Todo lo que no reconozcan salió de mi imaginación.
Torre.
-¡Scorpius!- exclamó Rose corriendo a toda velocidad bajo las miradas curiosas de quienes estaban adentro del tren en ese momento.
El rubio sólo atino a cerrar los ojos, sometiéndose al impacto de la pelirroja, que lo había tirado literalmente al piso.
-Yo también te quiero, Rosie- dijo Scorpius lagrimeando, sin embargo, ambos reían.
-Tus huesos se encajaron en mis costillas- se quejó Rose en broma.
El rubio levantó la ceja.
-Eres tú la efusiva, no yo.
Rose le sacó la lengua y luego le dio un gran abrazo.
Scorpius le dio un beso en la mejilla a su amiga y la ayudó con su mochila.
-No vuelvas a desaparecer así, mis vacaciones fueron aburridas sin incordiar a tu padre- dijo Rose con carita de perrito mojado. Desde que pasaba tiempo en casa de Scorpius, dos o tres días cada vacaciones, Draco sufría de los comentarios graciosos de Rose, sin poder hacer otra cosa que negar con la cabeza y pedirle paciencia a Merlín.
Scorpius soltó una carcajada y la tomó por la cintura, abrazándola mientras buscaban un buen compartimiento. No fue muy difícil, ya que regresaban de las vacaciones navideñas y algunos se habían quedado en el colegio.
-Yo también te extrañé, pero ya sabes cómo es mi abuelo y no quería hacerte pasar un mal rato, como el año pasado, ¿recuerdas?
Rose se puso pálida. Ese hombre no era nada parecido a Draco y aún creía en la pureza de sangre.
El resto del viaje se la pasaron en un compartimiento vacío, cada uno tumbado boca arriba en un asiento, comiendo golosinas muggles que Scorpius había llevado y hablando un poco de todo. A pesar de eso, ambos comenzaban a fastidiarse, pues las niñas pasaban a cada momento sólo para ver a Scorpius, cuchicheaban entre ellas y soltaban risitas tontas, sólo para volver a irse.
-¿Cambié mucho en las vacaciones?- preguntó el chico luego de que la veinteava chica de quinto año pasara.
Rose lo miró y suspiró cansinamente. Pobre iluso…
-No en estas, desde el verano que estás diferente- contestó ella simplemente.
Él frunció el ceño.
-¿Diferente en qué sentido?
Rose habría querido evitar esa pregunta, pero tenía que ser sincera con él.
-Haces quidditch, surf… ¿eso acaso no te dice algo?
Contrario a lo que pensó Rose que iba a suceder, el rubio no se sonrojó, sólo la miró pícaramente. Tenía una personalidad muy impredecible.
-¿Y cuándo pensabas decirme que estoy que me caigo de bueno?- preguntó con falso egocentrismo.
Rose soltó una carcajada, a la que pronto se unió Scorpius, terminando ambos en el suelo del compartimiento intentando controlar las risas que les habían hecho doler el estómago.
-Te extrañé, cerecita -dijo Scorpius con sinceridad viéndola a los ojos. Siempre que estaba con ella se olvidaba de todo el mal que había a su alrededor, pues sólo existían Rose y su risa.
La pelirroja le sonrió y lo besó en la mejilla con ternura. Se abrazaron por mucho tiempo, no les importó la incomodidad de estar tumbados en el piso del compartimiento, en ese momento sólo les interesaba el hecho de que estaban juntos de nuevo, aunque sólo hubieran sido dos semanas de ausencia.
Rose notó algo extraño en el comportamiento de su amigo, parecía triste por alguna razón, pero ahora no quería arruinar el momento, mejor le preguntaría después.
Al llegar al colegio, Scorpius acompañó a su amiga hasta su sala común en Ravenclaw, mientras que él fue a su dormitorio en Hufflepuff, prometiendo verse después de la cena en la torre de astronomía.
Lo que más le gustaba a Rose de un comienzo de semestre era ver a Scorpius en la torre, donde llevaban miles de mantas y veían el cielo estrellado por horas hasta quedarse dormidos. Ese era su santuario, el lugar donde ambos se ocultaban del mundo para defender su amistad y reírse un rato o hablar de asuntos serios.
-Mi abuela murió- soltó el rubio de repente, como si aún estuviera asimilándolo-. Por eso fue que no te pude ver en vacaciones, me la pasé en San Mungo.
Su voz se había ahogado, haciéndolo soltar una lágrima involuntaria. Desvió la mirada para que Rose no lo viera, pero ella no lo dejó, tampoco dijo nada. Sólo le acarició la mejilla maternalmente. Él apoyó su cabeza en el hombro de su amiga y se abrazó a su cintura con fuerza, oliendo el perfume de su cuello.
Esa noche especialmente, Rose mimó a Scorpius hasta hartarse, se entendían sin palabras, con simples miradas o caricias discretas. Scorpius se acostó en el suelo, usando las piernas de Rose como almohada y ella acarició su cabello, sus orejas, sus mejillas, su frente y su espalda hasta que éste se durmió. Sabía que necesitaba algo de paz y, no sabía si decirlo con orgullo o no, sólo ella podía dársela.
Cuando el rubio se quedó dormido, Rose se recostó a su lado y lo miró. Sus pestañas descansaban sobre sus mejillas, su nariz estaba algo roja por el frío y tenía el semblante serio. Se sintió mal por verlo así, tomó más cobijas, lo arropó bien y poco a poco ella también se quedó dormida.
Rose/Scorpius
-Así que… Weasley, ¿no?- dijo uno de los chicos del dormitorio de Scorpius, con quien no tenía mucha comunicación, generalmente sólo hablaba con Dylan.
Scorpius lo miró levantando una ceja.
-¿Qué hay con ella?- preguntó Scorpius encarándolo.
-Te acostaste con ella, ¿o no?
Los demás los miraban expectantes.
-¿De qué demonios estás hablando?- preguntó Scorpius dejando su plato a un lado.
-Bueno, no apareces en toda la noche, además no puedes decirme que esa chica no está buenísima, la mayoría se muere de ganas por saber qué hay debajo de esa túnica, no sé si me entiendes. Tengo entendido que Mathews lo sabe bien…
Scorpius enfureció y simplemente no lo pensó.
Un segundo después el chico estaba en el suelo del comedor, sangrando profusamente por el puñetazo que Scorpius le había proporcionado. Mathews había sido un idiota, igual el que se retorcía de dolor en el piso. Aún recordaba la carita de dolor de Rose cuando le contó que su amor platónico la había tratado como si de un objeto se tratara… además de todo, había corrido el rumor de que Rose era una zorra.
Scorpius miraba el lago con suma concentración, esperando encontrar algo allí. Se sentía un idiota por no haberle pedido a Tanya Stewart que fuera con él a la visita a Hogsmeade, y ahora ella estaba en algún lugar tomada de la mano de alguien que no era él, seguro que se había estado besando bajo la lluvia que acababa de parar hace tres minutos, pensó con desdén.
-Scorp…- dijo una voz ahogada detrás de él.
El rubio volteó, encontrándose con la sorpresa de una Rose completamente empapada. Su rostro estaba contraído en una mueca de dolor por evitar el llanto; se sentía ofendida y humillada.
Scorpius se levantó más rápido que un rayo y la abrazó fuertemente con todo su cuerpo. Rose no lo soportó más y se soltó a llorar, llenando la camiseta de Scorpius con sus lágrimas y aferrándose a él como si fuera lo único en el mundo. Y el rubio simplemente estaba allí con ella, llenándola de todo el amor que le era posible.
-Gracias- dijo ella aceptando un pañuelo de su amigo. El llanto había casi desaparecido, pero él no dejaba de abrazarla y acariciar su cabello-. No llevábamos ni media hora juntos y él ya se había ido con sus amigos, piropeando a cuanta chica se le pasaba en frente, yo me quería ir y cuando me preguntó a dónde iba me tomó por los brazos y me besó a la fuerza.
Scorpius enrojeció de furia, pero sabía que Rose le prohibiría hacer algo, así que se quedó callado un rato más.
-En cuanto entremos al castillo- comenzó a decir Scorpius minutos después- no quiero más caras tristes, ¿de acuerdo? Cualquier chico se moriría por estar contigo, Rosie, sólo mírate-. Y se separó un poco de ella para apreciarla bien, mala idea si consideramos toda el agua que había de por medio, Rose sólo se echó a reír al ver la cara de vergüenza de su rubio. Él sería la única persona a la que no le importaría que la viera en ese estado, era tal su confianza que sabía que él la iba a querer así la haya visto en pijama y acabada de despertar.
-Me has visto en bikini ¿y te sonrojas con esto?- dijo aún riendo.
Scorpius le ofreció su capa un tanto avergonzado y evitó mirarla a los ojos.
Pero esa noche se fue su vergüenza, pues por primera vez unió fuerzas con Albus Potter para hacer sufrir a ese infeliz que había intentado jugar con Rose.
Fin de Flash Back
-Pero profesor…
-Nada, señor Malfoy, sabe que las peleas no son toleradas- decía Neville Longbottom, el profesor que había presenciado el golpe.
-Pero estaba insultando a Rose- intentó explicarse el rubio.
-Esa no es…- iba a decir Neville, pero se detuvo a media frase-. ¿Cómo que insultando a Rose? Nadie insulta a mi sobrina y se queda tan tranquilo.
Scorpius lo miró sorprendido, nunca lo había visto así de molesto. Sabía que el hombre quería mucho a Rose, pero no hasta al punto de considerarla su sobrina.
-Ese… jovencito tendrá su castigo y tú… bueno, digamos que te pondré a escribir una línea de "no debo pelear con imbéciles en el comedor"…
Scorpius evitó reír, tomó pergamino y pluma y lo escribió.
Neville lo leyó y sonrió.
-No sé qué opinen los demás profesores, pero ya cumpliste tu castigo, puedes irte.
-Gracias, profesor.
Scorpius salió feliz del despacho. Se había librado de un buen castigo y ese idiota recibiría su merecido.
Al doblar la esquina se topó con Rose, que lo miraba con las manos en la cintura como si lo fuera a regañar. Scorpius la enfrentó con la mirada.
-Deberías aprender a controlarte- le dijo ella mientras caminaban hacia su primera clase del día.
Scorpius la miró indignado.
-¿Te defiendo y es lo único que me dices?
Rose lo miró y alzó una ceja. Estaba acostumbrada a que el chico hiciera eso.
-No es excusa para romperle la nariz a alguien, Corpy- contestó ella, pero lo tomó por el brazo y lo arrastró hasta el aula de Transformaciones.
En el camino, más chicas de lo normal lo veían y lo saludaban, lo cual lo desconcertó.
-¿Y ahora qué pasa?- preguntó él a su amiga en voz baja.
Rose soltó una risita burlona.
-Todas quieren hablar con el defensor de mujeres Scorpius Malfoy, el chico que resguarda a su amiga.
El rubio se sonrojó y le sacó la lengua.
La clase transcurrió tranquila, excepto por el hecho de que los chicos molestaban a Scorpius por creer que era novio de Rose.
"Envidiosos" pensaba Rose con suficiencia.
Fueron los últimos en salir del lugar por seguir discutiendo el asunto del puñetazo con el compañero de su casa, pero al doblar una esquina, Scorpius chocó con alguien y casi cae al suelo por el impacto.
Al levantar la vista, observó unos ojos preciosos observándolo desde el piso. El rubio le ofreció la mano a la chica, con la que nunca había hablado.
Rose se fue para darle privacidad, mientras una sonrisa se extendía por su rostro. Ya era hora de que su amigo se fijara en alguien.
Hola!
Perdonen que no subiera antes el capítulo, pero ha sido una semana muy extraña y aparte estoy en exámenes ¬¬
Espero les haya agradado. Infinitas gracias a todos por sus maravillosos comentarios, me alegran el día, en verdad.
Mil besos, abrazos y Scorpius para ustedes xD
Nos leemos!
