Beyblade no me pertenece...

Edición a cargo de Hannika Adreatos


-oO0( Ojos del Corazón )0Oo-

Por Kiray Himawari

Capítulo VI

Por la mañana me di una ducha y para olvidar un poco decidí ir al trabajo. Cuando me disponía a salir…

– ¿A dónde crees que vas? –

Era Kai bajando las escaleras.

– Yo… Voy al trabajo – dije sin poder mirarlo a los ojos.

– No puedes regresar al trabajo. –

– ¿Cómo? –

– Podrás regresar dentro de dos semanas, ahora sube a tu alcoba. –

La tristeza se desbordaba por mi piel, mis ojos, por todo el ser. No estaba segura si ese estado se pasaría, todo era tan confuso. Mis padres eran con lo único que yo contaba. Eran mi riqueza y mi fortaleza, ¿cómo iba a hacer para reponerme?

Entre la confusión había olvidado todos los trámites legales. Bajé a ver a Irina.

– Irina, necesito hablar con un abogado…–

– No te preocupes los abogados del joven Kai ya se están haciendo cargo de todo. A veces el joven Kai tiene sus buenos ratos. –

– Yo necesito irme a casa, no tengo nada que hacer aquí, mis pertenencias están…–

– De eso tampoco te preocupes, el joven Kai dejó dicho que en cuanto bajaras vinieras conmigo a comprar lo necesario para tu estancia aquí. –

– No puedo permanecer aquí, yo…–

– Basta, no estás bien aún. Vamos, ocúpate sólo de sanar tus heridas. –

Me llevó de compras, yo no tenía ánimos de nada, así que Irina se hizo cargo de todo. Compró lo que creía necesario, más bien parecía que me iba a quedar una eternidad allí por todo lo que llevó. De regreso…

– No me siento bien, quiero ir a dormir – dije a Irina.

– ¿No quieres comer? –

– No tengo hambre. –

Mi estado no me permitía probar bocado, ni me permitía sostener una conversación coherente sin pensar en lo ocurrido. Así pasaron los quince días, pero nada mejoró. Kai entró a mi alcoba.

– ¿Cómo te sientes? –

Antes de terminar lo que iba a decirme, notó que no estaba bien, estaba en mi cama inconciente. Me llevaron al hospital. Todo parecía indicar que mi salud estaba muy mal, la falta de una buena alimentación provocó una desnutrición en mí. Tuve que permanecer hospitalizada una semana. Al término de mi estancia en el hospital me llevaron de nuevo a la mansión. Nadie vio mejoría en mí, entonces Irina habló con Kai.

– Joven Kai, su amiga no mejora en nada, yo estoy segura que su salud es causa de la preocupación y de la tristeza…–

– Ya lo sé, no es necesario que me lo digas, ya tengo la solución. –

La conversación aparentemente había quedado allí, mas al otro día.

– ¡Buenos días, Hinata! – saludó un hombre – soy el doctor Susumu, soy psicólogo y vengo a ayudarte. –

Kai venía acompañándolo, en cuanto él dijo estas palabras miré a Kai, él me miró también, pero no pronunció palabra y abandonó la habitación.

– Tu amigo ha platicado un poco conmigo acerca de lo que te ocurre. – dijo amablemente – Ahora necesito que tú me digas que fue lo que ocurrió para así poder ayudarte. –

Lo miré a los ojos y comencé.

– Yo sabía que mis padres algún día morirían, pero no de esa forma, ellos no merecían esa muerte – estaba muy enfadada y triste.

– ¿Cómo eran tus padres? –

– Ellos eran los seres más maravillosos sobre la tierra. Se casaron en contra de la voluntad de mis abuelos, ni siquiera la bendición de ellos obtuvieron. Mi nacimiento ni siquiera fue bien visto por mis abuelos, pero a pesar de todo nunca los necesite, mis padres me dieron toda la felicidad que fue posible, me cuidaron y me amaron siempre, nunca me abandonaron. –

– ¿Y tú…?–

– Yo… – titubeé un poco – Yo, por otro lado, no era la hija más prometedora ni encantadora con ellos. Era de ideas muy diferentes en un principio. Ellos deseaban lo mejor para mí, sin embargo nunca permití que ellos fueran cómplices de mis locuras, todo en la etapa en donde uno a penas va ser adolescente. Poco a poco mi actitud hacia ellos fue cambiando, hubo algo que me hizo valorar la vida y a mis padres. –

– ¿Qué fue ese 'algo'? –

– Mi madre sufrió un accidente en casa, cayó por las escaleras un día que iba detrás de mí. Cuando despertó en el hospital había perdido la memoria. Con los meses fue recobrando todo, con la ayuda de mi padre y la mía. Todo cambió en esos momentos. Mi madre y mi padre eran amantes de la música clásica y paso a paso yo me fui enamorando de ella también. Decidí estudiar música clásica, aunque sabía que no era algo muy prometedor, era mi sueño. Ellos me apoyaron. Mi madre tocaba el piano para mí cuando era pequeña y mi padre el violín. Cuando aprendí a tocar los instrumentos los roles se cambiaron y era yo la que tocaba para ellos. Había una melodía que le encantaba a mi madre y que entre mi padre y yo tocábamos para su deleite. –

– ¿Cuál es? –

– Es Silence –me quedé callada.

– Es bastante melancólica, ¿no crees? –

– Sí, a mi madre le hacía recordar que aunque a veces se sufre y se llora por la melancolía puede sacársele provecho, es decir, está bien para salir adelante. –

En ese momento volvió a mí un recuerdo de mi infancia, cuando mi madre me decía esas palabras. Comencé a llorar.

– Eso es un buen indicio, ahora debes descansar. –

Salió de mi habitación. Yo, por otra parte, lloré durante toda esa tarde, eso me hizo sentir mejor de alguna manera. Por la noche, cuando todos se habían ido a dormir, bajé para dar una caminata y pensar, ya que no podía dormir. Me di cuenta de que no conocía toda esa inmensa casa, decidí recorrerla para conocer y pensar al mismo tiempo. Dos puertas pasando la biblioteca había una habitación cerrada, cuando me disponía a abrirla un sonido melodioso se escuchó. Era la melodía que solía encantarle a mi madre. Con cuidado abrí la puerta, era Kai quien tocaba un piano blanco. Era una habitación enorme, sólo había en ella un piano, el piano que tocaba Kai. Me quedé a oírla completa. Ningún error se había producido en ella. Al terminar Kai se quedó mirando el piano, tenía una mirada melancólica. Cerró los ojos por unos instantes y luego se levantó y caminó hacia la puerta. Yo me fui rápido a mi habitación para que Kai no pudiera verme. Al amanecer bajé a la sala y me senté, quería hablar con Kai. Minutos después Kai bajó, me miró…

– Veo que estás mejor. –

Creí que hablaría conmigo, pero siguió su camino. Lo seguí, él se percató de esto. Iba hacia el parque sombrío. Tomó su lugar acostumbrado y yo a lado suyo.

– A noche escuché un piano – rompí la quietud.

– A veces las personas escuchan cosas inexistentes – dijo.

El silencio se hizo presente de nuevo.

– Quiero agradecerte todas las molestias que has tenido para conmigo. –

– No tienes que agradecerme a mí nada, mejor díselo a Irina, ella te ha tomado un gran cariño. –

– ¿y tú? –

– Yo…– titubeó – Debo irme. –

Se puso de pie rápido y se alejó de allí. No estaba tan bien como para seguirlo una vez más. Regresé y hablé con Irina.

– Gracias Irina, has tenido a bien darme mucha atención. – hubo un silencio para que pudiera evitar mi llanto – Kai me dijo que me estimas mucho y quiero que sepas que yo también te estimo, eres como familia para mí. –

La abracé fuertemente.

– No tienes que agradecer nada, es lo que se hace por los seres que uno ama. –

– Necesito preguntarte algo. –

– Preguntar ¿qué cosa? – dijo intrigada.

– Bueno a noche… A noche escuché un piano, Kai lo estaba tocando, ¿por qué lo niega? –

– ¿Es verdad lo que me dices? –

– Sí, ¿a caso no lo sabías? –

– Sabía que el joven Kai tocaba el piano, bueno su madre le dio sus primeras lecciones, pero era muy pequeño. No creí que lo hiciera ahora, ¿dónde lo escuchaste? –

Irina estaba más sorprendida que yo cuando lo vi tocar.

– A noche en aquella habitación – apuntando con el dedo.

– Nadie sabe qué hay en esa habitación, está prohibida la entrada desde hace tiempo. Dime qué hay dentro – suplicó.

– No hay nada más que un piano blanco. ¿Por qué lo toca en secreto? –

– No lo sé, no creí que lo hiciera – dijo desconcertada.

Kai entró sin voltear a ningún lado.

– ¿Necesita algo, joven Kai? – le preguntó Irina.

– Dile al chofer que prepare la camioneta – pidió mientras subía las escaleras.

– ¿Va a algún lugar en específico? –

Kai no respondió. Fui tras él para indagar.

– ¿A dónde irás? –

Entramos a su habitación y comenzó a tomar ropa y colocarla en una maleta.

– ¿A dónde viajas? –

– Voy a Rusia – seguía acomodando la maleta.

– ¿A qué vas? –

– No es tu asunto, retírate – dijo.

Llevándome a afuera de su alcoba cerró la puerta. Bajé para preguntarle a Irina porqué Kai iba tan seguido a Rusia, pero ella no pudo contestar mi pregunta, nadie más que Kai podía hacerlo.