Los personajes pertenecen a J.K. Rowling. Nada de lo que leerán a continuación es real, solo ficción.
Chapter 10: Las palabras de una madre
Pasaron aproximadamente dos semanas desde la inoportuna pero ya anunciada ruptura de Ron y Kristin, desde entonces la chica voló hacia América donde el pelirrojo no supo de ella por lo menos en esas dos semanas que habían pasado. Ron por su parte volvió a la casa de su madre, Molly, que ya se le notaban más sus avanzados años. Arthur Weasley no estaba mucho mejor, hace algunos meses dejó su trabajo, ahora sólo se dedicaba a cuidar de los hijos de Bill y Fleur. Y a disfrutar de su vejez junto con su esposa. Por lo menos estaban felices de que Ronald haya vuelto donde ellos, la soledad a veces suele ser tu peor enemiga.
La soledad que ahora definitivamente embargaba a nuestra castaña. La mujer se encontraba muy triste, hace algunas semanas –mismas desde la ida de Kristin- que no veía a Ron, quizás el pelirrojo estaba pasando por una crisis amorosa bastante fuerte, después de todo no todos los días se cancelan bodas. Ginny le había contado lo sucedido en el departamento de la rubia, lo cual Hermione se impresionó mucho cuando supo lo del pequeño papel. Estuvo a punto de ir en busca de Ron pero la razón –nuevamente- hizo aparición en su mente, por lo que desistió en último momento.
Draco Malfoy no había vuelto a llamar a Hermione por lo que ésta supuso que el tipo era muy orgulloso o simplemente no se iba a rebajar ante la mujer. Después de todo él era un Malfoy.
En la casa de los Potter todo no era más distinto. Harry tampoco saltaba en una pata feliz como una lombriz. La pelirroja estaba detestable con sus antojos matutinos, vespertinos, nocturnos y madrugadores. El pobre hombre tenía que hacer al menos tres viajes al centro de la ciudad a buscar lo que la mujer le pedía, en el fondo él estaba realmente contento porque dentro de unos meses sería padre, lo que siempre quiso junto a la pelirroja, solo que esos antojos de embarazada le traían un poco susceptible ante cualquier burla de sus amigos.
-Te contaré una historia, cariño –pronunció lentamente Molly Weasley, al menor de su familia.
-No estoy para cuentos, mamá –repitió el pelirrojo con voz queda, bastante desganado.
-Aunque no lo creas, Richard Granger una vez trajo a su pequeña castaña a esta casa… y tú cuando la viste me dijiste "que niña más linda, ma. ¿Crees que alguna vez se fije en mí?" tenías solo cinco años y nunca en la vida había visto esa mirada de un niño enamorado –rió la mujer regordeta.
-¿De verdad hice eso? ¿Por qué nunca me dijiste Hermione existía? –preguntó interesado el hombre, tomando con una taza el café que su madre le había echo. Se encontraban los dos en la cocina, la casa estaba totalmente silenciosa.
-Porque su familia unos meses después se fueron a vivir lejos de Londres, a un pueblo que no me preguntes el nombre porque no lo recuerdo. Quizás cuando Hermione se hizo adulta volvió no lo sé, eso se lo tienes que preguntar a ella –
-¿Por qué me cuentas todo esto, ma? –preguntó cariñosamente Ron acariciándole las manos.
-Porque sé cómo has sufrido por culpa de Kristin. Y desde el primer momento en que Hermione pisó esta casa supe que era la mujer perfecta para ti –recordó Molly.
-Nunca… pensé que podía llegar a tener esta conversación contigo –rió por lo bajo el menor de los Weasley.
-Lo único que quiero es verte feliz, Ron. Habla con Hermione, sé que le quieres. Se te nota en la mirada, cielo –la mujer le tomó el rostro con las dos manos y le dio un sonoro beso en la frente a su hijo, luego le quitó el labial que había dejado plasmado sus labios y con una sonrisa le indicó la puerta para que el pelirrojo hiciera lo suyo. Se despidió de su madre y partió al departamento de la castaña, tenía totalmente claro lo que iba a hacer; conquistar a su Hermione. Quien, durante sus años de relación con Kristin, ignoró sólo por miedo a que ella lo rechazara.
-¿No le has dicho a nadie? –rió nerviosamente Neville, tenía entrelazada la mano de su novia.
-A nadie, Nev –dijo ella divertida.
-Entonces… -él se acercó a Luna y le dio un corto beso en los labios.
-Nos vamos ahora –dijo ella rápidamente y totalmente excitada por lo que estaban por hacer.
-Jamás pensé que podríamos cometer tal locura, Lunita, te amo. –replicó él con una sonrisa como de un niño que le acaban de regalar el juguete de sus sueños.
-Saqué dinero así que no tendremos que preocuparnos de eso –ella sacó un mapa y lo estiró sobre la mesita de centro de su apartamento –Bien, dame el lápiz –dijo ella estirando la mano hacia el chico, él obediente sacó un bolígrafo de su chaqueta y se lo pasó.
-Aquí vamos –pronunció él. La chica hizo rodar el lápiz en el centro del mapa, el dichoso objeto rodó unos segundos para luego detenerse en…
-¡Brasil! –exclamaron juntos los chicos riendo. Ese sería el destino, se iban del país para siempre, o al menos eso querían ellos. Querían rehacer sus vidas en otro lado lejos de Gran Bretaña, lejos del padre de Luna, lejos de todo lo que significa protocolos ingleses, lejos de los grandes autobuses rojos de dos pisos, lejos de los aburridos guardias del palacio de Buckingham, lejos de los fríos inviernos donde nadie podía salir de sus casas por la nieve. Nada mejor que un país cálido como lo es Brasil, a veces el destino le sonríe para algunos otras veces no. Pero en este caso a la feliz pareja de Luna y Neville el destino les ha hecho una buena jugada, los ha enviado al país ideal para ellos.
-A arreglar las maletas –grito excitada la rubia.
Ronald Weasley fue directo a Flourish & Blotts, librería ubicada en el centro de Londres. Recorrió las estanterías, pasó su mirada por entre ellas y localizó bastantes libros; de todo tipo. Desde el más llamativo en cuanto a portada, hasta el más paupérrimo que sólo contenía palabras, incomprensibles para él.
Buscaba el regalo perfecto para Hermione, recordó la cara de la castaña cuando hace dos navidades le regaló un libro que ella anhelaba bastante, no está de más decir que le costó muchísimo encontrarlo. Quería volver a ver esa mirada que desplazó hasta el más caro regalo que recibió de su padre esa noche. Sonrió inconscientemente, ¿cómo había sido tan tonto?, ¿cómo no se había dado cuenta antes? El pasado hay que dejarlo atrás, se dijo.
Lo que hoy tenía totalmente claro era que estaba locamente enamorado de aquella mujer de ojos miel, su mirada divagó un segundo en sus pensamientos. No podía dejar de pensar en ella y dio gracias al destino porque si no fuera por él, hubiera cometido el error más grande del mundo: casarse con la mujer equivocada.
Gracias por todos los comentarios, me encanta saber que les está gustando. Hoy nada que decir, sigan leyendo y comentando… besos
Daarsy
