Al fin me digne a continuar el fic. A decir verdad, me costó algo de trabajo actualizarlo, y eso me resulta demasiado triste U.U
Bleach y sus personajes, como todos sabrán muy bien, no me pertenecen, derechos enteramente reservados a Tite.
My Bloody San Valentine
Capitulo 3
-hay que detenernos, a Orihime-san le sigue sangrando mucho la nariz…- Rukia giro la cabeza y pudo ver, gracias a la luz de luna llena, un largo camino brillante de sangre. No se explicaba de donde le podía salir tanta.
-no, yo estoy bien, enserio- un rojizo liquido manchaba de tinto sus temblorosas manos.
-¡claro que no!, descansaremos un poco, ya me canse de caminar y caminar y solo ver cruces y mas cruces, como si fuera un maldito cementerio…- y la rubia va a tomar asiento en la tumba mas arreglada y limpia que encontró en un radio de 10 zigzagueantes pasos.
-¡así jamás llegaremos!- el ceño de Ichigo nunca antes se había encontrado tan fruncido, nadie podía ver la importancia de llegar lo más rápidamente posible. Estando ebrios podía pasar cualquier cosa. Se sentía más incomprendido que una naranja metida en una cesta de manzanas.
-¿alguien ha visto a Uryu-kun?- pregunto Orihime mientras apretaba más el manchado pañuelo de tela contra sus fosas nasales, después de 30 minutos la hemorragia por fin estaba cediendo.
-¿Quién?- Ichigo se sintió poco familiarizado con el nombre, su cabeza era un desastre. Esa noche pasaría a la historia… o por lo menos lo haría si alguno de los presentes la lograra recordar a la mañana siguiente.
-Ishida, ya sabes, de lentes, más delgado que un palo, aguafiestas y extremadamente Quincy…- comienza a refrescarle la memoria Matsumoto. Permanecía recostada cómodamente sobre la tumba, apoyando todo su peso en la lapida, mientras intentaba ligar con la estatua de mármol de la tumba vecina. Casi estaba a punto de sacarle el número de celular.
-ahh si, creo que lo recuerdo… ¿venia con nosotros?- esas diez cervezas que había bebido el shinigami sustituto no habían pasado a su organismo en vano.
-Ichigo, por dios, ¿cómo es posible que no sepas ni con quien estas?, ¡esto es el colmo!- menciona la morena shinigami con indignación.
-¡tu estarás tan sobria seguramente enana!- esto olía a una nueva pelea.
-¡lo estoy idiota!
-oigan, por si a alguien le importa… Ishida esta vomitando sangre detrás de aquella lapida- lo señala con el dedo Matsumoto, sin darle mucha importancia, como si fuera algo de todos los días- si sigue así va a desaparecer…- da un largo suspiro la rubia antes de acomodar la cabeza sobre su hombro derecho.
-será mejor que alguien vaya a ayudarlo…-Orihime da unos pasos temblorosos por la falta de sangre, dispuesta a curar con sus poderes a su amigo.
-sí, ve tú… tu… mmm… como te llames…- da una risotada divertida la inexplicablemente feliz teniente y se dedica a observar la discusión del chico cabeza de pincho y la pequeña Kuchiki. Ese espectáculo era mucho más interesante que mirar cualquier programa aburrido de televisión, pero para la mala suerte de la mujer, duro demasiado poco.
-¡no te atrevas a callarme!- Rukia lo comenzó a amenazar con el dedo índice, estaba cansada, desorientada y llena de suciedad, nunca antes le había faltado con tanta urgencia un baño.
-¡no te digo que te calles, solo deja de hablar a gritos!
-¡es lo mismo imbécil!
-no, no es lo mismo, ¿no te duele la garganta de tanto hacerlo?-si a él le ardía de tanto forzarla, no quería ni imaginarse como estaría la de su compañera de habitación, la cual había subido el tono de voz en la primera palabra.
-eso no tiene nada que ver… - se cruza de brazos y camina unos cuantos pasos lejos de él, hasta llegar con Rangiku.
-lo que digas…- toma asiento el también, olvidando la discusión. Tenía frio, hambre y la sensación palpable de no estar solo. Desde algún punto alguien o algo los estaba mirando, observando detenidamente cada uno de sus movimientos, esperando solo una oportunidad. Era eso o se estaba volviendo paranoico.
-Ichigo, deja de mirar así a los arbustos, me estas comenzando a preocupar…- la Kuchiki lo estaba observando de reojo, la expresión del sustituto daba a pensar que en cualquier momento se les aventaría encima.
-alguien nos está observando Rukia…- mascullo el peli naranja de forma apenas audible.
-¿Quién podría estar a estas horas de la noche y en un lugar como este, escondido detrás de unos matorrales?- sabía que aplicar la lógica era algo inútil, pero aun así lo intento.
-no lo sé, nosotros estamos aquí, sobre tumbas de personas que nunca conocimos, es algo poco común pero no imposible…- respondió el chico sin separar la mirada de aquellas plantas secas, esperando solo una mínima señal de vida para atacar.
-es algo imposible intentar razonar contigo…- se recuesta, imitando la acción de Matsumoto.
-¿saben algo? Hace unos días encontré un libro con relatos de Karakura, y entre ellos había varios de este cementerio…- comienza a hablar la rubia y ebria mujer.
-pero nos encontramos en la ciudad vecina a Karakura…- le corrige Ichigo, aun alerta.
-también había de este cementerio…- realmente no importaba el lugar, solo era contar la historia para quitar la tención. Que alguien hablara era mucho mejor que permanecer callados, bajo un silencio incomodo- Hace muchos, muchos años, cuando el cementerio apenas llevaba poco tiempo abierto, había un hombre sombrío, de aspecto pálido y carácter difícil de tratar.
-Byakuya- hablo Ichigo, aguantándose la risa.
-callate…- mascullo Rukia, dándole un golpe torpe en el brazo.
-Él era el enterrador y velador del cementerio, pasaba el día solo y apartado del mundo- siguió contando Rangiku.
-qué triste…- se integra Orihime al relato- yo también ya he escuchado esa historia, es decir, el libro que leíste estaba en mi casa porque yo lo compre, pero aun así cuéntalo, es una hermosa historia de amor…- unas pequeñas lagrimas se amontonan en sus ojos, amenazando con salir.
-como les decía, ese hombre era un pobre infeliz… hasta que encontró el amor...- menciona con ternura la borracha teniente del decimo escuadrón- desde entonces parecía más feliz, saludaba a todo mundo y sonreía, había encontrado una razón, un motivo suficientemente fuerte para hacerlo cambiar desde adentro hacia fuera. Ella era hermosa, dulce, delicada y frágil, tal vez demasiado para ser conveniente. Vivieron algún tiempo felices, ella era su luz de cada mañana…- suspiro enamorada la rubia, recordando viejos tiempos de gloria, cuando Ichimaru era sincero (o fingía muy bien serlo) y creía ingenuamente haber encontrado al hombre de su vida. Creyó poder cambiarlo solo con el poder de su amor, pero al parecer, no fue suficiente.
-¿y que mas paso?-intenta sacarla de sus pensamientos y reflexiones la morena chica, visiblemente interesada con la historia.
-ahh, perdón, me quede pensando en cosas… pasadas…- menciono con tono melancólico, mas sin embargo cambio la voz para seguir- su amor era como el fuego, como un rojo atardecer después de un día nublado, era tan intenso que parecería que ni siquiera la muerte los separaría… pero para su mala suerte, así fue. Su salud sucumbió súbitamente ante una enfermedad tan agresiva como desconocida. Con su muerte se llevo todo lo que alguna vez hizo en vida, incluyendo los sentimientos despertados a flor de piel del desolado enterrador. Desde entonces, el se puso peor que nunca, no comía, no hablaba, no convivía con nadie ni con nada que no fuera la tumba de su amada.
Por razones desconocidas, a Rukia se le vino un escalofrió repentino en la espalda, mientras pensaba en cómo le había hecho su hermano después de la muerte de Hisana. Esa historia que ahora contaba con tanta pasión Rangiku era tan similar.
-"un muerto escapado de la fosa" murmuraba la gente al mirarlo pasar. Todos coincidían con la idea de que aquel hombre estaba más muerto que vivo. Una noche oscura y muerta, mientras él trabajaba en su deprimente empleo, se dirigió presuroso a la bodega en donde se encontraban las herramientas que el utilizaba para cavar las tumbas, y tomo el pico más grande que encontró.
Y así, caminando en dirección a la sepultura de su amada, lo levanto en alto y con solo la luna de testigo, rompió el mármol que cubría la cripta. Tomo el frio y tieso cadáver entre sus brazos para sentirla cerca después de tanto tiempo…
"desde ahí en adelante dejo de parecerse" pensó Rukia, sintiendo de paso otro escalofrió. Hasta el momento no descubría si era por el lugar, el clima, el alcohol o la historia.
Ato con cintas los huesos fuera de lugar, sacudió con delicadeza el apolillado y roído vestido del inerte cuerpo, tomo entre sus manos los blanquecinos huesos en donde antes iban los dedos y sonriendo como nunca, comenzó a contarle lo feliz que estaba de volver a verla tan hermosa.
Abrazándola, entre llanto le prometió, con lo último que le quedaba de cordura, que nunca más, a partir de esa noche, la volvería a dejar sola, y besando con ternura su horrible y desfigurada boca, se recostó a su lado para mirar las estrellas como cuando ella estaba viva.
-Rukia… ¿estás llorando?- para la mala suerte del shinigami, esa noche no llevaba una cámara consigo.
-¡claro que no!, lo que pasa es que el viento sopla muy fuerte y una basura me entro en el ojo…- se comienza a tallar la cara con ambas manos, fingiendo irritación.
-¿en ambos?- él sabía que estaba mintiendo, pero le parecían divertidas sus excusas.
-si, en ambos…- contesto seca, entrecerró los ojos - ¿y que mas paso Rangiku-san?- cambio rápidamente de tema. Después de escuchar todo el relato, lo que menos quería era perderse el final.
-ahh si, claro, a la mañana siguiente encontraron muerto al velador, sonriendo y abrazando fuertemente un cadáver putrefacto. Tal como lo había prometido, se quedo a su lado, durmiendo para siempre con ella…- un chillido ahogado y lastimero por parte de la chica de horquillas le dio más dramatismo al momento- desde ese día, se dice que ambos salen de la tumba, escapando por la noche de la muerte para pasear juntos, tumba por tumba, caminando uno a la par del otro, tomándose de la mano y matando de un susto a uno que otro desafortunado cardiaco que los ve.
-¿en serio?- pregunto la Rukia con cierta sorpresa e ingenuidad, al parecer la bebida la hacía más crédula, normalmente Orihime era la que salía con ese tipo de preguntas.
-ohh, claro que si, salen en noches como esta, seguramente no deben de tardar en pasar por aquí…- comenzó a bromear la rubia, haciendo la voz cada vez mas tétrica, mientras la morena se tensaba más en su lugar.
-Ichigo… quiero irme de aquí, ya hemos descansado demasiado y tenemos que llegar a Karakura antes del amanecer…- su respiración era agitada y sus palabras eran apenas audibles.
-¡vengo diciendo eso todo el camino!- la voz furibunda del hastiado sustituto lleno todos los alrededores del desolado cementerio.
-shhh, cállate Ichigo, ¡pueden oírte!- lo silencia a manera de regaño la chica.
-¿Quiénes?- al parecer no estaban en la misma sintonía.
-ellos, los de la historia de Rangiku-san…
-te voy a dar tres buenas razonas por las que ese relato es solo una gran mentira para darle miedo a las personas crédulas- toma aire y controla el tic nervioso en su ojo derecho, ¿Cómo resumir algo tan sencillo y obvio?
-¡dilas entonces!
- la primera es que, esa historia ni siquiera es de este cementerio así que, si es que alguna vez llegaron a existir, sería algo difícil que se aparecieran aquí a menos que estén tan perdidos como nosotros. En segundo lugar, si esa noche solo estuvo él en el cementerio, entonces ¿Cómo es que saben cada uno de los detalles de lo que ocurrió?, ¿el lo dejo por escrito? No lo creo. Y por último, si todo el que los ve se muere de un infarto por la impresión, entonces ¿cómo es que puede decir que se aparecen? No haya ni testigos, ni pruebas, ni nada… oh, y aquí va el bono extra…
-escucho pasos…- Orihime se mecía hacia atrás y adelante, mientras giraba el cuello nerviosa y se cubría con las manos el rostro para volverse invisible. La psicosis por ingesta de alcohol también la había afectado a ella.
-¿Cuál es tu maldito bono extra?- el enojo le había quitado el primer lugar al miedo.
-tú ya estas muerta, eres una shinigami, sería ilógico que les tuvieras miedo siendo también un alma convertida en espíritu solido o algo así- Ichigo se queda un momento pensando en lo que acababa de decir- oye… si los shinigamis ya están muertos desde un principio , ¿Cómo es posible que se puedan morir de nuevo?
-no lo sé, porque así es y punto, lo importante aquí es que me puedo morir de nuevo y tu ni siquiera mueves el trasero para salir de aquí- comienzo a caminar hacia una barda lejana y borrosa en el horizonte iluminado tenuemente por la luna.
-¿entonces es así porque tu yo dices y ya?- el shinigami la siguió, al igual que Rangiku y Orihime.
-así es, porque yo lo digo es verdad- se estaba poniendo más pesado he imbécil de lo normal.
-bueno, tiene lógica- el sarcasmo fue más que notable. Cuando levanto la mira del accidentado terreno, estuvo a punto de estamparse contra una muralla mohosa de ladrillos.
(5 minutos despues)
-kurosaki-kun, estoy cansada. Kurosaki- kun, me duelen los pies. Kurosaki-kun, tengo mucho sueño. ¡Kurosaki-kun, creo que voy a vomitar…!- con cada paso que daba, Inoue dejaba escapar un "Kurosaki-kun" acompañado de alguna nueva queja o malestar. Estando lucida, hubiera callado hasta un de repente caer desplomada como costal de papas, pero en esas circunstancias no tenía la intención de pretender fuerza.
-ya casi llegamos Inoue-san, solo unos cuantos kilómetros más…- respondió, desmotivado por la torpeza y cansancio en los pasos de la chica.
-odio repetirlo cada que puedo, pero… ¡no vamos a llegar cabeza de zanahoria! Por lo menos hoy no- la luna se había ocultado tras una densa capa de nubes grises, por lo que prácticamente veían con todos los sentidos menos la vista. ¿Por qué nunca la escuchaba?
-¿cabeza de zanahoria?, ¡Mira enana de…!
-Yo tampoco quiero seguir caminando. Por cada paso que doy, retrocedo tres y al momento de saltar la barda, creí que le había dado la vuelta al mundo en otra dimensión- ¿Cómo era eso posible o coherente? Nadie lo sabía, ni estaba dispuesto a comprenderlo, bueno, casi nadie.
-¡yo también sentí algo parecido! Creí que al caer al otro lado de la barda del cementerio, unos brazos espinosos se abrieron para amortiguar mi caída… aunque, ahora que lo pienso, probablemente solo caí de cabeza contra un arbusto lleno de espinas- recuerda vagamente Orihime.
-son tres contra uno Ichigo, ¿ves aquel edificio tétrico a punto de caerse a pedazos?- Rukia señalo una mancha obscura, no muy lejos de ahí.
- no, en realidad no veo nada… sigamos caminando- él la ignoro por completo.
-no, vamos a ir ahí, haya o no personas vivas, y pasaremos la noche hasta despertar lo suficientemente sobrios como para saber cuál es el verdadero camino hacia Karakura- desde el momento en que habían salido del cementerio, tenía esa rara sensación de haberse equivocado de ruta, ¿Cómo saber si no habían salido antes? ¿O después? ¿O al lado contrario a karakura?, ni siquiera sabía en donde estaba en ese preciso momento, no podía reconocer nada del poco paisaje que veía.
-¿de qué hablas? Vamos por el camino correcto, si seguimos caminando derecho, en una hora llegaremos a la ciudad y olvidaremos todo esto. Lo único que pido es que confíen un poco más en… ¿enana?- hasta ese momento se dio cuenta que estaba hablando trágicamente solo- ¿Inoue- san?, ¿Mat-Matsumoto?- dio una vuelta entera, solo para verlas alejarse, a unos pasos de distancia de él.
-¿vas a venir o qué?- grito Rukia, sin siquiera voltear a verlo o dejar de caminar.
-demonios…- apretó los dientes, mientras dio un respiro resignado, cansado, enojado, fastidiado y otras cosas con la terminación "ado", las cuales mejor omitiré para no dañar los sentimientos del lector- ¿en serio van a ir ahí?- aun a esas alturas, tenía la esperanza de hacer desistir a aquellas mujeres que se alejaban hacia lo desconocido.
-pues ya estamos llegando- menciono con sorna, posando los ojos en aquella casa. Para ser sinceros, lucia bastante espeluznante. Estaba destartalada, mohosa y dos árboles secos la aprisionaban, rasgando la pintura, agrietando la madera y haciendo sonidos tétricos con el viento, pero eso no las desanimo; por lo menos no lo suficiente para retroceder.
-¿Quién va a preguntar?- menciono Orihime con voz inocente y nerviosa, mirando a las tres únicas personas a su alrededor.
-no creo que eso sea necesario, realmente dudo que alguien pueda vivir ahí…- esa casa era desconcertantemente escalofriante. El cielo estaba tan nublado como para poder predecir sin dificultar una próxima tormenta.
-Les voy a demostrar que en esa casa esta imposible pasar la noche- el chico peli naranja, presumiendo valentía, subió los tres rechinantes escalos de la entrada, se aproximo a la puerta he intento girar la perilla para abrirla. En cuanto toco el viejo rectángulo de madera apolillada, las luces se encendieron desde el interior de la casucha.
-¡salgo en un segundo!- una cálida vocecilla amable contesto ante la sorpresa de todos.
- les dije que debíamos preguntar primero, no es bueno ni correcto meterse a las casas ajenas sin permiso…- Inoue comenzó a sermonear sobre moralidad, pero nadie pareció escucharla, estaban demasiado sorprendidos por el cambio tan radical en la apariencia del edificio. Las ventanas alineadas, la pintura impecable, el tejado entero y a los dos árboles tenían hojas de nuevo, lo cual les hizo cuestionarse el ¿Qué diablos habían bebido?
-¡Qué alegría!- menciono una arrugada y tierna viejecilla al abrir la puerta- hace mucho que no tengo una visita-sonrió complacida, mientras abría mas la puerta, invitándolos a pasar.
-Rukia… creo que ella es un espíritu…- murmuro por lo bajo Ichigo.
-yo diría que es algo bastante obvio- la chica contesto sin inmutarse demasiado- parece amable, no creo que pretenda nada malo- volvió su mirada al frente, y comenzó a moverse cuando se percato que solo quedaban ellos dos afuera.
-hay algo en ella que no me da confianza…- la alcanzo a tomo de un brazo para impedirle seguir avanzando, atrayéndola de nuevo hacia él.
-¿pasa algo?- la ancianita seguía esperándolos en la entrada.
-no, no pasa nada, solo necesitamos un momento más para aclarar algo- hablo con cortesía Rukia, a lo cual la mujer mayor solo sonrió, haciéndole mas pliegues a su avejentado rostro.
-a ti nada te inspira confianza, ni siquiera tu mismo…- aunque mantenía el volumen de la voz relativamente bajo, el enojo seguía igual de concentrado.
-tengo a un idiota albino idéntico a mi dentro de la cabeza que amenaza con tomar el control de mi cuerpo, ¿Cómo se le inspira confianza a eso?
-no desvíes el tema, aunque esa dulce viejecita fuera un hollow sediento de sangre, Orihime y Matsumoto ya están adentro, así que cállate y vamos entrando antes de que el viento me arrastre hacia el sur…- deja de murmurar y camina de nuevo hacia la casa. Ichigo, por su parte, solo arroja una maldición al aire y la sigue para asegurar el bienestar de la terca shinigami.
-¡acabo de hornear una galletitas deliciosas!- les dice la ancianita en un tono mesclado de dulzura con decrepites. En cuanto los dos shinigamis terminaron de entrar a la dudosa casa, la puerta cerro de golpe, provocando un estruendo terrible.
-¿eso no se te hizo raro?- pregunta el peli naranjo, buscando un poco de razón.
-en lo absoluto, de seguro fue el viento…
¡Este capítulo me quedo larguísimo!, pero bueno, todo sea por el fic. Bien dicen que el que no oye consejos no llega a viejo… aunque sean consejos de Ichigo :B. ¿Se dieron cuenta que Ishida desaparece casi al principio del capítulo? Al igual que con Orihime, nadie se acordó de él.
¿Algún día llegaran a Karakura? Eso ni yo lo sé u.u
No quiero que este fic sea My Bloddy San año nuevo 2012, así que voy a encerrar a la inspiración en un frasco y no la voy a dejar ir en lo que resta del año.
Los comentario son bien recibidos, buenos o malos, aunque unos son mejor recibidos que otros… pero va… tengan un lindo día lleno de paz, luz, amor y demás cosas hippies.
Saludos, Besos y Abrazos ;D
