Beyblade no me pertenece...
Edición a cargo de Hannika Adreatos
-oO0( Ojos del Corazón )0Oo-
Por Kiray Himawari
Capítulo X
–H–
~ ( o ) ~
Mi padre tenía pesadillas en las que decía ver a mi madre a su lado, diciéndole lo culpable que era. Los médicos le daban tranquilizantes, pero no pasaba nada, seguía empeorando. Un día desapareció y por más que lo buscaron jamás apareció. En su ausencia mi abuelo vino para hacerse cargo de mí. Me llevó a un internado.
Allí los encargados nos hacían estudiar todo el día, no podíamos jugar, cuando hablábamos entre nosotros los castigos eran abrumadores, decían que no estábamos allí para hacer amigos, que nuestra misión era aprender a ser los líderes del futuro y eso no incluía tener amigos. En el mismo internado estaba Tala, hicimos algo como una amistad o al menos eso creo. En una ocasión él me decía que era heredero de una empresa que fabricaba automóviles y que estaba allí para aprender qué era liderazgo y poder; charlábamos cuando uno de los que vigilaban los pasillos nos escuchó y al ver a Tala hablando conmigo se lo llevó y nunca más lo volví a ver.
En ese lugar terminé la educación básica y media superior. Mi abuelo decidió que lo mejor para mi era estudiar en Rusia, en donde existía una universidad que era abadía, un lugar tranquilo y con disciplina para la vida escolar. Allí estudié Relaciones Internaciones y Administración de Empresas, jamás me gustó, pero estaba en mi destino.
Crecí sin amigos, sin mi madre y sin mi padre, que para ese tiempo ya había sido dado por muerto. Las vacaciones las pasaba en Japón, en ese tiempo aprendí a tocar el piano, una melodía siempre sonaba en mis sueños y quería saber porqué.
~ ( o ) ~
Traer estos recuerdos, ver todo lo que mi mente me muestra, ¿por qué? Mis ojos comenzaron a abrirse, la luz era muy brillante, veo dos rostros muy borrosos, no puedo moverme, siento mucho dolor. Son Hinata e Irina. Siento que me falta el aire y mis ojos se vuelven a cerrar, la máquina hace un ruido continuo.
-o-
Tiempo después fue a buscarme y yo estaba a punto de irme a una de mis caminatas, se dispuso para ir conmigo, tomó mi brazo, yo no sabía que hacer y quité mi brazo
– Haz lo que quieras. –
Caminé rumbo al parque, mi parque vacío. Esperaba que desistiera y me dejara en paz. Cuando llegamos me recosté bajo la sombra del árbol más frondoso y ella a mi lado. Cerraba mis ojos para tratar de pensar, pero no podía hacerlo sentía su presencia todo el tiempo, seguía allí. Pasado un rato se levantó y quería que nos fuéramos, no podía creer que siguiera allí. Me llevó a un restaurante cercano, sin embargo el ruido me molestaba, tantas personas…
– Vámonos de aquí. – pedí – No me gustan estos lugares. –
Lugares en los que no me sentía bien, en donde mis pensamientos no podían surgir. La tomé del brazo y la llevé hacia la camioneta que aguardaba por mí. Hinata se veía asustada, sin embargo en lo único que podía pensar era en salir de ese lugar.
Fuimos a casa, yo suelo comer siempre allí, en donde nadie puede molestarme, en donde mi soledad y mi orgullo me acompañan. Parecía estar asombrada de cómo habían llegado por nosotros, nada raro para mí, desde el día que me vieron entrar con sangre en la camisa habían decidido que no podía andar solo y me seguían a cualquier lugar y aunque tratara de huir siempre estaban allí. Cuando comenzó a hablar sobre lo ocurrido en el parque, sabía que preguntaría qué había ocurrido, entonces le dije que nos fuéramos. Sin pensarlo la tomé de la muñeca y la saqué de allí, los empleados me miraban burlonamente, pero yo estaba demasiado molesto como para detenerme en ese momento.
Fuimos de nuevo al parque vacío. Le pedí que guardara silencio, ella no debía interrumpir mi vida. Después de un rato me di cuenta de que se había quedado dormida, le pedí al chofer que la llevara a su casa, yo iba a estar bien, así que regresé a casa caminando. En mi alcoba traté de dormir, mas no podía pensaba en Hinata y en el gran parecido que tenía con mi madre. Al ver que no podía dormir y la nostalgia que me invadía hice mis maletas y me dispuse para ir a Rusia. Algo en Rusia me hacía sentir bien, era el lugar de mi madre.
-o-
Cuando llegué a casa en Rusia me sentí solo y Hinata seguía en mi cabeza, en vez de sentirme mejor me sentía más nostálgico que nunca. Cada que iba a Rusia era para ver cómo marchaba la empresa de mi abuelo, la que ahora es mía, por desgracia. Desde antes de que mi abuelo muriera insistió en que debía hacerme cargo de ella, decía que debía aprender a diferenciar lo que se hacía en ambas, pues de algún modo también eran juguetes, según él. La empresa de mi abuelo no era lo más agradable, por el contrario, se dedicaba a crear armas de todo tipo desde un revolver hasta armas militares, sin embargo no todo el mundo lo sabía. Inclusive mi madre no tenía el conocimiento de esto; y tal vez fue lo mejor para ella. La empresa no exigía mucho de mi tiempo, a pesar de lo complicado que es la fabricación de un arma, pues un amigo de mi abuelo se hacía más cargo que yo.
~ ( o ) ~
Justo cuando estaba por terminar mis estudios superiores supe que mi abuelo era un monstruo, se dedicaba a vender armas al gobierno ruso, armas que estaban prohibidas y que no habían sido experimentadas.
– Esta es la razón por la que tienes que ser fuerte, la razón por la que tu madre no era la persona ideal – decía mi abuelo.
~ ( o ) ~
Era como si la muerte de mi madre hubiera significado que no servía para los propósitos de él y que era yo el único que podía hacerlo. Probablemente por eso fui educado así. El secreto de lo que hacemos es una carga demasiado pesada. Mi padre jamás lo supo tampoco.
Cada que estaba en Rusia intentaba averiguar cómo es que esa empresa se había formado, pero todo era un misterio. Contraté dos investigadores para saber más sobre ello y mi familia materna. Yo sólo conocía a mi abuelo y a mi madre, Irina debe saber todo lo que yo fui descubriendo y es por eso que no la soporto.
Las investigaciones sólo pudieron decirme que mi abuelo había sido un hombre brillante en la ingeniería mecánica y que había sido reclutado por el ejército, luego la información se pierde hasta que la empresa se forma con éxito.
Al parecer mi madre tuvo una hermana, de la que nunca había escuchado hablar. Su hermana era menor que mi madre y había sido dada por desaparecida y poco después por muerta, al igual que mi padre.
Sabiendo esto, decidí reiniciar la búsqueda, que mi abuelo y el gobierno habían decidido cerrar, para averiguar sobre la muerte de mi padre y la desaparición de la hermana de mi madre, Galia. Los investigadores llegaron a la conclusión de que mi padre en definitiva había muerto en un hospital ruso, en su delirio fue a Rusia a buscar a mi madre; sin embargo la hermana de mi madre estaba viva, pero el rastro se perdía. Dejé la investigación sobre Galia en sus manos y esperé más resultados.
-o-
Cuando volví a Tokio todo estaba tranquilo hasta que… Estando en mi habitación
– ¿Qué es eso? –
Era Hinata, curiosa como siempre, le pregunté que hacía ahí, al tiempo que escondí los medicamentos. Quería preguntar por mi viaje, Irina se lo había dicho, esa mujer… La saqué de allí, tenía que acomodar los documentos y medicamentos que nadie debía ver. Bajé en seguida, le pedí que nos fuéramos, no me agrada nada la idea de que conversara demasiado con Irina.
Fuimos a una reunión de la compañía, nadie iba a ver raro que Hinata estuviera ahí. Por un momento olvide que Hinata estaba conmigo y salí hacia la azotea y ella me siguió.
– Quiero que vayas a conocer a mis padres. –
– ¿Qué? –
–H–
