¿Quién dice que la Orden del fénix existe tan solo para practicar conjuros y sacar varitas? Bueno, en realidad, Draco y Ginny le encontraron otro uso a ese inmenso lugar recubierto de pura roca, al que solo un par de alumnos saben como entrar. Ginny sabe que no esta bien confesar secretos a los de Slytherin, pero cuando se trata de Draco, es diferente. Ella tan solo no se pudo resistir a escuchar los brutales y excitantes gemidos de Malfoy, cada día del a~o, hasta las vacaciones. A tener un secreto con Draco, su Draco en cuerpo y alma.
Se arrancan las prendas de ropa con su propia mandíbula mientras Draco estampa contra la pared a su Weasley. Salta la corbata verde de Draco, el poleron con bordes naranjas de Ginny. Todo se desacomoda de su lugar en menos de una centésima. Sus labios chupetean la fibra carnosa de los labios del otro, juguetean con esa piel que tienen para gozar. Los labios de Draco se escapan escurridizos para llegar hasta otra especie de piel, la piel de su cuello. El punto débil de Ginny. En ese mismo momento es en donde empiezan los gemidos y los jadeos. Ginny susurra su nombre con lujuria, porque simplemente no puede resistir la voracidad con la que Draco come su cuello. Enreda los dedos en su cabello, la pasión es demasiado potente. Malfoy da peque~os mordisquitos que provocan una temperatura elevada en Ginny. Desde su cuello, hasta sus caderas, sus dientes y labios recorren su piel con agilidad. Ginny para ese punto ya es la esclava, se deja chocar su espalda con la pared para tener a Draco sobre ella, apoderado de Ginny. La pecosa pelirroja no descansa, se empuja con sus manos para quedar a centímetros del rostro de Draco. De una sensual forma estira sus brazos al rededor de su cara y le sonríe picaronamente. No resiste m~s, y entrelaza sus piernas con las de su rubio mimado. Pasan horas repitiéndolo, nunca se cansan de usar al otro, esclavizarlo.
Y lo mejor de todo, es que nadie lo sabe.
