Los personajes pertenecen a J.K. Rowling. Nada de lo que leerán a continuación es real, solo ficción.

Chapter 9: ¡Me das asco!

-Y he evitado hablar con él durante ¿una semana? –terminaba de contar la castaña.

-Fantástico –murmuró Ginny.

-¿Qué tiene de fantástico, Ginny? –preguntó incrédula Hermione.

-El hombre más rico de Gran Bretaña te ha besado y por si fuera poco le has correspondido –explicó lentamente como quien le explica a un niño que uno más uno es dos. Su amiga le miró con los ojos entrecerrados, después de eso relajó su mirada y suspiró.

-Estoy muy confundida –murmuró tristemente. Ginny le tomó las manos entre las suyas y con una sonrisa de consuelo le dijo:

-¿Qué es lo que sucede por esa cabecita loca? –

-Creo que amo a Ron pero él nunca me ha dicho nada…-

-Se besaron en la universidad –acotó la pelirroja.

-Ginny fue sólo un beso, después de eso el nunca volvió a hablar nada de lo sucedido –replicó Hermione. Continuó hablando –Draco me besó y me sigue buscando, pero realmente no sé qué pensar.

-No pienses, sólo actúa. Dile a Ron lo que sientes antes de que sea demasiado tarde y créeme tienes todas las cartas a tu favor y si no haces algo lo haré yo, no quiero verte toda la vida lamentándote de por qué no le dijiste a Ron –contestó decidida su amiga.

-Tú sabes algo que yo no sé –replicó luego de un minuto inspeccionando a la pelirroja. Ésta le dio una corta sonrisa asintiendo lentamente. – ¡Dímelo! –chilló Hermione.

-Lo único que sé y estoy completamente segura es que tu corazón le pertenece a mi hermano. No quiero otra rubia en mi familia, te quiero a ti –la castaña esperó unos segundos para colgarse del cuello de Ginny, era uno de esos tantos abrazos que hacían que a la pelirroja se le llenaran los ojos con lágrimas.

La boda de Ron y Kristin se acercaba a pasos agigantados, no se habían dado cuenta cuando tan sólo faltaban 2 días para la esperada boda –aunque sólo esperada para los principales actores de ésta- Ron estaba completamente nervioso –cómo cualquiera en su situación- había algo que no sabía explicar y lo comentó con Harry.

-Quizás una chica, Ron –comentó como quien no quiere la cosa el pelinegro.

-No hay ninguna mujer en mis pensamientos que no sea mi prometida, Harry. No inventes –replicó el menor de los Weasley.

-Ahora sí sonaste como un marido dominado por su esposa –bromeó.

-Creo saber Potter que tu esposa te domina completamente –acusó el pelirrojo apuntando al otro hombre.

-Con tu hermana es diferente –murmuró aparentemente ofendido Harry. Luego de unos segundos estallaron en risotadas.

-Voy a extrañar esto –dijo de repente el pelirrojo.

-¿El qué? ¿De qué hablas? –preguntó algo desencajado el joven Potter.

-No había querido decirle a nadie, eres mi amigo así que te lo diré. Con Kristin luego de la boda nos iremos a vivir fuera del país, Norteamérica lo más seguro.

-¿Qué? –

-Kristin quiere eso, lógicamente yo no pero… será mi esposa, tenemos que estar juntos en todo –dijo algo indeciso el pelirrojo.

-Esa es una decisión muy difícil, Ron. No tienes que dejar que ella decida por los dos –explicó Harry tomando un sorbo de su Martini. El pelirrojo lo miró directamente a los ojos, luego de unos segundos desvió la vista hacia otro lado incómodo.

- ¿Ginebra? –saludó sorprendida Kristin luego de que sintiera varios golpes en la puerta de su apartamento.

-Necesitamos hablar –dijo la pelirroja ingresando rápidamente en el lugar.

-¿Qué sucede? ¿Quieres tomar algo? –preguntó cortésmente la rubia haciendo que la mujer se sentara en el diminuto living.

-No. Iré directamente al grano –replicó mientras rebuscaba algo en su cartera, ante la atenta mirada de Kristin sacó un pequeño papel que la mujer reconoció al instante. Palideció –dentro de lo que se podía palidecer más- y se sentó totalmente atónita -¿Qué significa esto? –preguntó duramente la pelirroja.

-¿De dónde lo has sacado? –preguntó lentamente.

-Eso no va al caso. ¿Es cierto lo que dice aquí? – volvió a preguntar Ginny temiendo lo peor -¡Kristin! ¿Es cierto? –replicó molesta por la momentánea mudez de la rubia. Ella tomó lentamente el papel de las manos de la pelirroja.

-Sí –murmuró suspirando. Ginny cerró los ojos fuertemente.

-¿Creías que nunca nadie lo sabría? Las mentiras buscan la manera de salir a la luz, Kristin –dijo Ginny algo más calmada.

-Se suponía que nadie debía saberlo nunca –

-Que fácil es decir eso. Eso destruirá a mi hermano y lo sabes muy bien –dijo molesta Ginny, no podía dar crédito a lo que la mujer decía.

-Por eso no se lo dirás, Ginebra –dijo suplicante la rubia.

-¿Esperas que me quede callada para ver cómo tú te sales con la tuya? Olvídalo, si no le dices Ron la verdad lo haré yo, Kristin –replicó rotundamente la pelirroja. Estaba decidida, esa mujer no tenía perdón de Dios.

-¿Qué me tienes que decir, Kristin? –preguntó Ron desde la puerta, las mujeres estaban tan enfrascadas en la discusión que no se dieron cuenta que el pelirrojo había estado observándolas desde hace unos segundos -¿Ginny, qué sucede aquí? –volvió a decir el pelirrojo mirando a su hermana. La aludida le quitó el papel de las manos a la rubia, que lloraba silenciosamente arrugando el pequeño trozo de papel, y se lo dio a Ron. Éste lo tomó y comenzó a leer.

"Kristin, me he enterado que pronto serás la mujer de otro hombre. Me imagino que le contaste que estuvimos juntos en el hotel cuando viajaste a supuestamente visitar a tus padres, que estas casada por el civil conmigo ¿verdad? A propósito ¿Ya le dijiste a ese pelirrojo con el que te vas a casar que abortaste hace unas semanas? Te lo dejo, pero si no le dices tú, lo haré yo. Atte: J. "

Cuando Ron terminó de leer el trozo de papel, lo arrugó en su mano. Indignado miró con tanto odio a la rubia, que yacía aún llorando esperando la reacción del pelirrojo. Su hermana vio que ya no era necesaria ahí, por lo menos corroboró que el pelirrojo había entendido la gravedad de la situación para luego marcharse silenciosamente tomándole la mano a su hermano en señal de apoyo, le susurró "estaré en casa de mamá".

-¿Tenías que esperar a que sólo faltaran dos días para nuestro matrimonio para contármelo? –preguntó lentamente el pelirrojo. En respuesta la mujer sollozó.

-Yo… -el pelirrojo la detuvo con un movimiento de su mano.

-No quiero escuchar nada. Creo que sabes muy bien que nunca desee más que nada un hijo ¿verdad? ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué no me lo contaste? ¿Ese niño era mío o de ese tipo? No lo entiendo, nunca te fallé en nada. Y por si fuera poco mi hermana lo descubrió. Si no fuera por ella estaría casada con un monstruo.

-No digas eso, Ron. Yo te amo por eso lo hice -gritó Kristin llorando desconsoladamente.

-No sabes qué es amor, Kristin –gritó fuera de sí, Ron –y por lo que veo yo tampoco. Quizá en algún momento te quise, quizás nunca te quise, no lo sé. Pero lo que sí se ahora es que me das asco –la mujer le propinó una cachetada en su pálida mejilla.

-¿Si no estabas seguro si me amabas por qué me has pedido que me case contigo? –

-Ni yo lo sé –admitió duramente el pelirrojo.

-¿Qué va a pasar con nosotros? –se aventuró a preguntar la rubia.

-Nada. Quédate con el anillo –él miró su mano, una pequeña argolla fina se depositaba en su mano. La tomó entre sus dedos y la dejó en el piso de aquel departamento –lo que es yo, no quiero saber de ti nunca más. No me busques y si quieres aún puedes usar el pasaje para Estados Unidos, pero sola porque yo no iré a ningún lado contigo.

-Con Hermione Granger si ¿verdad? –dijo ella con resentimiento, sus ojos estaban rojos de tanto llorar.

-No sé qué tiene que ver ella aquí –

-¿Crees que no me he dado cuenta cómo la miras? A penas ella aparece tu mirada se ilumina, como si todo girara entorno a ella. Estás enamorado de ella, Ronald. Me pediste que me casara contigo por sólo escapar de la realidad. ¿Sabes qué? Puedes irte tú y esa zorra a donde queráis. Lo que es yo me voy, usaré el pasaje no tienes por qué preocuparte de mí.

-No hables de esa manera –dio un grito ensordecedor, estaba realmente enojado –y no te preocupes porque jamás en la vida voy a volver a mirarte con otros ojos, Kristin. Eres basura–la mujer le dio una sonrisa algo indignada. Luego escupió en el suelo y ella gritó:

-¡Vete de mi casa! –dicho y hecho, el pelirrojo tomó sus pocas prendas de la casa de ella y se largó para no volver nunca más.

Bueno aquí un nuevo capítulo de mi complicada historia. Gracias por sus reviews porque de verdad me dan motivación para seguir escribiendo. El final se acerca, quizás un par de capítulos más quien sabe. Les dejo mis queridos lectores, gracias también a los que me han agregado a sus favoritos, de verdad se lo agradezco mucho. Besos y abrazos.

Daarsy