Beyblade no me pertenece...
Edición a cargo de Hannika Adreatos
-oO0( Ojos del Corazón )0Oo-
Por Kiray Himawari
Capítulo XIII
Despertó hasta el día siguiente. Irina había regresado a la mansión para descansar y ocuparse de la casa ahora que Kai había despertado, quería tener todo listo para su regreso.
– ¿Estas más tranquilo? – le dije en cuanto abrió los ojos.
– Sí, pero quiero irme de aquí – me decía.
– Sé que no es grato estar aquí, pero necesitamos que estés completamente recuperado para poder ir a casa. No debes preocuparte ahora…–
En ese momento recordé las llamadas de Rusia y aunque dudé en comentarlo lo hice, parecían muy urgentes.
– No quiero que te estreses, pero necesito que me digas que es eso tan urgente por lo que te requieren en Rusia, han estado llamando insistentemente desde el accidente. –
Abrió muy grandes sus ojos y enseguida me dijo que saliera de allí. Salí sin remedio, no quería irritarlo, no era bueno para su salud. Me quedé en el sillón del pasillo, sin querer la puerta quedó entre abierta y escuché que Kai estaba haciendo unas llamadas, no entendí nada de lo que decía, hablaba en ruso. Después de un rato de haber terminado sus llamadas entré, no estaba dormido, más bien pensativo.
– ¿Te sientes mejor ahora que arreglaste tu asunto con los rusos? –
– No quiero hablar de eso. –
– Si no quieres, no lo haremos, pero necesito saber qué es lo que me ibas a decir el día del accidente, ¿tiene que ver con esto? –
Cerró los ojos y tomó aire.
– No… O mejor dicho de alguna forma tiene que ver. –
– ¿Cómo que de alguna forma? ¿Quieres explicarte mejor? –
– Yo no sabía nada, – decía intentado disculparse – lo que estoy a punto de decirte es algo que en definitiva cambiará las cosas, no estoy seguro si para bien o para mal. –
– ¿Es algo grave? Vamos, dímelo. –
– Yo…– titubeaba – Tú… Tú… Eres mi prima. –
– ¿De qué estás hablando? – pregunté desconcertada.
No entendía nada de lo que decía, no tenía sentido para mí. Su prima, su prima…
– ¿Es enserio lo que me estás diciendo? – cuestioné.
– Es muy enserio, lo supe en mi último viaje a Rusia – agachó la mirada.
Hubo un silencio muy incómodo, no sabía que decir, tampoco sabía si era bueno o malo.
– ¿Cómo lo supiste?, ¿quién te lo dijo?, no entiendo nada. –
– Es algo muy difícil de explicar y creo que no me siento bien para hacerlo ahora. –
Cerró los ojos mientras se quedaba dormido. Su energía se desgastaba muy rápido. Kai durmió durante todo el resto de la tarde. Cuando volvió a despertar yo seguía allí.
– Debes ir a descansar…– me dijo con tranquilidad.
– No puedo ni quiero irme. – repliqué en un tono que lo alteró de cierta forma.
– No te explicaré nada aquí. –
Dijo como si supiera lo que pensaba decir enseguida. Lo que me había dicho me intrigaba y perturbaba demasiado. Necesitaba saber que es lo que estaba pasando y las respuestas sólo las tenía Kai. No quería molestarlo, había tenido ya un mes muy difícil como para insistir en algo que podía esperar un poco más.
Una semana más tarde fue dado de alta y llevado a la mansión para que terminara su tratamiento allí. Su recamara fue acondicionada para que estuviera lo más cómodo posible.
– Ya no estamos en el hospital, no hay nada que deba impedirte explicarme que es lo que sucede. –
– Lo sé y lo que te diré no será muy agradable para ti, como tampoco lo fue para mí. –
– Entonces comienza ya. –
– Seguramente Irina te habrá contado la historia de la muerte de mi madre y la desaparición de mi padre, ¿verdad? –
– Sí, ya lo sé, pero ¿eso que tiene que ver con lo que me dijiste? –
– Quiero que me escuches con mucha atención, es muy complicado de entender y de explicar. Siempre quisiste saber porqué iba a Rusia tan seguido, es hora de que sepas la verdad…–
Estaba muy sorprendida de lo que comenzaba a decir, pero no era ni siquiera una mínima parte de lo que estaba a punto de decirme.
–… Soy el dueño de una empresa…–
– Sí, lo sé, trabajo allí…–
– No, déjame terminar. Soy dueño de una empresa rusa, una empresa que me fue heredada al morir mi abuelo. Esa empresa no es algo de lo que pueda presumir ni sentirme orgulloso. La forma en que esta empresa surgió no es muy común, así que comencé a investigarla al mismo tiempo que inicié una nueva búsqueda por mi padre que, como sabrás, nunca fue encontrado su cuerpo y sólo fue dado por muerto…–
– ¿Eso que tiene que ver? –
– Mi abuelo era un hombre muy conflictivo, fue padre de dos mujeres mi madre y tu madre…–
Eso era absurdo, mi madre no era rusa, ni siquiera tenía un nombre ni un apellido ruso.
–…Sé que estás sorprendida tanto como yo al principio. Nunca había escuchado de tu madre. Siempre creí que mi madre era hija única y que esa era la razón por la que yo había recibido esa empresa como herencia, nunca tuve conocimiento de más familia de mi madre. Pero la verdad es algo más complicado que eso. Tu madre se llamaba Galia, hasta que desapareció del mapa, también fue dada por muerta, al igual que mi padre. Sabiendo esto inicié de nuevo la búsqueda, quería saber más. Logré averiguar que la hermana de mi madre, Galia, había huido de Rusia hacia Japón con un hombre de esa nacionalidad. Al parecer a mi abuelo no le había gustado la idea de que su hija se enamorara de un hombre que no le convenía a su parecer. Galia luchó para que mi abuelo lo aceptara, pero eso no ocurrió y luego desapareció. Así llegaron ambos a Japón. Luego los investigadores me informaron de su asesinato, para ese momento todavía no sospechaba nada. La sorpresa fue cuando me dijeron de la existencia de una hija, mi prima. No sabía que pensar, por mi mente pasaba buscarla, pero eso no fue necesario según los investigadores, pues vivía bajo el mismo techo que yo. Eras tú. –
Volteó a verme con mucha melancolía.
– Eso que me dices es increíble, eso no…–
Me detuve por unos instantes, todo parecía tomar sentido.
– Ahora lo entiendo. – continué – Mi madre jamás habló de nada de eso y como mis abuelos no habían aceptado la relación de mis padres no le di importancia. –
Mis ojos se llenaron de lágrimas al saber la verdad.
– ¿Eso es lo que me ibas a decir el día del accidente? –
– Sí, yo no sabía cómo hacerlo. –
– Entiendo lo que te ocurría, no debe ser sencillo saber qué es lo que pasaba, mucho menos la impresión de saber que nuestros destinos estaban tan unidos. –
Ya Kai no dijo nada. Estaba muy agotado, su salud todavía no era la óptima. Salí de su alcoba. Pronto se quedó dormido. No sabía que hacer con lo que me había dicho, era muy extraño darse cuenta de que ya no estábamos tan solos como creíamos.
Salí a dar una caminata por el parque sombrío, luego de unas horas volví, ya era de noche, pasé a la habitación de Kai para ver como seguía pero no estaba. No quise alarmar a nadie y decidí buscarlo dentro de la casa antes de decir algo. Escuché el piano de nuevo. Entré a donde estaba el piano, era Kai.
– No deberías estar aquí, necesitas descansar…–
– Por eso tocas el piano, también era lo que solía hacer tu madre para ti. –
Eso era verdad, no me había percatado nunca de la similitud, ahora entendía porqué tocaba esa misma melodía que le encantaba a mi madre. Las lágrimas surgieron. De repente surgió una duda que no quería dejar pasar. Sequé mis lágrimas y pregunté.
– Ayer mencionaste una empresa, pero nunca dijiste empresa de que, ¿puedes decírmelo? –
En cuanto dije esto erró en las notas que tocaba, se detuvo, algo no estaba bien.
– No creo que quieras saberlo. –
– Eso quiero, saber. No debe ser tan complicado ni perturbador saber más de lo que ya me he enterado. –
– Si quieres saber te lo diré, pero no te agradará del todo. La empresa fabrica armas de todo tipo. –
No había entendido eso de 'todo tipo'.
– No es tan malo, es un trabajo al final de cuentas, ¿no es verdad? –
Rió irónicamente.
– No estás escuchando con atención, en la empresa se fabrican armas de todo tipo pistolas, arcos, cañones, armas prohibidas, armas de uso militar. Armas que ni siquiera han sido probadas. –
Inclinó la cabeza, como avergonzado. Estaba muy sorprendida de lo que me decía. Una situación muy contrastante una empresa de juguetes y otra de armas. ¿Cómo podía haber mantenido ese secreto oculto? Ahora entendía mejor porqué nunca quería decir lo que hacía en Rusia.
– Es por eso que no querías decirme a que ibas. Es verdad que no es digno de sentirse orgulloso. –
– Sabía que no te iba a parecer. –
Se levantó y caminó despacio.
– No lo dije por ofenderte, es sólo que lo entiendo. –
Continuó caminando y se fue a su alcoba. No estoy segura si lo ofendí, pero no estaba dispuesta a estar de acuerdo con lo que hacía. Igual me fui a mi cuarto. Había sido un día muy difícil para mí, traté de resolverlo de la mejor manera en mi mente.
