Todo lo que no reconozcan salió de mi imaginación.

Dedicado a la amistad, a mis pequeñas y pequeños que tanta felicidad me dan xD. Gracias mis queridas amigas por impulsarme a ser feliz =D.

Recuerdos

Rose soltó una risita al ver a su amigo como estaba: tirado cual ancho era en el suelo de piedra de la torre de Astronomía, profundamente dormido y babeando. La pelirroja tomó su cámara fotográfica y sacó una foto, luego podría sobornarlo con ella.

Se sentó a su lado y comenzó a saborear una rica barra de chocolate de Honeyduckes. Ambos estaban cansados a pesar de que era su último día en Hogwarts, pues los TIMOS les habían exprimido toda la energía que poseían.

Comenzó a reír escandalosamente cuando su amigo formó una sonrisita diabólica con sus labios.

Scorpius la miró molesto cuando lo despertó.

-Estaba soñando que arrojaba a Brad Adams al lago y el calamar gigante se lo comía.

Rose borró la sonrisa de sus labios y viró la mirada, aún le dolía hablar del idiota de su ex novio, quien la había dejado alegando que estudiaba demasiado. Ella había confiado en él y él sólo se fue.

-No, Cerecita, no quería molestarte- dijo Scorpius de inmediato, incorporándose y envolviéndola en un abrazo.

-No importa- dijo ella encogiéndose de hombros intentando forzar una sonrisa.

Había estado deprimida esa última semana de clases, pero con el apoyo de sus amigos y primos, comenzaba a salir adelante; quizás era simplemente que no estaba preparada para dejarlo ir.

Se dejó abrazar por Scorpius mientras pensaba que lo extrañaría ese verano, su sonrisa que siempre lograba hacerla sonreír de vuelta, sus comentarios extraños y divertidos junto con sus teorías chuscas y a la vez imposibles sobre cómo hacer gritar a Hagrid. Se llevó una mano al cuello como reflejo, donde portaba una de sus más valiosas posesiones, mientras recordaba…

-Somos patéticos- dijo Rose dejando su taza de chocolate.

Scorpius frunció la boca en señal de que estaba buscando cómo rebatir aquello, pero al no encontrar respuesta, mordió su pastel de calabaza.

-Es decir, míranos- siguió Rose señalando a su alrededor- tenemos 14 años, es San Valentín y estamos en las cocinas con los elfos; sin ofender, chicos- dijo Rose con una sonrisa de disculpa a los elfos.

Scorpius rió simuladamente.

-Somos adolescentes con las hormonas alborotadas y no tenemos una cita para este día- concluyó cruzada de brazos.

Scorpius negó con la cabeza en señal de que su amiga no tenía remedio.

-Sí, es cierto, pero no tenemos la culpa de que quienes nos gustan no lo saben. Además no estoy seguro de saber cuál es la prisa.

Rose se sonrojó.

-Mis primas siempre hablan de su primer beso- explicó con un poco de vergüenza-. ¡Incluso Lily! Y eso que tiene 12 años… Victorie se ha besado con algunos, excepto ahora que sólo está con Teddy… James es un rompecorazones y bueno… sólo me sentía algo excluida.

-Y querías que tu primer beso fuera hoy- razonó el rubio.

-Pues sí, tengo curiosidad- afirmó ella.

A decir verdad, Scorpius también tenía curiosidad.

-¿Te has besado con alguien?- preguntó Rose tomando más chocolate; pareciera que hablaba del clima.

Scorpius la miró como si los torposoplos le hubieran comido el cerebro.

-¿Y dices ser mi mejor amiga? A menos de que mi póster de la capitana de las Holyhead Harpies tomara vida, ya habría besado a alguien- Rose rió, sabía que era el amor platónico de su amigo-. Ya te lo habría dicho, ¿no lo crees?

Rose le ofreció una sonrisa de disculpa.

-Perdona.

Scorpius se encogió de hombros.

-¿Quieres ir a volar un rato?- preguntó.

Rose sonrió traviesamente y luego salió corriendo gritando "alcánzame, tortuga" a todo pulmón.

Scorpius fue tras ella corriendo lo más rápido que podía. Cuando llegó al campo, Rose ya había convocado las escobas y estaban en el suelo. Sonreía con suficiencia.

-Eso fue trampa- rezongó el rubio jadeando y con los brazos cruzados.

-No seas niña, Scorpius- dijo la pelirroja sacándole la lengua- ¿por qué no vienes?- preguntó Rose al ver que su amigo no la seguía para tomar las escobas.

-San Valentín también es día de la amistad, ¿verdad?- dijo el rubio mostrándole una cajita de regalo.

Rose lo miró atónita. Ese chico siempre la sorprendía.

-Más vale que eso sea para mí, porque si no estoy haciendo el ridículo- rió ella tontamente- no tenías que darme nada.

-Quise hacerlo- contestó él sonriente-. Anda, ábrelo Cerecita.

Rose tomó la cajita y la abrió. Estaba realmente impresionada, a leguas se veía que su amigo lo había hecho con sus propias manos; era un collar de listón azul rey con un dije de plata que simulaba el movimiento del mar con unas ondas, cuando lo vio más de cerca se dio cuenta de que tenía agua de verdad.

Rose le dio un fuerte y asfixiante abrazo a su amigo.

-Rose, me ahogas.

Cuando alzó la vista vio a la pelirroja con los ojos aguados.

-Es el mejor regalo del mundo- dijo sinceramente.

Scorpius sonrió.

Rose comenzó a ponerse nerviosa cuando el rubio se acercó más a ella.

-¿Sigues queriendo ese beso? Porque también tengo curiosidad…

Rose sonrió.

-Supongo que si voy a hacer el ridículo mejor que sea con alguien que conozco- afirmó.

Scorpius se acercó un poco más, no muy seguro de dónde poner las manos. Al final optó por al cintura. Rose estaba nerviosa, pero lo abrazó por el cuello y se acercó más a su rostro. Cerraron los ojos y cuando se dieron cuenta sus labios ya se tocaban.

Era algo que Scorpius no había probado nunca antes, los labios de Rose eran suaves y dulces, pero aún así era extraño. Rose concordaba, quizás no había sido tan buena idea.

Cuando se separaron segundos después, no pudieron reprimir una carcajada.

-No sé por qué hacen tanto alboroto con eso- dijo Rose separándose de él y tomando su collar. Se lo puso rápidamente y montó su escoba.

-Carrera a la cabaña de Hagrid- retó Scorpius.

Sí, él tampoco sabía por qué el alboroto.

-¿Qué pasó? Dime que no te volviste loca…

-No, idiota, sólo recordaba- contestó Rose sacándole la lengua a su amigo.

A Scorpius le pareció ver un destello de ese brillo característico de su amiga antes de ser abandonada por ese imbécil.

-¿Qué recordabas?- preguntó él quitándole la barra de chocolate de las manos y dándole un mordisco.

-Que eres mi oxigenado favorito- contestó ella revolviéndole el cabello.

A la pelirroja le pareció escuchar algo como "cursi" salir en forma de gruñido de la boca del rubio mientras se acomodaba el cabello.

Pero a Rose no le importaba mostrarle a Scorpius sus sentimientos, con él todo era más fácil que con nadie más.

Y así, entre risas por ver quien se comía el último pedazo del chocolate favorito de ambos, Rose recordaba de nuevo…

-Anda, Rosie, no te pasará nada- dijo el rubio aburrido mirando a su amiga con exasperación luego de media hora de lo mismo.

Una Rose de trece años se detenía de la pared como podía, resbalando con los patines que Scorpius le había obligado a utilizar.

-No, no me voy a mover de aquí- dijo ella con los ojos fuertemente cerrados.

Habían ido a una pista de hielo que estaba cerca del pueblo. Como eran vísperas navideñas, Scorpius creyó que sería buena idea ir y así enseñarle a su amiga a patinar. Él se movía con soltura por todos lados, causando la impresión de los que estaban por allí, que eran muy pocos.

-Bien, ¿qué te parece esto?- propuso el rubio-. Te llevo yo de las manos y así te enseño, ¿está bien? Prometo no soltarte- dijo solemnemente.

Rose abrió un solo ojo asustada y lo miró. En sus ojos había sinceridad y sólo por eso se atrevió a separarse de la barra y tomarlo por los brazos.

Scorpius sonrió satisfecho y comenzó a indicarle cómo colocar los pies y las rodillas.

-No te pongas nerviosa, sólo disfruta- le dijo.

Rose lo miró con cara asesina. Scorpius rió para sus adentros.

-Hey, esto es fácil- dijo Rose alegremente una vez que avanzaron un poco.

-Lo sería más si tuviera circulación en los brazos- dijo el rubio lagrimeando.

Rose lo soltó en acto reflejo para no seguirlo apretando, pero dio un paso en falso; Scorpius trató de detenerla, pero ambos fueron a dar fuertemente al piso.

Pronto comenzaron las risas histéricas.

Y ese día, cuando regresaban a casa con el trasero congelado, Rose sonreía, porque sabía que siempre que cayera, Scorpius estaría allí para sostenerla.

-Me vas a cartear ¿verdad?- preguntó Rose cuando ya estaban quedándose dormidos, abrazados bajo las estrellas como hacían cada fin de semestre.

-Claro- dijo el rubio sonriendo mientras cavilaba sobre eventos pasados…

Scorpius se había roto una pierna mientras surfeaba, había caído y accidentalmente se había golpeado con unas rocas. Lo peor era que ahora tenía que estar en cama todo el tiempo, con una comezón de los mil demonios porque su madre quería darle una lección sobre la seguridad y bla bla bla, llevándolo a un hospital muggle en vez de a San Mungo. Se aburría a horrores, él no era de los que les gustara estar quietos.

Tenía la música a todo volumen, pero aún así alcanzó a escuchar que alguien tocaba el timbre, creyendo que era alguna vecina, no le dio importancia y siguió mirando al techo mientras las melodías entraban en su cabeza…

Sometimes we don't say a thing,

Just listen to the crickets sing

Everything I need is

Right here by my side.

-¿Taylor Swift?- preguntó una voz que lo hizo sobresaltar y dar un respingo, mas su rostro se iluminó al ver a su mejor amiga pelirroja entrar con una mochila en su espalda.

-¡Rose!- exclamó dramáticamente- ¡Al fin llegas!

-Pues claro- dijo ella riendo y yendo a sentarse al lado de él- sabes que no me pierdo la oportunidad de verte en pijama.

Scorpius se sonrojó, llevaba dos días con la misma playera holgada y los shorts.

-Era broma, idiota- rió Rose alegremente.

Scorpius le sacó la lengua y miró esperanzado la mochila.

-Mis padres me dieron permiso de quedarme unos días- dijo la pelirroja con una sonrisa-. Tu madre me lo pidió, para así hacerte compañía, dice que has estado de un humor de perros.

-Espera estar acostado todo el día con esto en la pierna y la misma música ¬¬- gruñó el chico.

Rose no discutió.

Comenzó a sacar revistas de quidditch, Corazón de bruja (les gustaba burlarse de las tonterías que escribían allí) y muchos, muchos dulces.

El rubio recordaría ese como uno de los mejores fines de semana de su vida, durmiendo hasta muy noche hablando, riendo y jugando uno que otro juego de cartas muggle.

Así que cuando Rose se marchó, prometiendo que lo visitaría una vez a la semana hasta que su madre decidiera enviarlo a San Mungo, Scorpius salió de la casa, manejando torpemente las muletas y se dirigió a una tienda; quizás si le hacía un regalo a Rose del día de la amistad del siguiente año, podría demostrarle lo mucho que la apreciaba.

Al día siguiente regresaron a sus hogares, prometiendo verse cuando Rose visitara a los Granger.

Hola!

Como ven, estoy muy comprometida con esta historia, la tengo prácticamente ya hecha, sólo necesito sus comentarios para saber si les gusta, me hacen muy muy feliz xD. Olvidé decirles que no será una historia larga, para no hacerlas esperar tanto.

Gracias a quienes me dejaron comentarios.

Mil besos y abrazos para todos los que leen esta locura xD

Las amo!