Pareja: Dean Winchester/Alastair

. & .

Marcado por el Fuego

Inesperado, como más de la mitad de las veces. Castiel lo había convocado para que el demonio escupiera la verdad y a menos de dieciséis minutos de que el ángel les dejara solos, estaba tirado en el suelo, con tres costillas rotas y la boca llena de sangre.

—Dean, Dean… Dean… —exclama, saboreando cada una de las palabras.

Sam, inmóvil contra uno de los muros, grita el nombre del demonio y un repertorio de maldiciones bastante amplio al que Alastair hace oídos sordos mientras se libera de las cadenas que lo tenían preso.

Se acerca al mayor de los hermanos riendo despacio, y con chasquido de sus dedos, Dean sale despedido en dirección al siguiente muro, en el que impacta con tanta fuerza que su hombro vuelve a salirse del lugar. El demonio le mantiene a veinte centímetros del suelo conforme va acercándose, con un paso natural y tranquilo.

Con cada paso que da, los gritos de Sam se escuchan cada vez más lejanos y el terror lo invade.

—¿Por qué tan serio, cariño? —Pregunta Alastair, deslizando una mano sobre el pecho del rubio—. A veces me decepcionas tanto… ¿No la pasábamos bien allá abajo? ¿Ya no lo recuerdas… o esto sí no quieres recordarlo?

Los ojos del menor se desencajan cuando observa al demonio inclinarse sobre su hermano.

Alastair besando lentamente a Dean es una imagen que su mente se niega a procesar, y quiere gritar y destruir el Mundo, pero ver cómo el mayor busca la boca del otro cuando se separa, lo deja paralizado.

El Winchester caería al suelo de no ser porque el mismo demonio le sostiene contra la pared cuando rompe sus ataduras. Siente sus labios y es imposible que revivan esos recuerdos que le han quedado marcados por el fuego del Infierno.

Cual veneno en su sangre, una sensación que no termina de entender se apodera de él y deja de luchar.

Ya no sabe resistirse, es como si su cuerpo tuviera más memoria que él mismo voluntad.

Recuerda los roces, las manos firmes, y se deja hacer, bajo la mirada por primera vez atónita de Castiel, que hace segundos apareció tirando abajo una puerta.

Sam continúa callado aún cuando el demonio se separa de Dean.

—No importa lo que hagas, lo que creas o lo que te digan. Siempre sabrás cuál es tu lugar.

Desaparece en un abrir y cerrar de ojos, dejando que el rubio caiga al suelo con un grito agónico. Inmediatamente Sam también es liberado, y con el leve contacto de la mano del ángel, Dean cae inconsciente en brazos de su hermano.

Por primera vez desde que el camino de los Winchester comenzó a apartarse, el castaño busca en los ojos de Castiel la respuesta a un problema que no podría resolver ni en un millón de años.

—¿Qué es lo que tengo que hacer?

Los ojos azules se apartan de los grises con una expresión algo perdida y Sam es el único que está allí para presenciar el que debe ser el primer suspiro del ángel.

—Trata de estar ahí cuando despierte.

*** fin ***