Acá les dejo la segunda parte de "Más quiero, más odio". Traté de poner muchas emociones fuertes en Liet y en Feliks, espero que se note un poco D: Disfruten!
Aquella noche pasó muy lentamente, casi interminable. Ninguno de los dos pudo pegar ojo, ambos se sentían culpables por lo que había pasado; al menos compartían el mismo dolor por herirse con palabras. Pero el lituano estaba determinado a arreglar las cosas, tanto así que se mentalizó para quitarse los constantes mareos y así estar totalmente sobrio para cuando se acercara al polaco, porque sabía que cuando él se enojaba de esa manera, ni el mismo ruso podría contra su mal humor.
Por eso decidió salir temprano, muy sigilosamente, tomó su autito de segunda mano y se dirigió a las afueras de Polonia, en busca de algún lugar que pudiera llegar a relajar al joven de orbes esmeralda. Ese viaje le ayudó a meditar ciertos aspectos muy interesantes que no podía dejar más tiempo pendiente: ¿a quién debería elegir? ¿Realmente esto era una competencia? ¿O es que acaso él siempre tuvo la respuesta pero simplemente no supo cómo afrontar la situación? Todo esto lo mareaba mucho, y tanto recorrido por el campo no le ayudó a buscar una respuesta, por lo que volvió a la casa del polaco totalmente agotado mentalmente, pero aún determinado a conseguir su perdón. Sin embargo sintió que algo fallaba en su "plan" cuando intentó abrir la puerta y notó que estaba cerrada con llave. Tuvo un mal presentimiento que lo desesperó, y sin pensarlo tocó el timbre, algo nervioso. Escuchó unos pasos desde el interior de la casa que se aproximaban a la puerta y que en un momento se detenían para luego volver a desaparecer.
- ¡Feliks, soy yo! Por favor ábreme. –intentó decir de forma calmada el lituano, que parecía tener el corazón en la boca. Escuchó que los pasos volvían hacia él con más intensidad que antes.
- ¡Tipo que no te pienso abrir la puerta, así que no te molestes en esperar!
- Para mí no es ninguna molestia, me quedaré aquí hasta que decidas abrirme. Te esperaré todo el tiempo que sea necesario… -inesperadamente vio como la puerta se abría de par en par con fuerza, y observó la mirada distante del polaco que lo amenazaba peligrosamente. Tenía miedo, no podía negarlo.
- Escúchame bien: tipo que no pienso perdonarte, o sea, bajo ningún punto de vista; no quiero escucharte ni mucho menos voy a dejar que me toques, desde este momento no quiero saber más nada de ti.
- Lo entiendo Feliks, –le dijo intentando no sentirse afectado por sus palabras- pero no he venido a darte explicaciones… -se acercó a su auto, abrió la puerta delantera y sacó un hermoso ramo de flores, el cual se lo dio al polaco, sonriendo algo nervioso.- Espero que te gusten, son unas flores que no se encuentran por estas zonas de Polonia, pensé que te gustaría porque son parecidas a las rosas…
El polaco se quedó mirando las flores con indiferencia, luego volvió a mirar al lituano.
- ¿Y qué hago yo con esto?
- Um, bueno… -poniéndose más nervioso, comenzó a sentir que no podía ni mirarlo a los ojos.- Cuando los vi no pude evitar pensar en ti; son muy hermosas y tienen un aroma único, además que son diferentes al resto de las flores…
- Eso no me explica para qué me sirven… -queriendo cerrar la puerta, el lituano se apresura a detenerle.
- ¡Son flores, Feliks! ¡Y son tan hermosas como tú! No hay más que explicar…
- ¿Así que son tan hermosas como yo? – le devuelve el ramo con violencia, haciendo que a algunas flores se le desprendieran sus pétalos- Toma, ve a decirle lo mismo a Iván, seguro que él sí se lo creerá.
El castaño tenía unas ganas de llorar increíbles; le hacía tan mal escucharlo a Feliks hablar así, tan frío y cortante, lleno de odio y tristeza. Pero no podía bajar los brazos, no podía…
- S-son muy caras, Feliks… Trátalas con más cuidado que son delicadas…
- ¿Qué? O sea, no pensarás gastar dos ramos de flores, ¿verdad? –le espetó con cruel ironía- Mejor dale este ramo y te evitarás un gasto.
- ¡No digas eso! –exclamó el lituano, conteniéndose- Estoy tratando de arreglar las cosas contigo, ¡no me interesa nada más!
- Pues a mí no me interesa. –declaró el polaco tirando el ramo al suelo con desdén y tratando de cerrar la puerta, pero el joven báltico intentó detenerle nuevamente.
- T-Te quiero llevar a un lugar muy bonito, está a las afueras de Polonia. -le dijo, intentando mantenerse firme y no llorar- Me encantaría que vinieras conmigo…
Feliks lo fulminó con la mirada, como si ya no pudiera contener el desprecio que emanaba de su ser y que intentaba ser oprimido. Toris tembló al sentir cómo esos orbes esmeraldas se clavaban sobre los suyos enérgicamente, y bajó la mirada sin poder evitar sentirse deprimido. Pero le sorprendió escuchar algo que no se esperaba después de propiciarle aquella feroz mirada.
- ¿Qué es ese lugar?
- E-es una sorpresa. Feliks… -levantó la mirada, confundido pero muy dolido- tú no me odias, ¿o sí?
- Claro que no... –suspiró el polaco de forma no convincente, acercándose al auto y esperando con seriedad.- ¿Piensas llevarme o qué?
El lituano creyó que eso sería peor, terminarían enfrentándose más. Pensó que debería haberle dado tiempo para que asumiese la idea, pero quizás eso sería aún peor, por lo que se esforzó para no arrepentirse de esa idea y dejar plantado al polaco, para que se llenase aún más de odio, y eso era lo último que quería porque así era suficiente… Entonces decidió acercarse al auto también, abriéndole la puerta con una sonrisa algo temblorosa, viendo como el rubio revoleaba los ojos sin poder ocultarlo, y se sentó tranquilo en el asiento mirando sus manos; Toris se sintió demasiado incómodo después de aquella mirada, pero creyó que esa oportunidad no podía ser desperdiciada. Dijo en voz baja con tono suplicante:
- Por favor, dame la fuerza para seguir con esto…
Entró al auto y cerró la puerta con fuerza, mirando al polaco con curiosidad al verlo acariciando a escondidas una pequeña florcita rosa, con la mirada perdida en el limitado paisaje que le propiciaba la ventana del automóvil, y no pudo evitar sonreír al pensar que quizás no todo estaba perdido.
Finalmente emprendieron viaje hacia la ruta, apreciando primero las calles sin mucha concurrencia hasta llegar a la carretera, observando los caballos y las vacas que pastoreaban por aquellas zonas. El polaco se distrajo mucho mirando aquellos animalitos que le inspiraban tanto amor, olvidando incluso a su preocupado compañero que intentaba sacar un tema para hablar y desvanecer la constante tensión que lo estaba consumiendo; decidió hablarle acerca de la única cosa que parecía estimularlo en ese momento y comentó acerca de una linda vaquita con una supuesta manchita con forma de corazón que aparentemente había visto. El rubio giró rápidamente la cabeza para mirar y no vio tal cosa, volviéndose otra vez con la mirada enfadada.
- Tipo que eso no es cierto.
- Es que pasamos muy rápido, pero sí es cierto. –sonrió el lituano al verlo hacer puchero- Ah, ¿no es lindo ese caballito? Parece muy pequeño todavía…
- ¿Por qué?... –le interrumpió de repente el polaco, mirándolo con el ceño fruncido- ¿Por qué me tratas como un niño? ¡Por tu culpa ya soy un adulto ahora, así que no me hables más así!
El lituano tragó saliva al escucharlo decir eso y concentró su vista totalmente en el frente de la carretera, dejando a un lado los caballitos y las vaquitas.
- Perdona, no sabía que te habían dejado de gustar los animales… Ey, yo pensé que tú ya eras un adulto desde antes, ¿no?
- Me refiero a lo del sexo. –respondió directamente el polaco, poniendo los ojos en blanco y dejando a su compañero con un nudo en la garganta.
- No digas eso, suena muy mal…
- Eso es lo que fue, ¿verdad? Por lo menos para ti…
- ¡Claro que no! –exclamó el lituano sin poder contenerse mucho.- Para mí fue algo hermoso y no lo cambiaría por nada. En serio lo digo.
- Ojalá hubiera sido tu primera vez, ¿no? –dijo con sorna mientras desprendía con odio los pétalos de la flor que, hacía unos minutos atrás, estaba acariciando con extraña ternura.
- Entiendo cómo te sientes, Feliks…
- ¡No, no lo entiendes! –dijo totalmente enfurecido y encendiendo su mirada con fuerza- ¡Tipo que yo he disfrutado de verdad ese momento, lo había deseado desde hace muchos años! ¿¡Cómo vas a entender algo así si te estuviste acostando con un maldito bastardo!
- ¡Bueno, basta! –detuvo el auto frenéticamente y le miró con indignación, respirando agitadamente. El polaco sonrió con triste ironía.
- ¿Lo ves? Tipo que yo no puedo decir que él es un maldito bastardo, pero tú puedes acostarte conmigo fingiendo amor para luego clavarme el puñal por la espalda, ¿verdad?
- ¡Yo no sería capaz de hacerte algo así! –arbitró el lituano con unas primeras lágrimas en los ojos, tentándose a la desesperación.- ¿¡Cómo puedes pensar semejante cosa!
- ¡Porque lo has hecho! Ese es el problema, ¡que me mataste por dentro pero ni siquiera te has dado cuenta! –comenzó a ponerse nervioso también, y se decidió a salir del auto conteniendo las lágrimas, pero el lituano lo tomó con fuerza del brazo y le miró fijamente a los ojos.
- Por favor mi Feliks, no te vayas…
- Ya no soy más tuyo.
- Realmente quiero que lo seas.
- Hay alguien más en tu vida, no lo niegues.
- Quiero arreglar las cosas contigo, sólo contigo… ¿Me darías otra oportunidad?
El polaco lo miró unos segundos y dejó de forcejear para acomodarse nuevamente en el asiento, mirando con enojo por la ventanilla y quitándose unas pequeñas lágrimas con discreción. Toris sintió su corazón latir con fuerza y se enjugó también las lágrimas, acelerando otra vez y guardando silencio, como debió haberlo hecho desde el primer momento.
