Pareja: Dean Winchester/Castiel

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Una luz al final del camino

Dean se sienta en la cama y esconde el rostro entre sus manos. Tiene sobre la mesa de noche una botella de whisky completa que no ha tocado, ni tocará, pues el simple olor le revolvió el estomago por razones que le son desconocidas.

Por un momento desea haber seguido a Tessa sin tanto preámbulo cuando quiso llevárselo. Si lo hubiera hecho, quizás las cosas hubieran tomado otro rumbo y ahora no estaría sufriendo de la manera en que lo hace.

Entonces es cuando lo entiende.

Revuelve la cama en busca de su Colt. Siempre la guarda bajo la almohada pero cuando despierta, el arma nunca está allí. Una vez Sam mencionó la posibilidad de que se disparase por accidente estando dormido pero… la verdad que de lo último que tiene ganas ahora, es de pensar en Sam.

Chequea el cargador cuando la encuentra. Está lleno.

Titubea solamente durante dos segundos antes de poner la boca fría del arma contra su cabeza y tirar del gatillo.

***
—Ahí estás, ángel misericordioso.

La Colt se trabó, la primera y la segunda vez que lo intentó. A la tercera, sintió la mano de Castiel arrebatándosela con suavidad.

—Me sacaste de un Infierno para arrojarme en otro —le reclama—. Y luego desapareces. ¿Dónde mierda has estado?

Castiel arroja el arma sobre la cama y se sienta a su lado, sin decir una palabra.

—¿No vas a hablar? ¿La única forma de lograr que aparezcas fue con un intento de suicido? ¿Qué pasa contigo, demonios? —pregunta, inclinándose hasta poner los codos sobre sus rodillas. Se frota los ojos, cansado—. Sam ha estado haciendo cosas… que mejor no quiero saber. Es un adicto. Esa perra de Ruby está hundiéndolo más y más… y ahora me entero que mi padre tuvo un hijo con otra mujer y no es culpa del chico, es que… le dio a él la vida que nos negó… y-

—¿Casi te matas para contarme tus problemas?

Si no se tratara de Castiel, ese sería el comentario más rudo e irónico de todo el Universo. Y Dean le habría roto la nariz de un puñetazo, pero como se trata del ángel, solo le mira con ojos suplicantes.

—Solo quiero saber que hay alguien en este mundo que no me miente. Tú no me mientes, ¿verdad, Cas?

—No.

—¿Entonces porqué-

—Porque me excedí.

En ningún momento lo mira a los ojos y Dean se pregunta si es cierto eso de que se está volviendo un poco más estúpido con el paso de los días, porque cada vez le cuesta más interpretar lo que le dice el ángel.

Castiel mira hacia ambos lados antes de continuar y baja un poco la voz, como si alguien más pudiera escucharlos, y clava sus ojos azules en los verdes, manteniendo su inexpresividad imposible, pero esta vez Dean percibe algo demasiado distinto a la austeridad a la que le tiene acostumbrado.

—Caería por ti, Dean. Pero no puedo dejar que eso pase hasta que todo esto termine… No pongas las cosas así de difíciles. Haz tu trabajo y yo haré el mío. Y todo saldrá bien.

Dean necesita responder algo pero no encuentra las palabras ni el orden de relevancia de todo lo que quiere preguntar y decir, y también necesita más explicación con eso de "caer" y "por ti", porque si no se confundió, estaban en la misma frase, pero en un abrir y cerrar de ojos el ángel ha desaparecido y él se queda solo en el cuarto nuevamente.

—¿Por qué siempre me dejas hablando solo? —le reclama al vacío del cuarto—. Está bien, Cas. Si quieres tener un lindo lugar donde aterrizar, mejor que empieces a prestar un poco de voluntad, ¿me escuchaste?

Cuando se siente ridículo hablándole a las paredes, se deja caer de espaldas y esconde la cabeza bajo la almohada.

Y no tiene motivos, o al menos eso cree, pero de pronto es como si hubiera una pequeña luz al final del camino.

Una por la que vale la pena seguir adelante.

*** fin ***