Beyblade no me pertenece...

Edición a cargo de Hannika Adreatos


-oO0( Ojos del Corazón )0Oo-

Por Kiray Himawari

Capítulo V

Llegó el fin de semana y decidí ir a buscar a Kai. Estando en su casa milagrosamente lo había encontrado. Irina no me dirigía la palabra como la última vez y yo no insistí, quizá podría meterla en problemas. Kai se disponía a dar una caminata.

– Te acompaño – sentencié.

– ¿Qué haces aquí? – dirigiéndose a mí con el ceño fruncido.

– Vine a verte y ya que sales, iré contigo. –

Tomé su brazo y me acerqué a él. Kai se sonrojó y zafó su brazo rápidamente.

– Haz lo que quieras. –

Caminó velozmente, la intención era que no pudiera alcanzarlo, pero no contaba con que era una chica muy persistente. Así llegamos a aquel parque sombrío, se recostó sobre el pasto y yo junto a él. Volteaba de vez en cuando para verme, esperaba el momento de su soledad.

– Sigues aquí. –

– Sí y no pienso irme. – dije cínicamente – Ahora que logré abrir una puerta no me quedaré afuera. –

Estaba muy orgullosa y cómo no estarlo, estaba junto a una persona a la que iba ayudar. Pasaron varias horas allí hasta que mi estómago comenzó a protestar.

–Levántate y vamos a comer– ordené.

Me miró asombrado de ver que seguía ahí. Se levantó y antes de que pudiera decir algo lo llevé a un pequeño restaurante que estaba cerca de allí. Rápidamente me dispuse a ordenar, pero…

– Vámonos de aquí – dijo.

– ¿Qué ocurre?, ¿a caso no te gusta? –

– No me gustan estos lugares. –

Me jaló hasta la entrada y cuando salimos del lugar una camioneta negra con vidrios polarizados estaba allí. Dos hombres bajaron y abrieron las puertas traseras.

– ¿Quiénes son? – pregunté asustada.

– Súbete – ordenó sin responder a mi pregunta.

Era su escolta, no sé como nos habían localizado, no los vi al llegar al parque. Cuando subimos a la camioneta se sentó al otro extremo, lejos de mí y, como si estuviera aburrido, miraba por la ventana durante el trayecto. Arribamos a su casa y la mesa estaba ya servida. Había de todo, se lavó las manos y yo hice lo mismo. Se sentó a la mesa e Irina me sentó a lado izquierdo de Kai. Comenzó a comer sin fijarse en mí. Rompí el silencio mientras degustaba aquellos manjares.

– ¿Cómo fue que llegaron por nosotros? –

– Me siguen todo el tiempo – contestó.

En ningún momento volteó a verme.

– ¿Son tus guardaespaldas? –

– Sí, ¿algún problema con ello? –

–No, claro que no. – continué – Esto está delicioso. Dime como es que el otro día en el parque…–

Soltó sus cubiertos y

– Vámonos, es suficiente. –

– De acuerdo. –

Lo seguí, aunque no tenía remedio pues me llevaba de la muñeca. Las empleadas me miraban y Kai las miraba como amenazándolas, pero a ellas no les importaba, antes bien murmuraban entusiasmadas. Llegamos de nuevo al parque.

– Bueno, muchas gracias por la comida pero…–

– Guarda silencio. –

– ¿Qué ocurre? – pregunté.

– Nada, me gusta la quietud. –

Volvió a recostarse y yo una vez más a su lado. Todo estaba tan tranquilo que me quedé dormida y cuando desperté Kai no estaba, sin embargo uno de sus guardaespaldas sí.

– El joven Kai me ha pedido que la lleve a su casa. –

– ¿Dónde está él? – dije mirando a todas partes.

– Se fue desde hace rato. Vamos. –

Me ayudó a levantarme y me llevó a la camioneta negra. Tiempo después se detuvo…

– Ésta es su casa. ¡Qué tenga buenas noches! –

Abrió la puerta y… No sé como dio con mi casa.

– ¿Cómo sabes dónde vivo? –

– El joven Kai me dio las instrucciones. ¡Buenas noches! –

Arrancó la camioneta y se fue. Para ser un chico tan apático y callado sabía comportase como un caballero, bueno a veces. Entré y mis padres estaban allí.

– Vaya hasta que apareces – era mi madre.

Su nombre era Hikari.

– Estábamos preocupados por ti – dijo mi padre.

Allí estaban, juntos, sonrientes. Mi familia era muy unida, para ser una familia de tres. Había pasado tiempo sin platicar a profundidad con ellos.

– Lo siento, no era mi intención llegar tan tarde. –

– Y ¿dónde estuviste? – mi madre.

– Bueno, estuve con Kai. –

– ¿Quién es Kai? – preguntó mi padre.

– Es el dueño de la compañía, es mi amigo o algo así. –

– ¿Cómo que 'algo así'? – inquirió mi padre de nuevo.

– Es que es un chico raro, es muy solitario…–

Seguí contándoles la historia que Irina me había platicado.

– Si es tan frío y solitario como dices, tal vez deberíamos conocerlo, no le hará daño – dijo mi madre sonriente.

– Sí, sólo hace falta proponérselo y que él acepte. –

Fui a dormir muy emocionada. A la mañana siguiente me dirigía a ver a Kai, era muy temprano, así me aseguraría de encontrarlo.

– ¡Bueno días, Irina!, ¿está Kai todavía? –

– Lo siento mi niña, pero Kai no está. Ayer después de dejarte en el parque, hizo sus maletas y tomó un vuelo a Rusia. Sé que él no te diría nada, ya que a nosotros tampoco nos dice. No te preocupes estará bien, yo te llamaré cuando llegue. –

Me despedí un tanto triste porque no conocería a mis padres esa noche. En mi casa preguntaron por él y les dije lo que había ocurrido.

– No te preocupes, ese chico volverá, ¿no es cierto?, no nos iremos a ningún lado. –

Las palabras de mi padre me hicieron sentir mejor.

-o-

Pasaron poco más de quince días y el teléfono por fin sonó. Era Irina, Kai había vuelto. Tomé mis cosas y fui enseguida, no sin antes despedirme de mis padres.

– Vuelvo por la tarde, esta vez traeré a Kai conmigo. ¡Los amo mucho! –

Cuando llegué, Irina me dijo:

– Está arriba acomodando sus cosas, pasa. –

Subí las rápidamente, la puerta de su alcoba estaba entre abierta y antes de abrir y entrar, vi que de una de sus maletas sacaba algunos medicamentos, entonces entré…

– ¿Qué es eso? –

Los ocultó en el acto.

– ¿Qué es qué?, ¿ahora qué quieres? –

– Bueno, vine a preguntarte cómo te había ido en tu viaje. –

– Igual que siempre. Ahora espera abajo, debo cambiarme. –

Me empujó hacia fuera y cerró su habitación. Bajé a la sala, Irina estaba allí muy feliz de verme tan seguido allí, debo admitir que yo también me sentía feliz. En pocos minutos bajó Kai.

– Vámonos. –

Y casi como si fuera costumbre me llevó del brazo, esta vez fuimos a la compañía. Tenía una reunión importante, extrañamente me sentó a su derecha. Dio inicio su reunión, terminó y Kai no dijo absolutamente nada. Salió a la azotea y yo con él.

– Quiero que vayas a conocer a mis padres – mis palabras salieron de la nada.

– ¿Qué? –

– Les he platicado mucho de ti y quieren conocerte, así son los padres. –

Dio la vuelta para intentar huir.

– No, vendrás conmigo. –

Lo llevé con un poco de esfuerzo hasta su camioneta. Le pedí al chofer que nos llevara a mi casa y como Kai no dio otra indicación, así lo hizo. Cuando llegamos la puerta estaba abierta, muy confundida entré y al ver lo que allí me aguardaba quedé sin siquiera dar un grito. Mis padres habían sido asesinados, al parecer un robo fue el motivo. Mi madre tenía un tiro en la cabeza y mi padre puñaladas por todo el cuerpo. Sentí que todo daba vueltas y giré como si fuera a correr, pero estaba Kai parado, lo único que hice fue llorar. Lo abracé fuertemente para no caer al piso, Kai cerró sus brazos para detener mi caída. Sus guardaespaldas al oír el grito entraron y vieron el desastre. Revisaron el lugar en busca de los criminales, pero no había nadie. Llamaron a la policía, levantaron actas y yo sin parar de llorar. Era muy tarde.

– Creo que no puedes quedarte aquí. – dijo Kai – Ven conmigo. –

Lo seguí sin decir nada, el llanto me lo impedía. En su mansión Irina me vio…

– ¿Pero qué te ha ocurrido? – preguntó preocupada.

– Prepara una habitación, se quedará aquí – Kai le pidió a Irina.

Irina fue rápidamente a acomodar la habitación donde me quedaría. Luego Kai me acompañó.

– Quédate aquí. Si necesitas algo toca este timbre – señaló detrás de la puerta.

Cerró la puerta y me senté sobre la cama, no podía borrar de mi mente aquellas imágenes. Cerraba los ojos y aparecían. No pude dormir en toda la noche.