Beyblade no me pertenece...

Edición a cargo de Hannika Adreatos


-oO0( Ojos del Corazón )0Oo-

Por Kiray Himawari

Capítulo XI

H

No sé que pensaba que era yo, pero en definitiva no sabía que hacer, el parecido con mi madre hacía que yo no pudiera gritarle demasiado, que sintiera cierto afecto por ella. Me dijo que había hablado con sus padres y ellos querían conocerme. Nunca me había enfrentado a una situación similar. Pidió al chofer que nos llevara a su casa, no hice nada por evitarlo, no entendía porqué.

Nos estacionamos enfrente, la puerta parecía abierta lo que a Hinata se le hizo extraño. Entró y yo iba detrás de ella. Cuando miré ella estaba frente a mí, me abrazó para no caer, la detuve. Miré al frente para ver que ocurría, era algo que me dio calosfríos. Sus padres habían sido asesinados. La verdad surgió hasta mucho después.

La llevé a casa, me producía un cariño especial y ante la situación no era extraño. En casa pedí a Irina que preparara una habitación para que se quedara allí, así lo hizo; ya en la habitación le dije que si se ofrecía algo tocara el timbre, el cual estaba detrás de la puerta.

Ese timbre había sido instalado por dos razones: Una para recibir atención cualquiera y la otra era por seguridad, tecnología desarrollada por mi abuelo; pero ella no sabía lo segundo.

Al día siguiente se levantó para ir al trabajo, pero, siendo el dueño, hice un permiso especial para que no tuviera inconvenientes en dejar el trabajo por un tiempo, el cariño que le tenía iba aumentando. No podía explicarlo.

Mis abogados empezaron todos los trámites, creí que no era necesario atormentarla, no es grato. Supuse que Hinata se quedaría por un tiempo, decidí que Irina se encargara de lo que hacía falta para su estancia allí. No estoy seguro de porqué lo hice.

Cuando entré en su habitación para ver cómo estaba la encontré inconciente, la llevé al hospital, tenía una anemia severa. Estuvo en el hospital por una semana y al ver que no iba mejorando decidí que se quedara en casa. A pesar de todos los esfuerzos de Irina para que Hinata estuviera bien su ánimo no mejoraba, algo me preocupaba, no es tan fuerte.

Irina habló conmigo y me dijo lo que notaba en Hinata, yo estaba bien conciente, no tenía que decírmelo. Al otro día llevé a un psicólogo, supuse que eso necesitaba. Lo presenté con Hinata, ella me miró de una manera extraña, no sé, los dejé. Lo que platicaran no me importaba o al menos eso pensé.

Escucho unas voces que me llaman, me dicen que están conmigo y que no me abandonarán, mas no puedo abrir mis ojos ni moverme. Los recuerdos de mi infancia volvieron.

~ ( o ) ~

Antes de que mi madre muriera, comenzó a enseñarme a tocar el piano, pero no aprendí mucho, sin embargo la melodía que solía tocar sigue sonando en mi mente.

Con el tiempo que tenía en las vacaciones en Rusia aprendí a tocar el piano y encontré la melodía que tanto solía tocar mi madre, Silence, decía que le hacía recordar que aunque a veces se sufre y se llora por la melancolía puede sacarse provecho; nunca entendí lo que quería decir.

~ ( o ) ~

Ya por la noche me gusta ir a tocar el piano de mi madre, lo tengo en una habitación a la que nadie debe entrar porque es mi lugar. No obstante lo prohibido, Hinata entró.

En días anteriores me había escuchado tocando, y a pesar de que preguntó lo negué todo, es algo para mí y mi madre. Y conservarlo en secreto me hace pensar que es especial para mi madre, la siento más cerca de mí. El cariño hacia Hinata iba aumentando, había algo especial en ella. Aunque ella me preguntó si yo la estimaba no podía decírselo, era como aceptar que ella había cambiado mi vida y no lo podía aceptar. Después de lo ocurrido fui a Rusia, tres semanas estuve allí.

-o-

En Rusia llevaba mi tratamiento médico, lejos de la curiosidad de muchos. Aprovechaba el tiempo que me sobraba de la empresa de mi abuelo para descansar sin nadie que me molestara, pero Hinata seguía en mi mente.

Recibí una llamada de los investigadores, habían encontrado algo peculiar. Me informaron que la hermana de mi madre había huido a Japón, específicamente a Tokio, no podía creerlo, estaba tan cerca. La pregunta era ¿por qué estaba en Tokio y por qué había desaparecido de esa forma? Los investigadores me explicaron que al parecer un conflicto familiar había sido la causa.

Galia era más chica que mi madre; se había enamorado de un joven japonés que no tenía futuro económico, según mi abuelo; al ser tan joven decidió fugarse con él y dejar a mi abuelo en ridículo. Mi abuelo enfureció y trató de desaparecer a ese joven japonés, así fue como Galia desapareció de la familia. La mala noticia estaba por venir, la hermana de mi madre recién había sido asesinada junto con su esposo, pero no estaban bien seguros de la información que me daban así que decidieron reservar el nombre en ese momento.

-o-

A mi regreso, Hinata se veía diferente, algo dentro de ella cambió, se veía más desafiante, menos preocupada, incluso dejó de platicar con Irina. Ya no sonreía como cuando la conocí, con ese semblante de desafío que tenía entró a tocar el piano de mi madre, eso me enfureció demasiado, era el piano de mi madre. Aunque lo curioso era la melodía que tocaba, después de la rabieta la recordé, era la que mi madre y yo tocamos. Ella me dio una cachetada sin sentir culpa ni pena, era casi como yo. Eso había pasado, había madurado y había dejado atrás ese carácter infantil amigable. Había encontrado a su verdadero yo, su ironía lo decía todo.

Meses después de este incidente, me acompañó a uno de mis paseos al parque vacío…

– Ya es tiempo de acabar con esta farsa, dejémonos de rodeos y hablemos como nunca – me dijo en un tono muy seguro.

– ¿Y de qué quieres hablar? ¿De tus sentimientos? – me burlé de ella.

En verdad quería hablar de mis sentimientos, dijo que yo tenía miedo de que los demás me dañaran al conocerme, por un momento pensé que era verdad lo que decía. Acepté hablar con ella, pero al conocer su primer pregunta supe que había sido un error creer lo que decía, era sólo su curiosidad de nuevo presente. Quería saber sobre mis viajes a Rusia. Intenté engañarla, sin embargo su curiosidad y la indiscreción de Irina habían hecho que me descubriera. Yo no iba a decirle a que iba a Rusia. Insistía en que no me dañaría el hablar con ella de mí. Le aseguré que no podría dañarme. En ese momento una hemorragia apareció, entonces mencionó mi enfermedad. ¿Cómo sabía de ello?

– Tus viajes a Rusia tienen que ver con esto, ¿cierto? –

En verdad sabía algo, pero ¿cómo?, ni siquiera Irina lo sabía. Entonces me explicó que había contestado la llamada de mi medico mientras yo estaba tocando el piano; según lo que me dijo, mi medico había cometido la estupidez de hablar con ella de esto argumentando ser mi prima, dijo que yo estaba desahuciado, pero no es así, yo estaré bien.

Pero no puedo abrir mis ojos, ¿qué es lo que ocurre? Siento… temor.

H