Todo lo que no reconozcan salió de mi imaginación
Dedicado a todas las lindas personitas que se han pasado a leer esta historia =D. ¡un beso y un abrazo inmensos!
Brisa Marina.
-Es por Malfoy, ¿verdad?- adivinó Albus cuando llegaron a su casa.
Albus no había cambiado mucho con los años, al menos no de físico, pero en personalidad era una de las personas más maduras que Rose conocía, aunque a veces se portara como niño cuando de Scorpius se trataba, pues seguía siendo igual de celoso.
A pesar de aquello, ambos seguían conservando su misma amistad fuerte de la infancia, así que cuando lo vio fuera del Ministerio, Rose se sintió aliviada.
-Sí, es por Scorpius- afirmó Rose tomando el vaso con limonada que Albus le había ofrecido luego de que tomara asiento en la pequeña sala iluminada con la luz natural del sol que entrababa por una gran ventana.
-¿Te hizo algo?- preguntó Albus indeciso, pues no podía descifrar la mirada de su prima, que miraba al vacío con tristeza y a la vez con emoción.
Rose no consideró que fuera buena idea contarle a Albus sobre la maravillosa noche que había pasado entre los brazos del rubio.
-No sé desde hace cuánto que estoy enamorada de él- soltó mirándolo como si él pudiera decirle la respuesta a sus interrogantes.
Albus sonrió comprensivamente y se sentó a su lado. Rose recargó la cabeza en el hombro de su primo y éste le acarició el cabello.
-Yo creía que ya te habías dado cuenta- dijo él, sorprendiéndola.
-¿Tú…?
-Rose, por favor, todos saben que entre tú y él hay algo más que amistad, siempre lo ha habido- dijo él tranquilamente.
A Rose le zumbaba la cabeza, no podía creer que hubiera estado tan ciega.
Aunque la idea de ver a su prima siendo novia de alguien (independientemente de que fuera el rubio o no) era desagradable, sabía que Scorpius la quería incondicionalmente; ya desde hace mucho tiempo se había resignado a que eran el uno para el otro.
-¿Él lo sabe?- preguntó Albus.
Rose suspiró y sus ojos se aguaron.
-Se marchó, consiguió el empleo en Francia y volverá en seis meses.
La pelirroja comenzó a llorar, no había querido admitir hasta ahora lo mucho que le afectaba su partida.
-Quiero decir, fue un acuerdo nuestro, pero…
Albus la abrazó con cariño y cierto odio hacia el rubio. Era bien sabido que no era de su agrado por creer que se robaba a su prima, pero a fin de cuentas era la felicidad de Rose y si podía hacer algo por ayudarla… lo haría.
Esa noche al regresar a su apartamento, Rose sintió que estaba vacío, algo le faltaba y sabía bien qué era. Parecía que todo había perdido el color, por más estúpido que eso pareciera. La esencia de Scorpius estaba plasmada en cada rincón del lugar, haciéndola sentir que la separación era aún mayor.
En un intento de sentir que Scorpius estaba con ella, tomó una llave y se dirigió al apartamento de su… ¿amigo? Ya no sabía cómo llamarlo, porque su novio aún no era. Entró. Todo seguía igual como estaba hace horas cuando lo dejaron, impecablemente limpio y ordenado. Aún así, el aroma de su colonia estaba en el ambiente, lo que la hizo sonreír.
Cuando ya estaba acostada en la cama donde hacía horas se habían despedido, miró a través de la ventana y observó las estrellas, recordando esos momentos en Hogwarts en la torre de astronomía, entre los brazos de Scorpius y los latidos de sus corazones latiendo al unísono.
"Sólo son seis meses" pensaba para darse fuerza.
A muchos kilómetros de allí…
-¿Sucede algo, Scorpius?- preguntó una mujer alta, de cabello rubio que cargaba a un bebé de algunos meses de edad vestido con ropa de colores brillantes.
-Nada, Sophie- contestó Scorpius volviendo a la realidad. No podía quitarse a Rose de la cabeza, tampoco es que quisiera hacerlo, pero su recuerdo sólo hacía que quisiera volver a Londres.
Estaba ahora sentado en la sala de la casa de su prima; estaban esperando a su esposo para cenar. Ella lo seguía acribillando con la mirada.
-¿Seguro?- preguntó.
Ellos dos mantenían una relación parecida a la que tenían Rose y Albus, pues los primeros años de su vida, Scorpius vivía en la casa frente a la de ella hasta que se mudó a Inglaterra.
Al no poder sostenerle la mirada, terminó confesándole todo acerca de Rose y lo mucho que le gustaría estar con ella en ese momento.
-Deberías verlo por el lado positivo- dijo Sophie intentando animarlo-, cuando regreses todo mejorará para ustedes, seguro ella también te extraña. Anda a escribirle antes que llegue Pierre.
Ella tenía razón, no había motivo para no escribirse con ella. De cualquier manera, no iba a soportar no saber nada de su pelirroja durante su estancia en otro país.
Rose/Scorpius
Y así pasaron los meses, ambos estaban ansiosos por verse, tanto que se escribían diario y apenas podían pensar en otra cosa. Cuando Rose se dio plena cuenta de ello, Scorpius se llevó un ligero regaño, pues de cualquier manera, se había ido para trabajar en lo que le gustaba.
La vida en Francia no era tan mala, pensaba el rubio. La gente era agradable y se llevaba bien con la familia de Sophie; sin embargo, Rose ocupaba sus pensamientos todo el tiempo, haciéndolo tener entre sus dedos casi todo el día el collar que ella le había regalado en la graduación.
Se sentía idiota por no haberse dado cuenta antes de lo mucho que la amaba, varias veces estuvo a punto de renunciar y volver a Inglaterra a su lado, pero sabía que a ella no le parecería. Se conformaba con observar su fotografía todas las noches, grabándose aún más su rostro en la mente, admirándola una y otra vez mientras el recuerdo de su blanca piel contra la suya lo hacía suspirar.
-¿Se puede?- preguntó Harry tocando la puerta de la oficina de su sobrina, que estaba entreabierta.
Habían pasado tres meses desde que Scorpius se había marchado y toda la familia Weasley había notado cómo cierto brillo en los ojos de Rose había desaparecido, por más que ella tratara de ocultarlo.
-Claro, jefe- dijo Rose dejando de lado los papeles que estaba revisando.
Harry sonrió para sus adentros, si estuvieran en una comida familiar todos se burlarían de que Rose llamara así a su padrino.
-Señorita Weasley- comenzó Harry entrando y sentándose en una silla frente al escritorio para mirarla a los ojos; estos estaban tan apagados que decidió usar un tono más suave-. Hablé con tu madre, Rose, todos estamos preocupados por ti.
Rose lo miró sorprendida, creía que los estaba engañando, pero al parecer no era así, pues hasta su tío, que nunca se daba cuenta de cosas relacionadas con el corazón, estaba allí, mirándola con aprehensión. Suspiró y dejó su sonrisa fingida.
-Voy a estar bien, tío Harry- cortó ella para que dejara de verla así.
-Sé que eres fuerte, Rosie- aseguró el pelinegro-, pero créeme que sé lo que se siente dejar a la persona que am… una persona importante para ti- se corrigió nerviosamente.
Rose alzó una ceja.
-¿Hace cuánto que lo sabes?- preguntó recelosa creyendo que Albus había metido la pata.
-Desde hace algunos años, yo no soy muy bueno para estas cosas, pero Ginny…
Rose se sonrojó completamente, parecía que la cara le iba a estallar por ebullición.
-¿Por qué todos se daban cuenta menos yo?- preguntó enfurruñada más para sí misma que para él.
Harry la miró comprensivo.
-Me di cuenta de que lo amaba dos días antes de que se marchara- confesó.
Al ver que Rose se quedaba como ida, Harry se aclaró la garganta y continuó:
-Lo que venía a decirte es lo siguiente…-Rose le puso toda su atención- la semana que viene tus padres y yo tendremos que ir al ministerio francés para dar una reseña, nuevamente, sobre la segunda guerra- dijo esto con un poco de fastidio-, se supone que no debemos de ir solos, ya sabes, sin escolta, y un poco de compañía familiar no nos vendría mal.
Rose estaba anonadada. Luego de unos minutos contestó tristemente:
-No sé si sea buena idea.
Harry no creyó haber escuchado bien y la miró con cara interrogante.
-Scorpius aceptó el empleo porque acordamos estar un tiempo separados, ya sabes, mientras nos aclaramos y todo eso…
Harry comprendió al fin. Se levantó y, cuando ya se iba, se volvió.
-Nos iremos el viernes, la propuesta sigue en pie si cambias de parecer.
La pelirroja se quedó allí, encogida en su asiento sin saber qué hacer.
Quería ver a Scorpius, por supuesto, pero así lo habían concertado. Sin embargo, lo extrañaba a horrores. Al fin se daba cuenta de lo mucho que lo necesitaba, no sólo por estar acostumbrada a su compañía, sino porque de verdad echaba de menos esos momentos que eran sólo de ellos y que nadie más conocía. Echaba mucho de menos hablar con él hasta altas horas de la noche, dormir a su lado abrazada a su pecho y hablar de tonterías. Extrañaba que apareciera de la nada en su oficina y se sentara como si fuera suya…
Unos golpes se escucharon de nuevo en su puerta y volteó esperanzada, sin embargo no se sorprendió al ver que no era quien esperaba, sino su antiguo amigo del colegio.
-¡Dylan!- exclamó Rose emocionada de verlo allí, con su castaño cabello ahora corto y una gran sonrisa cuando le regresó el abrazo que ella le fue a dar.
-¿Qué hay pelirroja?- dijo él a modo de saludo como si se vieran todos los días y esa no fuera más que una visita acostumbrada.
-Creí que seguirías de luna de miel- explicó ella confundida.
Él rió.
-Rose, han pasado cinco meses desde mi boda, lo sabes, fuiste la madrina- se burló él.
Rose se sonrojó. Con todo el asunto de Scorpius había veces en las que no se daba cuenta de nada más y olvidaba qué día era. Dylan se había casado con Hanna, una amiga muy querida de Rose que trabajaba en Suiza como embajadora, a donde ambos se habían mudado para estar juntos.
-¿Qué haces aquí, entonces? Y no me salgas con que viniste sólo a visitarme, porque esa no me la trago…
El castaño dudó.
-Scorpius me escribió hace unas semanas. Supe que estaba en Francia y quería saber cómo estabas.
-Él te envió, ¿cierto? ¬¬
El otro suspiró con cansancio.
-Algo así, me contó algo que…bueno, no sé exactamente qué, pero que algo pasó entre ustedes y supuse que debió ser algo bueno para tenerlo así de feliz.
Rose sonrió como tonta involuntariamente y fue entonces que Dylan entendió.
-Ya se dieron cuenta, ¿verdad?- preguntó pícaramente.
Al saber a qué se refería, Rose asintió, pero luego su rostro perdió el brillo.
-No pude decírselo, Dylan, no pude yo… me acobardé…
Rose se tapó el rostro con las manos tristemente. Dylan le puso una mano en el hombro. La chica levantó la vista para encontrarse con los comprensivos ojos de su amigo.
-Aún no es tarde, Rosie…
Resultó que Dylan sólo había ido a revisar unos papeles al ministerio y tenía que marcharse casi de inmediato, así que no pudieron hablar mucho más; pero sus palabras retumbaban en sus oídos como avispas furiosas ¿sería esa una señal de que debía aceptar la propuesta de Harry?
Ese mismo día en la noche, la mente de Rose divagaba hacia cualquier sitio mientras observaba la última fotografía que tomó del rubio y que descansaba sobre la mesita de noche, dando ese día con un recuerdo bastante especial para ella…
Era la noche del día en que Scorpius le dijo que se marchaba, pero Rose simplemente no podía pegar ojo, sentía que si dormía, él no estaría allí en la mañana; y parecía que Scorpius tampoco podía dormir.
-¿Estás despierto?- preguntó Rose en voz baja, como si temiera molestar a algún ser invisible que se paseaba por allí.
-Sí- contestó Scorpius del mismo modo pero con voz ronca.
Comprendiendo qué pasaba, Scorpius la abrazó y ella simplemente se entregó a sus brazos, iba a extrañar eso.
-¿Qué sucede?- le preguntó al oído.
-Sólo pensaba…- comenzó ella cerrando los ojos ante el escalofrío que sintió recorrer su cuerpo- ¿dónde vivirás? Y la cuestión del idioma…
Scorpius sonrió.
-¿Te parece si te cuento un cuento para dormir?
Rose rió.
-Sólo si tiene un final feliz- contestó.
Scorpius la abrazó por la espalda y se aturdió con el familiar aroma a flores que emanaba del cabello de Rose.
-Había una vez una pareja, que tuvieron al más guapo, precioso e inigualable…
-Ya, ya, capté que hablas de ti- se burló Rose.
Scorpius rió y continuó.
-Vivían en Francia, allí se habían conocido por causas de la Segunda Guerra. Da la casualidad de que ambos se habían ocultado allí: él por problemas con la ley y ella por traidora a la sangre- Rose casi pudo ver a Scorpius frunciendo la nariz por lo que acababa de decir-. Un día camino al trabajo (se hacían pasar por muggles) chocaron al doblar una esquina y él le derramó café caliente. Entre disculpas y todo eso, él pensó que era muy bonita y la pidió su dirección para enviarle una carta; ella se sorprendió, ya que los muggles usaban el teléfono.
"Pasó el tiempo, hasta que un buen día las coincidencias eran muchas y terminaron confesándose los secretos que los habían llevado hasta allí. Cada día se enamoraban más y debido a esto, se casaron a pesar de las protestas de la familia de ella, a quien sólo su hermana la apoyó y más tarde cuando nació su hijo, lo cuidó junto a su hija de un año.
"Hartos de tanto rechazo sólo por el apellido, regresaron a Londres cuando su precioso hijo tenía cinco años- Rose le dio un codazo divertida-. Compraron una casa cerca de una playa, donde más tarde su hijo conocería a la mejor amiga que alguna vez podría tener.
Rose estaba maravillada. Scorpius le dio un beso en la mejilla.
-¿Mejor?- preguntó.
Ella asintió.
-Eso nunca me lo habías contado, es decir, conozco a tu prima Sophie, pero…
-Vamos, Rosie, yo tampoco sé todo sobre ti, eso es lo que lo hace interesante.
La razón por la que habían decidido pasar un tiempo separados era que no querían tirar su amistad por la borda, pero ¿no había sido demasiado compartir tanta intimidad? De cualquier manera, ya estaba hecho, o al menos eso pensaba Rose mientras observaba cantar a un chico y una chica como de 20 años en el bar.
Desde que el rubio se había marchado, sus amigas y amigos la trataban de distraer a cada rato incitándola a que saliera a cualquier lugar; a pesar de que se divertía, cuando llegaba a casa no podía evitar sentir ese vacío al saber que si Scorpius estuviera allí, se sentiría absolutamente completa.
Ese día había ido con Albus, su novia y otros chicos del cuartel. Ella se había cansado y aprovechó que vio una silla vacía para sentarse. Posó su mirada en cada una de las personas que estaban en el lugar y luego sus ojos escrutaron a su primo. Recordó ese día en la noche, perdida en esas lagunas hermosas de color gris que eran los ojos de Scorpius cuando se preguntaba la diferencia entre lo que sentía por Al y Scorpius; ahora podía decir esto: a Albus lo amaba fuertemente como algo más cercano a un hermano, pero a Scorpius lo amaba como sólo una chica puede llegar a amar a un chico a pesar de todo y sobre todos.
Amaba a Scorpius tanto que se le iba el aliento cada que pensaba en él; cada vez que recordaba el tacto de su cuerpo al lado suyo la piel se le ponía de gallina y cada vez que recibía una carta suya donde decía que la extrañaba y que se moría de ganas por verla… no podía evitar que una sonrisa tonta se posara en su rostro por horas. Lo conocía desde hace muchísimo tiempo, y nunca se arrepentiría de nada; no se arrepentiría de las caras de enojo de su padre o de Albus, no se arrepentiría de haberle entregado la mitad de su vida, porque él le había entregado la mitad de la suya…
-¿Ya te vas, Rose?- preguntó Albus al ver que ya se ponía su suéter.
-Sí, tengo algo que hacer mañana-contestó ella con voz cansada.
El pelinegro asintió.
-¿Quieres que te lleve?- preguntó.
Rose negó con la cabeza y le dirigió una sonrisa pícara.
-Mejor deberías llevar a tu novia a su casa, ya sé lo que hacen cuando están solos y….
-¡Rose!- exclamó Albus ruborizándose completamente.
La pelirroja se echó a reír estridentemente.
-Te acompaño a la salida- gruñó el otro.
Salieron, con Rose aún riendo por la cara de su primo.
-¿Mi padre no te dijo nada sobre ir a París?- preguntó él de repente.
Rose asintió y su sonrisa se borró.
-Aún lo estoy pensando, buenas noches.
Dicho esto, giró sobre sí misma y desapareció.
No le gustaba que los demás la vieran tan vulnerable.
Al llegar a su apartamento, se quitó las zapatillas y las aventó en cualquier lugar, después fue hasta la alacena, se sirvió cereal con leche y a continuación prendió la televisión. Con cada bocado que daba cambiaba el canal, hasta que se encontró con uno donde pasaban películas viejas y estaba Hanna Montana. Sonrió tristemente al recordar la cantidad de veces que Scorpius y ella habían cantado, con voz muy desafinada, todas las canciones de la serie.
Mientras veía la película, Rose se preguntaba ¿sería bueno ir y sorprenderlo o debería de seguir todo tal y como lo acordaron? Debía darse prisa, pues quedaba sólo un día para decidirse.
Rose/Scorpius
Scorpius estaba preocupado, no había sabido nada de Rose en toda la semana, la chica no contestaba sus cartas y estaba poniéndose algo histérico. Ya tenía harto a Dylan con sus preguntas de ¿estará bien? ¿Y si la mandaron a una misión peligrosa y ahora está en el hospital sin poder moverse?
-Quizás tiene mucho trabajo- dijo Sophie divertida al ver a su primo dar vueltas por toda la sala. No había desayunado nada.
Scorpius gruñó algo que ella no alcanzó a entender.
A muchos kilómetros de allí…
Rose salía del edificio donde vivía, saludando cordialmente al portero. Scorpius le había dejado a su cuidado el viejo auto de su adolescencia, así que no le fue difícil trasladarse hasta la ciudad donde vivían sus abuelos, tomando un pequeño desvío hasta cierta cafetería…
-¡Rose!- exclamó la anciana Martha al verla entrar.
-Hola- saludó ella un poco apagada.
Martha le hizo señas a la cocinera, ya también entrada en edad, de que se acercara.
-No has venido sólo a saludarnos, ¿verdad?- preguntó la cocinera con una expresión de comprensión.
La pelirroja negó con la cabeza.
-Espera- dijo Martha de repente- ¡Al fin se dio cuenta!
Rose soltó un suspiro.
-Es un poco fastidioso que todos digan eso últimamente ¬¬
Las mujeres rieron.
-Lo lamento, Cielo, eso sólo que no creímos que tardaran tanto, incluso apostamos a que se darían cuenta ese verano cuando viniste por primera vez.
Rose soltó una risa. Había sido obvio para todos menos ella.
-Más después de todo lo que Scorpius nos habla de ti. Eres su adoración. No creo que eso haya cambiado, por muchos kilómetros que esté lejos…- Martha sabía que el rubio estaba en París, pues él mismo se lo había comunicado días antes de irse.
Los ojos de Rose de aguaron.
-Acordamos estar un tiempo separados, para aclararnos y todo eso, pero…
-Pero sabes que lo amas- completó la cocinera.
La pelirroja asintió.
-Y ahora tengo la oportunidad de ir a Francia con mi familia, pero…
-¿Y por qué rayos no estás haciendo tus maletas en este momento, Weasley?- preguntó Martha.
Rose miró a Martha y le contó sobre todas sus dudas, quizás si veía a Scorpius lo obligaría a que regresara a Inglaterra o ella renunciaría a su empleo sólo para estar con él.
-Cielo, si tú misma me acabas de decir que lo amas, ¿qué otra prueba quieres? ¿Seguirás desperdiciando el tiempo? Cuando estás con el ser querido, un segundo es suficiente para ser feliz…
Al día siguiente algunos del cuartel de aurores se irían con Harry directo a Francia, incluido Albus. Rose no sabía qué hacer. No había hablado con Scorpius en toda la semana por temor a decirle que no podía estar más tiempo sin él.
Pero Martha tenía razón.
Fue directo a su apartamento, metió ropa y sus objetos personales en una maleta que dejó sobre su cama para después aparecerse en casa de su famoso tío Potter.
-Iré- casi gritó agitadamente al llegar y que el pelinegro le abriera la puerta.
Harry sonrió invitándola a pasar.
Ginny le ofreció un vaso con agua y la hizo sentar en la cocina.
-Menos mal, Albus se habría desilusionado de todo el papeleo que tuvo que hacer para que la conferencia se adelantara…
Rose se quedó en shock.
-¿Fue gracias a Al?- preguntó anonadada.
Sus tíos asintieron con la cabeza sonriendo.
Eso le había ameritado a su primo el regalo de cumpleaños y navidad más grande de su vida, pensaba con una inmensa felicidad brotando de lo más profundo de su ser. No podía creer que vería a su rubio en tan sólo unas horas.
Scorpius había tomado asiento en la primera fila del discurso de los grandes héroes de la guerra. Ese día lo tenían libre, pues querían dedicarlo por completo a sus invitados. Quizás si Ron Weasley lo veía allí podría ganarse un poco del respeto por el que había luchado por años, sabía por qué ese hombre no lo quería, pero debía esforzarse si quería estar al lado de Rose.
Rose caminó maravillada por el ministerio de magia francés, era realmente impresionante. Albus caminaba a su lado, resguardando a su padre con una seriedad impresionante.
Cuando llegaron a la sala de conferencias, Rose intentó mantenerse seria al ver al chico que tanto ansiaba ver, mirándola fijamente con su preciosa sonrisa torcida llena de sorpresa.
No sabía si era por el tiempo que pasaron separados, pero lo veía más guapo de lo que alguna vez le había parecido. Su cabello rubio perfectamente peinado, lo que le daba un aire profesional; sus ojos grises mirándola con un profundo cariño, su piel blanca y perfecta; sus labios… ¿era ella o siempre habían sido así de apetecibles?
Toda la hora que duró la dichosa conferencia, ni Rose ni Scorpius escucharon una sola palabra; sus ojos se veían con fijeza, se comprendían sin palabras. El rubio hizo un esfuerzo sobre humano para no levantarse y darle el mejor beso de su vida. No recordaba que fuera tan bonita, la fotografía de la graduación no le hacía justicia para nada. Incluso varios de sus compañeros de trabajo la miraban con la boca abierta y miradas indiscretas.
Cuando al fin todo terminó, Scorpius le hizo una seña discreta a Rose que, con el permiso de Harry, la mirada acusadora de su padre y comprensiva de su madre, pudo ir tras él.
Los pasillos estaban vacíos, sólo se escuchaba el eco que llegaba del otro lado de las paredes donde todos intentaban adquirir un autógrafo de los héroes.
De pronto sintió que unas familiares manos se posaban en su cintura y unos labios en su mejilla. Scorpius la abrazaba por la espalda, haciéndola estremecerse de alegría. Volteó y allí estaba él, mirándola intensamente y sonriéndole como nunca.
-¡Cerecita!- exclamó contento de verla. Sentía que iba a estallar de felicidad.
La había extrañado tanto… el perfume de flores se coló por sus fosas nasales haciéndolo sonreír, cuando sus manos tocaron las suyas, sintió una corriente eléctrica recorrer todo su cuerpo y cuando sus miradas se cruzaron, no pudo hacer otra cosa más que posar sus labios sobre los suyos…
Rose le respondió el beso, posando sus manos alrededor de su cuello. Su corazón palpitaba con fuerza, tanto que parecía salírsele del pecho; amaba la forma en que Scorpius la abrazaba por la cintura y acariciaba su espalda. Cuando se separaron, Rose aún conservaba los ojos cerrados.
-No tienes idea de cuánto te extrañé…
El rubio la atrajo más hacia sí luego de escuchar eso. Le acarició una mejilla con delicadeza y la besó de nuevo.
No supieron cuánto tiempo estuvieron así, diciéndose lo que sentían con caricias y palabras mudas, resguardados entre las paredes del tranquilo lugar, hasta que un carraspeo los interrumpió.
-Te estábamos buscando, Rose- dijo Albus, que miraba con recelo a Scorpius.
La pelirroja asintió, se separó de Scorpius y lo tomó de la mano para llevarlo con ella, pero cuando ya se iban Albus lo detuvo. Rose siguió de largo para encontrarse con sus padres y tíos, sabía que Albus quería hablar con el rubio de algo; y al ser quien les había ayudado a reunirse, decidió darle esa oportunidad.
-Gusto en verte, Potter- dijo Scorpius con sinceridad tendiéndole la mano, que Albus aceptó.
-Quiero hablar contigo, Malfoy.
Scorpius sintió, sabía que ese momento llegaría en algún momento. Rose le había dicho en cierta ocasión que Albus sólo estaba celoso.
-Como primo de Rose es mi deber advertirte un par de cosas- dijo el pelinegro encarándolo, Scorpius no se amedrentó-. Primero, has de saber que tiene muchos primos dispuestos a partirte la cara si le haces daño, segundo, la familia tiene una gran influencia en el mundo mágico y…
-No deben preocuparse con eso- dijo Scorpius viendo por dónde iba la cosa- yo quiero a Rose, nunca le haría daño a propósito.
Al parecer Albus le creyó, pues no le debatió nada.
-Por cierto, gracias por ayudar a Rose a estar aquí, significa mucho…
-No lo hice por ti, ella se veía tan mal que…
-Gracias de todos modos- cortó Scorpius.
Cuando ya estaban llegando hasta los Potter y los Weasley, Scorpius soltó:
-Si sirve de algo, desde que la conozco siempre habla de ti.
Y sí, si sirvió de mucho. Al fin, después de muchos años, supo que Rose no lo había olvidado nunca.
Cuando Scorpius llegó hasta Sophie, ella ya estaba hablando con Harry, Ron, Hermione y Ginny, pues la habían conocido hace algunos años cuando fue de vacaciones a Inglaterra y se quedó con los Malfoy.
Luego de calurosos saludos al rubio, quizás no de parte de Ron (que al menos había aprendido a ser educado), Sophie dijo:
-Estaba diciéndoles que pueden venir a la casa a comer, eso sería fabuloso.
Scorpius asintió, brincando de felicidad en sus adentros. Lo que más quería era pasar todo el tiempo posible con Rose.
Y así fue, todos entraron el auto de la rubia que había sido ampliado mediante magia para que fueran cómodos. En el camino, los dos Malfoy les mostraban algunas partes de la ciudad y les contaban anécdotas divertidas o históricas, pues resultó que Sophie era historiadora en sus tiempos libres. Antes de llegar a casa, pasaron por el pequeño Leo, que estaba en la guardería.
Scorpius se enterneció al ver cómo Rose cargaba al pequeño con delicadeza y le hacía morisquetas. Pensaba, sorprendido de sí mismo, que le encantaría que ese bebé fuera su hijo y de ella.
Todo lo que duró la inusual reunión, Scorpius notó como Albus se portaba más amable con él y que cuando Ron intentaba hacerlo quedar en ridículo, los demás salían en su defensa.
-Quizás ya deberíamos irnos, Harry y yo queremos ver la ciudad antes de regresar a Inglaterra- dijo Ginny, quien había entendido las llamadas de ayuda que su sobrina le hacía silenciosamente.
-Sí, nosotros igual- concordó Hermione viendo a Ron con una mirada insinuadora.
Scorpius y Rose se sonrieron. Al fin podrían estar solos.
Diez minutos después de que todos se habían ido, Sophie dijo pícaramente.
-Ya pueden irse, tortolitos.
Los otros dos rieron y Scorpius le ofreció el brazo.
-¿Nos vamos?
Rose lo aceptó y salieron a las soleadas calles francesas que tantas historias de amor guardaban. Querían aprovechar ese día lo más que pudieran.
La pelirroja estaba maravillada con la ciudad, aunando a eso el ir de la mano con su persona favorita en todo el mundo. Scorpius la hacía sentir cosas de que no sabía podía llegar a apreciar con cada uno de sus sentidos.
Cuando ya estaba oscureciendo, el rubio la acompañó hasta el hotel donde se estaba quedando junto con los demás aurores, sus padres y tíos, pasando antes por un lugar del que Rose aún no se percataba a pesar de haber pasado por allí varias veces.
-Se llama La cafétéria de la pensée- dijo Scorpius antes de que entraran. Rose, que hasta el momento no lo había escuchado hablar el idioma, le pareció de lo más sexy-. Aquí es donde te escribí todas las cartas que te envié, menos la primera.
Rose sabía de qué le hablaba, pues él se lo había mencionado en una ocasión. Era algo parecido al Caldero Chorreante, sólo para magos y brujas. Cuando el rubio abrió la puerta para dejarla pasar, comprendió por qué le gustaba tanto ese lugar.
Estaba bien iluminado, con un ventanal que dejaba ver la imponente torre Eiffel con el atardecer de fondo. Olía asombrosamente bien a café y todo tenía un aire intelectual y cómodo por la forma en que las piedras formaban disparejamente las paredes adornadas con cuadros de pinturas sorprendentes.
Tomaron asiento al lado del ventanal y, mientras Scorpius hablaba con el camarero que parecía ya conocerlo, Rose lo observaba.
-Parece que tienes cierta facilidad para hablar con las personas en las cafeterías, ¿verdad?- dijo ella sonriendo.
Scorpius rió.
-Creo que sí, Cerecita.
Había extrañado escuchar esa palabra de los labios del rubio.
-Creo que… tenemos una charla pendiente tú y yo- dijo él tomando un poco de seriedad, aunque sin dejar de sonreír, le era imposible si ella estaba allí y podía sentir el aroma a flores de su cabello.
Rose asintió y lo miró, intentando no perderse en su mirada.
-Creo que… lo que pasó entre nosotros… Rose, no hablamos de eso mucho, pero… fue la noche más especial de la vida, y…
La pelirroja lo miró confundida.
-Lo que quiero decir es que… el acuerdo que hicimos no sirve para mí, no quiero estar más tiempo lejos de ti del estrictamente necesario- finalizó él con las mejillas sonrosadas.
Rose sonrió ampliamente.
-Me alegra que lo digas, porque vine hasta aquí porque necesitaba decirte algo- le dijo Rose acercándose más hacia él como si le fuera a decir un secreto.
-Te escucho- dijo él sucumbiendo a la hermosa mirada de Rose-, pero primero, yo también tengo que decirte algo y no creo que pueda soportar más…
Rose sonrió y lo invitó a continuar.
-Te amo…
Le dijo con palabras cargadas de ternura y los ojos destilando la verdad.
Rose lo miró con intensidad y susurró:
-Era eso precisamente lo que venía a decirte…
Ambos se sonrieron y se observaron de nuevo, como no pudiendo creer que esto les estuviera sucediendo.
De repente se soltaron a reír como locos, asustando a las parejas convencionales que se encontraban en el lugar.
-¡Somos unos idiotas!- exclamó Rose casi llorando de felicidad.
Scorpius coincidió.
-Mira que desperdiciar tanto tiempo…
Porque mientras más lo pensaban, no tenía sentido para ellos no haberse dado cuenta antes. Siempre se habían amado, de alguna manera u otra no podían estar separados y eso no era algo que amigos comunes sintieran.
Y así, frente a la más hermosa puesta de sol de la historia, Scorpius la tomó entre sus brazos con delicadeza y la besó por enésima vez en el día; pero ese beso fue especial, casi sólo un roce lleno de promesas.
Y ese fue el principio de la más hermosa relación que alguna vez pudieron soñar.
Rose/Scorpius
Al fin estaba completamente feliz, sentía la brisa del mar llegar hasta su rostro, trayéndole los recuerdos del día que había conocido al amor de su vida, aunque en ese momento no lo supiera y le hubiera tomado años darse cuenta; pero ambos sabían, al igual que años atrás, que una parte de esos niños que recolectaban conchitas vivían en ellos todavía.
I remember what you wore on the first day
You came into my life and I thought
"Hey, you know, this could be something"
'Cause everything you do and words you say
You know that it all takes my breath away
And now I'm left with nothing
Sus dedos se enterraban en la familiar arena con cada paso que daban. Scorpius tomaba la mano de su esposa con firmeza mientras hablaban de cualquier cosa camino a su casa.
'Cause maybe it's true
That I can't live without you
Maybe two is better than one
There's so much time
To figure out the rest of my life
And you thought that it got me coming undone
And I'm thinking two is better than one
Scorpius se detuvo justo en el lugar en el que había visto a Rose, hace más de 10 años, ser revolcada por las olas hacia mar adentro.
Rose lo miró, había cambiado mucho, era más… maduro, pero su mirada de cariño y amor hacia ella no había cambiado en nada.
I remember every look upon your face
The way you roll your eyes
The way you taste
You make it hard for breathing
'Cause when I close my eyes and drift away
I think of you and everything's okay
I'm finally now believing
-Te amo- dijo Scorpius tomándola por la cintura.
Rose sonrió. Nunca se cansaría de escuchar eso de los labios de su hombre. Se puso de puntitas y lo besó. Tampoco se cansaría de hacer eso, así como tampoco se cansaría de sentir la mano del rubio sobre su vientre, donde en ese momento un pequeño ser estaba creciendo, fruto del amor de sus padres.
No le importó que su familia dijera que era demasiado pronto, ella sabía que quería estar al lado de ese hombre, de su mejor amigo, la única persona cuyo corazón latía al ritmo de las olas del mar…
That maybe it's true
That I can't live without you
Maybe two is better than one
There's so much time
To figure out the rest of my life
And you thought that it got me coming undone
And I'm thinking two is better than one…
Hola!
Aquí les traigo el final de la historia xD mil perdones por la tardanza, mi plan era acabar antes de los exámenes, pero todo se me juntó y ahora estoy vuelta loca con todo el asunto de la entrada a la universidad y para acabarla mi compu estuvo incapacitada una semana :s
Me da pesar terminar esta historia que amé escribir y que amé que ustedes leyeran. Mil gracias por todos sus comentarios que me hacían querer actualizar más seguido xD. Les estoy bastante agradecida =D a propósito, la canción del final se llama two is better than one, de Boys Like Girls con Taylor Swift xD.
Gracias especiales a NatWizard, por dejar en su fic un comentario sobre qué hacer con los errores type 2 que no dejan subir finales de historias haha
Nos leemos!
