Qué estás haciendo aquí Soujiro?- Preguntó Misao al girarse para prestarle más atención; el se encogió de hombros como si nada.
-¡Vaya! Solo estoy ayudando a mi hermana por supuesto y me estoy haciendo cargo de los negocios de la familia. Dijo alegremente; Misao rió.
-No eso tontito ¿qué estás haciendo aquí conmigo?-. La sonrisa de Soujiro aminoró, pero aun estaba presente.
-No estás contemplando saltar ¿o sí? No es aconsejable-. Comentó con seriedad fingida. Misao sonrió socarronamente.
-No es para tanto-. Un suspiro siguió a su declaración. –Lo lamento. No estoy de humor para charlas alegres y ni para hacer amistad, no ahora-.
Soujiro se recostó sobre la baranda y estudió su rostro. -¿Qué es lo que te está molestando Misao-san?- Los ojos de Misao se ensancharon y estalló con una carcajada.
-¿Misao-san? Oh por favor, solo dime Misao. No estoy acostumbrada al san agregado a mi nombre, no hay necesidad de ser tan educado como Kenshin. De todos modos…-dijo todavía llorando de la risa-. No puedes esperar que le cuente todos mis problemas a un sujeto que una vez trató de matarnos ¿verdad?-
-Bueno… no estoy tratando de matarte ahora ¿es sobre Shinomori-san? ¿Están teniendo problemas?- Misao negó con la cabeza.
-¿Ahora por qué dices eso? No nos conoces lo suficiente como para decirlo-.
-Deja de bromear Misao, cualquier extraño puede ver la tensión que hay entre ustedes y es desesperante. Confía en ti, estoy seguro que hasta tu puedes ver que él tiene sentimientos por ti-. Soujiro respondió gentilmente antes de palmear su espalda y marcharse. Desconcertada, Misao lo observó irse antes de ir corriendo tras él. Su corazón se sentía mil veces más ligero.
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Sano encontró a Yahiko estudiando las placas con las inscripciones en el dojo; el adolescente las estudiaba tan intensamente que no se dio cuenta de que Sano estaba parado en la entrada. Lentamente, tomó una placa y con su mano recorrió el nombre que tenia inscripto.
Kamiya Kaoru.
Yahiko suspiró, no importaba cuanto había intentado preguntarle pero la culpa se lo impedía. Prácticamente había insultado el Kamiya Kasshin Ryu y a su asistente maestro y eso no había sido bueno. No había forma que Kaoru aceptara su disculpa y lo entrenara de nuevo. Ya se lo había dicho.
Sano observaba a Yahiko con lástima, el chico tenía un duro camino por delante. Dejando salir un profundo suspiro, decidió que tenía que alentar a Yahiko para que convenciera a Kaoru de entrenarlo de nuevo.
-¡Ooi! ¿Qué estas planeando hacer al respecto?- Yahiko se sobresaltó con su voz y se giró apresuradamente. Se cruzó de brazos y respondió con otra pregunta.
-¿Qué voy a hacer con qué?-
-Mira niño, sabes que quieres aprender, solo tienes que aventarte y preguntarle. Aunque sería bueno que también rogaras-. Le recomendó al mismo tiempo que mascaba su espina de pescado. Yahiko lo observó asqueado preguntándose que tan vieja era esa espina antes de negar con su cabeza.
-Ella no dirá que sí-.
-Espera, estamos hablando de Jou-chan, tiene un cálido corazón. Sí diablos que siempre está gritándonos pero nunca se ha enojado por mucho tiempo. Mira niño, esa mujer tiene un punto sensible contigo, trata de volver a ganar su confianza. Es difícil aun para todos nosotros pero si tienes miedo de enfrentarte a ella ¿Qué clase de samurái serás?- Yahiko miró asombrado a Sano ¿desde cuándo el cabeza de pollo tenía cerebro? Se preguntaba.
-No es tan simple, es el estilo de su familia el que he insultado. Ella es muy sensible con eso-. Murmuró antes de observar las espadas de madera acomodadas en las paredes del dojo. Sano negó con su cabeza.
-Bueno, por supuesto que lo es. También fue muy sensible cuando Kenshin se marchó ¿cierto? Él no se rindió cuando Shuichi entró en la vida de Kaoru, trató de reconquistarla y recuperó su confianza. Así que… no te des por vencido antes de intentarlo, niño-. Sano dijo sabiamente frotando la cabeza de Yahiko. El chico lo miró con una pequeña sonrisa en sus labios; una idea acababa de formarse en su cabeza.
-Gracias Tori-atama, nunca imaginé que tenias cerebro y ¡No me digas niño! – Gritó Yahiko al salir corriendo en busca de Kaoru.
Sanosuke sonrió antes de darse cuenta de lo que Yahiko acababa de decir. -¡Ven aquí mocoso! Sí tengo cerebro-.
Megumi reía suavemente ante lo ocurrido, atrayendo la atención de Sano. Se giró hacia ella con una sonrisa.
-Lo bueno termina bien-. Murmuró, Megumi lo abrazó fuertemente.
- No puedo creer que Kaoru pasara por tanto y esta vez nosotros apenas pudimos ayudarla-. Sano besó su cabeza.
-Esa es Jou-chan, solo ella se involucra con lo peor de la sociedad, míranos. Yo era un pandillero, tú una preparadora de opio; tenemos un ex – ladronzuelo y un ex –hitokiri. Toda su educación de la yakuza la ayudo a aceptarnos-. Megumi negó con la cabeza.
-Va a pasar un buen tiempo intentando poner en orden las cosas. Estoy preocupada Sano ¿Qué tal si no puede manejarlo? ¿Qué tal si piensa que toda su vida es solo una mentira?- El abrazo de Sano se afirmó más.
-Entonces tendremos que ayudarla, no hay otra forma. Saldremos de esto Meg; se que lo haremos. Será difícil para nosotros separarnos ahora, no puedo imaginar abandonar a Jou-chan así, no puedo, es demasiado esfuerzo-. Megumi sonrió y acurrucándose en su abrazo, rezó silenciosamente agradeciéndole a Kami-sama por encargarse de las cosas.
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Kaoru se sentó en la porche, estaba cansada de descansar y de estar constantemente vigilada por sus amigos. Le recordaba a como Shuichi cuidaba de ella. Su corazón le dolía demasiado al pensar en él; le había mencionado que quería que su novia solo se acordara de él pero Kaoru no podía. Solo recordaba al hombre que la había salvado pero nada de su pasado volvía a su mente. Solo en ese breve momento en que recordó a sus verdaderos padres lo había visto. Pero después de eso, no podía ni siquiera recordarlo ¿Cómo era de niño? ¿Cómo se conocieron? ¿Eran cercanos? No lo sabía ¡No podía recordarlo!
Tratando de luchar contra las lágrimas que amenazaban con caer, intento recuperar la compostura. Ya había llorado demasiado y no estaba dispuesta a seguir haciéndolo. No quería que sus amigos la vieran como una persona débil. Kaoru sabía que necesitaba tener el control si quería el respeto de ellos y por ahora ellos eran lo único que tenía. Sus dedos tocaron la hebilla que él le había dado a través de su padre y el dolor volvía a apretar su corazón. El lamento se filtraba en su alma, él la amaba y ella no podía amarlo como se merecía. Había dado su vida por ella y ella no pudo salvar la suya. Se sentía avergonzada por su debilidad y se dio cuenta de que cada momento que pasaba lo extrañaba más. Los pasos la trajeron de regreso al presente pero no le importó mirar de quien se trataba.
Kenshin dejó la bandeja que estaba sosteniendo y sirvió una taza de té para ella y una para él. Acomodándose a su lado, analizó sus rasgos con sus ojos y notó lo triste que estaba. Sabiendo que no podía hacer nada más que darle su apoyo, estaba a punto de tomar su mano cuando sus ojos vieron la hebilla. Una repentina oleada de celos lo tomó por sorpresa pero pudo controlarlo; respetaba a Kaoru y a Shuichi. Habían tenido una relación aun si Kaoru no podía recordarlo, pero en su corta estadía, Shuichi había tallado su nombre en su corazón y Kenshin estaba dispuesto a aceptarlo sin importar cuán celoso se sentía. Sus pensamientos se dirigieron hacia Tomoe y supo que si Kaoru pudo aceptar su relación con ella, él podía aceptar la de ella con Shuichi. Después de todo estaba indirectamente involucrado con su re-encuentro.
-¿Cuánto por saber lo que piensas?-
Kaoru levantó la mirada y sonrió tristemente a Kenshin. Verlos a él y al té justo a su lado le trajo recuerdos de antes de que partiera. Ya nada era lo mismo, notó con gravedad.
-Mis pensamientos no valen ni una moneda o yen, para lo que importan-.
Él rió suavemente alivianando el humor, le alcanzó el su té y bebió el suyo suspirando con satisfacción. –Han pasado dos semanas-. Dijo ausentemente. Kaoru asintió.
-No puedo creer que se ha ido- murmuró Kaoru. –Se siente extraño no tenerlo cerca-.
-Ustedes se hicieron muy cercanos en esas semanas ¿no es cierto? Hay una unión…- La voz de Kenshin fue disminuyendo. Kaoru negó.
-No solo una unión Kenshin; justo después de que Arashi me golpeó la cabeza y pensé que iba a morir, fragmentos de mi memoria llegaron a mi mente. Los vi; vi a mis padres y al hombre que pensé que era mi padre…y lo vi a él. Shuichi. Nos veíamos tan cercanos y tan cómodos. Siempre me pregunté por qué estaba tan cómoda en su compañía cuando apareció por primera vez en la clínica; confié en él más que lo hice con ustedes. Creo que inconscientemente lo recordaba. Fuimos cercanos por mucho tiempo, no solo por esas semanas-.
Ella estaba esforzándose con sus palabreas y él podía notarlo. La acercó hacia sí y la abrazó muy fuerte. –Lentamente pasará, nunca se irá del todo pero te sentirás mejor con el tiempo Kaoru. Confía en mí, lo sé-. Kaoru rió forzadamente.
-¿Eso significa que debo vagar sin rumbo por diez años?- Preguntó bromeando.
-Bueno…si me dejas ir contigo, no me importa-. Le respondió con una cálida sonrisa.
-¿No te molesta que sea la hija de un líder yakuza?-Preguntó. Kenshin levantó su cabeza para mirarla a los ojos.
-Si a ti no te molestó mi oscuro pasado ¿por qué debería importarme el tuyo? Las circunstancias de tu nacimiento no son tu culpa-. Kaoru sonrió con eso, apretó con más fuerza la hebilla mientras se recostaba más en él.
-¡Oye Kaoru!-
El sonido de Yahiko la hizo separarse inmediatamente, Kenshin se lo permitió pero no pudo evitar que el ligero sentimiento de dolor se filtrara en su corazón aunque lo ocultó bien. Los dos le dedicaron su atención al joven de cabellos oscuros que aparecía por la esquina.
-¿Si Yahiko?- Preguntó tratando de mantener su porte. Yahiko los observó antes de prestar toda su atención a Kaoru. Tomando un gran respiro, repentinamente se arrojó de rodillas y se inclinó bien hasta el piso, en la tradicional posición japonesa para pedir perdón. Enterrando su orgullo muy dentro de sí, miró al suelo.
-¿Yahiko?-
-Por favor, acepta mis más sinceras disculpas Kaoru. ¿Podrías perdonarme y aceptarme de nuevo como tu estudiante?- Rogó con su voz fuerte a pesar de que la vergüenza de estar reverenciando lo carcomía.
Kaoru y Kenshin lo observaron asombrados. Kenshin giró su atención a ella. Los dos sabían que el jovencito estaba tragándose mucho de su orgullo para realizar una acción así. Si hubiese sido en otra ocasión, no hubiese ni considerado reverenciar para pedir perdón.
-Cambiaré- prometió.- Cuando estemos entrenando te llamaré sensei y no te haré enojar. Tomaré mi entrenamiento con seriedad y me dejaré de lloriquear y quejarme. Por favor… dame otra oportunidad-.
El corazón de Kaoru se rompió al ver al joven samurái pero sabía que la disciplina tenía que ser inculcada de la manera difícil. –Yahiko, acepto tus disculpas y te perdono, pero ya no puedo aceptarte como alumno. Tú… no respetaste mis enseñanzas y simplemente no puedo aceptarte así-.
El corazón de Yahiko casi se detuvo ante su rechazo; sintió deseos de gritarle hasta que aceptara pero después desistió. Controlando el sentimiento de pavor, trató una vez más. -¿Qué puedo hacer? ¿Qué debo hacer para que me aceptes de nuevo?-
Kaoru se puso de pie. –Lo siento-.
Yahiko apretó sus puños, Kenshin sentía pena por él pero sabía que tenía que mantenerse al margen del asunto. Yahiko se rehusaba a rendirse; las palabras de Sano retumbaban en sus oídos.
-¡Kaoru! -Kaoru se dio vuelta silenciosamente.
-¡Te probaré que soy un estudiante Kamiya! No me moveré de este lugar hasta que me permitas volver a ser tu alumno, te lo prometo-. Dijo poniéndose de pie. Kaoru solo lo miró encogiéndose de hombros levemente y sin una palabra se marchó.
Kenshin sabía que ese joven necesitaba confianza al observarlo luchar con sus sentimientos. -¿Yahiko?- Yahiko miró a su ídolo y asintió. Kenshin sonrió.
-¿Recuerdas cuando fui a luchar con Shishio? Bueno, necesitaba completar mi entrenamiento. Cuando era joven, me fui hiriendo también a Shishou. Sabes, él realmente no quería enseñarme, así como Kaoru. Tenía que ganármelo, seguir adelante. Si realmente estás determinado a hacer las cosas bien con ella, no te des por vencido.- Kenshin apoyó su mano en la cabeza de Yahiko a modo de aliento, luego se marchó. El joven asintió de nuevo; esta vez verdaderamente determinado a demostrarle a Kaoru que todo lo que decía era en serio.
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Misao se encontró acompañada de Soujiro todo el día, fácilmente le comentó de él y de Shishio mientras que ella le confió acerca de cuando estaba en crecimiento. No era tan difícil de ver que para todos ella tenía sentimientos por el Okashira desde niña. Soujiro, sin embargo, le dijo una cosa que haría que Aoshi se diera cuenta de sus sentimientos y que actuara en consecuencia. Misao rió con su idea pero le dijo que no creía que funcionara pero que no le importaría intentarlo. Le preguntó a Soujiro acerca de la decisión de tomar el lugar de su padre.
-Estoy contento de que pueda hacerlo- dijo con una sonrisa. –Siempre quise una familia real, aún si es de la yakuza, estoy verdaderamente muy feliz. Creo que mayormente es porque descubrí que Kaoru es mi hermana-.
-¿Kaoru-chan?-
-Sí, verás cuando trabajaba para Shishio, noté a Kaoru instantáneamente. Es difícil no hacerlo, es una hermosa mujer pero principalmente porque es una mujer soltera viviendo con tres hombres que no tenía buena reputación. Quería conocerla pero mantuve mi distancia, trabajaba para Shishio y socializar con el enemigo no era aceptado. Después de todo ella es la amiga de Himura-san y por eso no creo que era aconsejable acercarme a ella. Ahora… ella es mi hermana y eso me hace sentir… bendecido-.
Misao asintió entendiendo. Estaban alcanzando el dojo y Soujiro se aventó a otra conversación, exitosamente alejando su mente de Aoshi. Ambos reían cuando entraron al dojo.
El sonido de la risa instantáneamente alertó a Aoshi de la presencia de Misao, también notó con gravedad que Soujiro estaba caminando con ella y se preguntó que había dicho Soujiro para hacer que Misao se riera de esa manera. Pensamientos acerca de destajar a Soujiro lentamente llenaron su mente y casi hizo que sus labios se movieran.
-Los dos parecen felices acerca de algo-. Dijo Kaoru con una sonrisa, estaba preparándose para ir al Akabeko cuando notó cuan divertidos estaban su tan cercana amiga y su hermano.
Soujiro sonrió abiertamente al tiempo que pasaba su brazo por el hombro de Kaoru. –Casi nada Hime-chan, solo mirábamos al pasado-. Dijo con una sonrisa.
-¡Mou, no me llames Hime-chan! Tú y Shuichi…-. Su voz se fue apagando con el nombre y se detuvo. Soujiro tomó nota sobre eso y se encogió de hombros.
-Bien… entonces…-se las ingenió para apartar los pensamientos de Kaoru de Shuichi.- ¡Ajá! ¡Lo tengo! ¿Qué te parece… Kaoru-Ojousama?
Kaoru sonrió. -¿Ojousama? Eres mi hermano ¿lo sabes?- Soujiro sonrió.
-Así que sí lo soy ¿A dónde vas?-
-Al Akabeko-.
-Entonces, déjame ir contigo Kaoru-chan ¡Y sin objeciones!-
Kaoru rió y asintió; se giró a preguntarle a Misao pero la chica de larga trenza negó –Yo paso-.
Kaoru sonrió y miró a Soujiro, ambos caminaron hacia afuera. Misao entró y se sentó en el porche ignorando completamente a Aoshi y en su lugar se preocupó por Kenshin que estaba mirando al dúo con tristeza.
-¿En qué estas pensando Himura? No puedes estar celoso de que Kaoru-chan decidiera salir con su hermano-. Dijo Misao con astucia, feliz de que todo haya terminado, aunque a expensa de la vida de un hombre.
-¡Oro!-
-¡Oye, no hemos tenido una conversación desde hace mucho! ¡No puedo creer que extrañara que dijeras eso-. Dijo Sano repentinamente desde atrás golpeando la espalda de Kenshin haciendo que el ex –hitokiri prácticamente volara y golpeara el suelo.
-¡Orooooooo!-. Gritó con sus ojos dando vueltas en espiral.
-¡Cielos Himura eres desesperante!-. Murmuró Misao antes de ir a bañarse. Kenshin se puso de pie y sacudió su cabeza, su corazón se sentía más ligero de lo que se había sentido hace tiempo y su sonrisa de rurouni hacía que todo el mundo se relajara. Todo parecía que estaba volviendo a la normalidad.
-¿Dónde está Yahiko?- Preguntó Sano al sentarse.
-Ganándose la confianza de Kaoru-dono al no moverse del lugar en que está-.
Sanosuke levantó una ceja. -¿Kaoru-dono?- Él solo observó mientras que el rurouni iba a la cocina a preparar la comida y negó con su cabeza. –Tal vez tener al Battousai cerca por un rato era mejor-.
Aoshi observó cómo Misao se dirigía a bañarse; parte de él quería quedarse en donde estaba pero otra parte quería reunirse con ella en su baño. Sintiéndose disgustado consigo mismo por enamorarse de una niña decidió alejar sus sentimientos yendo hacia la cocina. Observó como Kenshin cortaba los vegetales mientras murmuraba una melodía. Notó los hombros relajados de Kenshin y se dio cuenta de que había pasado un tiempo desde que lo había visto así. Con Kaoru a salvo, Kenshin no se veía…amenazante.
-Pensé en preparar algo especial para alegrar a Kaoru-dono; todavía está muy deprimida y se rehúsa a hablar al respecto-. Dijo Kenshin repentinamente de la nada, lo que tomó a Aoshi por sorpresa.
Sintiendo que necesitaba decir algo, Aoshi respondió calmadamente. –Él acaba de morir. Ella se entera de que es la única hija de un líder de la yakuza. Necesita tiempo-.
Kenshin sonrió.- Esperemos que no le tome diez años como a mí. Para entonces seré demasiado Viejo-.
Aoshi tuvo que abstenerse de reír al imaginar a un Kenshin anciano. – Cuarenta años no es viejo; tu maestro no se ve viejo para su edad-.
-Pero no estamos aquí para hablar sobre la edad de mi maestro… o Kaoru. Estamos aquí por Misao-dono ¿verdad?-
A Aoshi le hizo gracia que usara el 'estamos' pero se lo guardó para sí mismo; no estaba de humor para hablar de Misao. Si empezaba, no podría detenerse. Meditarlo le había hecho peor, no importaba cuanto meditara que ella era solo una niña, su mente se rehusaba a aceptarlo. Aoshi no era un tonto, no quería que Misao se casara con un hombre mayor como él y luego que se arrepintiera más tarde. Era mejor que le pusiera un punto final a su enamoramiento, aunque parte de él sabía que era más que un mero enamoramiento.
-Misao-dono… ella no se nos unió para el día de Tanabata. Supongo… que dijiste algo que le hizo no venir- Kenshin intentó investigar lentamente sabiendo que Aoshi podría cerrarse si lo presionaba demasiado. Y como era de esperarse, las facciones de Aoshi se endurecieron aunque no perceptiblemente.
-Simplemente le dije que se buscara a alguien de su edad-. ¿Eso era lo que se seguía diciendo para convencerse a sí mismo? Aoshi no lo sabía. De hecho ¿desde cuándo Kenshin estaba interesado en su vida amorosa?
-Me pregunto Aoshi… si alguna vez notaste cuan equivocado estuve cuando se trató de Kaoru. Era más fácil decirme a mí mismo que ella estaría mejor sin mí; era fácil poner la barrera de la edad entre nosotros y también era fácil alejarla cada vez que se acercaba. Esa solo era la parte fácil ¿sabes cuál es la parte difícil? La más difícil es cuando ella me hace la ley del hielo, la parte difícil es cuando mira directo a mis ojos y ve la verdad de mis más profundos deseos y me escucha negarlos. La parte más difícil es ver sus lágrimas en su rostro. Lo más difícil es… cuando ves otro hombre cortejarla. Shuichi… él estaba cortejando a Kaoru. Era duro verla con otro hombre y eso puede nublar tu juicio; estaba celoso y no pude ver sus intenciones. Dolió como el mismo infierno cuando ella lo eligió a él en vez de a mí-.
Aoshi se preguntó hacia donde se estaba dirigiendo Kenshin y temió por lo que estaba a punto de decir. Cerró sus ojos y continuó escuchando. –No es una niña-.
La afirmación hizo que sus ojos se abrieran abruptamente y se enfocaran en la espalda de Kenshin ya que él seguía cocinando. –Misao-dono ya no es una niña, está en una edad en la que puede contraer matrimonio. Sus sentimientos son los de una mujer… no de una niña. No creo que sea solo un mero enamoramiento ni un amor juvenil. Es un amor maduro y la estás matando lentamente al negar tus sentimientos por ella-.
-¡Himura!-
Kenshin ignoró la advertencia en el tono y con cuidado vertió los ingredientes en el agua hirviendo. –No te darás cuenta ahora supongo, pero cuando los hombres hagan filas para pedir su mano, será mejor que estés preparado para dejarla ir. No creo que tengas que esperar mucho, Soujiro parece muy interesado y ella se siente relajada con el ¿lindo par, verdad?- Pero Aoshi solo apretó los labios, Kenshin sonrió y se giró para alcanzar las especias.
-Todavía estoy en la misma situación que tu. Tengo el presentimiento que si le propongo casamiento a Kaoru diría que no-. Kenshin continuó.
Mirando hacia afuera, vio que la joven ninja prácticamente había saltado del baño. Aoshi notó la mirada de Kenshin y se movió incómodo.
-¿Qué pasa si un día se da cuenta de que todo es un error?-
Kenshin sonrió con eso. –Cuando dos almas se encuentran nunca es un error-.
-Arigato-.
Kenshin se giró para responder pero Aoshi ya no estaba allí. Suspiró. Sabía de seguir que ese no era el mejor momento para proponerle matrimonio a Kaoru. Tenía que darle su tiempo. Miró sus manos y sonrió con arrepentimiento, también era una persona madura.
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Kaoru caminaba a la par de Soujiro sintiéndose algo tímida, desde ese día no lo había llamado 'Onii-chan'. De hecho, no tenía idea de cómo actuar al estar junto a él; se aferró al borde de la manga de su kimono nerviosamente.
-¿Sucede algo?-Preguntó Soujiro con una sonrisa en su rostro, Kaoru comenzó a negar con la cabeza pero después asintió. Tomando una bocanada de aire, le dijo todo.
-No sé cómo actuar al estar cerca de ti-. Contestó honestamente sintiéndose extremadamente tímida. Soujiro continuó sonriendo.
-Bueno… tampoco sé cómo actuar cerca de ti, Kaoru-. Admitió. –Pero tendremos que descubrirlo-.
Kaoru sonrió con picardía y él se pregunto si su madre había tenido una sonrisa como la de Kaoru. El saber que tenía una hermana lo hacía sentirse repentinamente sobreprotector. Cómo habían hecho Saito y Shuichi para dar con el era un misterio pero estaba contento de que lo hayan hecho. Estaba feliz de saber que no era una bolsa de basura.
-¿Sucede algo?-Kaoru preguntó preocupada. –Estabas frunciendo el ceño-. Soujiro negó con la cabeza. –Deberíamos empezar a deshacernos de estas inquietudes ¿ne?-
Soujiro asintió. -¿Qué sugieres?-
-Pienso… si está bien que te llame Sou-nii o ¿prefieres Sou-chan?- Sus ojos azules se enfocaron en los de él y él vio claramente la confusión en ellos.
-No soy mucho mayor que tu… así que por qué no Sou-chan. Yo te llamaré Kao-chan-. Soujiro respondió con suavidad. Prefería la intimidad del 'chan' a la formalidad del 'ni'. –Creo que es mejor Kao-chan que Hime ¿ne?-
Kaoru asintió ferviente. –Hime me recuerda a él. No puedo solo olvidarme de él-. Soujiro sonrió con facilidad.
-¿Olvidar? ¡De ninguna manera! No se supone que debas olvidarlo-. Kaoru lo miró confundida. –Cuando uno muere atesoras sus recuerdos, recuerdas las cosas buenas. No huyas de los recuerdos, escapar hace las cosas más difíciles-.
Kaoru asintió lentamente, eso tenía sentido. No estaba bien que olvidara a un hombre que nunca la olvidó. –Arigato, Sou…chan-. Dijo tímidamente.
-Espero que no te moleste que me haga cargo de la yakuza, ellos realmente necesitan un líder y Saito-san es un gran mentor-.
Kaoru rió con ganas. –De ninguna manera voy a trabajar con Saito. Por trabajar juntos por tanto tiempo puede que lo mate uno de estos días. Pero es un buen sujeto con sus propios principios; lo admiro por eso y estoy agradecida por toda su ayuda. Por eso no me molesta que te hagas cargo-.
Soujiro asintió. –Es imposible, pero no totalmente imposible. Disfruté conocerlo-.
Entraron al Akabeko y fueron guiados por Tsubame a una mesa; después de que pidieran sus órdenes, Kaoru y Soujiro se metieron en una profunda conversación para descubrir más de cada uno. La risa era constante entre ellos y se sentían bien en compañía del otro. Encontraron sus similitudes (ninguno de los dos disfrutaba del sake sin emborracharse fácilmente y los dos se enamoraban de las espadas a primera vista) y sus diferencias (la velocidad de Soujiro era casi par a la de Kenshin y la fuerza bruta de Kaoru a veces superaba la de él).
Pagaron la cuenta y Soujiro sostuvo la mano de Kaoru mientras volvían a casa. Kaoru se encontró con Keisuke, el chico con el que Tsubame estaba y hablaron por unos momentos antes de dirigirse a casa.
Si Kaoru pensaba que Yahiko había cambiado de opinión, estaba equivocada; seguía en el mismo lugar y la miraba intensamente. Aun el aroma de la comida no lo tentaba a dejar el lugar en el que estaba. Kaoru negó con la cabeza pero él se negó a aceptarlo. Soujiro necesitaba hablar con Saito y no se podía quedar a cenar. Aoshi y Misao no estaban hablando, por eso Megumi, Kenshin y Kaoru comieron con un incómodo silencio de por medio mientras que Sanosuke llenaba su cara con comida. El silencio seguía reinando hasta que se fueron a la cama y aun así Yahiko se mantuvo en su lugar.
Kaoru esperaba que todo se tratara de una broma, apenas podía creer que Yahiko se fuera a esos extremos para que lo aceptara. Era el tercer día y su corazón no podía soportar verlo parado en la lluvia. Nadie más estaba en casa excepto Aoshi y ella ya no podía soportarlo. Tres días sin comida y sin dormir ya estaban afectándole; incapaz de seguir soportándolo tomó un paraguas y se apresuró hacia él.
Yahiko se estaba prácticamente congelando y los pensamientos de darse por vencido torturaban su mente más de una vez. Tal vez no se podía cambiar la forma de pensar de Kaoru. Justo cuando estaba pensando en darse por vencido, la lluvia dejó de tocar su cuerpo. Carraspeó cuando un brazo le paso por su cintura y lo atrajo hacia atrás; estuvo aturdido por un momento cuando sintió un cálido cuerpo apretarlo en un abrazo. Se dejó acunar en la calidez pero a la vez trató de alejarse de nuevo, aunque su cuerpo estaba débil por el hambre y la falta de sueño pero Kaoru no lo dejó alejarse.
-Ya es suficiente, es hora de que entres-.
Yahiko se negó. – ¡No! ¡No hasta que te demuestre!
-Estás débil, cansado y hambriento. Entra, está lloviendo ¡Te enfermaras!- Aun así se seguía negando.
-Quiero ser tu alumno. Idolatro a Kenshin pero tú… ¡tú eres mi sensei! Por favor, déjame hasta que te demuestre que nunca deshonraré este dojo de nuevo, hasta entonces no entraré-.
-No puedo entrenar a un alumno enfermo, tienes que entrar-.
Al principio no había comprendido pero cuando lo hizo miró a Kaoru con los ojos bien abiertos. Ella sonrió y él sintió que el mundo se volvía mejor. Más brillante.
-¿Es en serio?-
-Hai, en serio. Ahora, entra deshi. No quieres que te llame baka deshi como Hiko-san llama a Kenshin ¿ne?- Yahiko sonrió débilmente.
- ¡Diablos NO!-
-Vamos, un baño caliente y una comida caliente. Estarás mejor por la mañana-. Lo ayudó a entrar en la casa y al baño, lo alimentó y lo hizo dormir. Todo el tiempo, Aoshi los estuvo observando en silencio.
-Estará bien, no estuvo en la lluvia por mucho tiempo. Le diste una lección-.
Kaoru sonrió. –Tenía que aprender que también hay veces que tiene que hacerse responsable. Nunca lo hubiese dejado afuera por mucho tiempo, estoy orgullosa de que haya resistido tanto tiempo-.
-Fuiste como una madre-.
Kaoru sonrió de oreja a oreja con eso. –Lo desearía, él es solo como el hermano menor que nunca tuve ¿té?- Aoshi asintió y ambos se sentaron en silencio.
-¿Qué es lo que una mujer espera del hombre que ama?-
Kaoru estaba tan sorprendida con la pregunta que casi escupe su té ¿Qué trajo esa pregunta? Durante los días que pasaron, Aoshi nunca mostró ninguna inclinación de cortejar a nadie y repentinamente hace esa pregunta. Kaoru se preguntó con diversión si eso era porque Soujiro estaba cerca.
-Cuando dos personas están enamoradas, la propuesta de matrimonio es algo que toda mujer esperaría… también Misao-.
Aoshi levantó su ceja pero no dijo nada, en lugar de eso sacó una pequeña caja y se la entregó a Kaoru. Perpleja y confundida abrió la caja y carraspeó con su contenido. Miró a Aoshi silenciosamente rogando que no estuviera proponiéndosele y cerró la caja. Aoshi la recibió de nuevo. -¿Bien?-
-Es hermoso, Misao lo amará-. Parecía feliz con eso y permaneció quieto pero Kaoru decidió añadir. –Unas cuantas palabras con el anillo significarían mucho…después de todo esto-.
Aoshi asintió. – También lo creo-. Kaoru continuó sonriendo y se sentó de nuevo a disfrutar su té.
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Se haló un mechón de cabello y lo puso detrás de su oreja y observó el atardecer desde la cima de la colina. La vista era espectacular, lástima que no tenía con quién compartirlo
-Es hermoso-. Murmuró con los ojos fijos en el paisaje.
-No es la mitad de hermoso que tú-.
Su cuerpo se tensó y se sentó aturdida al escuchar su voz. Negándose a darle la satisfacción de girarse a verlo, permaneció como estaba. Estaba consciente de que sus pasos se acercaban hacia ella por eso dejó de lado las ideas de una posible hiída. Parte de ella quería huir pero la otra parte traicionera quería permanecer junto a él. Maldito por hacerla sentir así. No importaba cuanto había tratado de olvidarlo y seguir adelante; su corazón se negaba a hacerlo y no se lo permitía. Misao suspiró.
Aoshi se paró al lado de la tensa Misao y se permitió estudiarla realmente. Había crecido, estaba muy lejos de ser esa niña a la que le hacía origamis y que se tropezaba con sus propios pies. Era hermosa, una mujer fuerte que tenía sus propias ideas y que lo entendía.
-¿Necesitas algo?- También estaba enojada. Aoshi se divirtió con ese pensamiento. Se arrepentía por sus acciones y se dio cuenta de que no podía dejarla ir. Entonces, debería correr el riesgo de continuar a su lado. Donde pertenecía.
-En realidad decidí casarme-.
Misao sintió que no podía respirar. No había dudas. No había dudas de porqué se había alejado de ella. Las lágrimas nublaban su visión. Amaba a alguien más, instantáneamente se sintió muy tonta.
-Fe… felicitaciones-.
-Gracias-. Misao se puso de pie y se giró para marcharse sin mirarlo.
-¿No me preguntarás con quién?-
Se mordió el labio. –Esa es su vida privada Aoshi-sama. No tengo derecho a preguntar-.
Aoshi la observó cuidadosamente. –Si tienes derecho Misao. Te lo estoy otorgando-.
Se sentía idiota. –No hay razón para que me des ese privilegio. Tu esposa lo odiaría. Ninguna mujer excepto la mujer en cuestión…-. Su voz se fue apagando con la incertidumbre. No queriendo estar allí más tiempo comenzó a caminar. Pero sintió su brazo siendo arrastrado hacia él.
-No hemos terminado de hablar Misao-.
-¿Qué es lo que quieres? Lo comprendo ¿de acuerdo? No me amas y lo entiendo. Solo déjame sola-. Gritó con su corazón herido y su visión nublada ¡Maldito sea! No le permitiría verla llorar.
-Gomen nasai-. Misao dejó de forcejear del asombro. Aoshi… ¿disculpándose con ella? –Te estoy dando este derecho que ninguna otra mujer puede tener ¿Lo aceptarás? ¿Te casarías conmigo?-
Contuvo la respiración sin saber que ella también estaba conteniendo la suya. El silencio era desconcertante. -¿Qué quieres decir?-
Misao miró en sus ojos, no quería que sus esperanzas fueran elevándose para ser aplastadas, quería estar segura ¿Estaba preguntándole lo que pensó que estaba preguntando?
Aoshi se veía agitado, con mucho esfuerzo (que no demostró) la miró. –Cásate conmigo. Lamento haberte alejado todo este tiempo pero no me parecía bien. Antes sentía que estaba enamorado de una niña. Ahora, me doy cuenta de que eres una mujer. Aun así… con tanta diferencia de edad…-
-¡No me importa la diferencia! ¡Me importas tú! ¿Por qué no viste eso?- Misao preguntó sintiendo como sus lágrimas caían por su rostro y como Aoshi las secaba.
-Porque tenía miedo de ver. No quería que un día despertaras y me vieras como un error. Misao, no tienes idea de cómo me sentí al verte herida y después con Soujiro. No tienes idea cuánto dolor sentí cuando sugerí que salieras con otro hombre ese día-.
-¿Entonces por qué?-
-Eres… joven… tan joven. Aún así me odié por decírtelo ¿puedes perdonarme Misao?-
Misao rió entre sus lágrimas y se abrazó de su cuello. –Tonto Aoshi-sama, cuando dos almas se encuentran no puede ser un error. Y sí, te perdono, siempre lo hago-.
Aoshi deslizó un hermoso anillo en su dedo y besó sus labios con suavidad. Mientras iban de regreso la abrazó fuertemente.
-Por cierto ¿has estado hablando con Kenshin?-
Misao lo miró confundida. – No ¿por qué?- Aoshi negó con su cabeza.
-No, no es nada-.
'Cuando dos almas se encuentran nunca es un error.'
º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º
Kaoru podía verlo en los ojos de Misao; veía felicidad y amor desenfrenado brillando de sus ojos al mirar a Aoshi. El corazón de Kaoru dio una sacudida con ese pensamiento.
¿Podría amar de nuevo? Se preguntaba silenciosamente. La muerte de Shuichi le había pasado cuentas a su mente. Tener a Kenshin de nuevo con ella le hacía tener una mezcla de sentimientos. Kaoru suspiró ¿Cuántas lágrimas había derramado después de haberse enterado de la muerte de Shuichi? ¿Cuántas noches se había quedado despierta respirando con dificultad luego de una pesadilla sobre él? Después de que se recuperó nunca fue ni una sola vez a su tumba a orar por él. No podía. Había tratado más de una vez acercarse a su tumba pero había fallado.
Todos en el dojo parecían estar mejor; había pasado unas semanas desde el incidente y nadie le había hablado de ello o Shuichi. Parecía como si el período de duelo hubiese terminado pero Kaoru sabía que ellos no podían apreciar ni preocuparse por Shuichi como ella lo había hecho porque nunca habían pasado tanto tiempo con él. Eso hacía que la herida en su corazón empeorara ya que no tenía a nadie con quien conversar sobre él.
Sacando una hoja de su cabello, Kaoru levantó la vista para ver a Tokio que la estaba saludando. Devolvió el saludo y ambas entraron al Akabeko para conversar.
Tokio se dio cuenta inmediatamente del cambio de Saito en el mercado, aunque Kaoru no sobresalía de entre la multitud había sentido su ki. Estaba contenta de que Saito pensara en ella como para sentir su ki porque en ese momento Kaoru se veía que realmente necesitaba. Tokio vio la sonrisa falsa y los ojos vacíos que adornaban el rostro de Kaoru y sintió mucha pena por ella. Esa mujer había sido una amiga que Tokio apreciaba principalmente por una razón: Kaoru no juzgaba a Saito.
Se sentaron en de las cabinas y hablaron sobre los hijos de Tokio y de Eiji-kun, el niño que Saito había llevado a casa. Ambas rieron de las travesuras de los niños mientras tomaban su té. Finalmente, Tokio abordó el tema y Kaoru se sumió en silencio.
-Tienes que dejarlo ir Kaoru-chan. No está bien que cargues tu corazón con preguntas pesadas-. Dijo Tokio suavemente.
Kaoru suspiró. –Tal vez. Es solo que en el dojo nadie se preocupaba por él excepto por mí. Por eso siento… que si hablo con ellos es… inútil-.
Tokio asintió comprendiéndola. –Puedes hablar conmigo o… Saito-. Kaoru rió con ganas ante esa sugerencia. Una charla tan profunda con Saito se oía ridícula. –O no-. Murmuró Tokio sorbiendo su té.
-Gomen ne, es solo… nada. Siento todo sobre los rumores Tokio-. Kaoru se disculpó sinceramente. –Es todo un gran malentendido-.
Tokio negó. –En este lugar la gente se sobresalta con cualquier cosa sin pensar en su consecuencia. No importa. Sé que no me engañarías con mi esposo y ¡Él no se atrevería!- Las dos rieron y con eso Kaoru volvió a sonreír.
-Gracias-.
Hablaron de varias cosas pero mayormente hablaron de Shuichi, de cómo lo conocieron y del tipo de hombre que era, de sus propósitos y también de sus atenciones. Kaoru se deleitó al poder ser capaz de hablar de él. Y así fue como se fue acercando a la muerte de su padre adoptivo, sabía que realmente necesitaba hablar de Shuichi si quería sanar.
Aunque… había una cosa de la que se arrepentía…
Las mujeres se despidieron y Kaoru sintió como sus pies la llevaban hacia el cementerio una vez más. Esta vez había logrado detenerse a unos pasos de su tumba para observarla con una expresión de tristeza y desamparo.
Se arrepentía…
Se dio vuelta y se dirigió al dojo sin darse cuenta de la figura que estaba parada a unos pasos de ella observándola con impotencia en sus ojos.
-¡Tadaima!-
-Okaerinasai-. Respondió Kenshin saludando a la joven shihandai de kenjutsu con una sonrisa estampada en su rostro. –Pareces feliz Kaoru-dono-. Kaoru casi gruñó con el uso del honorífico agregado a su nombre. Una vez que las cosas regresaron a la normalidad en el dojo Kenshin volvió a sus viejas costumbres. Aparte de conversaciones serias (que eran pocas) de nuevo estaba usando el 'dono' con su nombre sin importar cuantas veces lo golpeara con el bokken por ello. De nuevo era el despistado y adorable rurouni del que se había enamorado y eso la asustaba bastante. No quería perderse de nuevo en él y que la abandonara de nuevo.
Kenshin luchaba consigo mismo al ver a la linda mujer que estaba delante de él. Se veía tan vulnerable… tan frágil que sentía que debía envolverla en su abrazo y asegurarse que nada la volviera a herirla así de nuevo. Aun cuando había sido él quien la había herido antes…
Kaoru notó la tranquilidad en el dojo. Aoshi y Misao parecían haber desaparecido. Sabía que Yahiko estaba entrenando en la orilla del río y que Sano y Megumi probablemente estaban juntos en algún lado. Entonces… ella estaba sola con Kenshin.
Kaoru se disculpó y fue por su ropa de entrenamiento, realmente necesitaba trabajar su cuerpo para mantenerse en forma aunque no le estaba permitido estar en combate por un buen tiempo. Muchos recuerdos inundaban su mente cuando intentaba concentrarse en su kata y casi gruñe por la frustración al no ser capaz de bloquear cada recuerdo de Shuichi en el dojo.
Sudando y respirando rápidamente, arrojó su bokken y se recostó en el piso del dojo para tratar de controlar su respiración. El clima estaba espléndido y la casa muy tranquila; una sonrisa adornaba su rostro al concentrarse en la Madre Naturaleza.
-¿Te gustaría un baño, Kaoru-dono?-
Se sentó, algo sobresaltada por la voz de Kenshin. Lo vio apoyado en la entrada observándola con los ojos imposibles de leer. Kaoru se preguntó por esa expresión y al mismo tiempo asintió con su cabeza. –Gracias-.
Él solo se acercó a ella y se acuclilló a su nivel. Kaoru lo miró fijamente.
-¿Kenshin…?-
-Agradéceme con un beso-. Pidió con suavidad y los ojos de Kaoru casi se salen de sus cuencos por eso.
-¿Qu….?-
No pudo hablar porque los labios de Kenshin inmediatamente descendieron sobre los de ella mientras que su mano sostenía su cuello. Antes de que pudiera objetar, deslizo un brazo sobre su cintura y la puso entre sus piernas. Kaoru dio un grito ahogado y eso le dio la oportunidad de meter su lengua para acariciar su boca, toco su labio inferior y lo mordió. Kaoru gimió con el pequeño pinchazo y sintió su cuerpo relajarse por su propia cuenta. Quería alejarse pero él forzó su agarre y profundizó el beso.
-Kaoru-. Susurró Kenshin apretándola más fuerte. Con el sonido de su nombre en sus labios, Kaoru se sintió como una mujer siendo drogada. Sus sentidos se nublaron y no pudo evitar la urgencia de besarlo. Con cautela su lengua tocó la suya y todo el infierno ardió…
En un momento Kenshin la estaba besando con suavidad y en un parpadeo, aprisionó su cuerpo y la besó como un hombre hambriento que se le había dado alimento. Succionó su labio inferior y luego sus lenguas luchaban por el dominio.
Kaoru era una rápida aprendiz, pensó entusiasmado. Cuando jugueteando se alejó, Kaoru gruñó en protesta y lo acercó nuevamente. Sus brazos estaban alrededor de su cuello y trató de presionarse más contra él.
Finalmente, ambos se separaron porque realmente necesitaban aire. Kaoru instantáneamente sintió enrojecer y maldijo porque su sonrojo la delataba. Escondió su rostro en su pecho y él suspiro de contento besando su cabeza. Los ligeros toques de sus labios y las caricias de su mano hacían que Kaoru ronroneara de gusto. Kenshin sonrió con eso.
-Kaoru…-
-Mmmm-.
Kenshin se preguntaba si ese era el mejor momento para preguntarle así que tomó un gran respiro. ¿Lo rechazaría? Se preguntaba por Shuichi. El miedo lo dominaba pero sabía que si no preguntaba jamás lo sabría.
-Kaoru…-
-¿Si?-
-¿Te casarías conmigo?-
Continuará…
Nota de Autora:
Bueno, esta historia está llegando a su final. Es un poco larga y espero que no les moleste. Gracias por todos los reviews; significan mucho para mí. Estaré escribiendo un nuevo fic pronto así que espero que lo lean también.
Siento no poder responder personalmente por sus reviews, el tiempo está en mi contra.
Espero terminar esto pronto.
También he empezado otra historia se titula "Deseos inesperados". Échenle un vistazo y díganme si es Buena ¿sí? Diviértanse =)
Nota de la Traductora:
¡Hola! Feliz año… Espero que lo estén pasando lindo…
Bueno quería contarles que ya solo falta un solo capi que lo voy a subir el próximo sábado 5 de febrero y con eso terminamos con este bello fic.
Otra cosita… para el último capi me gustaría que le escribieran el review a la autora ya que pienso traducirlos y enviárselos como se lo prometí… Y otra cosita más… voy a traducir otra de sus historias que se titula como ya leyeron más arriba Deseos Inesperados….estuve hablando con ella y me dio el OK ¡así que si están interesados háganmelo saber! =)
¡Bueno es todo por ahora! Nos leemos el próximo sábado.
Saludos a Setsuna17 y KENSACHAN- de J. Black gracias por sus reviews =)
