Beyblade no me pertenece...

Edición a cargo de Hannika Adreatos


-oO0( Ojos del Corazón )0Oo-

por Kiray Himawari

Capítulo III

El día siguiente era Navidad y nos dieron el día libre, aproveché para ir a dar un paseo, tenía mucho tiempo que no lo hacía. Sin darme cuenta llegué a un parque muy solitario y algo curioso ocurrió: Kai estaba recostado sobre el pasto bajo la sombra de un árbol.

– ¿Qué haces aquí? – le pregunté espontáneamente.

Se levantó rápidamente, estaba molesto.

– La pregunta es ¿qué haces tú aquí? – dijo enojado.

– Bueno, yo estaba dando una caminata y…– fui interrumpida.

– Eres muy molesta, ¿sabías? – frunció el ceño y me miró fríamente.

Retrocedí un poco. Creí que desde la tarde anterior había creado un lazo o algo así, como cuando uno encuentra a un nuevo amigo.

– Parece como si te dedicaras a seguirme, ¿es eso a caso? – dijo irónicamente.

No sabía que decir, su reacción era retadora, tal vez esperaba una reacción efusiva de mi parte, pero no fue así.

– Yo... – titubeé un poco – No, por supuesto que no. –

Una vez más no me dejó terminar.

– ¿Entonces? – se escuchaba enfadado.

Seguía sin poder reaccionar bien. Trataba de decir algo pero no fluía. De repente comenzó a caminar, se iba.

– No te vayas – pedí desesperada.

No se detuvo, pero esta vez fui tras él y tomé su brazo bruscamente e hice que volteara a verme. En esta ocasión el sorprendido fue él. Solté rápidamente el agarre.

– Lo siento, pero es la única forma de evitar que te vayas. –

– Y ¿qué se supone que debo decir? – siseó molesto.

– ¿Por qué un día confías en mi y al otro huyes? ¿A caso he dicho algo malo? –

– No tengo tiempo para estas cosas…– dijo bruscamente.

En ese momento vi que de su nariz brotaba una gota de sangre, asustada le pregunté.

– ¿Qué te ocurre? ¿Te sientes bien? –

– ¿De qué estás hablando? – cuestionó extrañado.

Señalé a su nariz y tocó la parte superior de su labio, luego levantó la mano y la miró. Volteó a ver mi expresión…

– Debo irme. –

– No puedo dejarte ir ¿qué tienes?, ¿qué te ocurre? –

Intenté acercarme y tocarlo, sin embargo retrocedió rápidamente. Al dar la vuelta y dar el primer paso para irse cayó inconciente. Corrí a auxiliarlo y aunque pedí ayuda nadie acudió, era un parque terriblemente solitario. No sabía que hacer y como pude lo acomodé y afloje la ropa. La sangre siguió saliendo y aunque era poca me preocupaba demasiado. Creí que era una hemorragia sencilla, pero comenzó a empeorar cuando por uno de sus oídos empezó a brotar otro poco. Luego de unos minutos de angustia y preocupación Kai reaccionó.

– ¿Qué haces aquí? –

Me preguntó desconcertado y mirando hacia todos lados y cuando miró su ropa vio la sangre…

– ¿Qué pasó? –

– Comenzó a salir sangre de tu nariz y cuando intentabas huir de mi te desmayaste. – dije en un tono de casi alivio – ¿Dónde están esos guardias que siempre te acompañan?-

Intentó levantarse, la sangre había parado, pero un mareo lo dejó sentado nuevamente.

– Yo…- dijo aturdido – Debo irme. –

Intentó levantarse por segunda ocasión, pero esta vez lo detuve yo.

– No te irás sin que me des una explicación. No puedes irte en ese estado. –

– Tú no entiendes – dijo.

Sacudió su cabeza y comenzó a caminar rápidamente. Me levanté y lo seguí, creo que él no se dio cuenta. Durante el camino sacó de la bolsa de su pantalón un pañuelo con el que fue limpiando los residuos de sangre. Después de veinte minutos de caminar entró en una mansión donde varios hombres corrieron a preguntar.

– ¿Dónde había estado, joven Kai?, ¿qué fue lo que le ocurrió? – preguntó uno de ellos muy preocupado.

Kai entró sin dar explicaciones. Los hombres vieron que yo estaba mirándolo y cuando iban dirigiéndose a mí, corrí lo más rápido que pude hasta perderlos de vista. Volví caminando a casa. Era de noche cuando llegué. Me di una ducha y me recosté sobre el sofá '¿Qué le pasó a Kai?' me preguntaba mientras miraba por la ventana e imaginaba su figura en ella.

Al otro día llegué al trabajo con la esperanza de ver a Kai, pero eso no ocurrió. Cuando salía del trabajo intentaba buscarlo por las calles, en cualquier lugar que podía mirar, mas no estaba. La preocupación hizo que olvidara un poco mi trabajo y como era una de las temporadas tranquilas, todo siguió normal. Decidí ir a rondar cerca de su mansión y ver si lo encontraba, incluso pasé por aquel parque oscuro y solitario, pero no estaba allí. Con la angustia a todo lo que daba me armé de valor y fui a su mansión.

Era un lugar enorme, rodeado por verdes jardines, árboles enormes que proporcionaban una increíble sombra a los lados. Estaba cercado por rejas muy altas. En la entrada había un policía. Me acerqué…

– ¡Buenos días! – saludé – Estoy buscando a Kai Hiwatari. –

– ¿Quién le busca? – cuestionó el policía.

– Mi nombre es Hinata Oshima, vengo de la compañía para que Kai firme unos documentos importantes. –

El policía miró en su computadora, creo que buscaba en una base de datos mi nombre.

– Sí, aquí está. Pase, camine con cuidado hasta aquella entrada, – señalando con su mano la puerta principal – toque el timbre y a la persona que le abra le entrega este pase. –

Me dio una tarjeta de color amarillo, en verdad no sabía para qué servía. Seguí sus instrucciones y toqué el timbre, una mujer con cabello cano y uniforme me abrió, después de saludarle le dí el pase…

– Permítame un momento, mientras pase y siéntese. – me dijo apuntando a la sala.

Era un lugar enorme lleno de objetos valiosos, una decoración con un gusto exquisito, pero a pesar de todo parecían en desuso. La empleada se retiró un momento y cuando volvió:

– Sígame por favor. –

Caminamos hacia una habitación, era el estudio. Era aún más grande que la sala, estaba rodeado por muchos libros, para ser honesta parecía una biblioteca; y mientras miraba la empleada se dirigió a mí:

– Espere un momento, enseguida baja el joven Kai. Mientras tanto, ¿desea algo de tomar? –

– No, gracias – respondí.

– Si necesita algo sólo toque éste botón. –

Señaló un botón detrás de la puerta y se retiró. Dentro del estudio había un sofá amplio y un escritorio enorme. Comencé a sentir curiosidad por los libros así que me acerqué hacia uno de los libreros.

– ¿Qué quieren ahora? –

Era Kai, su tono de fastidio lo delataba. Miró alrededor buscando a la persona que lo buscaba.

– Y ¿tú que haces aquí?, ¿qué no te cansas de seguirme? – me preguntó molesto al notar que era yo.

– No tienes porque molestarte, – dije – sólo quería asegurarme de que estuvieras bien…–

– ¡Cállate! – replicó bruscamente – No hables aquí sobre eso. –

Me quedé callada…

– Sígueme, hablaremos en otro lugar. –

Me tomó del brazo y al salir encontró a la empleada. La miró y siguió su camino.

– ¿Necesita algo, joven Kai? –

– ¡Lárgate y déjame en paz! – contestó muy molesto.

– No tienes que ser tan grosero – dije yo.

Me miró con ojos de ira y me siguió jalando hacia el jardín, estando allí…

– ¿Qué haces aquí?, ¿cómo llegaste aquí? – preguntó serio.

– Bueno vengo a ver si te encuentras bien, el otro día me dejaste muy preocupada. –

– ¿Cómo llegaste aquí? –

– El otro día te seguí, lo siento. Sólo quería saber que estarías bien – respondí.

– Pues no te hubieras molestado. Mírame estoy bien – dijo irónicamente.

– ¡Basta! – grité.

Me miró extrañado.

– Vine porque me preocupas, ¿de acuerdo? – mi tono era más calmado – Yo quería estar segura de que no había sido nada grave lo del otro día. –

Comencé a llorar y él quitó su ceño de enojo e intentó disculparse o algo así…

– Lo siento, pero no me gusta ver llorar a las personas, no lo soporto, Así que ¡deja de hacerlo! – ya con un tono desesperado.

Mi llanto no podía detenerse, es como si estuviera contenido dese el día en que lo conocí. Me sentó en una banca que había allí cerca, un intento para que mi llanto se fuera.

– ¡Cálmate! – me pidió angustiado.

En ese momento tomé aire fuertemente.

– Lo siento, vine a ver cómo estabas, no a llorar. –

– Pues ya ves que estoy bien. Ahora vete – con su tono habitual.

– No me iré hasta terminar lo que dejamos pendiente el otro día en la azotea. –

– ¿Hablas de eso?, estaba jugando contigo…–

– No es verdad, – lo interrumpí – estabas siendo sincero conmigo, ¿qué ocurre, ahora estás asustado para decirme qué te ocurre? –

– ¡No! – dijo fuertemente – Es sólo que no te importa. –

– ¡Sí me importa y por eso estoy aquí! – grité mirándolo a los ojos.

El silencio se hizo evidente, luego reaccionó.

– No necesito una amiga a quién contarle mis problemas…–

– Eso, ¡una amiga! – interrumpí – Eso seré para ti. –

Me miró sorprendido.

– Haz lo que quieras, yo me largo, es inútil hablar con alguien como tú. –

Lo detuve del brazo.

– Esta vez no. – dije enérgicamente – Me tienes que contestar lo que quiero saber o no dejaré de molestarte – amenacé.

Me miró a los ojos con confusión, dio la vuelta y se fue. Yo me quedé parada un buen rato. Luego de una hora decidí entrar otra vez. Le dije a la empleada que Kai me había pedido que lo esperara, pero como no regresaba había decidido buscarlo. La empleada me pidió que la esperara mientras lo buscaba. Cuando regresó…

– Lo siento el joven no se encuentra, ya lo he buscado por todas partes, pero parece que volvió a escapar. –

Su tono era como si lo que pasara fuese cotidiano. Se disculpó en su nombre, me despedí y salí de allí.