N/A: DISCLAIMER: ¡Rurouni Kenshin no es mío ni ninguno de sus personajes!

N/T: Ni Kenshin ni esta historia son míos, con el permiso de su autora Blueicequeen estoy traduciendo este fic.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º Cambio de escena

Capítulo 16

Kaoru estaba a la orilla del río y observaba el agua fluir lentamente por la corriente. Lo observaba ausentemente mientras que sus dientes abusaban de su labio inferior. Su mente continuaba repitiéndole la propuesta de Kenshin una y otra vez.

'¿No era esto lo que siempre había querido? Siempre quise que se me declarara ¿Por qué me siento de esta manera?' Se preguntaba girándose para caminar sin darle mucha importancia. No te nía idea a donde quería ir ni a quién recurrir. Todavía no había hablado con el anciano doctor aunque sabía que él nunca la culparía. Su mente estaba llena con recuerdos de su castaño amigo que se había convertido lentamente en algo más.

¿Se habría casado con Shuichi si Kenshin no hubiese regresado? Se preguntaba sobre eso y no tenía respuesta. Eso la hacía sentir más deprimida.

Sintiéndose enojada con ella misma por ser tan patética, Kaoru finalmente se dio cuenta en donde había terminado y miró finamente conmocionada.

¿Acaso era una señal?

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Yahiko esperaba fuera del Akabeko, sus propios sentimientos estaban confundidos. No podía encontrar a Tsubame ni a su quién-es-su-amigo de la cabeza. Se dio cuenta que dejando a Kaoru, había deja otra parte de él detrás.

Tsubame…

Maldecía por enfermarse pero Yahiko se sentía feliz porque Kaoru lo había aceptado. Iban a haber cambios obviamente. No lo podría soportar si ella no volvía a confiar en él y eso lo hería más de lo que estaba dispuesto a admitir.

No iba a parar de decirle apodos. Demonios, si hiciera eso se sentiría como un extraño, además ¿los hermanos no siempre pelean? Sin embargo, la respetaría en el dojo como se esperaba de él.

Sacudiendo su cabeza, notó instantáneamente cuando Tsubame salió. Estaba a punto de ir con ella cuando ese chico apareció. Sintiéndose extremadamente celoso y tratando duramente de controlar su creciente temperamento (y hormonas), Yahiko los siguió. Notó que estaban caminando demasiado juntos y sintió como su mano quería tomar el bokken. Pero en vez de eso, optó por algo que haría Kenshin.

-Tsubame…-

Tsubame se detuvo y también el jovencito. Sus manos tomaron las de ella fuertemente e hizo que Yahiko se enojara más, pero lucho para mantenerse en control.

-¿Yahiko-chan?-

-¡No me digas chan!- Gritó antes de que pudiera pensar y se maldijo silenciosamente. –Quiero hablar contigo….a solas-.

Tsubame miró a Yahiko, sus ojos marrones observaban mientras que él se pasaba la mano por su cabello y su otra mano descansaba en su cadera. Sintió un ligero rubor en sus mejillas y se giró a su acompañante. Se acercó y susurró algo en su oído y el chico asintió entendiendo. Apretó una vez más su mano y se marchó.

Caminó hacia Yahiko y ambos se dirigieron hacia el rio, lejos de todo el ruido. Estuvieron en silencio por un tiempo y Yahiko se preguntaba por donde debería comenzar.

-¿Recuerdas este lugar? Aquí es donde te conocí por primera vez-. Dijo Tsubame suavemente. Yahiko la observó e instantáneamente se fijo en donde estaban y asintió.

Tsubame sabía que tenían que aligerar el aire entre ellos y continuar hablando para ello tenía que dejar de lado su timidez. –No te despediste-.

Yahiko suspiró. –Gomen-.

Ella frunció el ceño con su respuesta y jugueteó con la manga de su kimono. Cuando no dijo nada más se giró para marcharse pero Yahiko agarró su mano. Tsubame levantó la mirada confundida y herida.

Yahiko se maldijo cuando vio su expresión ¿Así se había sentido Kenshin? Se preguntaba al mismo tiempo que trataba de formar oraciones coherentes en su cerebro.

-¿Yahiko...kun?-

-No estaba pensando en ese entonces. Solo… tenía que marcharme. No pensé que te estaba abandonando-. Admitió lentamente. Soltó su mano y se sentó con pesadez; Tsubame se sentó a su lado. – Lo siento-.

-Está bien creo. Regresaste después de todo-. Respondió y luego el silencio reinó.

- No está bien ¿o sí? Tú tienes un nuevo… novio ahora…-.

Tsubame observó el paisaje sobresaltada. -¿novio?-

Yahiko la miró fugazmente por un minuto preguntándose porque se molestaba en negarlo.

-Ese chico de recién; por lo menos si fuera Yutaro podría encargarme-. Refunfuñó. Una sonrisa gran sonrisa apareció en los labios de Tsubame. Estaba celoso y había asumido que era su novio. Eso la hizo sentirse muy bien por dentro. Yahiko notó su sonrisa y le preguntó con curiosidad por ello.

-¿Por qué estás sonriendo?-

Tsubame desvió la mirada con timidez. –El no es mi novio. Es mi primo que vino por una breve visita; mañana se regresa a su casa-.

Yahiko se ruborizó furiosamente y se dio vuelta. Una sonrisa adornaba sus labios, algo inseguro tomó su mano y ambos se sonrojaron cuando su mano tocó la de ella pero se rehusaron a soltarse al disfrutar de la paz y la serenidad del momento. Uno que no olvidarían por mucho tiempo.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

Caminó hasta que pudo ver la tumba, parte de ella quería huir pero la otra parte le urgía que se quedara. Repentinamente, Kaoru sintió un fuerte deseo de tener a Shuichi con ella en ese momento así podría pedirle su consejo y buscar su calidez.

¿Pedir un consejo sobre Kenshin cuando el también la amaba? Kaoru se rió mentalmente con esa idea. Se acercó a su tumba, se arrodilló y rezó.

Él la observaba silenciosamente en las sombras. Podía ver que estaba confundida y se preguntaba cómo podría ayudarla. El hecho de que haya llegado tan lejos le daba bastantes ánimos. No estaba tan herida o dañada; estaba bien. Ese pensamiento en verdad lo aliviaba.

Estuvo silenciosamente detrás de ella, observó su pequeña figura y pensó en lo pequeña que era su propia forma. Quería reírse de ello. Ella era hermosa y él lo sabía, no era tan elegante como Megumi-san pero era hermosa a su propia manera.

Un ángel juguetón.

Kaoru suspiraba en su plegaria. Tenía esperanzas que Shuichi pudiera en su corazón, perdonarla por no poder recordarlo. Cuando completó su plegaria, permaneció en el suelo.

-¿Cuánto tiempo planeas seguir viendo, Sou-nii?-

Soujiro miró su acuclillada figura con sorpresa. –Shuichi estuvo entrenándote ¿verdad?- Kaoru rió, se puso de pie y se giró hacia él permitiéndose observar a su único familiar con vida.

-¿Estas pidiéndole un consejo por la pregunta de Himura-san?- Soujiro le preguntó. Kaoru lo miró con curiosidad pero no pudo preguntarle como lo sabía. En su lugar le dijo. –Le pedí perdón y le dije que era un idiota y que lo extraño. Le dije… gracias por cuidarme y amarme. Debería haberle dicho más… solo que no supe qué-.

-¿Por qué le pediste que te perdonara?- Preguntó mientras que se dirigían al dojo. Kaoru negó con su cabeza.

-El me amaba y yo no puedo recordarlo ¿Qué clase de mujer me hace eso? No pude recordarlo en nada de mi pasado. No pude recordar nada-. Kaoru dijo forzadamente con su voz llena de frustración.

Soujiro apretó su mano confortándola. – Tal vez así sea mejor. Te ayudará a sobrellevarlo. Tal vez tu no necesitabas recordar el pasado-.

-Es mi pasado y me siento vacía al no poder recordar nada de la gente que me rodeaba-.

- A veces… esas cosas son bendiciones encubiertas. No puedes forzar tu memoria, Hime-chan-. Sonrió con la expresión de cariño sintiéndose amada y segura. Sentía que Shuichi todavía la protegía.

-Además, si viviera, él tendría que soportar el dolor que tendrías-. Soujiro continuó. Kaoru levantó la mirada desconcertada.

-¿Dolor?-

-¡Hai! Tendrías que elegir entre Himura-san y Shuichi y eso te hubiese vuelto loca, lo cual lo hubiese vuelto loco a él también. Por eso… también es una bendición encubierta. Además lo mataría cuando eligieras a Himura-san-.

Kaoru se agarró la cabeza. –No sabes si lo elegiría a él-.

Soujiro sonrió con calidez. –Entre la cabeza y el corazón; es el corazón quién gana siempre. Tu cabeza te dice que Shuichi es el mejor mientras que tu corazón anhela por Himura-san. Él te dejaría escoger lo que desee tu corazón y heriría el suyo propio en el proceso. Entonces… es como una especie de bendición para ustedes tres-.

Kaoru permaneció en silencio por unos momentos antes de mirarlo con una triste sonrisa en el rostro. –El vagar te ha cambiado tu perspectiva de la vida-.

-Gracias a Himura-san-.

-Kenshin-.

-¿Eh? - Soujiro frunció el ceño. Kaoru sonrió.

-Eres mi hermano, por eso tienes derecho a llamarlo Kenshin-. Soujiro sonrió.

-¿Y cómo están tus cosas, Sou-nii?- Le preguntó Kaoru mientras se ponía el cabello atrás de su oreja. Soujiro reía con facilidad.

-Muy interesantes, la gente realmente me ve y espera que tome toda clase de decisiones pero Saito-san es de gran ayuda, siendo el otro líder me ayuda a tomar la mayoría de las decisiones. Esas personas son realmente buenas, Kaoru. No les gusta para nada la violencia; al menos la mayoría son así. Algunos son realmente radicales y Saito les enseña a algunos de ellos (duras) lecciones-.

-Parece ser que se están divirtiendo-. Bromeó con una sonrisa.

-Nah, es solo que me siento cerca a Otou-san, ya sabes como nunca lo conocí y eso-. Dijo Soujiro con una sonrisa.

Kaoru detuvo sus pasos y se giró a su hermano; levantó si mano y le acarició la suave mejilla con ternura en sus ojos.

-¿Kaoru?-

-No escondas tu dolor, Soujiro. Soy tu hermana y tengo derecho a saber que te sucede. Se supone que tenemos que apoyarnos ¿o no?-

Soujiro sonrió de nuevo con algo más de sinceridad. Besó la palma de Kaoru y la miró directo a los ojos. –Tienes que comprenderme, Kao-chan. He estado solo con mis sentimientos por demasiado tiempo. Llevará algo de tiempo para que me abra por completo-.

Kaoru asintió y continuaron caminando, esta vez con sus manos entrelazadas.

-Otou-san y el padre de Saito-san realmente estaban para la gente. Estoy maravillado que en esta época donde la gente toma ventaja de la otra halla una yakuza para ayudarlos. Nuestros padres en verdad eran de lo que no hay ¿no lo crees?-

Kaoru rió. –Serás un gran líder-.

-Lo sé-.

Caminaron felizmente mientras se dirigían a casa. Soujiro abrió el portón y entraron al dojo. –Tadaima-.

Kenshin instantáneamente vio sus caras sonrientes. –Okaerinasai-.

Kaoru le dio una fugaz mirada, algo indecisa antes de dirigirse hacia su habitación a cambiarse. Kenshin suspiró y terminó de lavar la ropa; se puso de pie y se estiró. Sentía sus músculos tensos y después se relajaron considerablemente. Echando un vistazo hacia su habitación, se puso rígido cuando sintió otra presencia acercarse al dojo. Se giró y Kenshin se encontró con Saito fulminándolo con la mirada y sus rasgos se relajaron con la mujer que estaba a su lado.

-Saito. Tokio-san-. Saludó, Tokio le hizo una reverencia mientras que su esposo ignoraba al pelirrojo. Girándose hacia Soujiro, cuestionó al joven sobre el estado de la yakuza. Kenshin suspiró e invitó a Tokio a entrar antes de servir el té. Ella sonrió y le agradeció y sorbió su té justo cuando Kaoru regresaba a la sala. También Sano y Megumi llegaron y la casa estaba nuevamente llena.

Una sonrisa feliz adornó sus labios con esa imagen y su corazón se sentía placenteramente ligero. Amaba ver el dojo lleno de gente; el sentimiento de vacío desaparecía. Saludando a sus invitados, Kaoru se sentó al lado de Tokio y sonrió mientras que sus amigos hablaban de los rumores que circulaban en el pueblo.

-¿Rumores?- Interrumpió Saito; su mirada osciló hacia Kenshin cuando tuvo una idea perversa.

- Siento mucho sobre los rumores Saito-san. La gente malentiende los accidentes-. Murmuró Kaoru avergonzada e irritada por causarles molestias. Tokio no le dio importancia pero Saito se acercó y atrajo a Kaoru hacia él. Atónita, lo miró fijamente como habían hecho todos los demás.

Sonriendo predadoramente, Saito murmuró con tranquilidad. –Sabes que estás comprometida conmigo ¿No es así Tanuki-chan?-

-¿Ehhhhhh? - Kaoru casi gritó al tratar de alejarse de él consternada. Tokio rió por lo bajo mientras que Sanosuke escupía su té, Megumi casi lo hizo pero tenía mucha dignidad mientras que Kenshin observó incrédulo antes de entrecerrar sus ojos enojado y celoso. Solo Soujiro permaneció calmado.

- ¡De ninguna maldita manera está comprometida contigo!-Gritó Sano mientras observaba a Saito y a Kaoru como si fueran alienígenas del espacio exterior. Megumi trago su bebida y masajeó su pecho; cosas como esas no deberían sorprenderla pero lo hizo.

-Este… debe haber… un error ¿cierto?- Preguntó Kaoru con esperanzas mientras que trataba de poner distancia entre sus cuerpos. Saito ignoró sus intentos y se enfocó en Kenshin. Sonrió con satisfacción al detectar una pizca de ámbar en los ojos de su rival.

-Nop, nuestros padres querían que nos casáramos-.

Kaoru palideció, no era que Saito no fuese un buen tipo (en toda su extensión) pero no podía imaginarse casada con él.

-Como tú estás casado ahora, Kaoru no necesita casarse contigo. Suéltala-.

Todos se giraron a la fuente de esa oración y Kaoru quedó estática. Era como si Battousai estuviera viéndola con enojo en sus ojos. Se dio cuenta que la conmoción de su respuesta y las acciones de Saito estaban llevando a Kenshin al límite.

Saito, sin embargo, decidió actuar bueno… como un idiota. Atrapó a Kaoru en su abrazo y ella luchaba por salir de su agarre casi desvaneciéndose por el olor a tabaco que tenía. –Como estoy casado, no puedo casarme con ella. Sin embargo, está a mi cargo y soy su guardián. Por eso… cualquiera que quiera casarse con ella tendrá que pedírmelo a mí-.

Kaoru estaba pasmada así como lo estaban el resto del Kenshin-gumi. Kenshin fulminaba con la mirada a Saito sabiendo muy bien el significado detrás de sus palabras. De una manera u otra, Saito había descubierto sobre el rechazo de Kaoru y estaba usándolo para su beneficio. Sin embargo, Kenshin no estaba seguro si Saito estaba bromeando acerca de ser el guardián y la parte del compromiso. Si era así… estaba jodido.

Saito pareció darse cuenta de que Kenshin había entendido el significado y dejó ir a Kaoru antes de ayudar a su esposa a levantarse. Abrazando su cintura posesivamente, caminó pasando a Kenshin como si nada hubiese pasado.

-Por eso…antes de que le propongas de nuevo, Battousai, será mejor que consigas mi permiso-.

Y eso fue todo.

Kenshin tomó su espada y adoptó la pose del Battou-jutsu mientras que Saito inmediatamente adoptó su Gatotsu.

-He estado esperando por esto, Battousai. Será mejor que no te contengas, no quiero que Tanuki se case con un tipejo.

Kenshin gruñó.

Todos estaban paralizados ante el repentino cambio en el aire y observaron como repentinamente Tokio tiró del brazo de su esposo y comenzó a empujarlo. Kaoru tomó a Kenshin de su gi y se negó a soltarlo. Ambos las fulminaron con las miradas pero ninguna se movió.

-No van a destrozar mi dojo otra vez-. Dijo Kaoru firmemente mientras que mantenía su agarre en Kenshin.

-Nos vamos a casa anata, tenemos unas cosas que discutir-. Murmuró Tokio oscuramente a su esposo mientras que lo alejaba.

Saito maldijo y luego le hecho una mirada a Kenshin. –Será en otra ocasión, Battousai, en otro momento cuando no hayan mujeres entrometidas-.

Kenshin lo fulminó con la mirada hasta que la pareja se retiró del terreno. Solo entonces Kaoru lo dejó libre y se alejó aliviada. Sin embargo, se sintió un poco cohibida cuando la mirada de Kenshin cayó en ella.

-¿Qué? Realmente no quería que destruyeran mi dojo tan pronto. No es barato el reparar este lugar-.

-Si estabas tan preocupada por mí, debiste solo haber aceptado-. Kenshin dijo oscuramente antes de suspirar. –Lo siento Kaoru-dono, eso estuvo demás-.

Kaoru también suspiró.

-¿Le propusiste matrimonio a Jou-chan?- Finalmente Sano preguntó al mirarlo. Kenshin miró a su amigo y asintió sin titubear.

-¿Lo rechazaste?- Le preguntó a Kaoru y ella miserablemente asintió con su cabeza.

-¿Pero por qué? ¿Por qué diablos no solo aceptaste, Jou-chan?-

-Porque no estoy lista Sano. Es demasiado pronto, Gomen-.

Con eso, Kaoru se fue corriendo a su habitación a descansar su cansado cerebro. No podía soportar enfrentarse a Kenshin y sentirse extremadamente culpable por haberlo rechazado. Pero realmente no estaba lista tan pronto y esperaba que él estuviera dispuesto a esperar.

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-¿Por qué estas caminando tan lento?- Finalmente, Saito le preguntó a su esposa al tener que caminar más lento por decima vez al caminar a su hogar en inusual silencio. Usualmente, su esposa hablaría de cualquier cosa pero esta vez estaba muy quieta.

-No quisiera aburrirte o irritarte siendo que soy una mujer entrometida-. Le dijo a Saito al caminar aun más lento apropósito.

-Nunca pensé que eras del tipo de mujer que guardara rencor, Tokio-. Dijo Saito confundido, ella negó con su cabeza.

-No guardo rencores. De todas maneras hoy duermes afuera-. Dijo casualmente y caminó delante de él dejándolo atrás consternado.

Inmediatamente, Tokio sintió como su brazo era agarrado y sonrió internamente. -¿Qué quieres?-

-¿Por qué tengo que dormir afuera?- Gruñó en su oído.

-¡No sabes comportarte en casas ajenas! Eso fue muy vergonzoso y me hizo enfadar ¿Dejarás a Himura-san en paz?-

Saito sonrió con malicia; largó el humo de su cigarrillo y dio otra pitada. –Solo estaba luchando con él, no hay razón para que te irrites por eso-.

Tokio se encogió de hombros. –No es solo eso. Casi estabas abrazando a Kaoru-chan-.

-¿Y… estás celosa?- Le preguntó a su esposa con una sonrisa feroz que la hizo revolotear interiormente. La pregunta fue como si no creyera a su esposa capaz de sentir celos.

-¡No son celos!-Replicó Tokio negando con su cabeza. –Estabas jugando con los sentimientos de Himura-san en su propia casa-.

Saito dejo salir otra vez el humo y abrazó a su esposa atrayéndola más hacia él. –En primer lugar, no es su casa. Segundo, quería pelear. Y en tercer lugar, ese tipo debe dar batalla y forzar a Tanuki a casarse con él. Es un débil de carácter y una excusa de samurái-.

Esa respuesta hizo reír a Tokio mientras se alejaba un poco de él. -¿Te preocupas por él y ella? ¡Cielos, anata, nunca lo hubiese imaginado!- Saito solo se encogió de hombros.

-Solo cumplo con mi deber. Ahora cariño ¿todavía tengo que dormir afuera?-

-Te hará bien-.

Saito la agarró bruscamente y besó a Tokio sin mucha gentileza. Profundizó el beso y cuando abrió sus labios, su mano se hizo camino hasta un costado de su seno causando que gimiera de placer. Saito sonrió.

-¿Todavía tengo que dormir fuera?- Tokio abrió sus ojos y se aproximo para pedir otro beso.

-Tal vez, la próxima vez-.

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Seis meses después…

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Kaoru sonreía mientras dejaba un ramo de flores en la tumba de Shuichi. Acababa de visitar la tumba de sus padres y decidió pasar también por la de él. Sintiéndose feliz y contenta, decidió ponerse de pié cuando vio a Kenshin parado detrás de ella.

-¿Qué estás haciendo aquí?- Le preguntó suavemente al mirar en sus ojos violeta con dulzura irradiando de su ser. El sonrió.

-Pensé en acompañarte a casa, se está haciendo tarde-. Kaoru levantó la mirada sorprendida por lo rápido que había pasado el tiempo. Sonrió mientras iba caminando con Kenshin de regreso al dojo.

-¿Cómo te sientes ahora?-

Kaoru lo miró. –Mucho mejor, ya no duele tanto-.

Kenshin asintió. –Será mucho mejor-.

Kaoru sonrió con ese pensamiento. Al acercarse al dojo, Kenshin apoyó su mano en el brazo de Kaoru para impedirle que entrara. Kaoru lo miró confundida. Sintiéndose nervioso de repente, Kenshin respiró profundamente y desvió su mirada de ella.

-¿Te gustaría acompañarme este fin de semana?- Kenshin murmuró despacio y luego para esperar su respuesta observó el suelo. Pero Kaoru no dijo nada y su corazón rompió. Fingiendo una sonrisa, apenas la miró cuando abrió los portones del dojo.

-Está bien Kaoru, no tienes que venir-.

Sin embargo, Kenshin se detuvo cuando Kaoru puso una mano en su brazo. Apoyándose sobre su espalda, Kaoru suspiró.

-Deberías ser más específico, baka-.

-¿Oro?-

-¡No te atrevas a decirme 'oro'!- Le gritó golpeando su cabeza, luego arrastró al mareado hombre hacia el dojo.

-¿A qué hora debo estar lista, Kenshin?- Le preguntó mientras se dirigía a su habitación.

Desconcertado y aturdido, Kenshin casi no responde. -¿Kenshin?-

-¿Oh… a las seis?-

Kaoru lo contempló y luego afirmó con su cabeza. –A las seis-.

Kenshin sonrió de oreja a oreja como un idiota cuando Kaoru desapareció detrás de la puerta. Luego, sus ojos se oscurecieron considerablemente mientras que consideraba su próxima jugada. Tendría que hacerlo mañana.

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Saito Hajime observaba sin mostrar interés mientas que Tokio trataba de convencer a su hijo de cuatro años para que comiera su cena. Eiji, por otro lado, había finalizado la suya y estaba leyendo el diario. Todo parecía en paz, su mente le gritaba, mientras fumaba… hasta que sintió el Ki.

Una sonrisa socarrona apareció en su rostro y se dirigió hacia Tokio. –Nadie sale-.

Ella lo miró ansiosa, pero asintió ante el repentino comando. Saito se puso de pie y caminó hacia fuera de la casa. Se enfrentó a las sombras y continuó fumando.

-¿Qué es lo que quieres?-

-Vine aquí por lo que habías pedido con anterioridad-.

Saito trató de recordar que era lo que había pedido. Seguramente, ¿él no estaba pensando en una batalla después de seis meses?

-¿Una pelea Battousai?-

Kenshin dio un paso fuera de las sombras. –Iie, la mano de Kaoru en matrimonio-.

Por un momento, Saito observó a Kenshin sin comprender y luego con diversión. -¿Viniste hasta aquí para pedir su mano? Interesante…-

En verdad en su mente, Saito nunca esperó que Kenshin fuera un idiota. Un realmente estúpido, inocente e ignorante idiota ¿habría más adjetivos para describir a ese sujeto? De verdad nunca lo esperó. Pero después… reflexionó… no había necesidad que ese encuentro se desperdiciara.

Tokio sabía lo que su esposo estaba pensando y suspiró enfadada. Sabía que Kaoru no apreciaría la pelea y realmente no quería que su amiga se preocupara. Inmediatamente, se preguntó como detendría esa pelea inútil.

-Prepárate entonces-. Kenshin suspiró. -¿No hay algo que puedas hacer? ¿Preguntar algo, tal vez?- Kenshin de verdad trató de no pelear sabiendo que Kaoru lo golpearía con el bokken cuando se enterara que Battousai estaba pensando en pelear con Saito.

Saito puso los ojos en banco. –Te conozco desde el Bakumatsu, no hay preguntas que desee hacer. Si quieres casarte con ella prepárate. O de lo contrario, sin permiso, no hay matrimonio-.

Ver a Battousai contemplar su chantaje era tan divertido para Saito que apenas podía contener su risa. Eso hizo que Tokio se enfadara aun más.

-Muy bien-, Kenshin suspiró y se preparó. Saito sonrió socarronamente, ese tipo era muy denso.

En ese momento, en que los dos estaban listos, desaparecieron y sus espadas hicieron contacto. La velocidad de Saito era sin piedad y eso era una ventaja para él pero la determinación de Kenshin lo hacía seguir adelante. Pero justo cuando estaban por atacar una vez más, Tokio gritó y Saito saltó instintivamente hacia atrás mientras Kenshin se detenía.

Su hijo había entrado al campo de batalla luciendo más excitado que nunca. Genial.

-Lo siento-. Gritó, no sonando para nada sincera. Los ojos de Saito se movieron nerviosamente negando con la cabeza.

-Oh…Mmmm… está bien- Respondió Kenshin quedamente no sabiendo exactamente qué decir.

Tokio, sin embargo, tomó a su hijo en brazos y se detuvo frente a Saito advirtiéndole que se comportara y le sonrió a Kenshin.

-¿Están peleando por una buena razón?-

Kenshin no sabía dónde meterse de la vergüenza. –Su permiso-.

Esa respuesta casi inaudible hizo que una burbuja de risa creciera en su interior pero se contuvo para que no saliera. –Como su esposa, te concedo permiso total-.

-Tokio-. Gruñó Saito en advertencia pero ella lo ignoró.

-Sin embargo, será mejor que te des cuenta de esto, Himura-san. Ya la has abandonado dos veces, ella esta herida por ambas y sé cuan profundamente está herida. Ambas sabemos lo que es el sentimiento de que tus seres queridos vallan a la batalla y que nunca regresen. Tal vez se vea fuerte pero realmente es muy frágil por dentro. Si la dejas una vez más y la destrozas completamente, no solo alentaré a mi esposo para que valla tras de ti sino que Kaoru nunca volverá de nuevo. Si pierdes su confianza por tercera vez, te arrepentirás. Y mucho-. Tokio continuó sombría. Kenshin admiraba mucho a la mujer parada enfrente de Saito.

-¡Por eso… mucha suerte y espero que acepte esta vez!- Tokio dijo repentinamente feliz haciendo que Kenshin murmurara una serie de oros…

Luego haciendo una profunda reverencia en gratitud, Kenshin se marchó.

-¡Tokio!- El irritado tono en la voz de su esposo no era nada comparado con la furia de ella.

-Saito ¡esta noche duermes afuera!-

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Esperó inquietamente mientras que la hora de partir se acercaba. Su mente corría con una idea en su cabeza. Parte de él estaba contento de que Misao y Aoshi llegaran al otro día, Sano estaba con Megumi y Yahiko estaba ayudando en el Akabeko hasta tarde. La otra parte de él deseaba que estuvieran ahí, de esa manera el ruido lo tranquilizaría.

O no.

Harían un escándalo y lo harían sentir aun más nervioso. Al menos, de esa manera, no sabrían si Kaoru lo plantaba o no.

Ese pensamiento casi lo hace desvanecerse.

Relájate Himura. Relájate.

Pero Kenshin apenas podía relajarse. Nunca antes había cortejado a una mujer y no tenía idea como hacerlo. Prácticamente sentía ganas de abusar de Kaoru cada maldita vez que estaba cerca de él, pero siempre había gente a su alrededor.

Y ahora solo serían solo ellos dos.

Sus puños se apretaron por un segundo y su cuerpo se tensó cuando escuchó que su puerta de shoji se abría. Al girarse, Kenshin estaba impactado con la belleza que estaba delante de él.

Kaoru observaba con una sonrisa socarrona interna; la mandíbula de Kenshin parecía que iba a tocar el suelo. Había decidido usar un nuevo kimono que resaltaba el color de sus ojos. Era un kimono blanco con pétalos azules y un obi azul. Y en lugar de atar su cabello en su usual coleta alta, Kaoru lo había dejado abajo y había hecho dos trenzas que las había atado detrás dando el efecto de corona. Un toque de polvo y un poco de rubor la hacían lucir como un ángel. De hecho, Kaoru hoy había decidido usar el kimono sin las vendas. Eso también había atraído su atención.

Una Diosa.

Eso era todo lo que podía pensar. Cuando la oyó llamarlo, despertó de su ensoñación y sacudió su cabeza.

-Luces hermosa esta noche, Kaoru. Me siento honrado-.

Kaoru se sonrojó levemente y sonrió a Kenshin. Quería llamar su atención y se encontró fascinada con los pequeños destellos dorados en sus ojos.

Le hizo seña para que lo siguiera y caminaron hacia el pueblo. Kenshin revisó su maga y apretó eso especial que tenía.

Kaoru pensó que Kenshin al menos la llevaría al Akabeko pero en su lugar la llevó a un caro restaurante. Un verdadero restaurante de clase, su mesa les daba una hermosa vista. Kaoru sintió que se le iba el aliento y suspiró de placer.

-¿Qué hice para merecer esto, Kenshin?-Le preguntó cuando fueron dejados solos.

Él sonrió. –Todo-.

Sintiéndose repentinamente tímida y ridículamente vestida, Kaoru llevó su vista al paisaje que tenían.

-¿Algo especial sucedió?-

Kenshin negó con la cabeza. –Eso lo tienes que descubrir. Pero esto es algo que siempre he deseado hacer-.

-Tae se molestará porque no fuimos al Akabeko-.

Kenshin rió de oreja a oreja, no tenía intensiones de ir al Akabeko. En primer lugar, Yahiko se encontraba ahí. En segundo lugar, Tae era una chismosa. Y en tercer lugar, no quería que nadie los interrumpiera.

Conversaron alegremente terminando su cena. Ninguno se sintió muy cómodo por diversas razones. Kaoru nunca estuvo sola como ahora sin por lo menos uno de sus amigos. Kenshin tenía otro problema del que estaba preocupado.

Cuando terminaron de comer, caminaron despacio en silencio, disfrutando el paisaje y la presencia del otro. Kaoru se sentía contenta con eso pero también un poco agitada. Ninguno de los dos se habían tocado de ninguna forma desde su primera proposición. Él nunca había incitado un beso y ella pensaba que no era apropiado si lo besaba primero dado que ella fue la que pidió un tiempo. Había habido cierto grado de tensión entre ellos que odiaba y ahora no podía pensar en algo que decirle.

Kenshin, sin embargo, seguía ensayando lo que quería decir. Continuó repitiendo las palabras una y otra vez que casi perdieron su meta. Deteniéndose en la cima de una colina, observaron el paisaje algo intimidados.

-Es Hermoso-. Kaoru se giró a Kenshin. –Ha sido un lindo día. Gracias-.

Kenshin jugueteó con sus manos detrás de ella sonriendo. –Puede ser más lindo-.

Kaoru lo miró confundida.

Tomando un gran respiro, levantó su barbilla y miró directo a sus ojos. Acercándose, él tomó la hebilla que Shuichi le había regalado y la sostuvo en sus palmas-.

-Kenshin… eso es-.

-Este es el regalo que Shuichi-san te dio. Estoy sorprendido que no lo hayas usado-.

La mano de Kaoru tembló al trazar la hebilla en la mano de Kenshin con reverencia. Su regalo.

-Ya no duele tanto-. Le dijo mirándolo.

Kenshin sonrió. –Será mejor. Créeme que lo sé-.

-Te tomó diez años llegar a esta etapa, Kenshin-. Murmuró tocando la hebilla pero aun así la dejo en su mano. -¿Me tomará lo mismo?-

-Lo mío fue culpa porque fue mi espada la que mató a Tomoe. Lo tuyo…no fue tu culpa. Él eligió su destino, así como Tomoe eligió el de ella. Pero si quieres vagar por diez años por favor permíteme acompañarte. Diez…veinte…-

Kaoru lo miró sorprendida. Kenshin tomó eso como su oportunidad. Apretó sus dedos firmemente, acercando el cuerpo de Kaoru al de él. Miró profundamente en sus orbes azules y se ahogó en ellos así como ella en los violetas de él.

-Kamiya Kaoru, te he amado desde el día que desafiaste a Battousai en la calle. He hecho cosas que te hirieron por este amor y me arrepiento de haberte herido en todas las formas. Te amo Kaoru y quiero pasar el resto de mi vida contigo, si tan solo me lo permitieras-. Le dijo suavemente, nunca apartando a mirada.

La mano de Kaoru fue a su corazón. Todavía estaba latiendo.

-Kenshin…-

-Shhhh… todavía no termino. Quiero casarme contigo, quiero hacerte feliz por el resto de nuestras vidas. No soy perfecto, Kaoru. Estoy lejos de ello pero te prometo que no me iré de nuevo aun si tú me lo pidieras. No soy digno de tu amor pero no puedo evitar amarte ¿Podrías, por favor, casarte conmigo?- Propuso Kenshin sacando un simple anillo de su mano derecha. Los ojos de Kaoru estaban llenos de lágrimas.

-No, Kenshin-. Dijo finalmente y él sintió que todo su mundo se derrumbaba a su alrededor. Miró hacia abajo, dándose cuenta de que probablemente ya no confiaba más en él y el dolor de su rechazo esta segunda vez dolía más de lo que podía soportar.

-Está bien, descuida. Olvida que pregunté-.

Pero Kaoru no había terminado. Gentilmente, tomó su cabeza con sus manos y lo miró directo a sus ojos.

-¡No! Eres perfecto y eres digno de mi amor. Y sí, me encantaría casarme contigo-.

La observó confundido por un momento antes de que su cerebro digiriera sus palabras. Con una bella sonrisa, deslizó el anillo en su dedo y besó sus nudillos con suavidad.

-Mía-. Suspiró antes de capturar sus labios en un profundo y abrazador beso que dejo a ambos sin aliento y con sus rodillas débiles.

Los labios de Kenshin no eran piadosos, el haberse contenido por seis meses hacía que entregara todo en ese beso. Cuando Kaoru se agarró de sus brazos para afirmarse en él, el toque de su mano hizo que detuviera por un momento y la apretara en un fuerte abrazo. Sus labios eran suaves y sabían a cereza; pensaba al profundizar el beso. Sus manos se Kenshin delineó su labio inferior, Kaoru gimió y eso le dio la oportunidad de desliarla dentro de ella, convenciéndola de que lo probara.

Kaoru se sintió mareada al separarse en busca de aire pero Kenshin mantenía sus brazos en ella, tratando duramente de que Battousai no saliera a la superficie. Sabían que si 'eso' sucedía arruinarían su noche de bodas y Kenshin no quería arruinársela. De hecho, tampoco quería asustarla en caso de que perdiera el control total. Ya había sucedido antes y Kaoru era algo inocente en el arte de besar.

Abrazándola todo el camino de regreso a casa, Kenshin se dio cuenta con satisfacción de que él sería el único en enseñarle. Acercándose, le devolvió la hebilla fijándosela en su cabello.

-Hermosa-. Murmuró con amor. La mano de Kaoru tocó la hebilla.

-¿No te molesta?-

-No, Shuichi fue para ti lo que Tomoe fue para mí, nuestros primeros amores, aun cuando no puedas recordarlo. Tu aceptaste a Tomoe, yo seguramente puedo aceptar a Shuichi-.

-Kenshin…-

-El cuido de ti cuando yo no estuve ahí. Por eso, se merece un lugar en tu corazón, Koishii-.

Kaoru se acurrucó en su abrazo. –Gracias, Kenshin-.

Kenshin sonrió felizmente, -Iie, gracias a ti, Koishii-. Kaoru se sonrojó con esa expresión de cariño.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

Los observaban fijamente y no dejaban de hacerlo. Kaoru y Kenshin se sentían como si estuvieran bajo el escrutinio de un servicio súper secreto. Sus amigos los observaban como halcones y finalmente Soujiro sonrió.

-¡Felicitaciones!-

Y con eso se rompió el hielo.

-¡Por fin! ¡Pensé que tendríamos que encerrarlos en algún lado para que pasara algo entre ustedes. Jojojojojo!-Rió Megumi con sus orejitas de zorro apareciendo de repente. La nueva pareja enrojeció.

-¡Enhorabuena, MALDICIÓN! Pensé que andarían dando vueltas hasta que el chiquillo se casara y tuviera sus propios niños- . Dijo Sano despeinando el cabello de Yahiko.

-¡Hey, a quién le dices chiquillo!-

-Entonces ¿Cuándo es la boda?- Preguntó Soujiro ignorando la pelea. Kenshin reía.

-Esperaba que fuera la próxima semana-.

Kaoru carraspeó. -¿Tan pronto?-

-Tanuki, ya has hecho esperar al pobre hombre pacientemente por seis meses. No deberías quejarte si quiere casarse ahora mismo. -Se burló Megumi. Luego sus ojos se dirigieron a Sano y lo golpeó en la cabeza. –¡Siéntate quieto, baka Tori-atama!-.

-¡Oye, eso duele!-

-¿Cuándo quieres, Kaoru?- Le preguntó Kenshin con tranquilidad, Kaoru se sonrojó.- No me molesta el momento en que sea, en verdad que no-.

-¿Entonces…por qué le preguntaste ahora?- Preguntó Sanosuke poniéndose cómodo.

Kenshin se encogió de hombros. –Quería darle tiempo a Kaoru para que se acostumbrara. Y también tenía que preguntarle a Saito primero-.

Soujiro lo miró con curiosidad. -¿Por qué querías preguntarle a Saito?-

Confundido, Kenshin miró al joven de ojos azules. –Él mencionó la otra vez que si quería casarme con Kaoru, que él era su guardián legal, por eso….-

Las palabras de Kenshin fueron muriendo al momento que Soujiro estallaba en una carcajada. -¿Le creíste?-

No sabía dónde meterse de la vergüenza. -¿No estaba diciendo la verdad?-preguntó Kaoru aunque sin saber de la visita de Kenshin a Saito.

Soujiro negó con su cabeza. –En realidad, nunca estuvieron comprometidos. Nuestros padres lo pensaron pero era mucha la diferencia de edad y Kaoru era demasiado parecida a nuestra madre, eso decían. Por eso… no hubo compromiso. Si tenías que preguntarle a alguien, entonces hubiera sido a mí. Pero como conoces a Kaoru por más tiempo, no necesitas pedir el permiso de nadie. Saito solo estaba engañándote-.

Todo el mundo estalló en carcajadas y el rostro de Kenshin se tornó más rojo instantáneamente y por eso Kaoru se sintió un poquito mal por él.

-¡Cielos, Kenshin! Realmente eres torpe, no puedo creer que estés tan entorpecido por tus sentimientos por Jou-chan ¡Valla forma de ser!-.

¡Eso es todo! Mataré a ese maldito lobo por esto ¡Va a tener lo que se merece! Pensaba Kenshin mordazmente, no había dudas por qué Saito se veía divertido cuando lo vio.

Kenshin se seguía sonrojando ya que sus amigos seguían bromeando con él. Kaoru lo besó en la mejilla aun riendo. –Gracias, no esperaba que fueras a esos extremos por mí-.

-Iría hasta el fin del mundo solo por ti, Kaoru-. Kenshin contestó apretando su mano y fue recompensado con una hermosa sonrisa y sintió que todo estaba bien. Tal vez, no tenía que matar al lobo después de todo.

-Hey Kenshin, eso fue muy cursi, hasta para ti-. Gritó Yahiko y todos volvieron a reír cuando el pelirrojo se volvió a sonrojar.

Besos y abrazos fueron recibidos por la pareja y a medida que la noche pasaba todos se fueron a dormir.

La vio sentada en la galería con los rayos de luna que bañaban su pequeña figura. La observaba como si con ello acariciara su piel de porcelana y fue noqueado por la inocente imagen que ella representaba. Inocente… y suya.

Un poco de miedo lo invadió, se veía tan vulnerable y frágil sentada ahí tranquilamente. Se preguntaba si sus acciones eran las correctas ¿Qué tal si se había sobreestimado? ¿Qué sucedería si no podía protegerla? ¿Qué pasaría si yendo a su encuentro se encontraba con su cuerpo ensangrentado en su lugar?

Y mientras todos los 'que sucedería si…' inundaban su mente, Kaoru se giró y lo vio e instantáneamente supo que algo estaba mal y que prácticamente podía sentir como sus yo interno peleaban entre sí.

Poniéndose de pie, se acercó a Kenshin y depositó su palma en su mejilla. Él se giró hacia ella y con esa mirada la respiración de Kaoru se detuvo en su garganta.

-¿Qué sucede?-

Él sostuvo su mano que tocaba su rostro y sus ojos recorrieron su rostro. -¿Qué sucede si algo sale mal y soy incapaz de protegerte, Kaoru?-

Ella podía ver el dolor en sus ojos y los entendió mucho mejor. Acercándose a él, sus labios rozaron inocentemente los suyos y Kenshin se tensó. Esa era la primera vez que Kaoru iniciaba un beso y no sabía si debía responder.

Kaoru besó sus labios una y otra vez, probando a su amante y lentamente aprendiendo cada una de las cálidas curvas de su boca. Realmente no sabía cómo besarlo así que lentamente rozaba sus labios. Pasando su mano libre por su cuello para jugar con su cabello, algo tímida recorrió su labio inferior con su lengua como una vez él se lo había hecho. Y con eso…

Kenshin instantáneamente pasó su brazo por la cintura de Kaoru y la atrajo a su cuerpo. La mano en su mejilla acompañó a la otra en su cuello acercando ambos cuerpos. Encajaban perfectamente, su boca la besaba con fiereza. El gruñía y ella se pegaba más a él, sus labios entreabiertos arrasaban con los de ella deslizando una y otra vez su lengua insistentemente, urgiéndole que los abriera y en el momento que lo hizo, su lengua se deslizó dentro de la suave calidez de su boca.

Kaoru gemía de placer y sentía como si estuviera en llamas. Deslizó sus dedos en su cabello sintiendo los suaves mechones resbalarse entre ellos. No había nadie más que ellos, notó. Solo eran ellos dos y eso era todo lo que importaba.

Sin embargo, Kenshin finalizó el beso después de un momento. Podía sentir el deseo de llevarla a la cama y se negaba a rendirse. Ella era su gema preciosa, su joya y él la cuidaría. Protegería su honor y si con eso significaba esperar una semana más, así lo haría.

Cuando Kaoru abrió sus ojos, Kenshin sintió su deseo despertar al ver sus ojos vidriosos. Le llevó mucho control detenerse y no abusar de ella. Suspiró de placer cuando Kaoru se acurrucó en él y se sentaron en el piso de la galería.

-Estaremos bien, Kenshin, estaremos bien-.

-Lo sé-. Besó su cabeza y Kaoru se acomodó más cerca de él.

-Te amo-. Murmuró Kaoru suavemente, con su rostro apenas un tono rosado pero mantuvo su mirada al decir esas palabras. Kenshin sintió una oleada de felicidad y orgullo ante la valiente carga en sus brazos y la apretó más fuerte con su abrazo.

-También te amo, Kaoru-Koishii. Te amo demasiado-. Le respondió Kenshin y sintió como Kaoru suspiraba contenta.

Kenshin miró al cielo y sintió que todos los dioses finalmente le estaban permitiendo descansar.

Gracias Kami-sama por ese hermoso ángel entre mis brazos.

Gracias Tomoe por cambiarme.

Gracias Shuichi por dejarla a mi cuidado.

Luego miró a Kaoru.

Gracias, mi amor, por darme una segunda oportunidad.

Te amaré siempre, ahora y para siempre.

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Nota de Autora: ¡Finalmente terminado, finalizado, completo!

No lo podría haber hecho sin ustedes, sin su apoyo atreves de sus reviews. Significó mucho ¡gracias chicos!

Espero que disfruten este capítulo final. Ahora, voy a concentrarme en escribir 'Deseos Inesperados' que es puro romance, Bueno, gracias y espero que la hayan pasado bien, yo sé que lo hice.

Nota de la Traductora: Finalmente terminé mi primera traducción y estoy más que contenta ¡Pido un gran aplauso para Blueicequeen! Por ser tan buena escritora y por haberme dejado compartirles esto.

Bueno por último y como favor final me gustaría que todas las personas que hayan quedado contentas y pasado un lindo momento con este fic le digan a SU AUTORA no a mí, algo del fic ya que le prometí que al final del fic les enviaría traducidos los reviews que lleguen así que muchas gracias desde ya.

Espero muchos lectores/as para Deseos Inesperados… a partir de la semana que viene voy a comenzar a trabajar en eso.

Bueno, eso fue todo para 'Pasado Confuso'…

Gracias por los reviews a: Akina Kamiya Himura, KENSACHAN-de J. Black , setsuna17