Beyblade no me pertenece...

Edición a cargo de Hannika Adreatos


-oO0( Ojos del Corazón )0Oo-

Por Kiray Himawari

Capítulo XII

H

Creía que entendía todo, que mi tristeza y melancolía era causa de eso, pero mi enfermedad es lo que menos me agobia.

Ante tal descubrimiento de su parte declaré que mi médico no hablaba bien japonés y que esa era la razón por la que había entendido mal. Siguió insistiendo, evadí como siempre su pregunta, es un secreto desagradable. Después fue el tema de la compañía, que iba yo a decir, es mi destino el que me obliga a estar al frente, sólo eso. Insistía en decir que si algo no me agradaba debía dejarlo, pero ella que iba a saber de destino, si ella sí es libre. ¿En verdad le importaba tanto yo? La conversación no era de mi agrado, sin embargo la continué, de alguna manera, me hacía sentir bien.

He aprendido que para vivir siempre se necesita una meta, la cual impulse el sentido de sobrevivir y lo único que yo tengo para sobrevivir es el destino de defender a todo precio lo que ha mi familia le ha costado, de una forma u otra. Intentó hacerme saber que yo no iba a ser eterno y por tal razón mi meta no era un destino propiamente, pero eso es lo que tengo.

Todo iba bien, yo sentía confianza en ella, pero no demasiada. Para mi último viaje me dijo que quería ir, mas no lo permití, Hinata no debía enterarse de nada que pudiera dañarla.

-o-

Estando en Rusia, me dirigí en primer lugar a ver como iba la empresa de mi abuelo, revisar que todo estuviera en orden. En la empresa recibí una llamada, eran los investigadores, tenían noticias de la hermana de mi madre, sin pensarlo dos veces concerté una cita en casa para hablar con ellos, tenían algo muy importante que decirme y vaya que lo era. Cuando estuvieron frente a mí comenzaron a hablar…

– Las investigaciones por fin han dado resultado, tenemos la información concreta, ya no hay dudas, sabemos el nombre de la hermana de su madre…–

Sus palabras me sorprendieron y a la vez hicieron que tuviera una esperanza, por un breve instante.

– Pero antes de crear expectativas, debo confirmar la noticia de su asesinato y el de su esposo. –

Era como un balde de agua helada.

– A pesar de esta mala noticia, debo informarle la existencia de una hija, su prima…–

Una prima, un familiar, no estaba sólo.

– Ahora lo que estoy a punto de decirle es lo más impresionante que pudo haber pasado, esa prima suya… Bueno usted la conoce…–

El impacto fue demasiado, yo tuve una sospecha, mas no lo quise pensar sino confirmar.

– Fue muy complicado, pero los resultados indican que Hinata, la chica que vive desde hace un tiempo en su mansión en Tokio, es su prima…–

'Es su prima' era todo lo que podía escuchar. Estuvo tan cerca. Todo tomó sentido: su gran parecido, su voz, no lo podía creer.

– ¿Están seguros de lo que están diciéndome? –

– Estamos muy seguros y para reafirmarlo tenemos las pruebas de ADN, tenga. –

Me entregaron las pruebas. No había duda era mi prima. ¿Cómo era posible?, ¿cómo se lo iba a explicar?...

– ¿Y qué hay de la muerte de sus padres?, ¿averiguaron algo? – dije suplicando saber más.

– Logramos averiguar, que no fue un incidente cualquiera, no fue un asalto como aparece en el reporte, fue un homicidio premeditado. –

– ¿Han dado con el responsable? –

– No aún no lo hemos encontrado. Creímos que esto tenía que saberlo de inmediato, pero estamos a punto de averiguar qué fue exactamente lo que ocurrió. –

Esa era la cercanía y el afecto que sentía por ella, me recordaba a mi madre y cómo no iba a recordarla si era mi prima, sangre de sangre.

-o-

Regresé a Tokio, confundido pensando en la forma que se lo diría, tenía que hacerlo ese mismo día. Tomé la decisión de hablar con ella después de la reunión que tenía ese día, pero debía hacerlo a solas sin nadie que pudiera conocer la verdad antes que ella. Fue esa mi iniciativa de manejar. Confiaban más en mí desde que ella había llegado a mi vida.

– Debo decirte algo… –

Es lo último que recuerdo, algo pasó y no sé que es…

H

Desde el accidente, donde Kai casi pierde la vida, había pasado tres semanas, en las que estuvo en estado de coma. Los médicos no alentaban mucho la situación y mucho menos con lo que todos sabíamos ahora, su tumor cancerígeno.

El médico decía que teníamos que esperar para que Kai diera explicaciones y ver que es lo que ocurría, los médicos no encontraban lógica a lo sucedido, nadie había reportado nada a su expediente médico, había sido siempre un chico sano. A pesar de las explicaciones que los médicos nos daban Irina y yo no sabíamos que hacer ni como explicarlo.

Pasó una semana más, estuvimos con Kai todo el tiempo. Recibíamos llamadas de Rusia muy extrañas, en donde pedían la presencia urgente de Kai, mas no nos daban explicaciones, algo raro ocurría. Esa semana Kai abrió los ojos repentinamente, había salido del estado de coma.

– ¡Kai, por fin despiertas! – dije alegremente.

– ¿Qué estoy haciendo aquí? – se veía asustado

No recordaba nada de lo ocurrido, ni siquiera se había percatado del tiempo que había transcurrido desde el accidente.

– Debes tranquilizarte, no debes alterarte – dije.

– Dime qué fue lo que ocurrió, porqué estoy aquí y qué fue lo que te pasó. –

Notó que tenía mi brazo enyesado, me lo había roto durante el accidente, ya estaba a punto de sanar.

– Tuvimos un accidente hace un mes…–

– ¿Un mes? – me interrumpió.

– Sí, pero no te alarmes todo va estar bien ahora que despertaste…–

– Quiero irme de aquí…–

Cuando dijo esto último intentó levantarse, entonces lo detuve y entró el médico.

– Joven, usted no debe hacer eso. Su estado de salud no lo permite. –

– ¿Mi estado de salud? ¡Yo estoy perfectamente bien!…– decía insistentemente.

– Usted no está bien todavía. Ahora debe tranquilizarse y responder unas preguntas o le pondré un sedante para que no haga movimientos bruscos. –

Se quedó quieto por unos instantes. Volteó a verme con una mirada llena de tristeza y confusión, como un niño pequeño.

– ¿Qué ocurrió? ¿Por qué no me acuerdo de nada? –

En verdad estaba muy angustiado. Tuve que explicarle lo que había pasado. No me interrumpió ni una sola vez, lo que se me hizo muy extraño.

– Íbamos para la empresa, tú ibas manejando, de repente un automóvil rojo nos embistió, el impacto más grande fue de tu lado. En ese momento ibas a decirme algo importante. ¿Lo recuerdas? –

Solamente asentó con la cabeza.

– Llegaron los paramédicos y te sacaron de allí con mucho trabajo, el volante quedó incrustado en ti. –

Mientras le decía lo que ocurría miraba al vacío fijamente como si se fuera acordando.

– Tuvieron muchos problemas, te estabas desangrando muy rápido, tus órganos internos estaban muy dañados. Incluso tu corazón se detuvo en dos ocasiones. Lo más grave fue lo que ocurrió mientras estabas en coma…–

Volteó a verme con una expresión de interrogante.

– Tú tienes un tumor cancerígeno en el cerebro. No aparece en tu expediente médico, sin embargo tus estudios arrojaron que tenías sustancias en la sangre para contrarrestarlo. ¿Cómo puede ser eso posible?, ¿quieres explicarnos lo qué ocurre? –

No pronunciaba palabra y con la cabeza dijo que no. El médico entonces habló.

– Siento tener que ser tan insistente, pero necesitamos saber qué es exactamente lo que usted está recibiendo de tratamiento, y quién se lo está dando. ¿A caso no entiende la gravedad del asunto? –

Su mirada cambió y se tornó agresiva.

– ¿Qué problema puedo tener? Eso no es importante, sólo quiero irme de aquí. – dijo un poco agresivo.

– ¿Qué problema puede tener? ¿No se da cuenta? El impacto del choque fue muy grande, pudo haber afectado el estado inactivo de su tumor, podría estarse desarrollando… –

– ¿Y qué más da? Será mi problema y no el suyo. – estaba riéndose.

– ¿Cómo puedes decir eso? – le pregunté.

Me miró de nuevo

– ¡Déjenme solo!, ¡quiero estar solo!, ¡váyanse! – dijo gritando.

Parecía tener una crisis, entonces el médico ordenó aplicarle un tranquilizante. Se quedó dormido con una expresión de preocupación